CAJÓN DE SASTRE

• Comienzo con el penoso espectáculo, porque ha sido un triste espectáculo, al que casi durante un mes han sometido al país y a la sensibilidad de cada uno de los medios y en particular la TV. Me refiero a lo que quedará en la historia como “la crisis del máster de Cristina Cifuentes”.
La actual presidenta de la Comunidad de Madrid, no lo es por tener un máster, completamente ajeno a la política, sino porque en las primarias celebradas tras la dimisión de Esperanza Aguirre, en febrero de 2016, se alzó como líder con un 97,4% de los votos, Cifuentes ha ido subiendo en la política del PP, desde que, afiliada a los 16 años en Alianza Popular (1980), que derivó en el PP desde 1989.
Se han dado casos de políticos que para adornar su carrera o figura política aducen su ingeniería, al menos “estudios de ingeniería”, como haber estado matriculado en alguna asignatura.
Cristina Cifuentes es licenciada en Derecho por la U. Complutense de Madrid, y un curso superior en Administración Pública en el Instituto de investigación Ortega y Gasset. En alguno de sus documentos aduce su máster en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), sobre La financiación de las Comunidades Autónomas. Este fue su error y blanco de sus enemigos.
A los 26 años es diputada en la cámara regional, y será reelegida varias veces; es Directora del Colegio Mayor Universitario Miguel Antonio Caro; portavoz del Grupo Parlamentario Popular; pertenece al Consejo de Administración de la Universidad RJC y al Consejo social de la Universidad Carlos III de Madrid. En enero del 2012, con Rajoy en la presidencia, es la nueva Delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid. En junio del 2015, es investida Presidenta de la Comunidad de Madrid. El 18 de marzo de 2017 es elegida, con el 93% de los votos, presidenta del PP en la Comunidad de Madrid.
Esta Comunidad de Madrid es ya con vistas a mayo del 2019 la ambición de Podemos, del PSOE y de Ciudadanos.
Hace ya casi un año, el 8 de junio de 2017, Cifuentes fue sometida a una “moción de censura” por Podemos. Fracasó. Sólo votaron a favor los 27 diputados morados. El PSOE se abstuvo, y votaron en contra los 64 del PP más Ciudadanos.
En marzo del 2018, Eldiario.es saca a relucir el máster; dos asignaturas quedaron codificadas como “no presentadas”, sin embargo, dos años más tarde, sin mediar matrícula, aparecen “calificadas” con un notable (7,5). Cifuentes es acusada de haber obtenido su máster con notas falsificadas.
La cuestión se enreda, cuando el rector de la URJC, en rueda de prensa, anuncia que Cifuentes aprobó todas las asignaturas del máster en el 2012, atribuyendo la discrepancia a un “olvido administrativo”. Sin embargo, al día siguiente, 22 de marzo, el rector Javier Ramos, en nota de prensa, anuncia la apertura de un “procedimiento administrativo denominado Información Reservada para aclarar lo sucedido y determinar en su caso las responsabilidades que pudieran existir. Fruto de su investigación interna, el 5 de abril, la URJC, trasladó el caso a la Fiscalía, al apreciar indicios de delito de falsedad documental”. Y, mientras hasta los faroles de la calle parecen pedir la dimisión de la presidenta, Cristina Cifuentes se reafirma en su inculpabilidad, en el apoyo de su partido y de su presidente.
Agítese todo esto revuelto en la TV durante 20 o 30 días y ¿qué puede quedar en la mente y los sentidos de los televidentes? ¿Qué idea sacarán de la política, de los políticos, de la ética política, incluso de la seriedad académica de las universidades? Sin duda algo muy negativo. Por eso digo que ha sido un “penoso espectáculo”. Y, lo peor sería que esa impresión negativa coincidiera con la realidad. Por mucho que Cristina Cifuentes se niegue a dimitir es ya un cadáver político.

• Sigo con la ya más de una vez aludida “torpeza política en Catalunya”.
Me refiero a la increíble incapacidad de los ganadores del 27 D para formar un Gobern y Generalitat legales. Han pasado cuatro meses, y por personalismos, divisiones impertinentes y no sé qué más, y ya podían haber eliminado la actividad del 155, para retomar su conocido empuje empresarial y cultural, y no verse abocados a otras nuevas elecciones.
Sacaron mayoría absoluta, no hagan inútil el esfuerzo de sus votantes; respétenles y cumplan el compromiso contraído con ellos. No echen la culpa a nadie. Pongan en marcha el seny, y dejen que el PNV haga lo que le parece debe hacer respecto a los presupuestos de Rajoy. Yo negociaría teniendo en cuenta lo mejor para Euskadi y el Estado.

• En un tono claramente positivo contemplo “el toque de Macron”. Y me refiero a dos de sus grandes discursos, a los Bernardinos y Conferencia episcopal francesa, y al Parlamento sobre Europa y europeísmo.
Presidente de la República Francesa y, como tal, garante del derecho a creer y no creer, en busca de la comprensión de nuestro mundo tecnológico moderno que junta la bioética y su problemática con el derecho y respeto del inmigrante.
Alumno de los jesuitas en Amiens –ignoro su carácter religioso–, como presidente hace una llamada precisamente a los católicos, en una clara y valiente distinción entre laicidad y laicismo. Este exige que lo religioso se mantenga rigurosamente en lo privado, mientras el presidente exhorta a los católicos a intervenir en la política del Estado con la sabiduría de su sentido ético, la fuerza de su compromiso y el más y más sin límite de su esperanza y acción, algo que algunos atribuyen a su filósofo Paul Ricoeur, yo pienso que puede tener algo que ver con el magis ignaciano.
El Presidente de la República afirma que “no se puede arrebatar al cristianismo su iniciativa y creatividad”. “La semilla católica debe contribuir otra vez y siempre a hacer vivir a nuestra nación.
El vencedor de Marie Le Pen en las urnas, en su discurso ante el Parlamento, reaparece como un fuerte y convencido europeísta frente a los nacionalismos de Estado, capaz de infundir nueva vida a un europeísmo soberanista identitario por naturaleza, historia, voluntad y esfuerzo.
Ante las incertidumbres y temores suscitados por el presidente de la primera potencia mundial, Emmanuel Macron no tiene empacho en presentarse en el despacho oval si cree que puede ser útil en un tema tan delicado como el pacto con Irán.
Hay algo nuevo, vibrante y positivo en este político que inspira frescor, confianza y esperanza. ¡Ojalá sea para el bien de Francia, de Europa y de la Humanidad!

• Hace mucho tiempo que no escribo sobre ETA. Nunca me tembló el pulso. Hoy tengo delante su comunicado o declaración de 8 de abril de 2018. Es una traducción del original euskérico, y no veo por ninguna parte que la traducción tenga la garantía de ser por lo menos “oficial”. Pido disculpas por opinar con esta desventaja.
ETA “reconoce el daño causado en el transcurso de su trayectoria armada”, casi 60 años, “un sufrimiento desmedido” –mucho mayor que el que se suele cuantificar (815 asesinados) y en otros, en casi todos los aspectos de la vida de una comunidad humana, comenzando por el País Vasco, sin poder apelar a un solo bien–. Reconoce también “la responsabilidad adquirida en ese dolor”, “que no tiene vuelta atrás”, ni puede resarcir de ninguna manera, ni con todos los años de cárcel de sus miembros presos. Una organización funesta por sus cuatro costados.
ETA entiende que “muchos consideren y expresen que nuestra actuación ha sido inaceptable e injusta y lo respetamos”. En realidad, es lo que ha sido. No tiene justificación alguna. La violencia, el asesinato, el terrorismo, son crímenes de lesa humanidad.
Cuando ETA, refiriéndose al daño causado, manifiesta que “nada de todo ello debió producirse jamás” … “Ojalá nada de eso hubiese ocurrido”, parece renegar de su actuación; sin embargo, lo impersonal de las formas verbales: “no debió producirse” y los verbos usados: producirse y ocurrir, quitan hierro a ETA como causa única y directa de todo ese daño y sufrimiento. Todo habría sido “cosas que se producen o que ocurren”.
El traductor utiliza tres veces el verbo provocar: “ETA ha provocado”. Provocar es “incitar”, “promover”, “suscitar”. Pero lo que ha hecho ETA es causar: “ETA reconoce el daño que ha causado”. Ese es el verdadero verbo. No “promover”, ni “ocurrir” ni “producirse”.
Pero donde ETA mete la pata hasta el fondo, donde aparece lo que es, es cuando da un paso al frente decisivo, cuando pide perdón. Cuando divide a sus víctimas: las que tenían “participación directa en el conflicto”, estas han recibido lo merecido; en cambio, las víctimas que no tenían esa participación directa, a esas y sus familias pide perdón. Todo el daño causado por ETA es injustificado. ETA tendría que pedir perdón a todas sus víctimas físicas y morales, a todos, millones, que la hemos padecido en Euskadi y fuera de Euskadi durante 60 años.
Conceder el perdón, perdonar, es un acto de notable generosidad que engrandece más el alma de una persona noble y puede salvar la del ofensor por vil que sea. Perdonar es un atajo del creyente hacia Dios.