DE MAL EN PEOR

Puigdemont en Dinamarca

“No hay situación por mala que sea, que no sea capaz de empeorar”. Este proverbio chino parece estar pensado sobre Cataluña.

Todas las excepcionales medidas sin precedente, tomadas por el Gobierno, incluida la destitución del Govern de la Generalitat elegido legítima y democráticamente, tenían como fin: la vuelta a la legalidad, la restauración de la normalidad y la convivencia y la recuperación económica. Todo se llevaría a cabo a partir de las elecciones autonómicas impuestas por Rajoy para el 21 D.

Las elecciones se tuvieron normalmente, pero nada de lo pretendido se atisba en el horizonte. Al contrario, las nubes más negras anuncian un temporal arrasador.

La campaña electoral, rabiosamente antiindependentista, contaba sin duda con la obvia frustración de una declaración de Independencia y de República Catalana, inútiles brindis al sol y la decepción de muchos ante la fuga de sus hasta entonces admirados líderes.

En una palabra, Rajoy, el PP, el PSC, contaban sin dudar de un nuevo Govern a su medida: “constitucionalista” o “catalán españolista”. Contra esa esperanza –como ya advirtiera Manuel de Prada, ajeno a toda sospecha de parcialidad, en el XL Semanal: “Los catalanes son muy tenaces en sus ideas e ideales políticos”–, los independentistas han vuelto a ganar las elecciones y con mayoría absoluta.

En una palabra, todos aquellos objetivos de legalidad, normalidad, convivencia, recuperación económica, etc., al cesto de los papeles. Todas las fuerzas vivas y la rabia interior, todos los ardides legales, para que el Govern conforme a las urnas no vea la luz. NO a toda investidura de un independentista.

Más aún: “dejemos la vía política, tomemos la ya iniciada penal”: sedición, malversación de fondos, rebelión. Orden de búsqueda y extradición… ¡Viva la cárcel salvadora!

 

21.01.18

Elecciones válidas, situación inédita

Carles Puigdemont

Con las elecciones catalanas convocadas por el Presidente del Gobierno Español, Cataluña volvería a la legalidad, rota por la declaración unilateral de Independencia y de la República catana. Así se afirmaba.
Las elecciones han tenido lugar, en circunstancias especiales –candidatos en la cárcel y en el extranjero–, pero con absoluta normalidad, así como el recuento de votos y diputados obtenidos.
Estos resultados han sorprendido a no pocos con disgusto, con mucho disgusto.
En realidad, las elecciones se habían convocado tras la obvia frustración de lo infructuoso del referéndum del 1-O, y sucesos subsiguientes: marcha de Puigdemont y otros miembros del Govern, aplicación dura del 155, con la esperanza o convicción de la derrota del independentismo. Para mayor seguridad, en los dos meses de preparación, la poderosa mediática españolista no ha cesado de denigrar al independentismo poco menos que de locura y a los independentistas de falaces para arriba.
Sin embargo, el independentismo ha vuelto a ganar, en unas elecciones libres, con una participación del 82%, incluida esa “mayoría silenciosa”. Y, ha ganado con mayoría absoluta.
A pesar de todos los pesares: del bajón del IBEX, de los cambios de domicilio social de más de 3.000 empresas catalanas, del bajón también del turismo… El independentismo era como abrir la caja de Pandora, pero a pesar de todo ello, ha ganado las elecciones con mayoría absoluta.
Bastantes medios destacan el triunfo de la candidata más votada, Arrimadas, de Ciudadanos, con 37 escaños, 12 más que Ciudadanos en 2015, probablemente de al menos 8 quitados al PP, que, con tres escaños ha sido barrido, con su jefe, de Catalunya.
Arrimadas, nacida en Jerez, carrera de Derecho en Sevilla, muy conservadora y españolista, es catalana reciente. Los independentistas, repartidos en tres candidaturas, le han sacado 33 escaños de ventaja.
Hasta aquí está todo claro. El Pueblo Catalán ha hablado, la democracia. Los independentistas han ganado con mayoría absoluta. No tan abrumadoramente como quizá esperaba Pilar Rahola, pero con más mérito que ningún otro partido, porque tenía a todos los demás, los “constitucionalistas”, en contra.
Esto es lo que Catalunya quiere, y quien convocó la elección debe cumplir la voluntad popular. No lo tiene fácil. Hay electos en la cárcel y en el extranjero, pero no hay nada imposible al diálogo, al convenio, al respeto y a la voluntad de formar el gobierno legítimo que el pueblo quiere
23.12,17