eShow, el futuro de la nueva economía ya es presente

El comercio electrónico no para de crecer. Más allá de mercados consolidados como el estadounidense o los países del norte de Europa, otros más centrados en el negocio físico hasta ahora como el estatal parecen ceder sin remedio al empuje de las tiendas virtuales. Al menos eso se deriva del último informe del Consejo Económico y Social.

Durante el último año la facturación conjunta del sector creció un 23,3% hasta llegar a los 22.000 millones de euros. Hasta el 70% de los internautas realizaron al menos una compra online. Un 40% de la población estatal realiza con asiduidad sus compras en internet. El gasto medio llegó a los 1.400€ y el conjunto ya se coloca como el cuarto de la UE solo por detrás del Reino Unido, Alemania y Francia. Además, es el décimo año de crecimiento sostenido. Si a eso le añadimos que el 90% de las empresas con presencia en internet prevén que las cifras de su negocio digital este año crezcan al menos un 10% parece que lo que hace poco era una promesa de futuro inmediato ahora es una realidad.

Por eso, en ese contexto, el eShow de Barcelona celebrado los pasados 11 y 12 de abril tiene una gran importancia. Centrada en el comercio electrónico, el marketing digital, las redes sociales, la computación en la nube y el Internet de las Cosas, la feria es un evento ineludible para uno de los pilares económicos y sociales actuales y a medio plazo.

La presente edición se ha centrado en demostrar la capacidad disruptiva que tiene la suma de la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la robótica y las tecnologías de la información y la comunicación. Y es que este cambio, tan ligado a start ups y minúsculas y ágiles empresas tecnológicas es también un peaje obligatorio en titanes del tamaño de Carrefour o Mastercard, presentes en la Feria a través de sus responsables de márketing digital o medios de pago digitales, respectivamente.

La mentalidad abierta es una de las señas de identidad del evento: a través de 150 expositores, 250 ponentes y 400 actividades, los profesionales de diferentes negocios y campos pueden ponerse en contacto para construir una sólida red de contactos y colaboraciones que redunde en sinergias que, aunque puedan parecer poco convencionales, suelen ser de éxito.

Uno de los ejemplos más accesibles para el gran público fue el de la “Tienda del futuro” en la que se pudo ver cómo evolucionarán las espacios físicos de los grandes retailers para hibridar el potencial de la tecnología online con los puntos fuertes del negocio offline. Una obligación para grandes distribuidores pero también una oportunidad de éxito (y supervivencia) para los más pequeños que ven en las nuevas tecnologías la oportunidad de ganar presencia en cualquier rincón de la red y, por tanto, del mundo.

El empleo de herramientas como espejos inteligentes, realidad virtual, aplicaciones, wearables o el internet de las cosas permiten convertir los datos en una poderosa herramienta para conocer mejor al cliente, para producir y proveer lo que necesita: minimizar gastos, potenciar productividad, gestionar mejor el impacto energético de nuestro negocio (y minimizar costes) centrándonos en la actividad comercial de una forma más prolífica.

Solo dos ejemplos de la reforma integral que vive el sector y que requiere de nuevas herramientas para desarrollarse plenamente. La más importante, el marketing digital que permitirá identificar y crear clientes, fidelizarlos y satisfacerlos de una forma mucho más eficaz.

Con una cifra de visitantes que el año pasado rozó los 14.000, un 75% de las empresas que facturaron hasta 30 millones de euros y un 77% de los participantes con cargos directivos, el eShow, que en septiembre tendrá una nueva edición en Madrid, se antoja como una cita ineludible en la que queda patente un nuevo modelo de economía que ya se ha consolidado como el presente de muchos negocios.

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UE, una estrategia más dura contra el terrorismo en redes sociales

Hace pocas semanas se supo que la Unión Europea remitió en 2017 un informe en el que les pedía a las compañías tecnológicas (especialmente buscadores y redes sociales) la eliminación de contenidos relacionados con el terrorismo y actos terroristas en un plazo de tiempo no superior a las 2 horas. Sin embargo, la inoperancia de alguna de estas plataformas -parece que el regulador continental tiene puesto su ojo sobre Facebook y Twitter- ha hecho que se haya emitido un segundo comunicado en el que exigen la eliminación de estos contenidos en un plazo máximo de una hora desde que las autoridades alerten de su existencia.

La Unión le ha dado un plazo de tres meses a plataformas como las antes mencionadas o YouTube para que implementen las tecnologías necesarias para eliminar de la red “contenidos potencialmente peligrosos para la seguridad” antes de que tengan que enfrentarse a una ley que les obligará a hacerlo.

La Comisión Europea ha solicitado a estas empresas que redoblen sus esfuerzos para combatir de una forma más activa los mensajes de odio, pornografía infantil o los mensajes extremistas. Así, según los propios informes que baraja el máximo organismo de la Unión confirman que estas plataformas se han convertido en poco tiempo en “la principal vía de acceso a la información” por lo que es crítico que se encarguen de procurar un “ambiente seguro” a los usuarios.

La Comisión reconoce que las redes sociales han eliminado más contenido ilegal que nunca en las últimas fechas pero la Asociación ha subrayado la necesidad de “reaccionar más rápidamente contra la propaganda terrorista”.

Es por ello que, aunque se da un plazo de tres meses a las empresas para que actualicen sus herramientas, se espera el desarrollo de un aparato legal que las obligue a avanzar y que sirva de estructura para crear un entorno más seguro.

De momento, la primera empresa que se ha posicionado es Facebook que ha anunciado que “comparte el objetivo con la CE para combatir todo tipo de contenidos ilegales” y que “siguen trabajando para acabar con los mensajes de odio y terroristas con el fin de asegurarse de que Facebook sigue siendo un lugar en el que compartir todo tipo de ideas”.

Fake news, ¿y si solo eran un punto intermedio?

Corría 2016 cuando Aviv Ovadya advertía del impacto de las fake news en las redes sociales con motivo de la campaña presidencial estadounidense. Un fenómeno que no solo estaba teniendo una injerencia crítica en la política, sino también en la salud, la educación y las relaciones internacionales (seguridad, por ejemplo).

Ahora, dos años más tarde, el tecnólogo vuelve a avisarnos: las fake news fueron solo un primer paso en un camino que nos llevará a un “apocalipsis informativo” puesto que las tecnologías que distorsionan la realidad avanzan más rápido que nuestra capacidad para gestionarlas y para controlar este fenómeno.

Los primeros síntomas, explica, los encontró poco antes de la victoria de Donald Trump. Fue entonces cuando se volcó en intentar advertir de la crisis de desinformación que se estaba avecinando. Él lo denominó “Infocalypse” y, como desgranan en un sobresaliente reportaje en BuzzFeed News del que se hace eco Genbeta, la cuestión gira en torno a la forma en la que el sistema “premia” información que muchas veces resulta ser engañosa y polarizante.

Es llamativo que en la presentación de sus conclusiones había representantes de tecnológicas como Facebook que, directamente, no le tuvieron en cuenta. El problema es que el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial permitirá a quién lo desee manipular la realidad y hacer que un hecho que nunca ha ocurrido puede parecer cierto.

Como explican en Genbeta, algo que parece “distópico” ya está empezando a ocurrir. Tenemos el caso de vídeos porno falsos con famosas creados a partir de algoritmos de aprendizaje automático y software de código abierto -de nuevo, una herramienta indispensable mal utilizada- que ya ha tenido que ser baneado por los portales de referencia.

Más grave (aún) es el caso de manipulaciones de audio que puede sufrir una emisión en tiempo real haciendo que se sincronice un discurso con los labios de un ponente. Esto permite poner en boca de alguien algo que nunca ha dicho delante de las cámaras. El caso más flagrante que expone Ovadya es el de la “manipulación diplomática”: una inteligencia artificial puede aprender de horas de vídeos de dirigentes para luego, cuando desee una tercera persona, recrear una declaración de guerra casi imposible de distinguir de un discurso “normal”.

Esta suerte de “simulación política” puede ocurrir mucho antes de lo que parece y, tal y como pinta, dejará a las fake news como una curiosidad de principios de siglo. Por eso es fundamental trabajar a fondo para intentar adaptarnos a unas tecnologías que, en nuestra opinión, su creadores no llegan a comprender del todo.

Facebook, su giro “humanista” para 2018

Mark Zuckerberg está preocupado. Es cierto que su empresa marcha viento en popa y que ya es, de forma sostenida, una de las cinco grandes tecnológicas del momento (y por ende, casi una de las cinco empresas más grandes e influyentes) junto con Apple, Amazon, Alphabet (Google) y Microsoft. Es cierto que la comunidad de usuarios de su red social ha subido hasta los 2.000 millones (son “el primer país” del mundo por población) y también que ha conseguido volverse estratégico en algunos mercados como el publicitario y el informativo.

Sin embargo, 2017 ha sido demasiado agitado para la red social: han estado continuamente en el ojo del huracán. El año comenzó con el escándalo de las noticias falsas, las métricas erróneas y los avisos de publicidad “problemática” durante las elecciones estadounidenses de 2016. Incluso con un enfrentamiento con el actual inquilino del despacho oval (aunque eso no es ni extraño ni malo viendo cómo se las gasta Trump). Es por ello que 2018 se plantea para Facebook como un año de cambios.

El más radical, según anunció el propio fundador de la empresa, será un nuevo muro. Las noticias de empresas, marcas y medios de comunicación dejarán de tener el sitio privilegiado que tienen ahora para fomentar las charlas con familiares y amigos. La conclusión es casi directa: las organizaciones y entidades bajarán su popularidad y, por lo tanto, su impacto tanto en la red social como en internet (por el papel de importancia que tiene Facebook en ella).

Zuckerberg explicó que el motivo es la queja que han recibido de multitud de usuarios acerca de la excesiva exposición a contenidos de empresas y marcas que acaba desplazando los momentos personales, supuestamente, la razón de ser de una red social. Esto hizo que la empresa sintiera la obligación de mejorar el bienestar de sus usuarios y la mejor solución que encontraron fue priorizar el contenido interpersonal y hacer que solo el contenido institucional que promueva estas interacciones pase a tener una relevancia “prioritaria”.

Sobre los vídeos, que han ido ganando un lugar de privilegio entre los contenidos, Adam Mosseri expuso que las grabaciones en directo que aparecerán en los muros serán aquellos que generen una mayor discusión social.

Sin duda, el golpe a algunos medios de comunicación es enorme. Realmente, la decisión afecta a todos, no obstante, algunos están demasiado expuestos a las redes sociales -Facebook en especial- y podrían ver afectada su difusión y, por lo tanto, sus ingresos publicitarios (siempre relacionados con esa difusión y ese impacto social).

Además, las declaraciones (especialmente las de Mosseri) nos hacen preguntarnos sobre qué priorizará su algoritmo. ¿Qué significa generar mayor discusión social? ¿Se verificará la fiabilidad del contenido? ¿Se centrarán solo en lo más controvertido? ¿En política? ¿Cómo se controlarán las noticias falsas que son las que más discusión provocan?

Curiosamente, el objetivo de los de Zuckerberg es hacer que la gente “pase menos tiempo en Facebook” y que su “participación disminuya”. La idea es hacer que el tiempo que dediquemos al red social sea “menor pero más valioso”. Es su idea de “reparar” la red social que ya propuso a finales del año pasado como su objetivo prioritario para este 2018.

Quiere reparar la plataforma para que sea más segura, más humana, menos influenciable y, sobre todo, que robe a sus usuarios menos tiempo de la “vida real”. Para muchos es solo una forma de reactivar su valor de marca a la vez que demuestra a inversores, medios y otras empresas su enorme capacidad de influenciar a la sociedad. Para nosotros, mientras no haya un debate abierto sobre cómo se definen los algoritmos, solo será un trabajo medio hecho para sacar más dinero a los medios de comunicación y seguir ganando influencia entre aquellos que no saben o quieren distinguir entre la vida que realmente viven y la vida que les gustaría vivir. Al fin y al cabo, cuando no nos cobran por una mercancía es porque nosotros somos la mercancía.

Resumen 2017, los gazapos tecnológicos

A falta de pocos días para terminar 2017 es momento de recapitular. Los grandes avances de 2017, los dispositivos e ideas que han puesto cimientos para un 2018 aún más fascinante y, por qué no, los grandes errores de la industria que nos han demostrado que una novedad o algo “smart” o 2.0 no necesariamente tiene que suponer un avance o una mejora sobre lo establecido.

El mercado smartphone lleva siendo una década el catalizador de lo que supone una sociedad móvil y digitalizada. Ha transformado el modo en el que nos comunicamos entre nosotros y también mercados como el de la música, los juegos, el deporte o la imagen. Sin embargo, es un negocio dominado por cada vez menos agentes donde es muy difícil hacerse un hueco sin importar el nombre del creador de una determinada empresa o iniciativa. Por eso uno de los fracasos más sonados del año lleva la firma, ni más ni menos, que de Andy Rubin, padre de Android, el sistema operativo más utilizado en el mundo.

Su Essential Phone (en la foto que abre el post) era un phablet de 5,71 pulgadas y un diseño sobresaliente que apostaba por el diseño modular. Una idea muy interesante para crear terminales ajustándose a las necesidades de los usuarios que ya probaron en el pasado sin éxito Motorola, LG o Google. Los 699 dólares que pedía por terminal (objetivamente muy poco comparado con los iPhone X o el Galaxy Note) era demasiado para un producto sin pedigrí y con problemas en su cámara. El mercado volvió a rechazar los equipos modulares y el terminal llamado a revolucionar el mercado solo comercializó 50.000 unidades. Ahora cuesta 499 dólares (se pueden encontrar ofertas por menos precio) y, sobre todo, ha enseñado una lección a una empresa que no se rinde y que volverá a mostrar un nuevo modelo en 2018.

El error, sin embargo, tiene también nombres más conocidos para el gran público. Como las Spectacles de Snapchat. Unas gafas que permitían grabar vídeos cortos para colgar en la red social gracias a una pequeña cámara colocada en la montura. Una buena campaña de marketing (o más bien, una masiva) permitieron que tuvieran mucha visibilidad al principio pero las cuentas finales arrojan que solo un 1% de los usuarios de la red las han adquirido o usado. Puede que el precio de 129 dólares haya sido excesivo.

Pero si hablamos de precios disparatados, el primer premio se lo lleva Juicero, un exprimidor conectado a internet (sí, habéis leído bien, no es una errata) con un precio de 700 dólares compuesto por más de 400 piezas y recubierto de aluminio de alta calidad que obtenía zumo de unas bolsas que emulaban a las cápsulas de Nespresso, solo que cada una de ellas costaba 7 dólares. Algo llamativo para bolsas de jugo de frutas concentrado que se podían exprimir con las manos. Lo más llamativo es que 17 inversores le dieron más de 118 millones de dólares. Google y Sopas Campbell estaban entre ellos. A principios de año el precio bajó a 350 dólares y en septiembre la empresa cerró. Un ejemplo de la burbuja que existe en parte de Silicon Valley.

El año ha tenido otros momentos sonrojantes para grandes empresas como Apple (y su lío de software por culpa de un iOS 11 pensado solo para el potente chip A11 Bionic que comenzó friendo las baterías de cualquier dispositivo con procesador A9 o anterior), los continuos hackeos de Yahoo! (más de 3.000 millones de cuentas afectadas desde 2013) o la discreta entrada de SkyTV en el mercado estatal de streaming (como apuntan en El Confidencial, no es solo su catálogo, sino lo a destiempo que se ha hecho la llegada a la oferta).