Contratar a un autista

 

El tiempo dedicado en Sálvame y otros programas a la enfermedad de Terelu Campos, de quien no se conocen méritos reseñables, ha sido mil veces mayor que el dispensado por la misma cadena al heroico rescate de 12 niños y su profesor de una cueva en Tailandia. El mundo está lleno de historias y somos según las que elegimos. Finalizado el empacho de fútbol, cuyo balance podría ser peor de lo que declara Mediaset, estrena hoy en abierto The Good Doctor, una serie de las imprescindibles y que ya habíamos visto en el canal AXN, propiedad de Sony. No es una historia de médicos, una de tantas creadas para promover vocaciones contra la enfermedad. Es la aventura vital de un autista y jovencísimo cirujano residente que añade a su discapacidad el síndrome de Savant con su dotación de genialidad absoluta.

Shaun Murphy es un niño vulnerable, maltratado por su padre y aturdido con la dramática muerte de su hermano protector, tras lo cual huye de la casa familiar y tiene la fortuna de caer en manos del doctor Glassman, que se convierte en su mentor hasta incorporarlo al elitista hospital que preside, convenciendo a sus gestores de la contratación de un discapacitado para los quirófanos. Este es su conmovedor relato. Nos enseña mucho, como que los autistas no saben mentir, ni entienden las ironías, ni comprenden el peligro, ni se dejan tocar. Con toda esta maravilla Telecinco ha cometido un delito de lesa cátedra. La voz dubitativa y monocorde, original de Shaun, ha sido doblada con locución de hablante normal. ¿Acaso el autista de Rain Man, magistralmente interpretado por Dustin Hoffman, se expresaba igual que su hermano, encarnado por Tom Cruise? Han mutilado lo mejor de la serie y destruido el formidable trabajo del actor Freddie Highmore.

Es inconcebible que sus 18 episodios, de gran delicadeza, vayan a ubicarse en verano, cuando la tele mengua en cantidad y calidad. Temo que pasen desapercibidos en provecho de la desgracia de Terelu. Para una vez que Telecinco superaba su tendencia al vertedero.

 

Medio siglo de retraso


Como los relojes baratos, TVE atrasa y acumula medio siglo de demora desde que, en 1956, Franco la inaugurara y convirtiera en su virtual plaza de Oriente. Su proyecto era mantener a España en la ignorancia. A los que vinieron después les gustó la idea de falsificar la realidad para prevalecer. De hecho, el adalid del fraude de la transición, Adolfo Suárez, fue jefe mayor de RTVE y allí aprendió el oficio de malversador de la verdad. Y así, hasta hoy. El último intento de democratizar la cadena estatal ha dado sus primeros pasos con la elección de los nuevos rectores de la corporación, entre quienes está el director de este periódico, Juanjo Baños, que aporta la experiencia de sus años en el Consejo de EITB. Menuda papeleta.

Si fuera tú, Juanjo, empezaría por pedir la supresión de la Ley Audiovisual, lo peor de Zapatero, que descapitalizó TVE al dejarla sin publicidad, unos 500 millones de euros anuales. Los anuncios no hacen mejor ni peor la tele, pero la hacen sostenible, a no ser que se decida implantar el canon de la BBC, 147 libras por televisor. También me enfrentaría con UTECA, lobby depredador de lo colectivo, que siendo inquilino del espacio radioeléctrico se cree propietario del tinglado. Los medios institucionales son el contrapeso de la narrativa privada y sus ocultos intereses. Hay que sacar a los sectarios de Torrespaña y configurar debates y telediarios que superen los actuales. Está todo muy viejo, Juanjo, con la joya de su archivo documental desarbolado.

Por eficiencia, impulsaría la producción colaborativa entre medios públicos, sobre todo en ficción y con menos subcontratación. Y asimilaría sus redacciones locales a los canales autonómicos. En fin, Juanjo, España cambiará cuando lo haga TVE, esta es tu misión para redimir el atraso. Mientras tanto, lo urgente está en Tailandia, desde donde CNN relata a todas horas la tragedia de doce chicos y su profesor, atrapados en una cueva y con el agua al cuello. Su rescate es nuestra epopeya: por cada persona cruel hay un millón de seres compasivos.

 

Ónega puede fracasar y fracasa

 

La vivencia del fracaso depende de las expectativas, así que tenga cuidado con el caudal de esperanza que pone en sus proyectos. Por ejemplo: Telecinco estaba ilusionada por conquistar a La Sexta la franja de mediodía con un debate político. Y pensaron que situando al frente a Sonsoles Ónega, currada en el reporterismo y avalada por su apellido, vencerían a Antonio García Ferreras, pontífice de la opinión. Transcurridas dos semanas, el rollizo conductor de Al rojo vivodobla en cuota de pantalla a Ya es mediodíay le saca más de 300.000 espectadores de ventaja. La sensación de fracaso de Vasile es mayor porque el golpe se lo propina la quinta cadena en audiencia y porque antes había suprimido Las mañanas de Cuatro, de Javier Ruiz, por izquierdista.

Sonsoles Ónega pertenece al selecto círculo de las periodistas que hacen televisión y escriben novelas de amor y mujeres heroicas, y ya son cinco sus libros. Como Carme Chaparro, Marta Fernández, Mónica Carrillo, Sandra Barneda.  Y Mara Torres (y no cito a Ana Rosa por plagiaria). Decir Ónega es decir “puedo prometer y prometo”, la retórica de la Transición. Quizás la hija de Fernando no tiene el perfil de una moderadora de debate. Es demasiado dulce. Y de derechas. Lo peor es que Ya es mediodíaes un calco de lo ya conocido: una mesa con cuatro contertulios consabidos y conexiones esporádicas con el exterior. Llegas tarde, amiga mía. Consuélate, tampoco ETB puede con Ferreras, a quien los vascos prefieren más que a Lapitz.

El fracaso es eso, mucha jactancia y nula paciencia. Pedro Sánchez falla con la designación sin consenso de Andrés Gil como candidato a la presidencia del consejo de RTVE. Nada ha cambiado. Apaleados por el fraude de cuatro décadas, la promesa de democratización de la televisión pública estatal, como de la plenitud competencial del Estatuto, no valen nuestra esperanza. Tal vez desahucien a Franco de su tumba abominable del Valle de los Caídos; pero una de sus obras predilectas, TVE, mensajera de intolerancia, sigue en negro. Mejor vivir desesperados.

La derecha también es feminista

 

Mucho más interesante que el mundial de fútbol, acaparado por los canales de Berlusconi, es la competición por el poder en el PP. Tiene los ingredientes de un culebrón, la emoción del resultado y la pugna sin cuartel entre los aspirantes. La final de verdad será el 20 y 21 de julio en Madrid y no la que se celebrará en el Luzhniki Stadium, de Moscú, porque va a situar a una mujer al frente de la derecha española y, a medio plazo, en la presidencia del Gobierno del Estado. Es un hecho relevante que promete, además, ser divertido, siempre que los elegibles, especialmente Soraya y Cospedal, se zarandeen sin piedad y hagan demostración del potencial de sus uñas. Como para alquilar sillas.

¿Habrá debates en televisión? Parece que no los veremos hasta después de la votación del 5 de julio, cuando queden solo dos candidatos en liza. El pretexto es que una discusión a seis es mal espectáculo. Es falso. En Euskadi, en 2016, hubo en ETB confrontación entre cinco opositores a la lehendakaritza, y no estuvo mal, con un 11,3% y casi 3000.000 espectadores. Y en 2012, se hizo entre media docena de contendientes. Por imperativo legal, pero eficaz. El problema es que las dos mujeres no quieren reñir con rivales menores y se reservan. Todas las cadenas han pedido turno y están ofreciendo fórmulas flexibles. Lo más probable es que opten por el método usado por el PSOE en sus comicios internos: un único encuentro abierto en la sede central. Las cosas pueden variar, si hace falta. Las encuestas desestabilizarán los discursos, en tanto que el fútbol es un poderoso factor de distracción de la campaña. Las posiciones de Ana Rosa, Griso, 13TV y la Cope serán decisivas, como inútiles las de Ferreras y La Sexta.

Esto es lo que hay: la cordial Soraya lleva ventaja por su mayor capacidad de gestión, frente a la diferida Cospedal, con aires de sargenta, hierática y autoritaria, que carga con la imagen de la corrupción. La militancia escogerá a aquella que perciba ganadora en unas elecciones generales. No es el partido, amigo, es el gobierno.

España tiene un culpable

 

Ya tiene España lo que necesitaba: alguien a quien culpar si las cosas no van bien en el Mundial de Rusia. Sobre Luis Rubiales, Florentino Pérez y Julen Lopetegui caerán todas las iras en caso de desastre. Para un español es importante tener un culpable -bruja, catalán, vasco, judío o masón- sobre el que descargar sus frustraciones y baja autoestima. No podrían vivir sin el remedio de un chivo expiatorio o una hoguera de revancha. Telecinco, que es italiana, también busca vendetta. Se juegan mucho. Han pagado unos 60 millones de euros por los derechos de retransmisión, su despliegue es monumental y una parte de sus ingresos publicitarios dependen de que La roja alcance las semifinales. Y, además, se proponen arrasar en las audiencias de junio y julio. Tras el partido del viernes, lo más rojo que se atisban son los números de su cuenta de resultados.

Iban bien las cosas hasta la víspera. Las ventas de televisores de nueva generación superaban las expectativas. ¿Y para qué quiere la gente pantallas planas y curvas, con inteligencia artificial, resolución 4K y tantísimas pulgadas, si la programación es cada día peor? A Pedro Sánchez le convenía el éxito de la selección estatal para asimilarlo simbólicamente a su frágil Gobierno, de la misma manera que a Zapatero, en 2010, el triunfo del equipo de Del Bosque le dio un respiro en medio de la crisis y el derrumbe del empleo. Y a día de hoy las marcas patrocinadoras del evento temen el fracaso de sus inversiones.

Quizás en Antena 3, si no son hipócritas, estén contentos con que a los jugadores españoles se le tuerzan las botas. Su jugada antifútbol es magistral: a partir de hoy comienza a emitir la primera temporada de El cuento de la criada, la serie más premiada del pasado año, una maravilla artística sobre el relato de Margaret Atwood que encaja como un guante en la epopeya actual del feminismo. Tragedia, amor, mujeres absolutas… A quién le interesa este campeonato si se sabe quién ganará. ¿Alemania, Brasil, Argentina? No, Putin. Siempre gana Putin.