Transporte, por qué debemos cambiar el modelo (y no hacer un túnel bajo la Ría)

Desde hace años he defendido en este pequeño rincón de internet que la solución al transporte particular no reside en electrificar todos los coches o motos que circulan por nuestras calles. Tampoco basta con prohibiciones o una legislación buenista que no ofrece verdaderas alternativas al ciudadano. Deshacernos de los combustibles fósiles requiere un verdadero ejercicio de concienciación ciudadana y de las administraciones -también formadas por ciudadanos- mucho mayor que la que ya existe. Y, sobre todo, hacernos ejemplo de las nuevas generaciones para demostrarles que hay alternativas para minimizar el enorme impacto que ya hemos generado de forma irreversible en la biosfera.

Este mensaje, que muchas veces me ha servido para recolectar críticas -sí, soy un “amante” de los coches pero prefiero un futuro para mi hija en este planeta antes que el sonido de un motor V12- empieza a ganar cierto eco gracias a expertos como Martin Brueckner, profesor de Sostenibilidad de la Universidad Murdoch en Australia cuyas palabras han sido recogidas por Xataka este fin de semana.

El texto no puede explicar mejor todo lo que he ido recolectando en mis pensamientos durante años gracias a expertos y científicos mucho mejor formados que yo que saben que la solución pasa por quitar las cuatro ruedas. Mientras, en nuestra tierra se sigue aplaudiendo una pésima decisión de la Diputación Foral de Bizkaia para “solventar” los problemas de tráfico en el área metropolitana del Gran Bilbao: un túnel que conectará Getxo y Portugalete que, además, nos venden como una solución “verde” porque se hará a gran profundidad. Tiran el dinero y encima nos lo venden como si nos hicieran un favor.

Brueckner comienza hablando de la explosión que ha vivido la oferta de coches eléctricos en le mercado. Si bien hace menos de una década eran vistos como modelos exóticos con diseños casi ridículos y prestaciones muy escasas, el interés sobre estos ha ido creciendo exponencialmente gracias a escándalos como el dieselgate y a las estrategias de algunas administraciones que pretenden prohibir el petróleo y los coches diésel -en primera instancia-.

Esto ha hecho que cada vez más fabricantes se estén preocupando por electrificar su gama. Así, a la sombra de Tesla -el principal fabricante de gama alta-, todos buscan el nuevo Ford T, VW Escarabajo o Renault 4L que motorice el mundo de una forma limpia, sostenible y barata y ya son muchos los analistas que aseguran que en 2025 el precio será similar al de sus equivalentes con motor de combustión.

Los coches eléctricos son planteados por la industria como la solución a nuestros problemas para conseguir una movilidad verde y limpia pero, si analizamos bien sus características, quizás deberíamos plantearnos si esto es así o si debemos replantearnos la forma en la que nos movemos.

Brueckner nos recuerda que los vehículos eléctricos tienen algunas ventajas evidentes respecto a los de combustión en materias como las emisiones. El transporte es el responsable del 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero. La cifra de emisiones de dióxido de carbono se duplicará en 2050: inadmisible y, lo peor de todo, insostenible. Además, los coches “convencionales” también suponen un problema en los entornos urbanos por culpa de la contaminación acústica y atmosférica. Por ahora parece que los coches eléctricos sí son la solución para “limpiar” el transporte pero, como el mismo subraya, solo lo parece.

Los modelos eléctricos traen consigo sus propios problemas. El primero de todos tiene que ver con un factor preocupante en la cadena de distribución de estos vehículos: los componentes de las baterías que emplean. Actualmente, las de ión-litio requieren tres elementos que deberían preocuparnos. El primero es el cobalto, vinculado a explotación infantil. El segundo es el níquel, altamente contaminante al ser tóxico extraerlo del suelo. El tercero es el litio, que ya provoca problemas relacionados con la extracción y la explotación del suelo en países como Tíbet y Bolivia.

Todos ellos, además, son elementos limitados: esto hace imposible regenerar todo el parque con motores térmicos a motores “verdes”. Sobre todo porque aún no se ha encontrado un sistema limpio de reciclar las baterías que ya no tengan más vida útil.

Además, si bien no existe la emisión de CO2 o NOx en el caso de los eléctricos, cada vez hay más estudios que muestran el enorme impacto ambiental de las “partículas finas” que emiten los coches eléctricos. Esas partículas finas incluyen ácidos, productos químicos orgánicos, metales y partículas de suelo o polvo, etc. El motivo es el mayor peso de los modelos con baterías, su mayor par y la composición de sus baterías que provocan, por ejemplo, un mayor desgaste de los neumáticos o el asfalto.

Asimismo, existen problemas compartidos por los coches sea cual sea su tipo de motor. Todos necesitan carreteras, aparcamientos e infraestructuras que en muchas ocasiones dividen a las comunidades y hacen inaccesibles algunos servicios a aquellos que no tienen coche.

Los automóviles, de cualquier tipo, también han demostrado tener una incidencia negativa en la salud de los ciudadanos derivado directamente de un mayor sedentarismo entre sus propietarios. En el apartado económico nos encontramos, además, con el enorme gasto social innecesario que generan los atascos que, si hacemos caso a las expectativas de incremento de población y tasa de urbanización, solo irán a peor.

Es por ello que la electrificación debe ser vista, como mucho, como una alternativa energética de transición. Harán muy poco por mejorar la vida en nuestras ciudades y menos aún para mejorar el impacto ambiental de nuestra forma de vida. La solución, afirma Bruecker, pasa por menos coches. Por un sistema de transporte que no premie la individualidad. Es necesario rediseñar las ciudades, devolverles los servicios y las calles a los ciudadanos y hacer todo más accesible con un transporte público más eficiente.

Con ciudades más humanas es posible encontrar soluciones como la de Copenhague donde, a pesar de la climatología -excusa para muchos- ya hay más bicicletas que automóviles. Entornos que apuestan por una ciudad como siempre ha debido ser: la capital danesa, Oslo o Chendu -en China, uno de los países que más está haciendo por contener sus problemas ambientales- esperan estar “libres” de coches particulares en 2028.

La clave es repensar a medio y largo plazo las ciudades para dar protagonismo a los ciudadanos y darles amparo con un transporte público eficaz y, sí, eléctrico. Esto, se ha demostrado, hace que el coste de vida sea menor al reducirse los desplazamientos, mejora la salud de las personas y elimina presión sobre los sistemas públicos de salud lo que, a su vez, libera partidas presupuestarias para reinvertir en ciudades más habitables. Frente al circulo vicioso del automóvil, uno virtuoso del ciudadano.

Todas las ciudades que han apostado por este modelo se han encontrado con un beneficio colateral no esperado: se ha incrementado la cohesión social y han bajado las tasas de delincuencia y de desigualdad. Lo mejor es que empezamos a atisbar la solución a nuestros problemas. Lo peor es que algunos siguen sin querer verlo y siguen aplicando soluciones cortoplacistas y poco efectivas a problemas nuevos: si hay muchos atascos en La Avanzada, la recta de Ugarte o el Puente de Rontegi en vez de reforzar con autobuses eléctricos y nuevas infraestructuras el Metro, deciden hacer un agujero bajo la ría para unir Getxo y Portugalete: dañamos más la naturaleza para que los combustibles fósiles la rematen. Esperemos que la pereza no nos lleve por delante.

Stephen Hawking, el genio de nuestro tiempo

El pasado 14 de marzo estaba llamado a ser, una vez más, el aniversario del nacimiento de Albert Einstein. 139 años desde que venía al mundo en esta ciudad mediana del sur de Alemania el, probablemente, científico más popular del siglo pasado. Sin embargo, esa fecha en 2018 quedará reservada como aquella en la que Stephen Hawking, físico teórico, astrofísico, cosmólogo y uno de los divulgadores más activos del último siglo nos abandonaba.

Nacido el 8 de enero de 1942 en Oxford e hijo de Frank e Isobel Hawking, su padre fue un importante biólogo que encabezaba la división de parasitología del National Institute for Medical Research, su primer centro de estudios, hasta los 10 años, fue el instituto para chicas St Albans al que también acudieron sus dos hermanas menores.

Desde joven mostró interés en estudiar matemáticas -dicen que inspirado por un profesor- sin embargo, su padre quiso que estudiara en el University College de Oxford donde no existía esta disciplina al no tener un profesor para ella. De esta forma, Hawking se matriculó en Ciencias Naturales donde consiguió una beca y se especializó en física. Sus intereses en aquella época eran la termodinámica, la relatividad (volvemos a Einstein) y la mecánica cuántica. Para aliviar su “tremendo aburrimiento en la universidad” participaba en el equipo de remo.

Fue en aquella época cuando empezó a destacar. Según dijo Robert Berman, su tutor de física, al The New York Times Magazine, “solo le bastaba con saber que se podía hacer algo para que él fuera capaz de hacerlo sin necesidad de mirar a los demás. Su mente era completamente diferente a la de sus coetáneos”. Sin embargo, no existía un aliciente que le hiciera destacar académicamente. Por eso, en su primer examen final, fue necesario un examen oral para determinar sus “honores”. En ese examen el propio Berman subraya que “los examinadores de aquella época eran los suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que estaban hablando con alguien mucho más inteligente que la mayoría de ellos”.

Después de graduarse en Oxford en 1962 realizó su posgrado en el Trinity Hall de Cambridge y obtuvo su doctorado en física en 1966. Al poco de llegar a Cambridge le fue diagnosticada Esclerosis Lateral Amiotrófica, un tipo de enfermedad motoneuronal que le haría perder su control neuromuscular y que tuvo un enorme impacto sobre él los dos primeros años de su posgrado. No obstante, con ayuda de su tutor pudo volver a centrarse en sus estudios después. A finales de esa misma década pudo desarrollar junto a su colega Roger Penrose un nuevo modelo matemático basado en la relatividad general de Einstein que le permitió, en 1970, probar el primero de sus teoremas de la singularidad que proveen una serie de condiciones para asegurar una singularidad espaciotemporal en el espacio-tiempo.

Todo ello le valió para ser uno de los miembros más jóvenes de la Royal Society y le abrió las puertas de otras facultades como el Instituto Tecnológico de California donde pudo trabajar con su Kip Thorne.

Poco después, su trabajo con Brandon Carter, Werner Israel y D. Robinson les permitió confirmar el “teorema de no pelo” de John Archivald Wheeler según el cual todo agujero negro se describe completamente con sus propiedades de masa, momento angular y carga eléctrica.

Su estudio con ellos le permitió postular las cuatro leyes de la termodinámica de los agujeros negros y sentó las bases para otros proyectos que le ayudaron a redefinir los conocimientos (generales y propios) sobre el universo, su origen y su desarrollo.

Durante treinta años fue el profesor Lucasiano de la Universidad de Cambridge, después fue director de investigación del Centro para la Cosmología Teórica de esa misma universidad, miembro del Gonville and Caius College, ostentó la cátedra de investigación de Instituto Perimeter de Física Teórica de Waterloo, Ontario y, sobre todo, ha sido uno de los divulgadores más prolíficos de los últimos cincuenta años junto con Carl Sagan.

Su obra incluye dieciséis libros, algunos de los cuales, como “Una breve Historia del tiempo”, “Agujeros negros y pequeños universos y otros ensayos” o “El gran diseño” fueron best sellers con una gran aceptación entre el público general. Todos ellos pretendieron acercar el conocimiento de la física y el universo de una forma accesible a los amantes de la ciencia.

Su forma de entender la ciencia, de ver con facilidad lo que para la mayoría está vetado y su polémica relación con la religión (incluso en 2014 tuvo que aclarar que cuando hablaba de Dios se refería a cómo entendería las cosas si existiera y que era completamente ateo pues “los milagros no son compatibles con la ciencia”) hicieron de él una persona de referencia. Un genio de nuestro tiempo que ha sido tremendamente activo también en la esfera social, ética (advirtiéndonos sobre los riesgos de la Inteligencia Artificial, por ejemplo) y política -intentando convencer a sus compatriotas de errores como el Brexit-.

Durante su vida recibió más de veinte reconocimientos y fue un referente cultural y un ejemplo a seguir tanto por científicos como por las personas que sufren enfermedades de larga duración. Su humanidad y la forma en la que la imprimió en la ciencia -“este no sería un gran universo si no fuera el hogar de las personas que amas”- así como su sentido del humor (eran habituales explicaciones complejas con dibujos graciosos como imágenes de Homer Simpson buscando donuts en el espacio) y su respeto hacia sus compañeros -participó en reiterados homenajes a Carl Sagan, por ejemplo- son parte de los rasgos de una figura emblemática de nuestro tiempo.

La First Lego League vuelve a Euskadi para potenciar los valores de la ciencia y la tecnología

Un año más, y van nueve, ha tenido lugar la First Lego League (FLL) Euskadi. Impulsada desde 2009 por la Agencia Vasca de Innovación-Innobasque, ya son más de 3.000 los escolares que se han sumergido en este reto internacional que busca acercar la ciencia y la tecnología a los más jóvenes. Una demostración de que la educación puede y debe beber de nuevas técnicas como la gamificación para convertir áreas de la enseñanza tradicionalmente “áridas” en un gancho que cimente el desarrollo social de las próximas generaciones.

Más de la mitad de las contrataciones que se llevarán a cabo en la próxima década estarán relacionadas con ingenierías y la demanda de los denominados perfiles STEAM (science, technology, engineering, ars and mathematics) crecerá, según los últimos datos de Confebask, un 5% más que el resto de ocupaciones. El problema es que, si atendemos a las cifras actuales, cada vez más jóvenes se decantan por ramas diferentes a las técnicas. Por eso es importante la existencia de iniciativas como la FLL y es crítico el apoyo de agencias como Innobasque.

La FLL emplea desafíos temáticos para involucrar a jóvenes de entre 10 y 16 años  en la investigación y diferentes metodologías para la resolución de problemas. Además, enseñan a todos la importancia de colaborar y aprender de los compañeros, la competición amistosa -que nos hace evolucionar como personas y grupo- y el aprendizaje para el desarrollo humano y como herramienta para la contribución a la sociedad. Valores que, por muy evidentes o manidos que puedan parecer, es necesario trabajar para conseguir resultados consolidados a medio y largo plazo.

Una de las claves del éxito de esta liga es que permite a los participantes aplicar conceptos matemáticos y científicos en la vida real. De esta forma se desarrollan habilidades y competencias indispensables en el siglo XXI: nuevas formas de comunicación y nuevas formas de organizar el trabajo a través de la ciencia, la tecnología y, lo más importante, las personas.

Este año, el reto propuesto por la organización estaba relacionado con el ciclo del agua, uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta nuestra civilización a corto y medio plazo. Un ejemplo de que la tecnología y la ciencia siempre han de estar de la mano para ser una solución a nuestros problemas. Una forma de planteársela a las nuevas generaciones como un ejercicio de memorística y demostrarles que sus estudios, sus ideas, sus conocimientos, son aplicables en el día a día y fundamentales para nuestro futuro.

La herramienta que emplean, por cierto, es LEGO Mindstorms que ha demostrado sobradamente su valía a la hora de introducirles en el universo de la programación, el respeto al medioambiente y la resolución de problemas aplicados.

El equipo ganador fue “Legokide” del colegio Urkide de Gasteiz; el segundo puesto correspondió al grupo “Overclock Axular” de Axular Lizeoa; el tercer puesto fue para “Landeberos Gamberros” del Tecnoclub Elburgo y el cuarto para Eurobotik 2003 para Santa María Ikastetxea. Todos ellos se han clasificado para la final estatal que se celebrará en marzo en Logroño.

También hay que destacar el Opengune donde el público asistente pudo ver la evolución de los drones en el ciclo del agua gracias a Dronebydrone; el interesante proyecto de almacenamiento de energía que está llevando a cabo CIC energiGUNE y que quedó reflejado en una carrera de coches eléctricos o la evolución histórica de las telecomunicaciones y su papel clave a lo largo de la Historia de la mano del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación.

El escenario de este año fue el Palacio Europa de Gasteiz. En él tomaron parte de la competición 1.200 estudiantes repartidos en 81 equipos de 37 centros educativos. Además, hubo un programa formativo exclusivo de 33 empresas en el que tomaron parte 970 alumnos y 30 formadores. Todo ello con el apoyo indispensable de 9 colaboradores 150 voluntarios. Unos números que, más allá de las estadísticas, reflejan el buen estado de salud de la competición y el interés que este tipo de eventos tiene en los jóvenes cuando se les da la oportunidad de explotar su potencial.

Santiago Córdoba

Commercial Manager de Binary Soul

Navidad 2017, los mejores regalos tecnológicos

Un año más -y ya van ocho- preparamos una pequeña lista de regalos navideños para Olentzero con espíritu tecnológico y científico. Dispositivos e ideas de todo tipo para toda la familia que buscan hacer nuestro día a día más fácil o más divertido y, sobre todo, acercarnos al futuro.

  • Para los más pequeños. Sin duda, el de programación es uno de los lenguajes del futuro con el que nuestros hijos y nietos deberán estar familiarizados -casi tanto como lo estamos ahora nosotros con el inglés-. La robótica es una extraescolar cada vez más popular y hay muchos colegios que si no la han añadido ya en su plan de estudios lo están pensando seriamente. El robot Mbot de MakeBlock se nos antoja una de las mejores ideas que pedirle a Olentzero: la puerta de entrada a un ecosistema “maker” a partir de un cerebro Arduino. Permite ampliar cualquier concepto inicial con todo tipo de componentes y sensores. Además es seguro y fácil de montar gracias a un sistema de programación basado en bloques que comienzan en dificultad “a partir de 0 años”. Su precio, además, es bastante contenido: 89 euros.

  • Para deportistas. Los equipos que monitorizan nuestra actividad diaria se han convertido en nuestro mejor aliado contra el sedentarismo. Además, aquellos que disfrutan el deporte y les gusta marcarse retos tienen en ellos (pulseras, pulsómetros, relojes inteligentes, etc.) grandes aliados para ver sus progresos. De entre todos ellos recomendamos el más versátil: el Apple Watch es una gran opción que no defraudará a los deportistas ni a aquellos que quieren algo más en un reloj que la hora. Un diseño que ya es un tótem y, frente a los primeros meses de vida, un precio muy accesible gracias a las versiones a la venta (Serie 1, Serie 3, edición Nike+ y tamaños de 38 y 42 milímetros). Desde 269€ tenemos un periférico perfecto para los amantes del deporte, la tecnología y, por qué no, el estilo.

  • Para gamers. Aunque el mundo de los videojuegos no es lo suficientemente añejo como el de la música o el cine -y poder rezar eso de “cualquier tiempo pasado fue mejor”-, fenómenos como Stranger Things han puesto de moda la época en la que los juegos eran tan sencillos como adictivos. Para aquellos que buscan eso a la hora de jugar la mejor opción se llama Nintendo y Switch es su consola. Tan buena para jugar solo como con amigos o en familia, este pequeño dispositivo de unos 300€ (hay que saber buscar una buena oferta) nos llevará al mundo de Mario, Zelda, Rayman… e incluso al FIFA 2018 o a Just Dance. El justo equilibrio para uno de los dispositivos que más interés han levantado este año.

  • Para lectores empedernidos. De la mano de RBA, National Geographic ha lanzado una nueva colección de divulgación científica que pesa “cada hoja en oro”. El Big Bang y el origen del universo,  La teoría de la relatividad, El bosón de Higgs, El principio de incertidumbre, etc. son títulos de temáticas científicas imprescindibles que gracias a los autores se vuelven accesibles y comprensibles para el gran público. Cada título, además, cuesta tan solo 15€ El regalo perfecto.

  • Para amantes de la ciencia. Si la anterior propuesta la hacemos para aquellos que no entienden pasar un buen rato sin un libro (de papel o electrónico en las manos), éste regalo va dedicado a aquellos que quieren explotar todo el universo multimedia que tenemos disponible. Aunque la colección original tiene varias décadas y la nueva versión se lanzó hace unos años, Cosmos: una odisea en el espacio ha vuelto a ganar protagonismo gracias a su llegada a las plataformas en streaming. Sin embargo, como son propuestas “efímeras”, proponemos que Olentzero nos las deje debajo del árbol o en el iPad. Una obra que no caduca, perfecta para ver en familia y aprender un poco más sobre nosotros y lo que nos rodea.

  • Para los que no pueden vivir sin música. Durante mucho tiempo disfrutar de la música requería de un importantes gasto en equipos y en la propia música. Ahora es suficiente con una buena plataforma en streaming y un dispositivo que nos permita conectarnos a internet. Además, en la era de la movilidad unos auriculares bluetooth son los mejores compañeros para viajar en transporte público, hacer deporte o atender una llamada sin perder nuestra banda sonora. Aunque este año hay unos que han tenido más protagonismo que otros: los AirPods. Hay otras opciones como los Beats, Bose, B&O, etc. pero ninguno tiene mejor relación calidad de sonido-precio. Y, lo mejor de todo, es que funcionan igual de bien con equipos Android.

IBM, regreso al futuro

Cuando parece que hemos llegado a un techo tecnológico se hace un anuncio que bate todos los registros anteriores. El último ejemplo tangible es el de un equipo de IBM que ha desarrollado un cartucho de cinta magnética que cabe en una mano y que tiene una densidad de almacenamiento de 201 gigabit por pulgada cuadrada: permite almacenar 330 terabytes de datos sin comprimir o, lo que es lo mismo, 330 millones de libros.

La cifra de densidad es absolutamente magnífica: más de 20 veces el de una cinta magnética comercial convencional. Estos equipos, que para la mayoría del público son conocidas por ser el soporte de las cintas Beta, VHS y los casetes inventados hace más de 60 años, han seguido en el mercado de grandes centros de almacenamiento (documentos fiscales o expedientes médicos) gracias a su alta capacidad y precio ajustado.

La evolución desde las primeras épocas de esta tecnología es evidente: según The Verge la primera unidad de IBM empleaba carretes de media pulgada de ancho en la que tan solo se podían almacenar 2 megabytes.

Para la fabricación de este nuevo prodigio IBM ha contado con la colaboración de Sony Storage Media Solutions y, según ambas empresas permitirá que este formato de almacenamiento siga siendo viable durante la próxima década.

El formato, hasta la fecha, se ha empleado para el almacenamiento de archivos de vídeo, copias de seguridad, réplicas para la recuperación y conservación de instalaciones después de desastres, etc. Sin embargo, la industria empieza a barajar la opción de que haya una expansión hacia la computación en la nube debido a la alta demanda de capacidad por parte tanto de empresas como de instituciones y particulares.

La cinta ha sido fabricada mediante un sistema conocido como pulverización catódica tiene un coste ligeramente al proceso de una cinta comercial convencional si bien, el crecimiento exponencial de la capacidad de almacenamiento hace que el costo por terabyte sea mucho más atractivo que en cualquier versión anterior. Según Evangelos Eleftheriou de IBM, incluso lo es “para el almacenamiento en frío en la nube”.