Carta a Pello

Querido Pello Sarasola: Vuelves a casa en el peor momento. Aceptar ahora la dirección de Contenidos de ETB sería un reto fascinante si no fuera porque regresas en medio de una situación dramática. Nuestra radiotelevisión pública está tomada por el consorcio antinacionalista PSE+PP que en dos años y medio la ha postrado en los índices de audiencia más bajos de su historia y en un descrédito social absoluto. Han tirado por tierra gran parte del prestigio, credibilidad y conexión emocional que los equipos anteriores habíais alcanzado con mérito. ETB ha sido brutal y sistemáticamente desnaturalizada, Pello, lo que explica que haya perdido al día de hoy más de la mitad de sus espectadores. Como nadie sabe más de audiencias que tú, asumes que te haces cargo del mayor fracaso que jamás haya existido en el mundo de la televisión. Recibes una herencia trágica.

Con tu experiencia en este medio nadie duda, y yo menos, de que te volcarás en la tarea de rescatar a la televisión vasca de su naufragio. Necesitarás tiempo, apoyo interno y un amplio campo de trabajo. Y ahí está el problema. ¿De verdad crees que tus criterios estratégicos podrán neutralizar los propósitos políticos devastadores del actual equipo directivo? ¿Es posible arreglar un modelo roto sin democratizar unos informativos comisariados y manteniendo su españolísima línea editorial? ¿Te dejarán desinfectar los teleberris? ¿Cómo conseguirás diseñar una programación renovada si no puedes incidir en lo esencial, la gestión emocional de ETB? No fallan los profesionales de la casa, ni las productoras locales que generan nuevas ideas. Falla el corazón artificial de esta tele apabullada por la revancha.

Con un margen de acción tan limitado, te veo como el hombre que desde hoy preparará el cambio del cambio de ETB. En este proceso de tránsito de una época diminutiva a otra ilusionada encontrarás mucha cooperación. Te espera año y medio de amargura al que seguirá tu oportunidad de rehacer una televisión-espejo, esa en la que un país se mira y se reconoce. Un abrazo.

Directamente Adela. Ganar las tardes perdidas

Rectificar es un arte. También es una ética. Es arte porque ensalza la belleza de la condición humana, con sus fragilidades y derrotas. Y es ética porque es movimiento de mejora escarmentada. A nuestra ETB le cuesta mucho rectificar, lo que es peor que equivocarse. Después de dos años y medio de desplome se abre una luz de esperanza con el regreso a la dirección de programas del experimentado Pello Sarasola y con la plena recuperación de Adela González, uno de los iconos de la televisión pública en sus felices tiempos de liderazgo, que toma el mando de Euskadi directo en su única y natural ubicación en las tardes vascas. Marginada como secundaria de Sobera en Consumidores y como opción weekend del carrusel de reportajes en vivo, Adela vuelve a ser considerada como un valor seguro. Una rectificación tardía, pero estimable.

Si Euskadi directo buscaba, cuando nació torcido, la cercanía emocional con la gente, lo hizo todo al revés dando un rodeo. Un espacio como ese debía acudir a su cita a la hora oportuna. Eligió el mediodía, el momento equivocado, cuando la vida no está sentada sino en marcha. Escogió el tono invasivo del vendedor que llama a la puerta, en vez del encuentro con amigos. Y optó por una imagen extraña, una cuña gubernamental, que era como llevar a la niña de El exorcista a anunciar Kinder Sorpresa. Consecuencia: audiencia mínima con el máximo coste. Euskadi directo es el clásico experimento realizado con champán y pagado a cobro revertido. Hasta que, por fin, han entendido que es un programa de tarde necesitado de credibilidad real y amabilidad sincera, lo que ya tenían en casa. A Adela le toca ahora, de lunes a viernes, cambiar el corazón a este producto fundido.

Algunos piensan que ya es tarde para remediar el cáncer de ETB, porque la metástasis reside en la cabeza. Yo no creo en esa fatalidad y confío en los nombres de siempre para que sobreviva, año y medio más, al tumor PSE+PP. Seguir rectificando y alguna dimisión rápida ayudarían a esta ilusión. La que hoy empieza se llama Adela.

http://www.deia.com/2011/10/03/opinion/columnistas/telele/directamente-adela

¿Perder la identidad política?

Estar preparado para las decepciones es una prevención saludable en un mundo al que no se le puede pedir demasiado, ni un poco. Llega el momento en que las desilusiones te cuentan la verdad, que toda confianza es un autoengaño para la supervivencia y que “la esperanza es la segunda alma del desdichado” (Goethe). La política, plaza de los quehaceres colectivos, es la más desesperante de todas las empresas humanas, la que más podría hacer por cambiar el mundo y la menos dispuesta a trastocar los espurios equilibrios del sistema. La política es el arte de convertir las necesidades en deseos, los deseos en promesas y las promesas en mentiras y silencios de cuyo olvido, ignorancia u ocultación se vale para sostener el inagotable ciclo ilusión-frustración. Por alguna extraña razón -contumacia o estulticia- nuestra resistencia a la decepción es heroica. Mi última decepción se llama Aralar.

Ya es un hecho. La formación liderada por Patxi Zabaleta y Aintzane Ezenarro ha decidido compartir cartel electoral con Bildu, tanto en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, como en Nafarroa, bajo la marca Amaiur, lo que equivale a diluir su específica personalidad en ese conglomerado y a la voladura del gran diseño de NaBai. Con el debido respeto a una disposición soberana, ampliamente respaldada por las bases, pero persuadido del error estratégico de esta enigmática correría, expreso mi convicción de que Aralar ha calculado mal los beneficios del acuerdo y minimizado los riesgos de mezclarse con una coalición de programa indefinido en el que la antigua Batasuna ejerce una silenciosa y paciente asimilación de todo lo que pudo ser en su día HB, ampliado ahora con los descartados de partidos marginales del nacionalismo y la izquierda sin dueño. Creen que así recuperan lo que es suyo, con el premio añadido de los residuos de EA y los rebotados de EB tras el largo e inmerecido castigo de las sucesivas ilegalizaciones.

¿Fusión o confusión?

Aralar ha hecho una apuesta temeraria confiando en dos factores: el mantenimiento de su marca en la fusión electoral y la fuerza cualitativa o singularidad de su proyecto, que cree a salvo de ser fagocitado y que, en el peor de los casos, sobreviviría a futuras disensiones y maniobras acaparadoras de la izquierda abertzale clásica. Entiendo la evaluación de ambas fortalezas, pero Zabaleta no tiene en cuenta la confusión causada en su electorado por el acuerdo acumulativo con Bildu, que es la principal debilidad del mismo. La confusión es inherente a todo pacto entre adversarios.

¿Ha olvidado Aralar qué motivó su prestigio público? ¿Es consciente del peligro de dilapidarlo en esta mala jugada? Este joven partido había atesorado una alta consideración social, traspasando incluso el ámbito de sus siglas, por su rotundidad democrática, el discurso impecable de sus dirigentes, su rechazo de la violencia y su enérgico esfuerzo por la paz definitiva, sin menoscabo de su alma abertzale, de izquierda y ecologista. Todo esto se lo puede llevar el viento del 20-N si los que querrían apoyar a Aralar no reconocen un proyecto que ha perdido su identidad entre las ansiedades provocadas por los irrepetibles resultados de los comicios de mayo. Los decepcionados no suelen votar a los desleales o tardan mucho en volver a hacerlo.

Donde se desdibuja Aralar es en la mezcla, aunque sea táctica y quizás temporal, con una coalición que no ha llegado por ahora al mínimo democrático y no ha alcanzado el canon ético exigible. Bildu tiene pendientes deberes básicos con la sociedad vasca, como su plena renuncia a la tutela de la violencia, su desmarque de ETA más allá de la retórica y su homologación democrática en la convivencia pública en todos los ámbitos, de la calle a las instituciones. Aún así, Aralar se pega al destino de una nueva izquierda abertzale, quizás porque confía -¿ingenuamente?- en que los antiguos ilegalizados han cambiado para siempre y se fía de lo firmado por estos en Gernika y en sus escrupulosos estatutos. Pero los electores tienen memoria, inteligencia y sentimientos, no son expertos estrategas, y es probable que no entiendan una asociación abertzale inmadura por tantas carencias como urgencias.

Urgencias de futuro

Hagamos las preguntas pertinentes. ¿Por qué Aralar acepta la concurrencia con Bildu? ¿Es capaz de condicionar positivamente el discurso radical de la vieja Batasuna? ¿Puede una minoría selecta subsistir frente una mayoría potente y sin cultura democrática? La respuesta a la primera cuestión es clara: Aralar se aboca a una convergencia inédita porque las urnas otorgaron un veredicto favorable a Bildu y perjudicial para Aralar, con lo que este partido acude al pacto conmocionado por sus malos datos municipales y forales. Aralar teme por su futuro, lo que indica que ha realizado una lectura precipitada de las convulsas circunstancias que facilitaron el sobrevalorado éxito de Bildu. Quizás Aralar haya preferido ponerse a salvo ahora a ser más tarde un partido alternativo y de gobierno. Obnubilado por el resplandor de la victoria ajena y la derrota propia, Aralar se arroja al vacío de una coalición dudosa. Son comprensibles sus temores, pero es difícil entender que la perspicacia analítica de Zabaleta y su fiel militancia hayan caído en una trampa de tan falsa seguridad como el abrazo de quienes hasta hace muy poco les consideraban traidores absolutos.

Aralar es consciente de su aportación a Euskadi en tiempos difíciles. Tiene una fe total en su experiencia de cambio, la misma que ahora aspira a implementar en su contrato electoral para que Bildu sea una extensión de Aralar y no, como pretende su nuevo socio, que Aralar se convierta en mero apéndice de Bildu aunque solo sea por la diferencia de votos entre unos y otros. La aspiración de ser la conciencia crítica de los ex legalizados y que la contribución cualitativa de Aralar se imponga a la potencia cuantitativa de Bildu es un cálculo ingenuo y una prueba de su debilidad tras el tsunami de la última primavera. No es creíble que la izquierda abertzale que habita en Bildu haya transformado su rancia cultura intransigente: este es un recorrido que Aralar tendría que haber esperado antes de asociarse sin garantías. Ahí están los pronunciamientos ausentes contra ETA, su incapacidad para pasar de la pancarta a la responsabilidad institucional, su insolidaridad con las víctimas, su inoperancia práctica y su dificultad para articular programas concretos que vayan de las palabras a los hechos. Demasiadas mermas e incógnitas como para arriesgar una reputación política duramente trabajada.

Las elecciones, como toda cuenta de resultados, pueden ser engañosas. A veces no es tan malo perder, o no ganar, si se utiliza la calculadora del futuro. El 20-N es una cita más con los ciudadanos, pero luego habrá otras y otras. Lo importante es la singularidad del proyecto y su identificación con la gente, valores únicos que no se pueden malversar por las urgencias tácticas y la conmoción del momento. Aralar era demasiado grande para una aventura ideológica tan pequeña e incoherente como esta.

http://www.deia.com/2011/10/03/opinion/tribuna-abierta/perder-la-identidad-politica

López-Surio, el dúo menguante

Si no lo sabe yo se lo cuento. ETB sigue en caída libre y en septiembre ha registrado su mínimo histórico: ETB2 baja al 7,4%, la mitad de lo que tenía cuando Surio fue nombrado por López director general de EITB, en junio de 2009. Mientras, la cadena en euskera baja al 1,8%, prácticamente la mitad de la audiencia que heredó, el 3,4%. Todo parece indicar, ante la falta de un proyecto alternativo de la actual dirección, frente a la agresiva competencia de las cadenas privadas, que no dejan de crear nuevos productos, que el descenso continuará hasta límites que no quiero imaginar. Es posible que llegue al próximo año con un registro inferior al dígito 7.

En estos momentos, ETB2 es la quinta emisora autonómica, por detrás de la catalana TV3, la gallega TVG, la aragonesa Aragón TV y la andaluza Canal Sur, con la canaria TVCAN a solo tres décimas de la vasca. Hace dos años y medio, ETB2 disputaba el liderazgo a la televisión catalana. El caso de ETB1 es parecido y solo el fútbol europeo (contratado por el anterior equipo directivo) le salva del desastre total.

López y Surio, lehendakari y director general de EITB, respectivamente, forman una extraña pareja menguante. Y los dos, en sus áreas de gestión, tienen similares actitudes para justificar sus fracasos, que van en paralelo. Los datos de López ente la opinión pública y ante el veredicto de las urnas son ruinosos. Los sondeos de opinión tanto del Euskobarómetro como del servicio sociológico dependiente del Gobierno Vasco indican que apenas cuenta con un 25% de apoyo social, en tanto que le rechazan dos de cada tres ciudadanos. Ni el esfuerzo de su reforzado servicio de comunicación, ni el apoyo de casi todos los grupos mediáticos locales y estatales (particularmente de Vocento), ni siquiera con el control en sus manos de las emisoras de radio y televisión públicas, ha podido reducir su descrédito social. Por si fuera poco, los resultados electorales del 22-M supusieron el mayor declive político de los socialistas vascos, unida su suerte a la de su valedor, el presidente Zapatero.

Para justificar su desencuentro con la sociedad vasca López se ha refugiado en los efectos de la crisis económica y la labor opositora del PNV, sin considerar su ausencia de liderazgo y su pacto antinacionalista con el PP, que son las verdaderas causas de su descrédito público. En el mismo sentido, Alberto Surio ha justificado la catástrofe de audiencias de EITB a los efectos de la entrada en antena de las emisoras de la TDT y al boicot del PNV. Dos gestiones, las mismas excusas. Dos fracasos unidos en un mismo destino e igual impulso: su afán antinacionalista y su entrega a los intereses del Estado español.

A pesar de sus respectivos fracasos, ninguno de los dos ha anunciado un viraje o corrección de la gestión. López se aferra a su pacto con el PP, mientras Surio continua culpando de sus males a la fragmentación de las audiencias. Ni una sola autocrítica. Ni un paso atrás. “Mantenella y no enmendalla” es el mismo lema de la pareja menguante, el dúo desafinado.

Surio y López están atrapados por el mismo yugo: el PP, al que le deben el poder, y que les tiene acogotados y no les dejan respirar. López ubicó a mucha gente del Partido Popular en puestos estratégicos: presidencia del Parlamento vasco, presidencia del Tribunal Vasco de Cuentas y otros cargos institucionales relevantes. Surio, por su parte, tuvo que tragar con el nombramiento de Miguel Ángel Idígoras al frente de ETB, así como del director de informativos, la dirección de Radio Vitoria y otros puestos internos, como también la contratación del periodista Juan Carlos Viloria como comisario de las noticias en la televisión vasca. Favor por favor.

Surio-López es una pareja atrapada por las mismas redes de cobardía política que pagan sus respectivas ambiciones de poder. Ninguno de los dos es competente en lo suyo: López no es un líder político ni tiene experiencia de gestión ni formación académica de base (es un simple bachiller). Surio no está capacitado para llevar una dirección general, por mucho que fuera un excelente comentarista político. El pacto PSE+PP se expresa en estos dos fiascos y se representa en esta doble ineptitud.

Falta año y medio para que la pesadilla concluya. Es mucho tiempo y los destrozos en el país y en ETB pueden continuar. Hasta entonces, conviene que la oposición nacionalista, hasta donde pueda, trate de minimizar el deterioro, pues al PNV le corresponderá seguramente arreglar los destrozos causados. No le conviene al país que la economía y la sociedad vasca padezcan los efectos de un Gobierno malversador, como tampoco le conviene que la radiotelevisión pública pierda fuerza y prestigio frente a la erosión competitiva y acaparadora de la industria audiovisual privada. Hay que detener la sangría en el Gobierno vasco y EITB. Y así como el PNV ha liderado desde la oposición el sostenimiento del autogobierno y la personalidad de Euskadi, habrá que liderar la recuperación económica y la salvación de EITB.


Primera condena del asesino: que se conozca su cara

Hemos sabido por la prensa que en varias fachadas de edificios, paradas de autobús, bajos comerciales y otros espacios públicos de Zarauz y Orio han aparecido carteles con la imagen del presunto autor confeso del asesinato de Amaia Azkue, crimen perpetrado el pasado marzo. Se trata de unos pasquines, también difundidos por internet, en el que se ve la fotografía de A.E., de 18 años, actualmente ingresado en un centro para menores en Zumarraga, una prerrogativa que la ley concede a los acusados de delitos penales que no tenían la mayoría de edad cuando los cometieron. El propósito parece claro: que se conozca la cara del asesino, que no se oculte en el anonimato y bajo la protección legal.

No se sabe nada de los que han promovido esta pegada de carteles. Tampoco es relevante, pues se supone que son amigos, conocidos o del entorno familiar de la mujer asesinada. Desde el punto de vista afectivo, de pura reacción humana, la iniciativa es entendible. Contemplado desde otra óptica, puede dar motivo a algunos interrogantes e interpretaciones. He reflexionado sobre este suceso.

La primera pregunta que me hago es esta: ¿Qué importancia o necesidad tiene para los familiares, amigos y vecinos el hecho de que la sociedad cercana conozca el rostro del asesino? Debo decir que igual interrogante lo hice (incluso lo manifesté en televisión, cuando participaba en las tertulias de Pásalo, en ETB) con ocasión del juicio contra el asesino de Nagore Laffage, ocurrido un trágico 7 de julio, en plenas fiestas de San Fermín, en Pamplona. Por entonces la familia y el entorno de Nagore, y de modo particular la madre de la víctima, pedían a los medios de comunicación que se difundiera la fotografía del culpable, como si existiera algún tipo de protección hacia el asesino por parte de la prensa y la televisión. Lo que estaban pidiendo es que se exhibiera la imagen del asesino, como si tal cosa les redimiese o consolara de algún deseo de justicia no satisfecho. Como una liberación emocional incontenible.

Ahora también se ha dado una situación parecida. Tengo la impresión de que el entorno de la víctima pretende aplacar su dolor -y también su ira- proyectando, casi de forma furtiva, la imagen del criminal. ¿Y por qué lo hacen? Habría que preguntárselo a ellos; pero a falta de su respuesta mi percepción es que el impulso de la exhibición de la fotografía del criminal tiene tres motivaciones:

1)                 El entorno familiar y afectivo de Amaia tiene cierta prevención de injusticia y se siente mortificada de antemano, antes de se produzca la condena penal, por el hecho de que el asesino pueda salir libre en poco tiempo, dejando el homicidio casi impune al aplicársele la ventajosa legislación de menores. Ese es su sentimiento. De alguna manera, la exhibición de su imagen les descarga de esa emoción de frustración, que se ha de producir, llegado el juicio, en razón de una ley más que discutible. Por si esta fuera poca injusticia, el entorno de la víctima se siente, con razón, dolorido por el hecho de que, al ser menor, no se pueda mostrar el retrato del imputado o, como mucho, representarlo con la cara pixelada. Esto explica que la pegada de carteles fuese cuasi clandestina, temerosos de estar infringiendo la ley.

2)      Al igual que en el caso del homicida de Nagore, el asesino de Amaia pertenece a una clase social económicamente elevada (en el caso de Navarra, incluso al asesino le suponían una protección añadida del Opus Dei, pues trabajaba en la Clínica Universitaria), lo que proyecta sobre el entorno familiar y cercano de Amaia una prevención frente al privilegio o eventual trato de favor hacia el imputado, no solo por parte de la Justicia, sino también por los medios de comunicación. Obviamente, son excesos emocionales que provienen de la creencia atávica de que los ricos salen airosos o beneficiados de los pleitos y que los pobres tienen desventaja frente a estos. Entiendo que los carteles con la imagen del asesino son como un grito de rebeldía frente a esa posibilidad y la manifestación de una voluntad de lucha contra una justicia limitada para los menos pudientes. Es un sentimiento de fragilidad contra la influencia de los poderosos en la vida real, en la justicia práctica.

3)      Con ese sentimiento anticipado de injusticia, los amigos de Amaia han reaccionado como siempre ha sido natural desde hace siglos: aplicando al culpable la pena del escarnio público, algo equivalente a pasear por las calles del pueblo al culpable para que sea objeto de todo tipo de desprecio  y vilipendios. Como no es posible hacerlo al modo tradicional, se han conformado con que el escarnio público sea realizado por el medio más sutil de pegar carteles con la imagen del asesino, sin dejar de advertir a quien quiera verlos que tal persona es, sin lugar a dudas, quien mató a golpes, sin motivo, alevosamente, a una mujer inocente, madre de dos hijas, una ciudadana del pueblo.

Se puede o no compartir la acción cartelera de los amigos de Amaia. Yo la entiendo, porque es una reacción muy humana. Pero es una conducta primaria, irracional, instintiva e irreflexiva. Y lo que es peor, inútil, pues ni libera ni aplaca la injusticia que se avecina. Entiendo que, frente a la desventaja de la familia de Amaia respecto del asesino al que protege la Ley de Menor, la cartelada es una condena popular, la primera sentencia que recibe el homicida. Y también la familia de este. Se le ha condenado a que su rostro sea conocido por todos, para que nunca pueda ocultarse de la visión airada de sus vecinos, para que sea para siempre señalado por lo que hizo y no obtenga el beneficio adicional del anonimato.

A mí, la verdad, si yo estuviera en la piel de la familia o los amigos de Amaia, no me reconfortaría la pegada de carteles con la foto del asesino. Para nada. Todo lo contrario: agudizaría mi sufrimiento. Preferiría no ver nunca, ni recordar para nada, la cara de la persona que mató a mi madre, mi hija, mi hermana, mi amiga, mi vecina… No querría verlo nunca, porque reforzaría mi dolor y me impediría olvidar. Y me importaría poco que los demás conocieran o no la cara del criminal. Ya tendría bastante con mi odio, y la necesidad de vivir con él, atormentado, como para desear que se distribuyera más rencor por todo el pueblo. Es mejor que el odio habite en menos corazones. Olvidar, que es lo único que te salva después de lo inevitable, exige que las imágenes de las causas o causantes se extingan poco a poco.

Seguramente hay opiniones contrarias a las mías en este tema. Las respeto por verdaderas. El sentimiento de injusticia, que se va a extender por Zarauz, Orio y por todas partes, es un dolor abrumador. Vayamos preparándonos. La imagen del asesino colgada en las paredes no sirve para nada. Confiemos en que el sacrificio de Amaia sea un argumento para que los menores asesinos no salgan triunfantes nunca más porque se entregaron a la justicia la víspera de cumplir la mayoría de edad. La burla añadida al dolor por el asesinato brutal de una inocente debe terminar con un cambio legislativo inmediato. Por Amaia. Por todos.