Huawei P20 Pro, el terminal que quiere redefinir la fotografía

Son dos las tendencias que han dejado los últimos lanzamientos de Apple y el Mobile World Congress 2018 en el mercado de los smartphone: la inteligencia artificial y cámaras cada vez más capaces. Huawei, uno de los actores más activos del sector ha querido dejar claro que no solo es capaz de adaptarse a esas tendencias sino que quiere ser el referente. Y la versión Pro de su P20 tiene la mirada puesta en la fotografía. ¿Consigue situarse entre los mejores?

La carta de presentación son tres lentes para la cámara trasera con la firma de Leica y una nueva generación de su procesador que implementa IA. En la mano, además, se nota el cuidado diseño con buenos materiales y un notch frontal (y un botón inferior) que pretende recordar al iPhone X sin olvidarnos de su origen Android. Encendido, el panel OLED de 6,1 pulgadas cuenta con una resolución de 2.240×1.080 y un ratio de 18,7:9. Además, la sensibilidad táctil es buena y la velocidad de respuesta es notable.

Las cámaras traseras de las que hablábamos antes sobresalen de un conjunto francamente delgado y robusto. Un precio bajo si tenemos en cuenta que es el primer terminal que implementa el sistema de zoom de la casa alemana: esa tercera cámara que queda separada. El conjunto se compone de un sensor RGM de 40 Mp Light Fusion (f/1.8), un monocromo de 20 Mp (f/1.6) y un teleobjetivo de 8 Mp (f/2.4). Una solución a la altura de los mejores Nokia con unos acabado en blanco y negro que siguen siendo la referencia del mercado y un zoom excepcional que gracias a la estabilización mediante inteligencia artificial lo colocan entre los mejores terminales hasta la fecha para los amantes de la fotografía. La cámara frontal, tan importante para la moda selfie, por cierto, se va hasta los 24 Mp.

El procesador encargado de trabajar con todo este hardware es el Kirin 970 que ya vimos en el Mate 10 y que tan buenas sensaciones deja a todo el que lo usa. Acompañado de 6 GB de RAM mueve EMUI con una velocidad digna de los mejores Pixel o Galaxy S. Los contenidos multimedia vuelan, el conjunto no se sobrecalienta, permite trabajar con una app fotográfica mucho más completa -menos mal que no falla el software teniendo semejante conjunto de lentes- y la multitarea es tremendamente eficaz.

El audio tampoco decepciona e incluso en condiciones de ruido ambiental se puede escuchar bien tanto conversaciones como música. Eso sí, el P20 Pro es el último en sumarse a los smartphones de gama alta sin puerto clásico. La batería, de 4.000 mAh con sistema de carga rápida nos promete (y cumple) más de un día lejos del enchufe.

Como críticas podríamos decir que seguimos sin entender por qué los ingenieros de la casa siguen implementando un botón físico y en vez de aprovechar ese borde para colocar los otros dos clásicos botones Android, generan dos virtuales en la pantalla que no dan sensación de continuidad al interfaz. Sobre todo porque, aunque el sistema de gestos no es tan fluido como en otros equipos de la competencia, mejoran generación tras generación.

El P20 Pro es la demostración de lo fuerte que quiere pisar Huawei para quitarse de encima el cartel de fabricante de móviles con buena relación precio chinos y demostrar que es capaz de ser un referente también en innovación en el sector. Todo ello se paga. Exactamente 899€ por un dispositivo con 128 GB de almacenamiento y una cámara externa 360º incorporada. Ahora será el mercado el que decida.

Medio ambiente, cosas que no sabíamos

Aunque todas las generaciones son diferentes entre sí, mucho se ha hablado últimamente -en positivo y en negativo- sobre los millennials. Ese grupo humano nacido entre 1980 y 1999 (aquellos cumplirían su mayoría de edad o que nacieron con el cambio de milenio) y que, antes de la vorágine tecnológica éramos (nací en 1982) conocidos comúnmente como Generación Y.

La primera que se crió sin y con internet. Sin y con smartphones. Sin y con una galopante crisis financiera y de sistema que ha puesto en jaque conceptos sociales (y económicos) que parecían consolidados -la clase media y el estado de bienestar, por ejemplo-. Sin y con un acceso casi ilimitado a información en cualquier lugar y momento. Sin y con una grave amenaza -empírica- para el medio ambiente. Y, sobre todo, sin y con un futuro complejo en materias tan críticas como empleo, política y responsabilidad social.

Y decimos sin y con porque a la ilusionante década de los ’90 le siguió la burbuja de los 2000 y el estallido de la misma en 2008. Esto nos ha convertido en un grupo humano heterogéneo -como cualquier otra generación- que se ha visto abocado a cambiar el concepto de propiedad privada por el de usufructo (algo que existía hasta mediados del siglo XX). Un grupo que ha cambiado por completo la forma en la que nos relacionamos, consumimos, trabajamos y disfrutamos de nuestro ocio respecto a nuestros hermanos mayores. Pero que, cuánto más se acerca la fecha de nacimiento a 1980, más encerrada se encuentra entre dos mundos.

En cualquier caso, una generación que, aunque nos definimos, por ejemplo, por nuestra defensa a ultranza del medio ambiente, estamos dejando una huella de carbono sin precedentes sobre el planeta a causa de esas nuevas formas de consumir y relacionarnos. Por eso, a continuación, os dejo una lista de cosas que seguro no sabíamos sobre contaminación y que deberían cambiar nuestra forma de actuar.

  1. La industria de las telecomunicaciones supondrá el 14% de las emisiones en 2040 (o antes). La cifra que ahora tiene la industria agroalimentaria. Porque los smartphones, esos que cambiamos de media cada año y medio, no emiten gases de forma directa, pero su proceso de construcción es tremendamente contaminante. Hasta el 85% de todo lo que contaminan. La solución es sencilla: tardemos un año más en cambiar de terminal. Porque la mayoría de los cambios se hacen por la influencia que tiene el marketing en nosotros, no por la cacareada obsolescencia programada -qué también existe-.
  2. La guerra de las pantallas grandes en los smartphones ha disparado las emisiones. Un iPhone 6S consume un 60% más de energía que un iPhone 4S. A día de hoy la carga de teléfonos, tabletas, relojes inteligentes, pulseras de monitorización, portátiles, etc. ya supone entre un 5 y un 7% de la factura total anual. Esta cifra se disparará en los próximos años con la llegada de la domótica y el internet de las cosas. Además, en el mundo ya hay 7.600 millones de SIM activadas para “solo” 7.400 millones de habitantes.
  3. Hasta el 85% de nuestros equipos se alimentan con electricidad “no limpia”. Aunque hay datos que amparan que es posible perder la dependencia de las energías fósiles y que sabemos qué camino debemos seguir para llevar a cabo la “descarbonización“, lo cierto es que las energías renovables, por el momento, son insuficientes para que el planeta limpio e inteligente que nos vende Silicon Valley está muy lejos de ser real. La vida 2.0 contamina. Mucho.
  4. La nube no es precisamente blanca. Las smart things lo son gracias a la computación en la nube: fotos, mapas, música, series, vídeos, claves, programas, documentos… nada necesita ya una copia física porque servicios como iCloud, Google Drive, Amazon Drive y compañía hacen copias intangibles disponibles cuando se quiera. El complemento perfecto para no tener reparos en actualizar dispositivos y también para agilizar trabajos. La idea de economizar espacio (y papel) es excelente. El problema es que los servidores sobre los que se sustentan estos servicios son enormes monstruos que devoran cantidades enormes de electricidad. Y volvemos al punto 3. Es cierto que los principales actores están trabajando a marchas forzadas para obtener la energía de fuentes exclusivamente limpias pero la huella de carbono sigue siendo enorme.
  5. La persecución del diésel es injusta. Que uno o varios grupos empresariales mintieran no significa que una tecnología sea mala. Los motores diésel se potenciaron, entre otros motivos -uno de ellos minimizar la dependencia del petróleo de Europa- porque sus emisiones de CO2 son menores. Es cierto que emiten los temidos y peligrosos NOx pero también que existen tecnologías para paliarlos. Las sanciones deben ir a los fabricantes que, por cierto, no era solo uno ni solo la industria alemana -aunque es la que se lleva la palma-.
  6. El aplauso a la gasolina es un mito y la moda SUV un grave error. Demonizar el diésel y que todos nos vayamos a la gasolina ya hemos visto que es un error. Pero la moda SUV (modelos caros, con un mantenimiento más costoso, menos espacio, peor conducción, etc.) agrava aún más todo ello. Porque estos pesados y poco aerodinámicos modelos consumen más y eso hace que las emisiones de CO2 se disparen. Por cierto, 2017 es el primer año en más de una década en Europa en la que las emisiones de este gas que provoca el efecto invernadero han subido.
  7. Pero los eléctricos tampoco solucionan gran cosa. Y es que esto no va de ser de A, B o C. Esto va, de una vez por todas, de cambiar nuestras costumbres a la hora de movernos. El coche no debe ser la solución para todo. Ni siquiera en flotas de car sharing (se renuevan muy a menudo y las cifras son claras: mantener bien un modelo de 10 años contamina menos en la siguiente década que cambiarlo por un modelo más limpio porque, de nuevo, la huella de la fabricación es gigante). Hemos de volver a caminar -en la ciudad-, a usar la bicicleta -en entornos seguros-, el transporte público (que requiere que administraciones actualicen y ciudadanos usen) para distancias accesibles, y ajustar las emisiones de los medios de largo alcance (aviones y barcos). El problema no es el coche que conducimos el problema es que conducimos un coche (o una moto).
  8. La moda “democrática” ni es democrática ni es sostenible. Hace pocas semanas la ONU catalogó el fast fashion como emergencia ambiental. El consumo de agua para tintar una sola prenda es gigantesco (mayor que el de conseguir un kilo de carne). ¿Significa esto que debemos todos consumir en marcas “de lujo”? No. Significa solo que debemos consumir con cabeza. No necesitamos 10 pantalones y 30 camisetas en nuestro armario. Es suficiente con ser responsables y asegurarnos de que el origen de las prendas es el adecuado. Empresas como Inditex o Puma ya están trabajando en proyectos de fibras recicladas con impacto cero. Los primeros, de hecho, han lanzado una colección llamada Join Life que espera ocupar el 20% de todos sus productos antes de acabar la década.
  9. ¿Realmente necesitas comer carne en esas cantidades? Si la pesca está acabando con el mar, la ganadería extensiva está destrozando la capa de ozono. Los últimos estudios indican que la industria ganadera contamina ya más que el transporte. Existen formas mucho más sanas y sostenibles que comer una hamburguesa a diario. Todos los sabemos (o intuimos) la duda es, por qué no hacemos nada al respecto.
  10. La única solución es vivir “peor” o conseguir de forma inmediata energía limpia y consumir de forma responsable. Vivir de una forma más sencilla. Más parecida (en lo bueno) a generaciones anteriores. Seguir investigando para crear un mundo más conectado e inteligente con un coste energético menor hasta que seamos capaces de abandonar los combustibles fósiles. Tenemos más potencial que ninguna otra generación anterior gracias a esos “con” de los que hablábamos al principio. Tenemos acceso a más información. Tenemos acceso a más conocimientos y sabemos mejor que las generaciones anteriores qué pasa cuando hacemos algo mal. Tan solo necesitamos ser responsables. ¿Seremos capaces de serlo y de enseñar a las generaciones venideras para que también lo sean? La pelota está en nuestro tejado.

Mobile World Congress 2018, lo más destacado

Un año más Barcelona ha sido sede de uno de los cuatro eventos tecnológicos más importantes del año (al menos en lo que a tecnología móvil se refiere) junto al CES de Las Vegas, el IFA de Berlín y las Keynote de Apple -menos relevantes en cuanto a cantidad de productos pero con el mismo eco mediático gracias al poderoso músculo comercial de los californianos-.

La cita de este año ha sido una de las más prolíficas en cuanto a novedades y, a pesar de todo el ruido político que la ha rodeado- los principales titulares han venido de la mano de lanzamientos como los nuevos Samsung Galaxy S9 y S9+, los terminales llamados a ser la punta de lanza de la plataforma Android frente al iPhone X.

El congreso también a subrayado la tendencia de los dispositivos con doble cámara así como la apuesta de Sony por seguir en un mercado en el que la presión de los fabricantes chinos es cada vez mayor y el trozo de pastel que le toca, cada vez más pequeño. Una buena noticia para uno de los fabricantes con más personalidad y mejores equipos del mercado.

También ha sido el año del 5G. Empresas como Qualcomm ya tienen fechas de lanzamiento de sus módems compatibles y cada vez es más patente que su llegada será el pistoletazo de salida de grandes cosas (sobre todo, de un internet de las cosas mucho más capaz).

El ejemplo más patente es la cada vez más marcada presencia de fabricantes de automóviles en la feria. SEAT, Mercedes y BMW, por ejemplo, dejaron claro que los coches conectados e inteligentes son el presente y el pilar sobre el que sustentar el vehículo autónomo. Las líneas que separan las TICs de las demás industrias se han difuminado casi por completo.

Fuera del universo móvil, quizá uno de los productos más llamativos ha sido el Huawei Matebook X Pro, un portátil con un diseño sobresaliente y buenas prestaciones que redondea un ecosistema con productos tan interesantes como las tabletas MediaPad M5 y M5 Pro.

En el lado contrario de la balanza nos encontramos con un uso excesivo de las denominaciones “Inteligencia Artificial” (lo sentimos por Telefonica pero su “Aura” está por el momento muy lejos de Alexa, Cortana, Siri y compañía) así como la necesidad enfermiza de muchos fabricantes -la mayoría chinos- de copiar (por copiar) el manido “notch” del iPhone X.

También se ha echado en falta un rival de empaque para el buque insignia de la familia de smartphones de Samsung. Es cierto que Sony ha llevado su XZ2 y LG su V30S (con la promesa de aplicar las mejoras a todos los V30 que ya están en el mercado) pero se ha echado en falta algo más de picante en un evento que, se supone, debe marcar el año de los fabricantes de móviles. ¿Será que la sombra del Galaxy es muy alargada? ¿Será que cada uno quiere su propio evento? ¿O, simplemente, que el mercado es cada vez menos jugoso por la saturación de jugadores?

Es cierto que se han anunciado más modelos con Android One y que Xiaomi ha estado presente con un stand propio, pero que Nokia -con sus cinco nuevos terminales- se lleve casi todos los aplausos por sus novedades indica que algunos fabricantes están faltos de una dirección clara para su catálogo.

La nota negativa vino de la mano de los smart watches. Parece que tanto Qualcomm como Google parecen haber tirado -por el momento- la toalla y que el mercado ahora mismo está en manos del Apple Watch que, se supone, recibirá una serie 4 este mismo año.

Quizá algo que deberían mejorar los organizadores es que no hubiera eventos privados los días anteriores en los que cada marca presenta sus novedades por separado. Esto provoca que el stand de Google donde regalan el muñeco del robot verde sea el más interesante a finales del congreso. En su defensa, una vez más, la gestión de los más de 107.000 visitantes ha sido extraordinaria. Todo estaba bien organizado y no se nos ocurre un marco mejor para que el MWC sea un ejemplo de eficiencia.

Un dato curioso, el premio al móvil del año se lo llevó el iPhone X. Todo un ejemplo de neutralidad en un evento al que (al igual que ocurre con otros) nunca acude la empresa de la manzana.

Premios 2017, lo mejor de la Caverna

Un año más, y ya van ocho, decidimos cuáles han sido los productos y servicios tecnológicos del año. Aquellos que han sido innovadores, disruptores o que marcarán un antes y un después por su utilidad o su impacto en el mercado. Os presentamos a los mejores de la clase en este 2017.

  • Mejor smartphone premium. Este año 2017 pasará a los anales por ser el año del iPhone X. Del dispositivo que homenajeó al equipo que llevó a Apple a otro nivel. La nueva vara de medir a los demás smartphones por precio, por procesador, por pantalla, por interacción, por tecnología y porque es el primer iPhone lanzado como una suerte de edición especial. En definitiva, el smartphone del año (y también entre los premium).

  • Mejor smartphone de gama media. Es una de las marcas que más está creciendo en todos los mercados gracias a su sobresaliente relación calidad precio (otra cosa es la originalidad de sus diseños). Y el mejor ejemplo es el Xiaomi Mi A1. Un equipo que hace poco sería un súper premium a un precio muy contenido. Potente, ligero, con buen hardware y un software fluido por muy pocos euros a cambio.

  • Mejor phablet. En un mercado en el que la pantalla es un factor definitivo, Samsung sigue siendo la referencia (el iPhone 8 Plus siempre debió ser el iPhone X). Por eso, a pesar del fallo garrafal que fue el Galaxy Note 7, el nuevo Note 8 es el mejor phablet del mercado. Es potente, sutil, rápido, tiene una pantalla excepcional, muy buena autonomía y es muy versátil. El rival natural del X de Apple (no por tamaño, sí por precio) es una apuesta segura para quien quiera un equipo de estas características.

  • Mejor tableta. Aunque ni siquiera sea el más potente dentro del catálogo de su empresa, nuestro ganador es el iPad 2017. Es al iPad Pro lo que el iPhone SE a los iPhone 8. El heredero directo de los iPad Air al precio de los iPad Mini. El empujón que necesitaba la familia de tabletas de la manzana para volver a liderar el mercado. Sin duda, la mejor relación calidad-precio del mercado y la compra más sensata que se puede hacer este año en cuanto a tecnología.

  • Mejor smartwatch. Es el gran dominador del mercado. De hecho, casi ningún otro rival le ha sobrevivido y las estadísticas no oficiales (hechas por consultoras, la empresa no da cifras) dicen que se comercializan unos 13 millones cada año. Se trata del Apple Watch que desde que ha apostado por el deporte, ha escalado sus precios (Serie 1 y Serie 3) y se ha hecho pareja de los AirPods ha reforzado una posición que ya era incontestable. Y con watchOS 4 la distancia con sus rivales es aún mayor.

  • Mejor cuantificador deportivo. Aunque un smartwatch es suficiente para cuantificar el 99% del ejercicio que hace un deportista medio, hay usuarios que necesitan algo más. Materiales más resistentes, más cantidad de información o más tradición en su muñeca. Los americanos de Garmin llevan años haciendo un gran trabajo con su familia Fénix y la última edición, la 5X es con diferencia la mejor hasta la fecha. Todas las virtudes de sus predecesores con un software mejorado y sensores mucho más capaces. Su presencia sigue estando a la altura de los mejores relojes tradicionales. ¿Qué más se puede pedir?

  • Mejores auriculares. Como casi todo producto nuevo que lanza Apple, recibieron críticas por su precio, por su diseño, por su sonido y hasta porque su caja se puede resbalar de las manos. Sin embargo, cualquiera que los prueba, que los sincroniza con otro equipo (si es de Apple sorprende, si no, es sobresaliente) y que usa un asistente de voz con ellos, sencillamente, entiende que son los mejores inalámbricos del año. Puede que otros sean más baratos. Que tengan un sonido ligeramente superior -no se nota cuando se usa una plataforma en streaming- o que su diseño sea más pequeño pero ninguno aúna las cualidades de los AirPods. Los wearables del año con diferencia.

  • Mejor televisión. Cuando parecía indicar que LG podría quitarle el trono gracias a la tecnología OLED, Samsung ha explotado al máximo su tecnología QLED. Tiene una resolución, un color -sobre todo el negro- y un contraste a la altura de sus rivales. Su diseño enamora, su calidad de imagen sorprende y su precio sigue siendo competitivo. De entre todos ellos destaca el modelo Q8. La tercera iteración de la tecnología Quantum Dot se acerca como nunca a las mejores OLED y las supera al no sufrir el fatídico desgaste de píxeles de las primeras. La referencia (aunque seguida muy de cerca por las nuevas Sony Bravia OLED).

  • Mejor consola. En el año de las faraónicas renovaciones de las PS4 y Xbox 360 el premio se ha ido a la Nintendo Switch. Este híbrido entre consola portátil y equipo de sobremesa. La heredera natural de la Wii original por su enorme impacto en el mercado -listas de espera que han durado semanas más allá de los fallos de abastecimiento que sufrieron los nipones por culpa de Apple- y la originalidad de los Joy-Con puede que no se acerque en potencia bruta, diseño o capacidades a sus rivales de Sony o Microsoft pero su aire humano (no busca la perfección) y sus juegos exclusivos la han convertido en la referencia de este pasado año.

  • Mejor plataforma de contenidos. Con Netflix creando contenido a toda máquina, HBO incrementando su catálogo, Apple Music comenzando a hacer sus pinitos en el universo multimedia, Sky TV desembarcando en el mercado y Hulu como una amenaza en el horizonte (sobre todo después de la compra de Fox por parte de Disney) parece que no hay espacio para nadie más. Nadie, excepto Amazon Prime. A pesar de que se avecina una subida (importante de precios), nadie ofrece más por menos: contenidos exclusivos -y de calidad-, envíos gratuitos de compras en internet, música (no pertenece como tal pero el descuento es importante), almacenamiento gratis en la nube, descuentos para Twitch y las ventajas de Amazon Familia. Por ahora por menos de 20 euros al año. ¿Quién da más?

  • Mejor dispositivo de sonido. Un equipo doméstico de menos de 2 kilos, inalámbrico, compatible con Alexa, Google Assistant (este a partir de 2018), que permite controlar plataformas en streaming (Amazon Music, Spotify, Apple Music, Deezer y radios online), conexión WiFi, controles táctiles, que implementa dos amplificadores  y solo cuesta 224€ parece imposible de batir. Se llama Sonos One y es una nueva forma de disfrutar la música.

  • Mejor cámara de fotos. Si hiciéramos una encuesta sobre las mejores cámaras del año habría un importante debate entre Canon y Nikon. No obstante, nuestra favorita este año es la sobresaliente Sony A9. Un modelos sin espejo de ópticas intercambiables que no ha parado de copar titulares en la prensa especializada gracias a que compite de tú a tú con las mejores reflex del mercado. Su sensor full frame de 24 Mp, un nuevo captor más potente y rápido, un tamaño compacto y un peso ligero hacen de ella la mejor heredera posible de todo el know how que adquirió la casa con la A7. Una de las sorpresas agradables de este año.

  • Mejor accesorio informático.  Aunque todavía no están a la venta, las Microsoft Hololens deberían llegar en su formato definitivo (una tercera generación “virtual”) este 2018. Un equipo que promete revolucionar por completo la forma en la que nos relacionamos con los equipos informáticos. Sobre todo con los domésticos o de sobremesa. Los desarrolladores parecen haber hecho su trabajo. Microsoft ha puesto su granito de arroz con un software más afinado y un hardware más potente. Ahora solo queda que  la magia llegue a nosotros.

  • Mejor tecnología en un coche. Hablar de híbridos, por mucho que le pese a sus rivales, era hablar de Toyota. Y decimos era porque, a pesar de los esfuerzos de europeos (Volvo a la cabeza) y otros nipones (Honda, por ejemplo), la primera alternativa real a la empresa que creó el Prius ha llegado de Corea. Se trata del Hyundai IONIQ híbrido enchufable. Un modelo con un diseño que recuerda a los Prius más llevaderos y que bajo su chapa tiene una cantidad enorme de tecnología. Con un precio de 26.000€ (aplicados descuentos y restadas las ayudas de la tarifa inicial), es un modelo ágil, bien acabado, tecnológico, práctico -por el espacio interior, por ejemplo- y con una conducción agradable.

  • Mejor inciativa de movilidad. A pesar de que nos encantan los coches y conducir, en esta esquina de internet somos conscientes de que la movilidad ha de cambiar por completo. No vale con electrificar coches, es necesario compartirlos. Usarlos menos y usarlos mejor cuando sea inevitable. Por eso nos quedamos con la iniciativa de MOIA. Con sede en Berlín y campo de pruebas en Hamburgo, esta filial del Grupo VAG (recién adquirida) da soluciones de movilidad de lo más práctico con modelos eléctricos de gran capacidad. Esto le permite tener precios atractivos y descongestionar un área altamente motorizada. Esperemos que la opción llegue pronto a nuestro mercado.

  • Mejor ordenador de sobremesa. No ha habido casi opciones. El iMac 2017 sigue siendo la referencia del mercado. El iMac Pro, a la vista de sus especificaciones, es un problema para toda su competencia. Y esta vez no solo por software. Su hardware, aunque vale su peso en oro, es, sencillamente, abrumador. Da igual su configuración. Apple ha apostado a un formato que controla como nadie y le ha añadido toda su experiencia adquirida en su anterior Mac Pro. Un equipo que causa deseo con solo mentarlo.

  • Mejor portátil. Aunque hay opciones casi igual de válidas, la tecnología Touch Bar -adictiva gracias a su practicidad una vez se prueba- ha decantado la balanza hacia el MacBook Pro Touch Bar. Es potente, rápido, versátil, ligero y añade algo que la competencia no tiene. Su autonomía sigue siendo una referencia y la calidad de materiales es incomparable. Su precio, su única tara. Aún así, sigue siendo el mejor portátil del mercado.

  • Mejor convertible. Y si nadie “tose” a los equipos de Apple, nadie es capaz de hacer un convertible mejor que Microsoft. Surface Pro es la referencia por su potencia como portátil y su versatilidad como tableta. Y gran parte de la gloria se la lleva gracias al enorme potencial de Windows 10 como sistema operativo multiplataforma. Sin duda, un equipo imprescindible para aquellos que no sepan si escoger una tableta o un portátil.

 

Resumen 2017, los gazapos tecnológicos

A falta de pocos días para terminar 2017 es momento de recapitular. Los grandes avances de 2017, los dispositivos e ideas que han puesto cimientos para un 2018 aún más fascinante y, por qué no, los grandes errores de la industria que nos han demostrado que una novedad o algo “smart” o 2.0 no necesariamente tiene que suponer un avance o una mejora sobre lo establecido.

El mercado smartphone lleva siendo una década el catalizador de lo que supone una sociedad móvil y digitalizada. Ha transformado el modo en el que nos comunicamos entre nosotros y también mercados como el de la música, los juegos, el deporte o la imagen. Sin embargo, es un negocio dominado por cada vez menos agentes donde es muy difícil hacerse un hueco sin importar el nombre del creador de una determinada empresa o iniciativa. Por eso uno de los fracasos más sonados del año lleva la firma, ni más ni menos, que de Andy Rubin, padre de Android, el sistema operativo más utilizado en el mundo.

Su Essential Phone (en la foto que abre el post) era un phablet de 5,71 pulgadas y un diseño sobresaliente que apostaba por el diseño modular. Una idea muy interesante para crear terminales ajustándose a las necesidades de los usuarios que ya probaron en el pasado sin éxito Motorola, LG o Google. Los 699 dólares que pedía por terminal (objetivamente muy poco comparado con los iPhone X o el Galaxy Note) era demasiado para un producto sin pedigrí y con problemas en su cámara. El mercado volvió a rechazar los equipos modulares y el terminal llamado a revolucionar el mercado solo comercializó 50.000 unidades. Ahora cuesta 499 dólares (se pueden encontrar ofertas por menos precio) y, sobre todo, ha enseñado una lección a una empresa que no se rinde y que volverá a mostrar un nuevo modelo en 2018.

El error, sin embargo, tiene también nombres más conocidos para el gran público. Como las Spectacles de Snapchat. Unas gafas que permitían grabar vídeos cortos para colgar en la red social gracias a una pequeña cámara colocada en la montura. Una buena campaña de marketing (o más bien, una masiva) permitieron que tuvieran mucha visibilidad al principio pero las cuentas finales arrojan que solo un 1% de los usuarios de la red las han adquirido o usado. Puede que el precio de 129 dólares haya sido excesivo.

Pero si hablamos de precios disparatados, el primer premio se lo lleva Juicero, un exprimidor conectado a internet (sí, habéis leído bien, no es una errata) con un precio de 700 dólares compuesto por más de 400 piezas y recubierto de aluminio de alta calidad que obtenía zumo de unas bolsas que emulaban a las cápsulas de Nespresso, solo que cada una de ellas costaba 7 dólares. Algo llamativo para bolsas de jugo de frutas concentrado que se podían exprimir con las manos. Lo más llamativo es que 17 inversores le dieron más de 118 millones de dólares. Google y Sopas Campbell estaban entre ellos. A principios de año el precio bajó a 350 dólares y en septiembre la empresa cerró. Un ejemplo de la burbuja que existe en parte de Silicon Valley.

El año ha tenido otros momentos sonrojantes para grandes empresas como Apple (y su lío de software por culpa de un iOS 11 pensado solo para el potente chip A11 Bionic que comenzó friendo las baterías de cualquier dispositivo con procesador A9 o anterior), los continuos hackeos de Yahoo! (más de 3.000 millones de cuentas afectadas desde 2013) o la discreta entrada de SkyTV en el mercado estatal de streaming (como apuntan en El Confidencial, no es solo su catálogo, sino lo a destiempo que se ha hecho la llegada a la oferta).