Bogando por la red: Tan justa como merecida

Tan justa como merecida

El revuelo causado por el tuit de la fundación Francisco Franco, en la que celebra la victoria del dictador con las palabras “tan justa como merecida”, ha provocado un incendio que trasciende las redes sociales. La depauperada libertad de expresión es proclamada como justificación ineludible para amparar lo que extrañamente no constituye delito alguno, la apología del franquismo. Aunque, su ausencia del código penal tal vez no resulte tan excepcional si recordamos las reiteradas negativas por parte del PP para incluirla.

La honestidad de Cristina Cifuentes

El manido axioma de que en política además de ser honesto hay que parecerlo no parece preocupar demasiado a algún que otro personaje político. Una campaña para que Cristina Cifuentes presente su controvertido trabajo de fin de master ha cumplido con celeridad el objetivo de recoger 75.000 firmas. Las vagas explicaciones, las contradicciones y los nuevos datos que van saliendo a la luz, hacen dudar de su rectitud. Su cercana y obligada comparecencia en la comunidad que preside tal vez despeje alguna duda.

¿Actos vandálicos en Cataluña?

A la justicia española se le ha caído la venda y nos está mostrando su partidista rostro. Cabe recordar que una pelea de bar puede ser considerada terrorismo, atacar dialécticamente a la monarquía puede llevarte a la cárcel y una protesta con escasos tintes de parecer violenta, mas allá de algún corte de carretera y habilitar el paso de vehículos en una autopista de pago, sea investigada por la Audiencia Nacional por si es constitutiva de delito de rebelión. Las protestas de los CDR están ya en su punto de mira.

El Maroto que conocemos

Por nuestra tierra estamos acostumbrados a las salidas de tono del señor Maroto. El ex alcalde de Gasteiz muestra desde Madrid una desagradable cara que bien conocemos. Aprovechando la anunciada llegada de los gemelos de los líderes de Podemos no pierde la ocasión de atacar a la formación morada. Criticar un partido asambleario y deslegitimar la valía de dos de sus líderes por el hecho de ser pareja es, cuando menos, indigno. Pero es bien sabido que entrar en casa ajena como elefante en cacharrería es marca de la casa.

La insolidaria Dulceida

Nuevas profesiones, por llamarlo de algún modo, han ido surgiendo a lo largo de estos años en los que la digitalización de la realidad se ha hecho patente. Influencer es una de ellas, y no hay facultad donde se aprenda. No es preciso un elevado cociente intelectual, simplemente se trata de conseguir miles de seguidores y cobrar un potosí por mostrar determinados productos. Dulceida promociona sus gafas de sol en Kenia, uno de los países más pobres del mundo, utilizando niños como reclamo.

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