Huawei P20 Pro, el terminal que quiere redefinir la fotografía

Son dos las tendencias que han dejado los últimos lanzamientos de Apple y el Mobile World Congress 2018 en el mercado de los smartphone: la inteligencia artificial y cámaras cada vez más capaces. Huawei, uno de los actores más activos del sector ha querido dejar claro que no solo es capaz de adaptarse a esas tendencias sino que quiere ser el referente. Y la versión Pro de su P20 tiene la mirada puesta en la fotografía. ¿Consigue situarse entre los mejores?

La carta de presentación son tres lentes para la cámara trasera con la firma de Leica y una nueva generación de su procesador que implementa IA. En la mano, además, se nota el cuidado diseño con buenos materiales y un notch frontal (y un botón inferior) que pretende recordar al iPhone X sin olvidarnos de su origen Android. Encendido, el panel OLED de 6,1 pulgadas cuenta con una resolución de 2.240×1.080 y un ratio de 18,7:9. Además, la sensibilidad táctil es buena y la velocidad de respuesta es notable.

Las cámaras traseras de las que hablábamos antes sobresalen de un conjunto francamente delgado y robusto. Un precio bajo si tenemos en cuenta que es el primer terminal que implementa el sistema de zoom de la casa alemana: esa tercera cámara que queda separada. El conjunto se compone de un sensor RGM de 40 Mp Light Fusion (f/1.8), un monocromo de 20 Mp (f/1.6) y un teleobjetivo de 8 Mp (f/2.4). Una solución a la altura de los mejores Nokia con unos acabado en blanco y negro que siguen siendo la referencia del mercado y un zoom excepcional que gracias a la estabilización mediante inteligencia artificial lo colocan entre los mejores terminales hasta la fecha para los amantes de la fotografía. La cámara frontal, tan importante para la moda selfie, por cierto, se va hasta los 24 Mp.

El procesador encargado de trabajar con todo este hardware es el Kirin 970 que ya vimos en el Mate 10 y que tan buenas sensaciones deja a todo el que lo usa. Acompañado de 6 GB de RAM mueve EMUI con una velocidad digna de los mejores Pixel o Galaxy S. Los contenidos multimedia vuelan, el conjunto no se sobrecalienta, permite trabajar con una app fotográfica mucho más completa -menos mal que no falla el software teniendo semejante conjunto de lentes- y la multitarea es tremendamente eficaz.

El audio tampoco decepciona e incluso en condiciones de ruido ambiental se puede escuchar bien tanto conversaciones como música. Eso sí, el P20 Pro es el último en sumarse a los smartphones de gama alta sin puerto clásico. La batería, de 4.000 mAh con sistema de carga rápida nos promete (y cumple) más de un día lejos del enchufe.

Como críticas podríamos decir que seguimos sin entender por qué los ingenieros de la casa siguen implementando un botón físico y en vez de aprovechar ese borde para colocar los otros dos clásicos botones Android, generan dos virtuales en la pantalla que no dan sensación de continuidad al interfaz. Sobre todo porque, aunque el sistema de gestos no es tan fluido como en otros equipos de la competencia, mejoran generación tras generación.

El P20 Pro es la demostración de lo fuerte que quiere pisar Huawei para quitarse de encima el cartel de fabricante de móviles con buena relación precio chinos y demostrar que es capaz de ser un referente también en innovación en el sector. Todo ello se paga. Exactamente 899€ por un dispositivo con 128 GB de almacenamiento y una cámara externa 360º incorporada. Ahora será el mercado el que decida.

Acer Chromebook Tab 10, un Android centrado en la educación

La batalla por el sector de la educación vuelve a ser uno de los protagonistas principales en la guerra de sistemas operativos que llevan casi una década entablando Microsoft, Apple (estos casi cuatro) y Google. Acceder a los colegios y centros de estudios permite una fidelización casi irrompible durante la vida del usuario y es por ello que tanto los de la manzana (donde siempre han sido fuertes) y los de Windows quieren seguir siendo dominantes. Sin embargo, el carácter abierto y el empuje de Google con sus accesibles equipos con Chrome OS los convierten en una seria alternativa.

El último de los dispositivos, y uno de los más interesantes, en sumarse a la lista de equipos con la plataforma de Alphabet es el Acer Chromebook Tab 10. La primera tableta con este entorno cuenta, como la mayoría de los portátiles Chromebook del mercado, con un precio contenido y bazas como el soporte para un stylus.

Además, la apuesta por la convergencia Android-Chrome da un paso más con este equipo que aúna el formato del primero con las capacidades del segundo. Para ello, los taiwaneses han contado con un procesador OP1, 4GB de RAM y 32 GB de almacenamiento ampliable para un tablet con cámaras de 5 y 2 Mp (trasera y frontal), conectividad WiFi y Bluetooth 4.1, un USB Type-C, una batería que promete 9 horas de autonomía, 550 gramos de peso y solo 339€ de precio.

El panel de 9,7 pulgadas cuenta con resolución QXGA (2.048×1.536) y muestra una gran fluidez gracias a la arquitectura del chip OP1: la suma de un dual core Cortex A72 y un quad core Cortex A53. Uno de sus puntos fuertes es la buena pareja que hace con el stylus Wacom ER integrado que no necesita ni batería extra ni carga adicional.

Si volvemos a la convergencia entre plataformas de Google, la tableta podrá trabajar con aplicaciones Android gracias a la compatibilidad entre Chrome OS y la Play Store. Si a esto le sumamos la licencia educacional de Chrome y el soporte para realidad aumentada Google Expeditions AR, la Chromebook Tab 10 se convierte en una muy buena alternativa para una “nueva experiencia de aprendizaje” (según el propio fabricante).

El próximo mes de abril saldrá al mercado en Estados Unidos y unas semanas después, en mayo, llegará al resto de países. Esperaremos ansiosos a probarla para saber si, por fin, hay una alternativa sólida al binomio iPad-iOS.

Mobile World Congress 2018, lo más destacado

Un año más Barcelona ha sido sede de uno de los cuatro eventos tecnológicos más importantes del año (al menos en lo que a tecnología móvil se refiere) junto al CES de Las Vegas, el IFA de Berlín y las Keynote de Apple -menos relevantes en cuanto a cantidad de productos pero con el mismo eco mediático gracias al poderoso músculo comercial de los californianos-.

La cita de este año ha sido una de las más prolíficas en cuanto a novedades y, a pesar de todo el ruido político que la ha rodeado- los principales titulares han venido de la mano de lanzamientos como los nuevos Samsung Galaxy S9 y S9+, los terminales llamados a ser la punta de lanza de la plataforma Android frente al iPhone X.

El congreso también a subrayado la tendencia de los dispositivos con doble cámara así como la apuesta de Sony por seguir en un mercado en el que la presión de los fabricantes chinos es cada vez mayor y el trozo de pastel que le toca, cada vez más pequeño. Una buena noticia para uno de los fabricantes con más personalidad y mejores equipos del mercado.

También ha sido el año del 5G. Empresas como Qualcomm ya tienen fechas de lanzamiento de sus módems compatibles y cada vez es más patente que su llegada será el pistoletazo de salida de grandes cosas (sobre todo, de un internet de las cosas mucho más capaz).

El ejemplo más patente es la cada vez más marcada presencia de fabricantes de automóviles en la feria. SEAT, Mercedes y BMW, por ejemplo, dejaron claro que los coches conectados e inteligentes son el presente y el pilar sobre el que sustentar el vehículo autónomo. Las líneas que separan las TICs de las demás industrias se han difuminado casi por completo.

Fuera del universo móvil, quizá uno de los productos más llamativos ha sido el Huawei Matebook X Pro, un portátil con un diseño sobresaliente y buenas prestaciones que redondea un ecosistema con productos tan interesantes como las tabletas MediaPad M5 y M5 Pro.

En el lado contrario de la balanza nos encontramos con un uso excesivo de las denominaciones “Inteligencia Artificial” (lo sentimos por Telefonica pero su “Aura” está por el momento muy lejos de Alexa, Cortana, Siri y compañía) así como la necesidad enfermiza de muchos fabricantes -la mayoría chinos- de copiar (por copiar) el manido “notch” del iPhone X.

También se ha echado en falta un rival de empaque para el buque insignia de la familia de smartphones de Samsung. Es cierto que Sony ha llevado su XZ2 y LG su V30S (con la promesa de aplicar las mejoras a todos los V30 que ya están en el mercado) pero se ha echado en falta algo más de picante en un evento que, se supone, debe marcar el año de los fabricantes de móviles. ¿Será que la sombra del Galaxy es muy alargada? ¿Será que cada uno quiere su propio evento? ¿O, simplemente, que el mercado es cada vez menos jugoso por la saturación de jugadores?

Es cierto que se han anunciado más modelos con Android One y que Xiaomi ha estado presente con un stand propio, pero que Nokia -con sus cinco nuevos terminales- se lleve casi todos los aplausos por sus novedades indica que algunos fabricantes están faltos de una dirección clara para su catálogo.

La nota negativa vino de la mano de los smart watches. Parece que tanto Qualcomm como Google parecen haber tirado -por el momento- la toalla y que el mercado ahora mismo está en manos del Apple Watch que, se supone, recibirá una serie 4 este mismo año.

Quizá algo que deberían mejorar los organizadores es que no hubiera eventos privados los días anteriores en los que cada marca presenta sus novedades por separado. Esto provoca que el stand de Google donde regalan el muñeco del robot verde sea el más interesante a finales del congreso. En su defensa, una vez más, la gestión de los más de 107.000 visitantes ha sido extraordinaria. Todo estaba bien organizado y no se nos ocurre un marco mejor para que el MWC sea un ejemplo de eficiencia.

Un dato curioso, el premio al móvil del año se lo llevó el iPhone X. Todo un ejemplo de neutralidad en un evento al que (al igual que ocurre con otros) nunca acude la empresa de la manzana.

Microsoft, adiós a los móviles

 

Por fin llegó el momento. Después de mucho tiempo (demasiado) intentando hacerse un hueco en el mercado -totalmente dominado por Android en número de dispositivos y por iOS en beneficios- ha caído otro contendiente del mercado móvil. Primero fue Symbian, luego BlackBerry OS y ahora el turno es para Windows.

Hace pocos días Microsoft anunciaba que el desarrollo de su plataforma móvil (tanto software como hardware) ya no es “prioritaria” para la estrategia de la empresa y que, por lo tanto, quedaba sin nuevas actualizaciones (que no soporte de seguridad). Incluida la última con Windows 10 que, en palabras de Satya Nadella, era la primera en unificar de una forma real el universo móvil y el de los ordenadores.

Lo más sorprendente es que el anuncio se hizo de una forma muy poco habitual. Joe Belfiore, responsable de la plataforma, respondía de forma tajante a una pregunta a bocajarro en Twitter: “¿Ha llegado la hora de abandonar la plataforma Windows Mobile?”. Belfiore explicaba que “depende del usuario que fuera” y que Microsoft ya no iba a “desarrollar más software ni hardware” porque “no entraba en sus planes”.

Las cifras hablaban por sí mismas: tan solo el 0,3% de los usuarios estadounidenses (su mercado doméstico) la utiliza. Esto viene además, acompañado de un serio toque de atención para la empresa en las últimas estadísticas. En el último lustro Windows ha pasado de estar activo en 1.500 millones de dispositivos a poco más de 1.000 millones. Actualmente hay más equipos en el mundo que trabajan con iOS a los que hay que sumar otros 300 millones que usan macOS. ¿El mundo al revés?

Si no lo es, sí que es un mundo bastante irónico. En 2007 el dominador absoluto del mercado era Nokia. Sin embargo, entre los profesionales BlackBerry dominaba y Microsoft se mostraba como una alternativa real en un mercado que demandaba más movilidad y menos dependencia de los ordenadores de sobremesa (ni siquiera se soñaba con ultrabooks o tabletas).

Sin embargo, ese mismo año Apple, una empresa que había resucitado gracias a sus iPod, presentaba un dispositivo bastante rompedor para el gran público que algunos no se tomaron muy en serio. Entre ellos estaba Steve Ballmer, CEO de la empresa, quién ridiculizó el iPhone porque “nadie querría un teléfono sin botones” con un “precio desorbitado”.

Aunque en menos de un lustro Microsoft se había quedado completamente fuera de juego, nunca dejó de intentar hacerse con un trozo de mercado que anclara su dominio en los equipos de sobremesa y portátiles ante un mundo que giraba irremediablemente hacia la movilidad y las aplicaciones.

El problema, como reconocía el propio Belfiore, es que aunque han intentado incentivar el desarrollo de su plataforma (incluso pagando a terceros para que crearan aplicaciones o desarrollando ellos su ecosistema) los principales actores del mercado nunca han querido perder su atención en iOS o Android. Una plataforma sin aplicaciones está condenada a ser abandonada por los usuarios. Pero es que una plataforma sin usuarios no es rentable para que los desarrolladores generen contenidos.

La estrategia ahora es una suerte de Caballo de Troya en la que los usuarios de los dos sistemas operativos de éxito decidan disfrutar del uso de programas de Microsoft en sus iPhone, Galaxy, Xperia y compañía. Office 365 se antoja como una gran oferta con un precio competitivo para aquellos que quieren una experiencia ofimática más completa (o al menos tradicional) que en sus equivalentes de Apple, Google o freeware. La batalla de la movilidad por ahora solo queda con un actor para la empresa: las Surface que sí están teniendo éxito. Al menos mucho más que el de sus primos smartphone.

Pixel 2 y Pixel 2 XL, Google gana personalidad

 

Son tiempos complicados para Google (en el mercado de telefonía). Parte de sus fabricantes viven una revolución -es habitual encontrar pequeños intentos de Samsung por imponer Tizen-, otros ofrecen lo mismo que sus dispositivos -Nokia tiene hasta cuatro terminales Android puro– y Apple sigue robándole el protagonismo (y los beneficios del conjunto del mercado) con una imagen de marca casi intocable.

Sin embargo, Google siempre ha demostrado una capacidad indiscutible para superarse y para sorprender al mercado así como de crear tendencias. Y parece que los nuevos Pixel son el mejor ejemplo de todo lo anterior.

Lo primero que llama la atención de ambos modelos es su experiencia de usuario. Por el momento, parece que solo la casa matriz consigue sacar un rendimiento sobresaliente de su sistema operativo. Y la causa no solo es el hardware.

Ambos modelos cuentan con el mismo procesador Qualcomm Snapdragon 835, 4 GB de RAM, 64 o 128 GB de almacenamiento, pantalla pOLED (4K en el XL y Full HD en el “normal”), cámaras traseras de 12,2 Mp -que por cierto, prescinden de la doble cámara para su particular modo retrato-, cámara frontal de 8 Mp, así como mismos puertos, sensores, y conexiones inalámbricas. Podemos decir que salvo el panel y la capacidad de la pila (6″ para el XL y 5″ para el pequeño) son hermanos gemelos.

La gran diferencia, no obstante, reside en el diseño. Así, mientras que el XL sigue las tendencias de los LG G6 (por cierto, su fabricante y primo más cercano), Samsung Galaxy S8, iPhone X y compañía de no tener marcos en el frontal, el Pixel 2 tiene unos bordes arriba y abajo que recuerdan a los de los Sony Xperia y iPhone convencionales.

Aún así, ambos son ligeros, con buenos materiales -aluminio y cristal-, ergonómicos y transmiten sensación de robustez. Un gran avance que ya comenzó en la primera generación (no era el punto fuerte de los Nexus) y que ahora justifica más que nunca su precio -muy alejado también de los Nexus-.

Como hemos dicho, la optimización para Android 8 es, sencillamente, sublime. El rendimiento es superlativo y la fluidez solo está al alcance del iPhone (lo sentimos por otros fabricantes pero sus capas de personalización hacen torpes a sus modelos en comparativa con ambos por mucho hardware que le pongan).

El asistente de Google (todo su arsenal de inteligencia artificial y aprendizaje de uso) brilla sobremanera. Lo mismo que las pantallas -que en el XL tiene una resolución espectacular- o las cámaras que ofrecen resultados mucho más que notorios a pesar de la teórica “tara” de tener solo una cámara (incluso Samsung ha apostado por dos en el Note 8). Solo el modo retrato -que pudimos probar de pasada- languidece respecto al original de iOS. Si bien es cierto que este no hemos podido trastearlo tanto como en el iPhone.

El sonido de los altavoces estéreo también es muy bueno. Mucho mejor de lo que estamos acostumbrados en dispositivos de este tipo. Sobre todo en el Pixel pequeño en el que se colocan a la altura de los de Sony (la referencia en este apartado). Por cierto, a aquellos que criticaron a Apple -o a la propia Sony- por deshacerse del jack de 3,5 mm, malas noticias: también prescinde de este puerto y apuesta o por el USB TypeC o por los sistemas bluetooth.

En resumen, un terminal que no será barato (el XL, por ejemplo, empieza en 959 en la web de Google) pero que promete dar un rendimiento sobresaliente gracias a un hardware optimizado. La versión de 5 pulgadas, fabricada por HTC -recién absorbida por la propia empresa de Mountain View- se antoja como una opción perfecta para todos los que quieran un Android de tamaño contenido y el XL como la mejor opción para los que quieran el tope de gama más potente de la plataforma. No cuenta con un diseño tan rompedor como otros rivales pero, si cuando lo probemos en profundidad rinde de forma parecida a la prueba inicial, volverá a marcar tendencia.