Bkool Smart Pro, una nueva forma de entender los rodillos

Aunque, por motivos personales, haya descubierto hace muy poco el ciclismo he de dar la razón a todos aquellos que me dijeron que es muy fácil enamorarse de las dos ruedas. La posibilidad de cubrir grandes distancias más fácilmente que con el running, la sensación de velocidad, de una carretera solitaria por la mañana o de una senda o un camino un día de verano es completamente inigualable. Sin embargo, la llegada de épocas más duras y las obligaciones del día a día hace que muchos no podamos disfrutarlo tanto como nos gustaría y por eso existen los rodillos.

En la era de la realidad virtual, los simuladores y las pantallas con definiciones ultra realistas Bkool quiere ser lo más parecido a la comodidad del deporte “doméstico” y de las sensaciones al aire libre del ciclismo de toda la vida.

Es por ello que podemos decir que el Smart Pro reúne los mejores ingredientes de dos mundos: por un lado cuenta con una enorme red social de ciclistas que compiten entre ellos; un sobresaliente simulador que nos pondrá por delante retos legendarios, un sistema de conectividad de última generación entre el rodillo, la app y el soporte (un ordenador o un smartphone) y la mejor experiencia de la gamificación.

Si comenzamos por el propio equipo, lo mejor, sin duda, es la facilidad para montarse y desmontarse. Está a prueba de un neófito como yo. Un rodillo no es un instrumento que se pueda tener desplegado de continuo en una casa por el espacio que ocupa. El Bkool es francamente sencillo de montar y desmontar lo que facilita su uso y no nos exige demasiado tiempo por usarlo.

Pesa 12 kilos (una cifra mejor que la media) y se ajusta a la rueda trasera con un sistema de cierre rápido que viene incluido. Los brazos del equipo se pueden ajustar en altura y longitud y es muy estable lo que permite que podamos ponernos de pie sobre la bicicleta sin problema. Solo hemos de tener cuidado de no colocar la rueda demasiado baja para evitar un ruido de rozamiento molesto -uno de los poco peros que tiene un equipo que como rodillo es correcto-.

Una vez hecho esto bastará con enchufar el rodillo a la corriente -para disfrutar del simulador- y abrir la aplicación. Deberemos tenerla descargada y tener en cuenta que es algo pesada por todo lo que nos ofrece lo que nos exige un smartphone con bastante capacidad o, directamente, pasarla a un ordenador.

Cuando abrimos el programa tenemos un enorme abanico de pruebas a nuestra disposición tanto en pista como en ruta. Si queremos más, por 10 euros al mes podremos disfrutar de visualizaciones a través de Google Street View y un simulador al estilo del Pro Cycling Manager. Existe una versión gratuita con visualización 2D y alguna función menos de pedaleo.

Aún así, en ambos casos el rodillo adaptará la dureza a la orografía de la prueba que hayamos elegido. Las pendientes se notan mucho. Y esto hace que los ejercicios duro sean realmente fructíferos para mejorar en nuestra casa de cara a disfrutar más adelante al aire libre. Por si esto fuera poco, nuestro punto de vista en la pantalla se adecua a nuestra inclinación.

Los circuitos por los que rodar son innumerables: desde el de Río 2016 hasta cumbres míticas de las grandes vueltas europeas o preciosas calles de Holanda, el país europeo con más bicis por habitante. Podremos subir un puerto con un 12% de desnivel y probarnos como un rodador o sprintar en la pista.

Y en tiempo real sabremos las calorías quemadas, los vatios generados, la velocidad y si llevamos un pulsómetro, nuestra frecuencia y VOx así como el desnivel por el que nos desplazamos. Y, como si de un Strava virtual se tratara, permite que compitamos y compartamos la carretera de continuo con otros ciclistas que estén conectados en ese momento y disfrutando de unas pedaladas.

¿Merece por lo tanto gastarse unos 500€ en un rodillo? Sin duda, la novedad del simulador hace que sea mucho más atractivo que otros rodillos sin embargo la sensación sigue siendo igual de monótona y, obviamente, carece de determinadas sensaciones que tiene la bicicleta de verdad como son el viento o los giros en curva así como las irregularidades del suelo.

A su favor, poder pedalear y competir con amigos, disfrutar de sensaciones poco habituales como enfrentarse a una pared de un puerto de categoría especial o sentir lo que siente un profesional en una contrarreloj (aunque a veces sea más una carrera multitudinaria).

Lo que sí está claro es que pone la semilla de hacia dónde irán los demás rodillos de gama media y alta del mercado: una nueva forma de disfrutar de la bicicleta cuando el tiempo o los elementos no nos lo permiten. Tiene mucho camino por recorrer para ser un simulador de élite pero está muy por encima de cualquier otro comercializado hasta la fecha. Eso sí, una inversión tan alta solo merece la pena si se va a utilizar de forma intensiva.

Publicado por

Gaizka Manero López

Nacido en 1982 en Portugalete, Bizkaia, soy doctor en "Periodismo, Comunicación y Memoria en la era digital" por la Universidad del País Vasco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *