Tele – emociones

La entrevista a Errapel Netxes fue ayer una de las piezas más leídas de la edición digital de Deia. Netxes [Enlace roto.]: debutó en un espacio de ETB y a partir de ahí parece haber quedado enganchado. Repasar sus intervenciones es hacer un ejercicio de memoria histórico-televisiva. Ha concursado en No te rías que es peor, en El precio justo, en ¿Qué apostamos?, en La ruleta de la fortuna y, más recientemente, en Date el bote. Es evidente que estos concursos no son de los que premian el conocimiento. Ni siquiera la culturilla general. Pero me llama la atención que este habitual del género ponga el foco sobre la llave de todo espacio televisivo. Él lo llama “dar bien en la tele”, y lo asimila al desparpajo y la espontaneidad. Para superar el casting de un concurso “no tienes que tener mucha cultura ni poca”. Bingo. Tienes que tener telegenia.

Los concursos televisivos, incluidos los quiz-shows, basados en preguntas y respuestas, giran cada vez más alrededor del concursante y del juego que puedan dar sus tribulaciones, sus nervios, su desesperación o su alegría desbordada. De que guste a la audiencia y dé juego. De la tensión que se estira ad infinitum para conseguir suspense y emoción, y con ello, la atención del televidente. Porque las emociones venden. Para bien o para mal. Recuerden aquel rival más débil -cuya versión española se estrenó en 2002- que parecía humillar a los perdedores, y piensen en el actual Ahora caigo. La tendencia no ha hecho más que acentuarse.

Perseguir el favor del público y que la audiencia se identifique con quien concursa siempre ha sido un elemento clave para los concursos. Pero, cada vez más, lo que prima es el espectáculo que se pueda generar por el camino. Y contar con castings de concursantes que no tienen que ser quienes más saben, sino quienes más expresan sus emociones o quienes menos reparos tienen para compartirlas.

Igualito, por cierto, que Mayte Zaldívar, grabada/pagada anoche por Telecinco mientras veía, entre gritos y llantos, la recreación en forma de telefilm del idilio entre Isabel Pantoja y Julián Muñoz, su marido. Lo importante no es ser una mujer despechada: lo importante es reaccionar sin tapujos… La televisión lleva años contribuyendo a que las barreras entre lo íntimo y lo público se desdibujen a marchas forzadas. Y si el corazoneo y la telerrealidad están construidos precisamente sobre esos cimientos, no piensen que, a su manera, el resto de contenidos se quedan atrás.

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