Demasiado (poco) vino en la Cofradía de Laudio

Desde que hace más de cuatro siglos (1599) decidieran asociarse gran parte de los vecinos de Laudio bajo unas reglas religiosas, prácticamente TODO HA CAMBIADO en los usos y costumbres de la “Cofradía del Señor Sant Roque“: las motivaciones, la ubicación de la ermita, la de la comida, el número de comensales, la fecha de su celebración o hasta el mismo menú.

B Tx El vino nos une

VINO CON TRADICIÓN
TODO MENOS EL VINO, verdadero protagonista de la mesa, el único que ha concentrado las ansiosas miradas de los comensales a través de siglos y generaciones. Seguro que también el líquido elemento es en gran medida el artífice que ayuda a conseguir el ambiente de paz y de convivencia del que alardeamos cada último domingo de agosto.

GARDEA: UN MILENIO DÁNDOLE AL PIMPLE
Nadie puede poner en duda que nuestro pueblo de Laudio goza de una tradición vitivinícola extraordinaria a través de su historia. Sin más rodeos, podemos citar la primera presencia documentada del cultivo de la viña en toda la cuenca del Nervión, en un lejano año 964, antes incluso de que se consagrase la iglesia de San Pedro de Lamuza. Son dos los hermanos, Jimeno y Marina, los que donan al monasterio de San Esteban de Salcedo los bienes que poseían, VIÑAS entre ellos, en “nuestro monasterio de San Víctor y Santiago, situado en el lugar que decimos Gardea“.

Nada sabemos hoy de aquel monasterio o iglesia privada (probablemente en el subsuelo de la ermita de Sta. Cruz: ¡¡arqueología ya!!) pero sí sabemos que para aquel entonces, hace más de un milenio, se producía vino en el conocido barrio de Laudio.

VINO DE CRISTO, QUE NUNCA TE HE VISTO
No debemos pensar sin embargo que sería un producto popular y de consumo extendido. Al contrario, su consumo sería considerado como ALGO EXTRAORDINARIO y al alcance de las clases más elevadas, en este caso los poseedores del monasterio y los altos cargos religiosos del mismo.

Para entonces el vino ya goza de un gran predicamento, gracias especialmente a la difusión que hace de él el Cristianismo. De hecho, es considerado como la bebida sagrada por excelencia y se usa nada menos que para simbolizar la sangre de Cristo. No olvidemos además que su primer testimonio escrito se encuentra en el Antiguo Testamento en el que, lejos de recriminar la borrachera, se muestra como algo ejemplar: “Noé comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña; bebió el vino y se embriagó” (Génesis 9-21). Con esta referencia explícita al vino y sus “beneficios” colaterales, da comienzo la historia del vino dentro de la tradición judeo-cristiana.

Por otra parte, también los dioses del vino en Grecia y Roma eran muy venerados, debido a los poderes embriagadores y afrodisiacos de la “divina bebida”, ya que también se asociaba con el amor y el disfrute carnal, además de con el descanso y el alivio que producía esta bebida. El estado de beodez no representaba como ahora algo vergonzante sino que representaba el equilibrio, una forma de expresión cultural; era el vino una bebida social que se integraba en diferentes momentos de ocio y placer de las ciudades.
Y ¡claro! Como todos somos hijos de dios… pues de aquellos lodos estos barros…

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ELIXIR DE LA VIDA
Su consumo ha estado visto, desde que se tiene constancia de él hasta hace tan sólo unas décadas, como un medicamento natural, como el elixir de la salud. Era un SUPLEMENTO vitamínico y calórico para los fuertes trabajadores y el mejor reconstituyente para los convalecientes o parturientas. Por ello en la historia se ha bebido más por ansiedad que por sed.

LAUDIO: EL MEJOR VINO MALO DE BIZKAIA
Lejos ya de los viñedos medievales, limitados como hemos dicho a las grandes familias y linajes poderosos, el pueblo llano hizo lo posible y lo imposible por conseguir llevar a sus venas ese mágico Laudio gran parte de los caseríos contaban con su viñedo o, más común, con una buena parra en la fachada más soleada de la casa. Fue grande y extraordinaria la calidad de nuestro vino, ahora ya llamado txakolin, tanto que un periodista y escritor catalán, Joan Mañé i Flaquer, dice al visitar y describir Euskadi en 1879 que “El chacolí (vino del país) que se produce en Llodio es el más estimado de Vizcaya“.

Sin embargo, en aquellas épocas en que la calidad del vino dependía prácticamente en exclusiva de la cantidad de sol recibido por la viña, el chacolí no llegaba ni por mucho a la calidad, renombre y fama de los vinos navarros y mucho menos los riojanos y siempre se le ha tenido, en ámbitos populares, por “UN VINO MALO”.

El consumo de aquellos vinos navarros o riojanos, “los de verdad” era un lujo inalcanzable, especialmente por el encarecimiento del transporte, en mulas y con muchas jornadas de arriería. Además, unas medidas proteccionistas obstaculizaban aún más el consumo del vino tinto, para no arruinar a los productores locales de chacolí.

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VINO, UN DÍA AL AÑO
Por ello la presencia de vino en las jarras de nuestra cofradía, algo que hoy nos parece anecdótico y hasta sin importancia, era un asunto de extraordinaria importancia generaciones atrás. Era, probablemente, el único día del año en que podrían humedecer sus resecos labios con aquella sagrada bebida, deliciosa como pocas y que ayudaría en sobremanera a la calidad de la salud durante el resto del año. Podíamos imaginar a los cofrades llegando a sus casas y explicando, eufóricos por la libación, a los miembros de su familia y vecinos las maravillas de aquella bebida de la que tantas veces habían oído hablar pero que, por su humildad, nunca o en muy contadas ocasiones habían probado.

HASTA LAS TRANCAS, NO
Por ello, las ganas de hacer acopio en el cuerpo de aquel sagrado líquido, NO TENÍA LÍMITE EN LAS DEMANDAS DE LOS COFRADES. Toda cantidad suministrada parecía poca, a pesar de su elevado precio, para aquellos cofrades que sabían que si los reyes y grandes señores lo bebían en grandes cantidades, también debía ser maravilloso para ellos: “El agua para los bueyes y el vino para los reyes” recuerda la sabiduría popular.

Es en ese momento en donde se decide PONER FRENO a la demanda de más y más vino por comensal y se pacta un acuerdo de mínimos: debían de conformarse con dos azumbres (antigua medida) por mesa, lo que traducido a nuestro sistema de medidas actual, se convierte en el litro por cabeza (dos “cuartillos” [de azumbre]). Una medida que hoy puede parecernos excesiva pero que, como decimos, fue un AJUSTE DE MÍNIMOS motivado por inasumible coste del vino. Aunque los vecinos cofrades querían, pedían, rogaban y ansiaban más…

Al respecto, y como referencia histórica para entender o justificar a nuestros antepasados, no olvidemos que incluso la regla por la que se regían los monjes benedictinos recomendaba el consumo de UN LITRO DE VINO POR MONJE Y DÍA como medida de mesura ideal, una cantidad que se reducía a la tercera parte en el caso de las monjas.

JARRA PATRÓN
Recuerdo de aquellas limitaciones, de aquellas discusiones sobre la cantidad apropiada en el reparto del vino, es la PRECIOSA JARRA cuya parte superior está cortada para hacer la MEDIDA EXACTA, ni un trago más ni uno menos, de las dos azumbres que correspondían a cada mesa, de cuatro comensales. Con ella se daba el patrón de medida para el servicio de los cofrades, a pesar de las desairadas protestas de muchos porque con aquella cantidad no se podía hacer gran cosa. Ni una gota más ni una gota menos desde que cortaron a medida aquella maldita jarra.

B Tx Neurria

VOLCAR LA JARRA. SER O NO SER
Por ello existe en la cofradía un precepto de recomendado cumplimiento y que consiste en “volcar” la jarra una vez ingerido su embriagador elemento. Nada sucede a quien no pueda o no le apetezca hacer frente a tal cantidad de vino, pero no cabe duda de que hacerlo llena de orgullo y hermana a los miembros de la mesa. Es un gesto cargado de simbolismo, supongo que para no dar pie a rebajar la cantidad de vino del siguiente año. Una manera de decir “¿veis cómo no es suficiente?

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No sería hoy en día políticamente correcto hacer apología del consumo de vino pero la historia pesa y está ahí. Ánimo por tanto al consumo del vino que nos corresponde, compartiéndolo y hermanándolo, sin prisas y con sentido común. O al menos no tomándolo como un elemento más de la mesa sino como el tótem por excelencia de la misma, sintiendo tras el vino a todos esos cofrades precedentes que durante siglos han hecho de esos tragos algo ritual y mágico.

Así es que, si nos encontramos este domingo a la tarde, sed indulgentes con mi lengua torpe. Porque habré bebido la media azumbre de vino riojano de mil amores, como poco emulando las andanzas de Noé. O más…

Salud y buen vino: va por todas/os vosotras/os.

Todos los santos y nuestros rituales populares

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RITUALES

Al margen de la conocida visita a los cementerios, diversos eran los rituales que, en torno a la festividad de Todos los Santos y Día de las Ánimas (1 y 2 de noviembre respectivamente) se han llevado a cabo en nuestros pueblos. Costumbres tradicionales que desaparecieron paulatinamente tras los acuerdos adoptados por el Concilio Vaticano II (1962-1965), punto de inflexión en la modernización de la Iglesia y sus liturgias.

Por ello, son costumbres que resultan cercanas y familiares a la gente de cierta edad y algo arcaicas y estéticamente tenebrosas para los más jóvenes.

No vamos a hacer ninguna exposición exhaustiva del tema de la muerte y su culto porque es en extremo rico, diverso y complejo. Pero sí que vamos a rememorar en unas pinceladas algunas costumbres cercanas, basándonos en algunas imágenes.

= SEPULTURA EN LA IGLESIA =
Los enterramientos dentro de las iglesias se generalizaron en el País Vasco durante los siglos XIII y XIV y la práctica perduró hasta finales del siglo XVIII. Está costumbre quedó prohibida por Carlos III, para evitar pestes y mal olor. Sin embargo, a pesar de no contar con muertos recientes que llorar, se continuó “montando la sepultura” en el lugar que correspondía a la familia. Cada familia tenía por tanto su sepultura marcada en el suelo de la iglesia. Es conocida como “jarleku” (yarleku) y es la prolongación de la casa y es ésta la posesora del derecho a sepultura. A mediados del XIX el concepto de la “etxea” va perdiendo su sentido original y pasa a trasladarse esa carga simbólica a la familia, al apellido.

Hasta mediados de los 60 del siglo pasado se mantuvo la costumbre de velar dicho lugar, una labor que siempre era asumida por la mujer, bien por herencia directa, bien por haberse casado y, por tanto, haber entroncado con la casa del esposo a la que ya se debía en el ámbito de los difuntos.

La sepultura consistía en una mantilla de tela y dos candeleros. En nuestra comarca se distinguen perfectamente entre candeleros (una sola vela) y candelabros (varias velas). Sólo se usan los primeros para este ritual. El conjunto se completaba con un reclinatorio que hacía más fácil el rezo, arrodilladas frente a los antepasados. Posa para la imagen mi tía Ana Mari Montalbán (Laudio, 1934), en la iglesia parroquial de Arrankudiaga en donde, por haberse casado en aquel pueblo, heredó la responsabilidad de la sepultura.

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= ARGIZARI-OHOLAK =
El significado de “argizaiola” es el de “argizari-oholak”, ‘tablas para la cera”. La cera, o cerillas, eran una especie de cordones de cera, con su mecha y que, normalmente enrollados en unas tablas de diversas formas, se colocaban el día de los difuntos sobre la sepultura para ofrendarles luz, la guía de las almas.

Había que ir girándolas según se consumía la cerilla y no ha sido extraño que en un descuido ardiesen. Hoy en día sólo pueden observarse días como hoy en Amezketa, Zerain… (Gipuzkoa) en donde las 14908305_220404321713562_7233358667134656078_nmujeres mayores del pueblo encienden esas preciosas tablillas a la vez que hacen la ofrenda de alguna moneda sobre los difuntos que bajo esas luces reposan. Antaño era costumbre poner también alimentos, algo que hacía las delicias de los sacerdotes ya que eran ellos quienes luego lo comían.

Ponemos unas imágenes de las argizari-oholak de Amezketa que pude hacer hace unos años un día como hoy, de Todos los Santos.

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También otra tipología, una de Markuartu, barrio entre Laudio y Okondo.

= ARGIA =
Como la luz de las velas ha sido la mejor manera de encaminar el alma de los difuntos para u reencuentro o incluso para viajar a la eternidad, días como hoy era costumbre encender una vela en alguna ventana del caserío, para indicar a las ánimas de la familia por dónde tenían que pasar para reencontrarse con esa familia que con una mezcla de alegría y temor espera la visita. Hasta solía ponérseles un plato o algún alimento en la mesa.

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Y es que los fallecidos eran difuntos (fallecidos pero a su vez presentes) mientras alguien los tuviese en el recuerdo. Es decir, no se acababan de marchar definitivamente de nuestro entorno. Por eso no es extraño que, en casos como por ejemplo Laudio, los cargos municipales elegidos sobre los muertos el día de San Miguel, jurasen sus cargos de nuevo sobre los vigilantes antepasados, a los que no se podía deshonrar por temor a sus reprimendas.

En la imagen, ritual de la vela en la ventana con una recreación en la que posa magistralmente Jasone Uriondo (una buena amiga de Orozko), en una imagen con extraordinaria belleza expresiva.

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= LIMBOS =
También es Jasone Uriondo la que, ataviada con mantilla y ropa de luto de época, posó en el limbo de Sagarminaga (Orozko). Estos lugares son algo sorprendente y milagrosamente mantenidos en la memoria de algunos mayores de Orozko. Eran unos pequeños terrenos circulares en los que se enterraban aquellos bebés que habían fallecido sin bautizar y, por tanto, no podían ser inhumados en el interior de las iglesias. En otros lugares eran enterrados bajo el alero de la casa, envueltos n tejas que simbolizaban el hogar, algo que no hemos constatado en esta zona. Sí, por el contrario, el enterramiento en estos limbos. En la fotografía, el de Sagarminaga (Orozko).

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El modo de tratar a los difuntos por medio de esa “no ruptura” del vínculo con los vivos hacía sin duda más llevadero el duelo y la pérdida de un ser querido. Hoy en día, como bien citaban algunos facebockeros, estamos peligrosamente perdiendo esa esencia. Y de aquí a unas décadas tan sólo nos quedará esa fiesta de Halloween, instigada por y para el consumo de dinero. Mientras, dejamos perder, incluso sin ningún interés divulgar o dar a conocer esas formas de pensamiento y comportamiento que nos han estructurado como pueblo.

En las fotografías he sobreimpreso mi nombre porque no es extraño ver fotografías de uno mismo bajo el nombre de otro. Lástima que por algunos frescos haya que poner esa “meada de perro” con la que se marca el territorio.

Como hemos dicho al principio, el mundo de la muerte es realmente complejo. Hoy hemos dado unas simples pinceladas, esperando haceros rememorado rituales no tan lejanos. Un saludo y felices días de Todos los Santos y de Ánimas.

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Hay una chica en Orozko que, literalmente, no nos deja vivir

Se llama Nerea del Campo y es la responsable de las actividades del museo de dicho pueblo. Es ella quien ha organizado y coordinado para aquel ayuntamiento las Jornadas Europeas de Patrimonio, con un éxito que, año tras año, marcan indiscutibles hitos. Nos lleva Nerea de aquí para allá como si fuéramos unos macutos y nosotros, Juanjo Hidalgo y yo (que somos los que desarrollamos las actividades), encantados de que nos maneje así.

Pues bien: insaciable en su labor, nada más finalizar las JEP antes indicadas, ya nos mete en otro berenjenal con el que sí o sí, dar a conocer el siempre insondable Orozko. En este año nos ha puesto el reto de hacer las jornadas de “Inguruan duzun museoa” (más conocidas por “las de noviembre”) en torno a la mitología y creencias populares de Orozko. Es decir, Orozko Turismoa puro y duro…

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Al margen de las siempre sugerentes propuestas de Juanjo (¿o el sugerente es él?) yo voy a acometer dos ideas que, creo, son muy bonitas.

= EL PASADIZO SECRETO DEL PERRO =

Para ello, usaré el nexo de unión de una leyenda que, ni los lugareños ya parecen recordar. Existe una creencia popular, que dice que se metió una vez un perro en una sima que existe en el monte Trangatx, dándolo por perdido su dueño. Sin embargo, apareció en la fuente de Txakurpozu, al salir por su agujero, varios kilómetros más abajo, en la iglesia de San Martín (Albitzu-Elexeaga). Al parecer existía una comunicación subterránea entre ambos enclaves mágicos, un antro por donde circulaban a sus anchas los seres “del otro mundo”.

Y de ese modo, juntando los dos puntos de aquel camino misterioso que descubrió el perro, llevaré a cabo las dos actividades con las que cumplir el deseo-orden de Nerea.

Así las cosas… os adelanto algo que ya desarrollaremos en su momento de un modo más puntual.

= TRANGATX: AKELARRES, GIZOTSO Y GENTILES =
Desde el puerto de Bikotx Gane visitaremos Trangatx (Garaigorta), el lugar de aquelarres más emblemático de Orozko. También sabremos de las andanzas de Gizotso (hombre lobo) y de los gentiles por estos parajes.

Mendiko ibilaldia (9 km).
Azaroak 23, igandea. 09:30 Orozkoko Museoa (Zubiaur). Amaiera: 14:00

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= DE SAN MARTÍN A ARANE, DE MANO DE LAS ALMAS ERRANTES =
Con la complicidad de la luna llena, rememoraremos en una marcha nocturna, aquellos parajes las creencias locales de almas errantes, extraños velatorios, cadáveres secuestrados, el gato-hombre, lamias… Y, cómo no, el mito de la muchacha de Arane, devorada por los lobos…
Al final, como punto final a las jornadas, degustaremos un “menú de lamias”.

Gaueko ibilaldia (2 km).
Azaroak 26, larunbata. 18:30 Orozkoko Museoa (Zubiaur). Amaiera: 22:00

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= DA LA CARA.
Tanto en estas actividades como en las de Juanjo (ver programa) es necesario inscribirse y en algunos casos las plazas serán limitadas. Desde luego que, con esa temática y entorno, el éxito está asegurado. Así es que… preparaos para disfrutar de nuevo con aquellas viejas historias que os acercamos a nuestros días. Aunque sea por una cueva subterránea…

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