Cerrado por vacaciones

Después de un intenso curso de industria 4.0, nuevos dispositivos y decenas de noticias relacionadas con tecnología y cómo nos afectan (para bien y para mal) en nuestro día a día, llega el turno de unas vacaciones -esperemos que consideréis que son merecidas-. Tiempo de asueto para disfrutar con la familia, desconectar del trabajo y cargar pilas para un curso 2018-2019 que se antoja emocionante. Lleno de novedades y, sobre todo, de ganas de aprender. Gracias por vuestro tiempo todos estos meses. ¡Disfrutad!

Festivales de música, cuando la tecnología mejora lo que es bueno

La generación millennial y la generación Z (o post millennial) tienen como punto en común su relación con las TIC. Casi todo con lo que se relacionan ha sufrido un proceso más o menos profundo de digitalización que lo hace, en teoría, más sencillo y fiable. Los festivales, algo que ninguna de las dos generaciones ha creado pero que sigue siendo sinónimo de diversión y verano, no iban a ser menos y también tienen su versión 2.0.

Así, más allá de hacer que no se pague con dinero en efectivo o tarjetas -permite crear una cuenta a débito para controlar el gasto de los usuarios- regala también a los organizadores una enorme cantidad de información sobre su producto, conocer las afluencias, los consumos en bebidas y comidas o la recepción que ha tenido el merchandising para hacer estos eventos cada vez más atractivos.

Festivales como Tomorrowland, Coachella o BBK Live están apostando por la tecnología RFID para implementarla en pulseras y convertirse en espacios cashless. El objetivo es ofrecer una experiencia más completa al público y dejar atrás las colas o la necesidad de un medio de pago específico para hacerse con cualquier alimento bebida o merchindising. Todo se consigue ahora en segundos.

Empresas como Intellitix, pionera en el desarrollo de estos servicios, tienen claro que no solo hacen que el evento sea más cómodo y personalizado, sino que esta mejora de los servicios hace que se amplifique y mejore la calidad de la marca del festival. Todo ello como antesala de una enorme cantidad de Big Data que permite a los promotores saber en todo momento como optimizar el espectáculo: aforo, puntos de acceso libres o problemáticos, gente que falta por entrar, dinero gastado, dinero pendiente de gastar, en qué se ha consumido y, por supuesto, todos los datos personales facilitados por los asistentes.

La explosión de tecnologías como la realidad virtual y la realidad aumentada permitirán, además, maximizar la experiencia del usuario y alcanzar un nuevo perfil de asistente que quiere algo más exclusivo y personalizado.

Cruzar durante los meses posteriores al evento todos los datos, demandas y consumos de los clientes funciona de una forma mucho más efectiva que la publicidad o las encuestas a la hora de negociar con proveedores, con sellos musicales, agencias de transporte y viajes así como con empresas interesadas en anunciarse. Spotify, por ejemplo, es especialmente activa en este sentido y siempre busca una forma de crear listas personalizadas de los festivales para cada asistente: la información RFID de las pulseras, por ejemplo, les facilita enormemente el trabajo y les da ventaja a la hora de competir con otras plataformas de música en streaming.

Más allá de todo esto, Festivales como Burninng Man en Estados Unidos, se han mostrado como el centro de reunión perfecto para la búsqueda de ideas para aplicar la tecnología en casi cualquier ámbito social cotidiano. En esta dirección, Sonar 2018 contará con una nueva edición de Sonar +D en el que se reunirán artistas, tecnólogos, hackers y makers con el fin de encontrar nuevas soluciones a las demandas de creatividad y tecnología de eventos de este tipo: un pequeño resumen de la sociedad en un espacio y tiempo acotados. Sin duda, la música puede ser la gran musa de las generaciones tecnológicas.

Noticia recomendada por Binary Soul

El Rubius, ¿la última víctima de las redes sociales?

Millennialsinfluencersyoutubers, etc. Jóvenes llamados a marcar -y depender de- las redes sociales en todas sus formas posibles y mediante ellas a su generación, son el mejor ejemplo de la sobreexposición a la que hemos decidido someternos como forma de vida. Una forma en la que las personas hemos decidido coger una poderosa herramienta tecnológica y en muchas ocasiones pervertirla negocio mediante.

Personalmente, no soy un usuario convencional de YouTube. Es cierto que entro varias veces a la semana en el portal de vídeos pero también lo es que no sigo canales personales (mi único placer confeso es el de las recetas de Jamie Oliver). Tengo claro que la videoteca de Google es exclusivamente eso: una videoteca. Igual que tengo claro que Instagram es un enorme catálogo de empresas y Facebook una forma “estupenda” para que recopilen información sobre nosotros y luego se vendan al mejor postor.

Probablemente a estas alturas muchos os preguntaréis que hace un tipo como yo publicando en un blog de tecnología. La clave está en el primer párrafo: la tecnología para mi es un medio no un fin. Y las redes sociales comenzaron bajo esta idea y han acabado justo al revés. Cosas del capitalismo más moderno y radical.

Toda una generación nos comportamos del mismo modo que lo hicieron los que vivieron las bondades de la Segunda Revolución Industrial. Hay que innovar, hay que tecnificar, hay que automatizar, hay que deshumanizarlo todo. Hasta las personas.

Volviendo al protagonista del titular del post, Rubius, el youtuber más importante de España ha decidido tomarse un descanso tras siete años “generando entretenimiento para millones de personas” (según Magnet). Es cierto que no he visto gran cosa sobre el entretenimiento que genera. Como mucho vídeos que me han compartido a través de WhatsApp. Pero, sinceramente creo que se está desvirtuando mucho el sentido de entretenimiento. Y eso que soy un fan confeso de Transformers -me conformo con poco para pasar un buen rato, ya veis-.

Rubius ha lanzado un mensaje a su millonaria audiencia -unos 30 millones de personas- en la que dice que necesita descansar por culpa de la ansiedad que le genera su trabajo. Ansiedad en una persona que vive de vendernos una vida feliz. Sí, más o menos realista, pero en YouTube ocurre exactamente lo mismo que en Instagram y en Facebook con las fotos y vídeos de felicidad absoluta en la que los usuarios tienen varias opciones de comportamiento: imitar a famosos que parecen felices -y probablemente lo sean por los miles de euros que ingresan por cada imagen que cuelgan-, demostrar a los demás que son felices -cuando sus vidas son iguales que las demás: con los altibajos que nos depara la realidad- o ser un “troll”: una persona en guerra con el mundo que solo tiene razón -la sociedad se equivoca-. ¿Hay términos intermedios? Por supuesto que sí. Sin embargo, por experiencia propia, no me cabe duda de que las redes sociales nos radicalizan ideológica y sentimentalmente. Y si no llegamos al estándar de felicidad que se espera de nosotros o los demás nos marcan somos unos fracasados sociales 2.0.

Y por eso, la generación más tecnológica de la Historia es también, según algunos estudios -también enlazados en Magnet- la más ansiosa. Un 12% de los nacidos después de 1981 la sufren y, según explican, las cifras van en aumento. Y eso incluye mejores diagnósticos y una desestigmatización de las enfermedades de este tipo, pero también un mayor índice de intentos de suicidio. Y es que lo que algunos estudios llaman el “perfeccionismo multidimensional” y Rubius define como querer hacer el 100% de las cosas y hacerlas al 100%, se ha agravado con las redes sociales.

Al fin y al cabo, son las que sirven para “medir” el éxito de las personas según unos estándares sociales -estos sí se han multiplicado con esas redes sociales- gracias a la pérdida de control paulatina que estamos teniendo de nuestra esfera privada y unos valores que, aunque suene manido, están cambiando la sociedad hacia una más materialista.

Es la era del narcisismo y el individualismo que, históricamente, han sido sinónimos de soledad. Y esta lo retroalimenta. Es la competición con uno mismo bajo unos parámetros supuestamente sociales que crean una brecha entre nuestra generación y la anterior. Hasta 2017 la depresión era la enfermedad mental más extendida del planeta. Desde hace unos meses lo es la ansiedad: afecta a nuestro sueño, afecta a nuestra memoria, afecta a nuestro apetito, afecta, en definitiva, a nuestra condición humana.

Rubius es una víctima de las redes sociales, sí, pero también de su éxito y de su incapacidad para gestionarlo. El éxito de YouTube, por desgracia, suele ir más unido a la cantidad de material que a la calidad del mismo. Rubius no ha bajado el nivel hasta sentir esa ansiedad porque durante muchas semanas ha ido aparejado a ingresos millonarios. Lo más curioso es que su sistema resulta interesante para miles de estudiantes en todo el mundo. Lo que se supone un trabajo “fácil” es al fin y al cabo un trabajo similar al de cualquier presentador televisivo que necesita enganchar a sus telespectadores para colocarles publicidad. Lo hemos dicho siempre, la generación más formada de la Historia no es capaz de entender que cuando no te cobran por un bien o servicio es porque ese bien o servicio eres tú. Tardaremos en entenderlo, probablemente. Mientras en Silicon Valley seguirán facturando.

California, volcada con la energía solar

A pesar de que Estados Unidos cuenta con, probablemente, el presidente más incompetente que se le recuerda, hay ciertos Estados de la Unión que quieren demostrar que siguen por la senda del sentido común y quieren aprovechar todo el camino recorrido durante la última década -no solo en su país- para seguir intentando minimizar el impacto de la sociedad en el planeta.

El caso más beligerante con la Administración Trump es, a buen seguro, el de California que no solo no está dispuesto a seguir la loca política económica y ambiental del Presidente sino que sigue apostando por energías limpias y medios de transporte algo más sostenibles que los convencionales. Así, según ha dictado la Comisión estatal de Energía con voto unánime, a partir del año 2020 todos los edificios (de viviendas o no) de pocas plantas deberán ser construidas con paneles solares. De esta forma se ahorrará energía generada por fuentes convencionales.

A falta de que la regulación sea aprobada -y lo será- por la Comisión de Estándares de Edificación, los legisladores afirman que ayudarán a los propietarios a ahorrar unos 19.000 dólares en energía de media en 30 años. La única duda que surge es el sobreprecio que esto tendrá sobre las viviendas y si quedará sufragado por este ahorro en la tarifa energética.

De media, se prevé un incremento en el precio de 9.500 dólares, unos 40 al mes en una hipoteca estándar. Si atendemos a las cifras que anuncian la construcción en 2020 de unas 100.000 viviendas unifamiliares y otras 50.000 multifamiliares con paneles solares, el sobre esfuerzo en la deuda privada será importante. Sobre todo si tenemos en cuesta el altísimo precio medio de la vivienda en algunas zonas del Estado: en Los Angeles debido a la escasez la tarifa supera los 650.000 dólares y en San Francisco los 1,3 millones.

A día de hoy el Estado ya genera el 16% de la energía que consume gracias al sol y prevén que el incremento exponencial del número de viviendas equipadas con esta herramienta debería disparar tanto este porcentaje como aminorar el precio de la vivienda. Además, cualquier sobreprecio debería quedar equilibrado por el ahorro energético. La duda que surge es si habrá más Estados (o países a este lado del Atlántico) que se sumen a una iniciativa más que necesaria.

Educación online, varias referencias indispensables

La era de la digitalización supone nuevos retos tanto para las empresas como para los trabajadores. Es un cambio integral en casi todos los sectores para cubrir estas necesidades: desde el técnico hasta el educativo. Y precisamente este último es el que está viviendo una adaptación más compleja. Mientras algunos estamentos siguen defendiendo una educación casi expositiva, otros son conscientes de que gran parte de la evolución pasa por adaptarse a una educación más experimental y a entornos digitales.

Millones de alumnos en todo el mundo estudian gracias a cursos online abiertos (MOOC por sus siglas en inglés) ofrecidos por centros del calibre de Harvard, Berkeley, Oxford, Cambridge o el MIT. Las temáticas son de lo más variado: programación, Big Data, finanzas, SEO, marketing, idiomas, etcétera. Y todas cuenta con la ventaja que permite la enseñanza en línea, un alto nivel de personalización tanto en los ritmos de estudio y evaluación como en horarios, materiales -precios y cantidades- o nivel que quiere adquirir el alumno.

Una de las plataformas más atractivas para adentrarse en el mundo de los cursos online es Coursera, que se caracteriza por ofrecer cursos gratuitos y de pago. Su catálogo va desde la formación profesional hasta los idiomas, la medicina o la sociología y entre sus socias están las universidades más prestigiosas del mundo. En total suman 164 de 28 países que ofertan 2.811 cursos.

Con menos cursos pero de la misma calidad, edX, fundada por Harvard y el MIT en 2012, pone el acento en su enorme cantidad de recursos académicos: profesionales y profesores de prestigio en materias como marketing, inteligencia artificial, informática, física, ingenierías, etc. Berkeley, Sorbona, Cornell, Caltech, Darmouth, Oxford, Princeton o la Universidad de Edimburgo son solo una pequeña parte de su extensa red de colaboradores.

Para nosotros, Open Culture es, sin embargo, una opción aún más interesante. Además de contar con contenidos gratuitos de las instituciones antes citadas, también te permite acceder a un enorme fondo de películas, documentales, conciertos, libros de texto, guías, etc. Sin duda, además de una herramienta de aprendizaje, una referencia para todos aquellos que quieren aprender más sobre una materia específica.

Udacity es la propuesta más interactiva. Nacida a partir de cursos de informática gratuitos ofrecidos por Stanford. Permite ver el progreso de las lecciones y el curso de una forma sencilla e intuitiva y, sobre todo, permite una continua interacción entre la comunidad de estudiantes. Conocimientos “colaborativos” y educación gratuita en línea. Una gran idea.

En definitiva, una nueva forma de acceder a educación y conocimiento de la mano de las referencias del sector y de profesionales en ámbitos docentes de referencia.