Más cerca de “1984”

El Gobierno de Israel, gánster matón y estado terrorista contra palestinos, iraníes y árabes en general, es sin embargo una democracia homologable para sus ciudadanos “sionistas”. En este segundo papel “de bueno” ha aprobado un Plan Nacional de Salud que pretende dirigirse más a la medicina preventiva que a la curativa “porque los costes actuales de nuestro sistema sanitario son insostenibles”, proponiendo crear una base de datos digitales genéticos, fisiológicos y clínicos con la información médica de todos los israelíes, para ponerlos a disposición de investigadores, seguros médicos, farmacéuticas… En principio la participación será voluntaria, el participante decidirá a quién ceder sus datos y en aras a garantizar la total privacidad se requerirá su aprobación explícita para el uso de la información personal. A finales de año Israel podrá poner en marcha este Gran Hermano preventivo sanitario, porque desde hace veinte años ya cuenta con los datos médicos del 98% de su población. Seguramente harán como con su actual pasaporte digital biométrico, inicialmente voluntario y hoy obligatorio. Big-data controlador sanitario. Dirán que Israel no es nuestro ámbito sociocultural, pero recuerdo que, por ejemplo, ellos idearon el regadío por goteo que hoy utiliza todo el mundo.

Hace unas semanas husmeaba-buscaba en Internet alojamiento para las vacaciones;desde entonces todas mis ventanas digitales están repletas con información precisa de casas en la zona, características y precios que yo indiqué. Big-data turístico inmobiliario.

Recientemente rastreé información en internet sobre isoflavonas para un artículo acerca de la menopausia. Mi correo electrónico y ventanas digitales rebosan de comercializados con flavonoides. Big-data sanitario.

Desde que pago con tarjeta recibo en mi día habitual de compras la información precisa de precios, del pescado y carne que me gustan, de mi helado preferido… saben hasta cuántos somos en casa;como si llevara un geo-localizador incorporado. Big-data alimentario.

Si voy a la peluquería, tienda de ropa o de calzado… cada vez que busco información o pulso un “me gusta”. Me he convertido en una emisora de datos de información sobre mí misma que alguien (máquina me imagino) analiza, acumula, integra y rebota en forma de ofertas publicitarias, comerciales, ideológicas, políticas, de salud… Siempre saben todo ( o casi) de mí y me ofrecen anticipadamente lo que saben me interesa.

Tengo una vecina muy dada a las devoluciones tras su arrepentimiento por compras algo compulsivas. Está localizada como cliente potencialmente problemática y en una conocida tienda de ropa interior femenina le denegaron la devolución de sus adquisiciones, no en Bilbao, sino en París. Big-data comercial.

Parecería inocuo y todo bajo control, pero el reciente fallo de seguridad de Facebook ha dejado con el culo al aire la intimidad de 50 millones de usuarios, que al parecer protegemos poco nuestros datos personales. Como dice Yuval Harari, el cotilleo y mutuo intercambio de información entre humanos impulsó que el homo erectus se transformara en homo sapiens hacia el homo deus;pero bien pudiera ser que en este caminar, junto a las grandes oportunidades de avance científico-tecnológicos nos quedemos sin intimidad ni libertad, viajeros confiados montados en el Big-data hacia el orwelliano “1984”. 

Palmas, pasión y felicidad

Escribo estas líneas arrullada por valses de André Rieu. Poco más hace falta para la dosis diaria de felicidad.

No puedo olvidar un viaje a Cuba aguantando a una pareja de catalanes con su altisonante y cansino recordatorio de las excelencias de todo lo español frente a lo cubano, comenzando por la tortilla;tal vez quisieran demostrar su hiper-españolidad, pero evidentemente despreciaron la felicidad de lo bueno que ofrece el Caribe.

La vida seguramente sea como el compendio cristiano en Semana Santa, domingo de aleluyas y palmas hasta la feliz Resurrección pasando por la pasión del Calvario. Porque en este viaje permanente hacia el país de nunca jamás de la felicidad junto al ministerio de la Felicidad de Bután, Emiratos Árabes o India, nos topamos aquí mismo con total falta de libertad política en Cataluña, ataques a la libertad de expresión, paro desmedido y trabajo precario con miles de accidentes laborales, corrupción por doquier, indecencia ética de dirigentes que engañan, gastos militares sobredimensionados frente a exiguas partidas en gasto social… Y un poco más allá, con un infierno para los inmigrantes en Gibraltar o en Italia, asesinatos en escuelas americanas provocados por el lucrativo comercio de armas, continentes de plásticos en el Pacífico tres veces la península ibérica y ballenas varadas probablemente a causa de nuestra actividad-ambición humana… Y al mismo tiempo a héroes como el gendarme que ha muerto por ofrecerse como rehén, o a donantes de sangre y tejidos que salvan vidas a diario, o tantos anónimos que hacen a los demás la vida más feliz, más amable, más llevadera.

Entonces miro con envidia a los países nórdicos, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega… ricos sí, pero no los más ricos, que año tras año copan los primeros puestos en todos los rankings de felicidad, con España rezagándose año tras año a pesar del cacareado aumento de nuestro PIB y de los buenos datos macroeconómicos. ¿Acaso los nórdicos tienen las claves de la felicidad? ¿por qué ellos sí y nosotros no? Quizá porque primen lo social y el sentido de la comunidad sobre lo individual, me dicen;porque trabajen eficazmente para disminuir la desigualdad y rechacen frontalmente la corrupción pública;tampoco encarcelan a sus líderes políticos ni sociales, pero sí invierten en ayuda social;porque respetan el entorno en equilibrio y seguramente porque prefieren ser personas corrientes felices antes que más ricos y ambiciosos. Vamos, tienen fe en su propia sociedad. Casi, casi como aquí pero en plano invertido, como estamos pudiendo observar con la respuesta del poder a las demandas de igualdad de las mujeres, a las reclamaciones de justicia social de los pensionistas o a las reivindicaciones políticas de los catalanes. Quizá aquí más que buscar la solución para la comunidad se trate solo de manipular el hartazgo y la rabia. Vamos, Semana Santa de pasión pero sin vacación.

Evidentemente el placer del André Rieu que ahora escucho sería mucho más vals de felicidad coparticipativa en un concierto multitudinario, pero que esto sea aquí muy difícil explica que vayamos tan rezagados en felicidad comunitaria.

Oído selectivo al clamor popular

LA democracia directa sería el ideal de gobernanza, pero siendo tantas la representativa se impone, quedando el clamor popular como grito vehemente de una multitud, a la espera esperanzada de ser atendida por quienes detentan el poder delegado.

Hoy están llenas nuestras calles de clamores populares en tono cada vez más agudo. Me temo que con razón. Hasta dar la impresión de no haber suficientes días en el calendario para manifestar toda la indignación por tantas cuitas irresueltas.

El clamor popular contra el vesánico asesinato de un niño en Almería, sobredimensionado y muy bien orquestado desde ciertos medios, ha coincidido, ¡casualidad!, con trámite parlamentario para eliminar la prisión permanente revisable. Aquí el gobierno ha hecho gala de tener muy buen oído para el grito popular de “¡Más madera!”, aduciendo precisamente que esa inhumana figura penal es lo que reclama la mayoría de la población. “Escuchen la voz de la calle”, espetó a los demás quien suele ser sordo a esos clamores. Incluso citaron a familiares de víctimas para crear el ambiente idóneo que compeliera a los diputados a votar con sus vísceras en lugar de con su razón.

Hace unos días, un 8-M multitudinario clamó contra las desigualdades que aún sufrimos las mujeres. La receptividad de oído a estos clamores ha sido más bien escasa cuando no desdeñosa, seguramente por sordera disfuncional temporal de género.

El clamor en Catalunya por un referéndum sobre sus demandas ha sido ensordecedor. Ya estamos viendo la finura de oído a este clamor de varios millones de catalanes.

Con esta secuencia de sorderas discrecionales sería demasiado pedir que prestaran oído al clamor (popular, Tribunal de Estrasburgo y del Comité Derechos Humanos) contra la tortura, contra la condena por expresiones de la libertad de opinión, o para no aplicar leyes antiterroristas a acciones delictivas comunes como en Altsasu.

El sábado nuestras calles llenas de jubilados clamando por pensiones dignas. Llamativa la sordera institucional del gobierno a sus demandas;más llamativos (o directamente despreciables) los comentarios de responsables financieros mientras adoban rescates bancarios, salvan autopistas quebradas o incrementan el presupuesto para parásitos sociales como la familia real y aledaños.

El profesor Innerarity en su reciente libro Política para perplejos refiere que la indignación está dando paso a la perplejidad social, porque no encontramos recetas correctoras a los problemas por los que protestamos: seguridad, pensiones, trabajo, inmigración…. De aquí que haya muchos que prefieran votar a quien gestione su rabia antes que a quien pueda solucionar sus problemas. Aquí surge el populismo torticero (Ciudadanos entre otros), que trapacero y zigzagueante entre encuestas se presenta precisamente como gestor de esa rabia sin solucionar conflicto alguno. Lo preocupante es la reflexión de que los mismos que ahora protestan, con razón, por las pensiones mal gestionadas, han sido quienes han votado a los partidos despilfarradores durante las últimas décadas.

Por esto añoro la realidad auditiva de Suiza, donde todo se somete a votación, además vinculante. Votaron sobre instalar o no alminares. Salió que no y no se construyeron. Aquí instalar o no una mezquita dependería del buen oído del gobernante al clamor popular. Pero claro, entonces no podrían engañarnos con lo que les viniera en gana, y no es plan.

 

Las otras, los otros y el pos 8-M

LA otredad como algo palpable. El 8 de marzo se pudo apreciar mejor su visibilidad callejera y mediática, las mujeres tomaron las calles y coparon los medios.

Siendo lo femenino una categoría tan obvia nunca debería haber pasado desapercibida, pero a tenor de los titulares entre sorprendidos y extrañados por el grito femenino-feminista, podría pensarse que una mitad no se había enterado que existía la otra mitad, en concreto las otras;y menos aún que fueran capaces de ponerse de acuerdo de forma transversal más allá de ideologías concretas en reclamar su propio yo de género. Similar al explosivo 15Mayo y ahora a las alzadas de los/as jubilados, pero con la diferencia de reclamar lo que afecta directamente a la mitad de la población y por obviedad de convivencia implícitamente a la otra mitad.

Pero pasada la fiebre festiva, la vuelta a la realidad es dura y más si simplemente nos relamemos encantadas de habernos conocido. En este año ya han asesinado a 6 mujeres;hay 21 denuncias por abuso sexual contra el tatuador de Donostia y en Hondarribia el mismo 8 de marzo han detenido a un hombre por agredir a su pareja. Hace unas semanas obligaron a abandonar un avión de la aerolínea Emirates en Birmingham a Beth Evans por tener dolores menstruales. Solo por citar.

Dura realidad porque el paro femenino supera al masculino en un 4%. Tres de cada cuatro contratos a media jornada son para ellas;la brecha salarial ronda el 21-23% y aumenta con la edad. La precariedad es femenina. A veces dudo si no será porque algunos empresarios/as ven a las mujeres como “mano de obra de alto riesgo”;¿tal vez porque tienen hijos/as y dedican a ellos, a los mayores y a “sus labores” en trabajo no retribuido el doble de tiempo que sus compañeros? ¿Será porque para realizar estas tareas son ellas las que cogen más excedencias, reducciones de jornada y permisos? ¿Quizá porque corresponsabilizarse y conciliar vida laboral-familiar se conjuga predominantemente en femenino? Y aún algunos se asombran de que la primera maternidad se esté retrasando a los 32 años y la media sea de 1,3 hijos/as por mujer. Yo diría que las jóvenes están en “huelga técnica de fecundidad”, no solo por las leyes que no les favorecen o no se aplican, sino porque andamos muy lejos del compartir, corresponsabilizarse y conciliar con la pareja.

Los datos que cito son públicos, y tras ellos escucho al obispo Munilla, o al periodista Maruenda o a ministros/as negando cualquier discriminación… y leo no solo los artículos sino los comentarios adjuntos, donde junto a los apoyos, predominan coletillas;la leyes de igualdad discriminan a los hombres, esta lucha feminista es artificial, innecesaria, una milonga, no atañe a la gente de la calle, es una fantochada… Cierto que la mayoría de quienes nos manifestamos no estamos como en Arabia o Afganistán, ni sojuzgadas bajo velos o costumbres medievales ni explotadas sexualmente como un poco más arriba en barrios del mismo Bilbao, pero de aquí a negar la desigualdad hay un trecho.

Además, si hasta los setenta no pudimos tener cuenta bancaria propia, hasta los noventa no podíamos ser titulares de una explotación agraria y hoy mismo un 63% de la población cree que no valemos para ser científicas de nivel… Sí, me temo que nos queden muchos 8-M hasta lograr una mínima igualdad de oportunidades.

Comparte lo que importa


ES el lema de Manos Unidas para este año. Pocas cosas pueden importar más que tener agua potable, alimento y vivir en paz. Pero…

Quiero pensar que en el paraíso imaginado se comparte alimento, agua potable y la compañía en paz. A veces, entre las ensoñaciones humanas se encuentra el regusto por volver a ese idílico paraíso terrenal en donde podía cogerse de aquí y de allá lo necesario para vivir sin que nadie pasara ni hambre ni sed ni soledad. Pero en este paraíso terrenal solo creen quienes se durmieron en las clases de geografía, porque aquí y ahora, millones viven bajo la guerra que engorda la bolsa de otros, y más millones -prácticamente los mismos- pasan hambre y sed mientras otros son atendidos por obesidad debido a sobrealimentación.

Anteayer derribaron un F16 al poderosísimo ejército israelí arrasador de vida y pueblos. Un avión de estos costaba en el 2000 unos 19 millones$;hoy sus descendientes tecnológicos F22/F35, sin mejoras, rondan los 196 millones$, con un costo de vuelo de 25.000$/hora. Sumen tripulación, mecánicos, hangares, armamento, mantenimiento… Dividan el precio final de uno de estos monstruos bélicos por 365 días y si en Camboya una persona con un dólar puede comer arroz al menos una vez al día, calculen cuantos miles de camboyanos que hoy viven en la hambruna podrían levantarse cada día en la seguridad de tener alimento y agua potable. Podrían incluso permitirse el lujo de un trozo de carne a la semana. Sepan que se han fabricado/vendido y cobrado más de 4.500 aviones F16.

La guerra que generamos los países ricos, pero también el despilfarro de lo que importa. Porque un 20% de los alimentos que se ponen en el mercado mundial se pierden o desperdician;la población mundial con recursos consume un 10% más alimentos de los que necesita, con la obesidad como “epidemia del desarrollo”, y otro 10% se estropea o se tira a la basura. Según HISPACOOP, en 2013 cada hogar español de media tiró a la basura al año 76,5kgs de alimentos, y los restaurantes desperdiciaron 63.000 toneladas/año de comida. Ni en Camboya ni Somalia, según el Parlamento Europeo en nuestro propio corralito de opulentos 80 millones de europeos viven por debajo del umbral de pobreza mientras se tira casi la mitad de los alimentos que se mercadean. Junto a la guerra, el sistema actual de producción de alimentos es otra arma cargada contra el hambriento, porque según la Universidad Aalto (Finlandia), en Europa produce pérdidas equivalentes a 27 metros cúbicos de agua potable, 0,031Ha de tierra fértil y 4,3kg de abono por habitante y año. Todo un derroche que redunda en hambre para 1.200 millones de personas, sed a 800 millones y daños al medio ambiente, quizá irreparables. Pero claro, también genera pingües beneficios a unos pocos. En medio quienes ni somos de estos pocos ni pasamos hambre podríamos hacer mucho más para compartir, pero con frecuencia vemos estas desigualdades vitales como una insignificancia ajena y lejana. Lo peor es que en Europa nos está brotando coraza de abundancia en partidos y grupos ultraderechistas/fascistoides que el compartir lo conjugan exclusivamente en primera persona nacional. Mal camino para acceder al paraíso terrenal.