Un pastor vasco en la cámara de gas. El caso Malaxechevarría.

La discusión por un trozo de pan sumió al vizcaino Domingo Malaxechevarría en una espiral violenta: ingresó en un hospital, mató a una enfermera y a un paciente y fue condenado a muerte en EE.UU.

Mendexa. A las 6 en punto de la mañana del día 13 de noviembre de 1952 se cerraban las puertas de la nueva cámara de gas de la Nevada State Prison, cerca de Carson City. En el interior, atado a una silla, un pastor vasco de 58 años, Domingo Malaxechevarría (se había cambiado el apellido por Echeverría). A las 6.08 am, los humos de gas (aydrocyanic) se extendieron por la cámara. El reo perdió la consciencia inmediatamente. A las 6.20, el doctor Richard Petty certificó su muerte. Hasta aquí el resumen del parte médico de la ejecución. Pero, ¿cómo se había llegado hasta allí?

Llegó la ruina Domingo Malaxechevarría Iturraran nació en la casa Erreka de Gizaburuaga (Bizkaia) el 12 de mayo de 1892. Eran siete hermanos y hermanas. De este pueblo, para un censo de población en 1900 de 371 habitantes, entre 1899 y 1922, 91 hombres y dos mujeres del lugar emigraron al Oeste de los Estados Unidos, instalándose la mayoría en Nevada.

Domingo, un emigrante más en un grupo más amplio procedente de la comarca y de su mismo pueblo, llegó a Nueva York a bordo del Olympic, procedente de Cherburgo, el 7 de marzo de 1912. Tenía 19 años y se dirigió a Paradise, en el condado de Humboldt (Nevada), donde vivían dos de sus hermanos: Antonio y José Mari. En Nevada residió entre Paradise y el condado de Douglas.

Pero Domingo no vio realizado el sueño americano. Con el tiempo, sus hermanos regresaron a casa y quien más o quien menos se asentó. Pero él siguió luchando contra la soledad en los desiertos de Nevada, y su carácter se fue agriando hasta convertirse en un hombre huraño y solitario. Su ruina comenzó en un ostatu vasco de Winnemucca, al norte de Nevada: el famoso Martin Hotel. Una tarde de julio de 1947, se produjo una disputa entre Domingo y otro vasco, Claudio Yturriaga. Domingo golpeó en la cabeza a su paisano con una manguera porque, según declaró a la policía, “no le había pasado el pan”. Malaxechevarría tenía entonces 52 años y dicen que era un muy fuerte. Por su parte, Yturriaga era también un antiguo pastor natural de Ereño (Bizkaia), que contaba con 63 años. Este, a consecuencia de las lesiones, tuvo que ser internado en un hospital local, siendo trasladado más tarde a San Francisco para recibir atención especializada, a pesar de lo cual debió dejar su empleo en los ferrocarriles. Malaxechevarría fue condenado a dos años de prisión por asalto y a pagar una indemnización de 5.000 dólares, además de las costas del proceso. Domingo cumplió la pena y, antes de ser puesto en libertad, fue sometido a examen psiquiátrico. Arruinado y con fama de violento, ningún ganadero quiso contratarle. Al poco tiempo, se había convertido en un indigente que vagaba por el condado de Humboldt, viviendo de la caridad. En septiembre de 1951 fue ingresado en la sección de indigentes del Humboldt General Hospital en Winnemucca.

La tragedia

El domingo 23 de septiembre, Domingo se encerró en el baño, negándose a salir. Como pasaba el tiempo y no hacía caso a los requerimientos, un ordenanza abrió la puerta con una llave maestra. En ese momento, Domingo le golpeó en una muñeca con una tubería que había desenroscado del saneamiento y huyó por el pasillo. Entró en una de las salas, donde golpeó tres o cuatro veces a un paciente de edad, Tony Robinson. En ese momento, apareció la enfermera Elisabeth Catlett, a quien golpeó dos veces, matándola en el acto.

El doctor Kurt Hartoch, superintendente del hospital, fue el primero en llegar a la escena del crimen. Cuando entró, Catlett y Robinson estaban tendidos en el suelo en medio de un gran charco de sangre. Malaxechevarría estaba agachado como un animal entre ellos. Miraba hacia abajo con la barra de hierro ensangrentada en sus manos. Intentó atacar al médico, pero este se defendió con una silla. Finalmente, lograron reducirlo entre tres personas. La policía declaró que Domingo sólo se calmó cuando fue encerrado en una celda, actuando como si no hubiese ocurrido nada.

Las razones de la actuación del pastor se las explicó al juez de Winnemucca en la vista preliminar, celebrada el 1 de octubre: “Aquella mañana yo estaba tumbado en la cama cuando la señora Catllet vino y cerró la ventana. Yo me levanté y la abrí. Ella regresó y la cerró. Le dije que no volviese a cerrar mi ventana. Más tarde, vino la señora Catllet con su marido (se refería al celador) a echarme la bronca mientras yo estaba en el baño”. El juez le preguntó si tenía algo más que añadir: “No me daban suficiente purgante. Sólo me lo daban una vez a la semana. Si pedía más, me echaban una brizna. No podía dormir y ellos no podían darme píldoras para dormir. Le pedí al doctor píldoras cuatro veces. El doctor le dijo a la señora Catlett que me diese píldoras para dormir. Esa noche me dio una píldora para dormir que no era una píldora para dormir. Ellos no me dieron laxante, ni ayuda para mi estómago. Siempre andaban detrás de mí, atacándome”

El 25 de septiembre, el fiscal acusó formalmente a Domingo Malaxechevarría del asesinato de Elisabeth Catlett, de 59 años, y de Thomas Robinson, de 86. En su documento de acusación, el fiscal resaltaba que, en el momento de los hechos, Echeverría, “hombre de gran fortaleza, no estaba loco” (“criminally insane”). El día 17 de octubre, el pastor compareció ante el juez, declarándose inocente. Por su parte, el juez le asignó de oficio al abogado Donald Leighton. Finalmente, solo fue acusado del asesinato de la enfermera y el juicio quedó fijado para el 5 de noviembre.

Los otros vascos Desde el primer momento, actuó como intérprete Nieves Dufurrena. Nieves, nacida en Nevada y casada con un vasco, era hija de vizcainos de Ea (sus apellidos de soltera eran Legarza Erquiaga). Era una mujer muy conocida en Winnemucca, activa en la parroquia y en múltiples actividades sociales.

El sheriff del condado se encargó de seleccionar el jurado. De 60 nombres propuestos, 13 eran vascos, de los que, finalmente, fue seleccionado Domingo Arangüena Bengoa, barbero de Winnemucca. Su padre era de Munitibar y su madre, de Ispaster. Como suplente, fue designado Fermín Gavica.

Condenado a muerte

Tras la selección de jurado, comenzó el juicio. El fiscal llamó a sus testigos. El principal testimonio fue el del doctor Hartoch, que contó cómo mantuvo a raya al pastor vasco hasta que llegó ayuda. Un paciente indigente afirmó que vio a la enfermera caer a sus pies. Por su parte, un policía declaró que había preguntado al vasco por qué había hecho aquello. A lo que contestó: “No importa. Mejor que esté muerto”. En su defensa, el abogado alegó “locura”.

Finalmente, el 10 de noviembre de 1951, el jurado encontró a Malaxechevarría culpable del asesinato de la enfermera, siendo condenado a morir en la cámara de gas. La pena le fue impuesta por el juez del distrito Merwyn Brown, quien, además, denegó la posibilidad de repetir el juicio. La ejecución debería llevarse a cabo en la prisión del Estado, en Carson City.

Un periódico local publicó: “Echeverría aparecía más calmado durante la lectura de la sentencia que en cualquier otro momento de su arresto. Por primera vez apareció en la corte sin intérprete”. En otra crónica se puede leer: “Después de que el juez Brown le impusiese la pena, el pastor se volvió a Donald Leighton, su abogado de oficio, y con algo parecido a una sonrisa, le dijo: “Bien. Esto significa el gas”.

El abogado trató por todos los medios de salvar la vida de su defendido y presentó una petición de clemencia y, al mismo tiempo, una apelación ante un tribunal superior. Pero ambas peticiones fueron rechazadas, fijándose la ejecución para el 26 de noviembre.

La ejecución

La víspera de la ejecución, según contó el alcaide A. E. Bernard, Domingo rechazó todos los beneficios de los condenados a muerte: hablar con alguien o algún deseo especial. Tampoco cenó. Eso sí: estuvo acompañado por dos sacerdotes católicos que le acompañaron hasta el último momento. A la ejecución asistieron, además del alcaide y el médico de la prisión, cinco testigos más. Entre ellos, John Etchemendy, propietario del Overland Hotel de Gardnerville. El alcaide declaró que “la cámara de gas funcionó perfectamente”.

Vascos en la fuerza naval francesa libre durante la Segunda Guerra Mundial

Juan Pardo San Gil

Entre los primeros en acudir al llamamiento del general De Gaulle para continuar la lucha por la liberación de Francia hubo hasta setenta marinos de ambos lados del Bidasoa que lucharon unidos

LA invasión alemana de Francia en mayo de 1940 acabó con la derrota de los aliados en suelo francés y la firma de un armisticio de rendición el 22 de junio por el nuevo gobierno que se aposentaría en Vichy. El anterior viceministro de Defensa, el general Charles de Gaulle, consiguió escapar a Londres unos días antes y el 18 de junio dirigía a los franceses por la BBC un llamamiento para continuar la lucha hasta la liberación de Francia. Aunque en Gran Bretaña se hallaba un buen número de militares franceses, solo unos pocos decidieron unirse a la Francia Libre; la mayoría prefirieron ser repatriados.

Aún con un número limitado de adhesiones, durante el verano de 1940, De Gaulle consiguió reunir una pequeña fuerza terrestre de 3.000 soldados, unos 900 marinos y 400 aviadores. Pronto, varias colonias francesas y numerosos simpatizantes de la causa aliada procedentes de países no combatientes, se irán incorporando también al movimiento. Tres años después sus fuerzas ascenderían a 50.000 hombres y mujeres en el Ejército, 12.500 en la Marina (civil y militar), 3.200 en la Aviación, 4.700 en la Resistencia y otros 1.900 en los comités de apoyo por todo el mundo. Más de la mitad de estas cifras eran ciudadanos nacidos fuera de Francia: casi 32.000 procedían de las colonias (mayoritariamente subsaharianos) y otros 5.000 aproximadamente pertenecían a diferentes nacionalidades, principalmente europeos y latinoamericanos.

Proseguir la lucha Las Fuerzas Navales Francesas Libres nacieron el 27 de junio de 1940, cuando llegó a Gibraltar el vicealmirante Émile Muselier, procedente de Marsella, y se reunió con las tripulaciones de 4 cargueros y un pesquero y un centenar de aviadores que habían escapado de Francia tras el armisticio. Todos ellos se mostraron dispuestos a proseguir la lucha, en consonancia con el llamamiento hecho por el general De Gaulle. Muselier se trasladó a Londres y colocó espontáneamente esta agrupación a las órdenes de De Gaulle, que el 1 de julio le designó comandante de las Fuerzas Navales Francesas Libres (FNFL) y provisionalmente de las Fuerzas Aéreas Francesas Libres (FAFL).

Las FNFL agruparon tanto a los navíos de guerra como a los mercantes de la Francia Libre. En su mayoría eran buques franceses refugiados en puertos británicos y puestos a disposición de De Gaulle por el gobierno británico. Las FNFL nunca tuvieron personal, ni repuestos suficientes para poner en servicio todos los buques entregados. En junio de 1942 contaban con 40 navíos de guerra operativos (de 65 disponibles) y 67 mercantes (de 170). El cuartel general estaba en Londres y operaron desde bases en Portsmouth, Greenock (Escocia) y numerosos puertos coloniales de África, América, Oriente Medio y el Pacífico.

Tras la ocupación aliada de Marruecos, Argelia y Túnez, la Francia Libre se fusionó con el mando civil y militar del Norte de África del general Giraud, creando el Comité Francés de la Liberación Nacional con sede en Argel. El 3 de agosto de 1943 las FNFL se fusionaron con las Fuerzas Navales del Norte de África para formar la nueva Marina Francesa de la Liberación. Las unidades que continuaron operando desde bases británicas se organizaron como una agrupación, denominada Fuerzas Navales en la Gran Bretaña, que mantuvo el espíritu de las antiguas FNFL hasta el fin de la guerra.

VASCOS EN LAS FNFL: EL PACTO FRANCO-VASCO

Entre los primeros en acudir al llamamiento del general De Gaulle había varios marinos vascos. El 1 de julio de 1940 firmaban su alistamiento los labortanos Pierre Dupin, Max Martín Ibarlucia, Jean Le Gasse, Paul Leremboure y René Miremont y el bajonavarro Armand Mailharin, que entonces servían en la Marina de Guerra o Mercante francesas. Durante el verano de ese año, una veintena más se incorporaron a las FNFL. Entre ellos estaba una mujer, Marthe Marie Larramendy, de San Juan de Luz, y el primer vasco peninsular alistado, el tolosarra Juan Antonio Castro Izaguirre, teniente de navío de la Marina Republicana durante la guerra civil y que en las FNFL haría toda la campaña del Pacífico como oficial del contratorpedero Triomphant.

En mayo de 1941, el Consejo Nacional Vasco, organismo que sustituyó temporalmente al Gobierno Vasco, firmó en Londres un acuerdo de colaboración con la Francia Libre (DEIA, 14-05-2011). Como resultado de ese acuerdo llegó a crearse una unidad militar vasca dentro de las FNFL en 1941, el Tercer Batallón de Fusileros Marinos. El batallón estaba formado por oficiales vascos o republicanos españoles y reclutas de diversos orígenes pero mayoritariamente latinoamericanos. Las presiones de los ingleses, que querían evitar Continúa leyendo Vascos en la fuerza naval francesa libre durante la Segunda Guerra Mundial

Txema Montero relata los procesos judiciales contra Sabino Arana

Por Txema Montero. Bilbao

ENTRE los años 1893 y 1902, Sabino Arana fue llevado en siete ocasiones ante los tribunales y se puede decir, sin incurrir en exageración, que casi toda su vida política activa resultó un vía crucis judicial. Las denuncias, interpuestas por el Fiscal del Rey por delitos que hoy denominaríamos “contra la Constitución, el orden público o traición e independencia del Estado”, terminaron en sobreseimiento o amnistiados, lo que no impidió que permaneciera en prisión provisional durante la instrucción de varias de las causas. En una sola ocasión fue condenado y cumplió pena efectiva de un mes y once días: un exconcejal y médico bilbaino llamado Filomeno Soltura le había acusado de injurias. Resulta interesante observar que esa única condena fue dictada por un Tribunal de Derecho, esto es, compuesto por jueces profesionales. En las demás ocasiones, cuando fue juzgado por un Tribunal de Jurado formado por sus convecinos, resultó siempre absuelto.

Estamos en septiembre de 1895, cuando en el semanario Bizkaitarra se publica un artículo titulado La invasión maqueta de Guipúzcoa. Fue el último número. La autoridad judicial lo clausuró, al igual que hizo con el Euskaldun Batzokija. Procesó a sus 110 socios y encarceló a la Junta de Gobierno, incluido Sabino Arana, quien permaneció en prisión preventiva hasta enero del año siguiente cuando, una vez absuelto por el Jurado, fue puesto en libertad. Arana Goiri fue defendido por Daniel de Irujo, padre del luego dirigente jeltzale Manuel de Irujo, quien durante la II República española fue ministro de Justicia y primer nacionalista miembro de un gobierno español. A su dimisión, en 1937, fue sustituido por Tomás Bilbao, de ANV.

No era ese el único vínculo familiar entre justicia y política presente en los estrados del tribunal durante aquel juicio. La fiscalía estaba representada por Fermín Moscoso del Prado, riojano de origen y afincado en Bilbao. En Arrigorriaga, precisamente, nació su descendiente Carlos Moscoso del Prado Iza, quien con el tiempo ingresó en el Ejército español. Destinado en Pamplona con empleo de capitán, fue pieza clave en la conspiración y rebelión facciosa en Navarra organizada por el general Emilio Mola Vidal en julio de 1936. Carlos Moscoso alcanzó el grado de general de brigada del ejército franquista. Su hijo, Javier Moscoso, quien Continúa leyendo Txema Montero relata los procesos judiciales contra Sabino Arana

El nombre de Bilbao está repartido por poblaciones, calles y marcas de todo el mundo

Por Amaia Mujika Goñi

El nombre de la capital vizcaina es el patronímico de muchos de sus hijos, así como la denominación de poblaciones, calles, plazas, establecimientos y marcas comerciales repartidas por todo el mundo

Bilbao es el nombre de la población y villa fundada por el Señor de Bizkaia, Diego López de Haro El Intruso, mediante Carta Puebla, el 15 de junio de 1300 y confirmado, 10 años más tarde, por Doña María López de Haro, a la muerte de su tío. Aquella pequeña puebla que, como reivindica el arquitecto Iñaki Uriarte, fue antes puerto que villa, siempre ha mirado al mar y al mundo a través de la ría, convirtiéndose en el siglo XV en importante enclave comercial al canalizar el tráfico entre la península y la Europa Atlántica y transformándose, a finales del siglo XIX, en una gran urbe industrial cuyo declive en los 80 del siglo XX le obligó a reinventarse para convertirse en una pujante y moderna ciudad de servicios.

Bilbao es, por extensión, el patronímico de muchos de sus hijos, cúmulo de vidas e historias, como el del linaje Bilbao La Vieja, cuya casa-torre estaba situada en la margen izquierda de la Ría a la cabecera del viejo puente de San Antón desapareciendo definitivamente sus ruinas en 1915 con el avance de la mina San Luis; el apellido dado a los expósitos de la villa a partir de 1709 y el de otras tantas gentes que, partícipes de distintos ámbitos de actividad, han destacado a lo largo de nuestra historia. Algunos, recordados por pertenecer a nuestro pasado reciente como el cesta puntista Ángel Bilbao Chiquito de Abando, el arquitecto Tomás Bilbao, artífice del estilo neo-vasco aplicado a cooperativas de casas baratas, el profesor y bibliófilo Jon Bilbao, creador de la base Eusko Bibliographia o la actriz Mariví Bilbao, perejil de todas las salsas escénicas, pero también de otros, que han dejado de formar parte de la memoria colectiva como Pedro de Bilbao, primer Prior del desaparecido Convento de San Agustín, en el emplazamiento del actual Ayuntamiento.

Por Bilbao se conocen también en el mundo otras poblaciones y lugares, firmas societarias y corporaciones, así como objetos y productos industriales a los que se ha renombrado igual que la Villa, por no hablar de la amplia obra literaria y artística titulada Bilbao. Son todas ellas, ejemplo de la creatividad local o el resultado de remarcar su imagen o procedencia, filiación o incluso fruto de la vocación de bilbainía de sus mentores. Un repertorio amplio, diverso y obligadamente limitado en el tiempo y obviamente subjetivo que, a lo largo de la historia, ha variado de sujeto pero cuyo objetivo final es ofrecer una muestra de su variedad e idiosincrasia.

Espacios Bilbao

Iniciamos la saga con los Espacios Bilbao que nos permiten retrotraernos a los tiempos de la conquista de América cuando los colonizadores, entre los cuales había una importante representación vasca, importó nombres de sus lugares de origen utilizándolos para renombrar las nuevas fundaciones, algunas desparecidas para siempre, otras escondidas tras modernas denominaciones y, las menos presentes en la toponimia actual. Entre las desaparecidas está la fortaleza Bilbao erigida en 1541 por Pedro de Vergara en la cuenca del río Zamora en Ecuador, durante la conquista del territorio de los Bracamoros. Engullida por la selva, sus ruinas fueron avistadas por un helicóptero en 1950. Nueva Bilbao fundada, en 1750, bajo la advocación de la Virgen de Begoña en el estado mexicano de Nueva Vizcaya por el encartado Joseph I. del Campo Soberón. Entre las repobladas con diferente denominación está la comuna Nueva Bilbao de Gardoqui situada en la desembocadura del río Maule, al sur de Santiago de Chile. Fundada el 18 de junio de 1794 por el gobernador O’Higgins, a solicitud “de un grupo de vizcaínos y en recuerdo de la patria ausente”, fue renombrada Constitución en 1828 y estuvo a punto de Continúa leyendo El nombre de Bilbao está repartido por poblaciones, calles y marcas de todo el mundo

Preocupación de la reina (3)

Fuera del sueño del Rey Juan Carlos I de España, en la antecámara de sus habitaciones, se oyó el sonido apremiante de una llamada telefónica. Como no cogía nadie el aparato, entró la reina Sofía, todavía en bata y con rulos. Comprobó que el monarca seguía durmiendo. Coincidió con otra ventosidad real. Se decidió por coger el teléfono.

-¡Aquí la casa real! … ¡No! Evidentemente no soy el rey. ¿No tengo voz de mujer? … Si es una cuestión muy importante, me la puede decir a mí. Soy la reina. … ¿Sólo quiere hablar con el rey? Entonces, …  ¿Es una propuesta para solucionar el lío de Urdangarín y de mi hija pequeña? Dígamelo a mí. Yo puedo …

A doña Sofía le sudaban las manos por el nerviosismo,

-Negociar con el rey será muy difícil. … Yo creo que no lo conseguirá. Es mejor que … No creo que consiga la mediación de otros miembros de la familia real. Dígame quién es. … ¿Ni siquiera quiere decirme quién es? … ¡Oh! Me ha colgado.

La reina se quedó muy preocupada por la llamada al rey que ella había protagonizado. Esa preocupación se añadía a la inquietud producida por la noticia de que el rey había tomado una decisión muy importante para el futuro de la monarquía. Se puso más nerviosa. Volvió a mirar a su marido. Seguía dormido y resoplaba.

-¡Felipe! ¡Dónde estás, Felipe, hijo!

La decisión de la reina fue localizar a su hijo el heredero con el fin de comentar con él sus preocupaciones. No tardó mucho en encontrarlo.

-Felipín, hijo, estoy muy preocupada.

-¡Madre, no te alarmes! Todo se puede solucionar.

-Tu padre ha tomado una decisión sobre el futuro de la monarquía.

-¿Qué decisión? – se interesó el heredero – ¿Me deshereda?

-No ha querido decírmelo. – se excusó doña Sofía – Sólo me ha dicho que lo va a cambiar todo.

-¡Lo va a cambiar todo! ¿Incluso la sucesión?

-No lo sé. ¡Todo! Ha dicho que todo.

-¡Madre, tranquilízate! – dijo Felipe temblando – Déjalo en mis manos. Yo me encargo de todo. Me enteraré de cuál es esa decisión tan importante.

-Tu padre ha recibido una llamada para negociar sobre Urdangarín.

-Ahí no hay nada que negociar. ¡Que pague lo que tenga que pagar! Tú, tranquila.