7,4%

Ayer se hizo público el balance de audiencias de ETB. Al mes de septiembre, concretamente al 11S, con un 4,9% de share para ETB2, le corresponde el muy dudoso honor de haber arrojado un mínimo histórico a la altura de la efeméride: una debacle. Las medias mensuales -7,4% para ETB2, 1,8% para ETB1 y 0,8% para ETB3- tampoco son para echar cohetes. Aquí tienen, con profusión de datos, el [Enlace roto.]. Pero yo me quedo con una sola idea: estamos a la cola de la FORTA.

Euskadi fue la primera comunidad en contar con una televisión propia: comenzó sus emisiones el 31 de diciembre de 1981, amparándose en la posibilidad que recoge el Estatuto de Autonomía de crear un ente comunicativo propio y público. ETB1 fue la primera cadena en romper la hegemonía de TVE. Tuvo que pasar un año para que naciera TV3 y durante muchos años sólo Catalunya, Galicia, Andalucía, la Comunidad de Madrid y Euskadi contaron con sistemas de radiotelevisión públicos propios, entre los cuales ETB se movía con solvencia y alegría. Llegaron las privadas; luego, el resto de comunidades autónomas fueron desarrollando sus televisiones; explotaron las locales, nuevas concesiones posibilitaron el nacimiento de Cuatro y LaSexta, y finalmente la TDT acabó por obligarnos a que el zappineo se extienda a números de dos dígitos.

Desde que yo recuerdo ETB2 contó con la dignidad de cadena ambiciosa con voluntad generalista; a finales de los 90, el Teleberri llegó a alcanzar shares del 32%. Hoy pueden sorprendernos, pero estos registros atestiguan que la programación de nuestra televisión sintonizaba con la sensibilidad de la ciudadanía. Nos entretenía, nos informaba, y nos mostraba cómo éramos. Todas las cadenas autonómicas están condicionadas por los gobiernos que las sustentan. Es un precio que, teóricamente, no tienen que pagar las televisiones privadas, financiadas directamente por anunciantes preocupados por dar a conocer sus productos e indirectamente por alianzas quizá no tan confesables. Son reglas de juego reconocidas y aceptadas. El problema surge cuando ese lazo se traduce en movimientos que en lugar de llevar al liderazgo conducen a situaciones que incluso cuestionan la misma existencia y dignidad de las televisiones, aunque para ello se utilice sin pudor la [Enlace roto.]. 

Como muchos vascos, durante años viví con naturalidad que ETB se situase a la cabeza de las emisoras de la FORTA. Como muchos vascos, no puedo sino chasquear la lengua cuando compruebo que los registros de audiencia de ETB2 no alcanzan los de las “recién llegadas”: Aragón -10,1%- o Asturias -7,5%-, ambas nacidas en 2006.

A finales del curso pasado la revista del Consell de l’Audiovisual de Catalunya nos propuso a Petxo Idoyaga y a quien firma estas líneas elaborar un artículo en torno a la evolución de los contenidos espectaculares en la televisión pública vasca. Supongo que el interés del CAC es fruto de una trabajo largamente realizado por quienes entendieron que una televisión pública ha de hacer de la ambición su bandera, que sin el favor del público nada tiene demasiado sentido. Del mismo modo, dudo de que, salvo loables excepciones, la herencia de la actual ETB pueda distinguirla demasiado de otras cadenas que, de puro apocado y humilde, acaban por no transmitir casi nada.