De cómo Adidas revolucionó el running (otra vez)

 

Durante años Adidas fue la referencia en atletismo. Atletas legendarios -no hace falta huir a los tiempos de Jesse Owens, el genial Gebrselassie ha batido récords con las tres bandas en los pies- calzaron los modelos alemanes en las pistas, asfaltos y rutas más importantes del mundo. Sin embargo, la apuesta por el fútbol, el empuje (y marketing) de Nike y la eclosión en el mercado de fabricantes especializados (Saucony, Brooks, Zoot, K-Swiss, etc.) hicieron que los alemanes pasaran a un segundo plano en la lista de favoritos de los runners.

 

No obstante, la multinacional germana se dio cuenta de que los negocios no son un sprint, sino una maratón y siguieron el ejemplo de sus deportistas: se marcaron una meta a largo plazo (10 años) y han trabajado duro en algo diferente para conseguirla. (Einstein decía que la única locura es “hacer siempre la misma cosa esperando diferentes resultados”).

 

 

Boost, el resultado de trabajo en equipo

 

Hay tres factores fundamentales a la hora de construir una zapatilla de running (y casi cualquier calzado). En primer lugar han de contar con una suela adherente pero ligera que permita al corredor avanzar seguro sobre casi cualquier superficie. El segundo factor es la amortiguación: lo suficientemente eficaz para minimizar el impacto del corredor contra el suelo, lo suficientemente firme para que no ralentice la marcha del atleta y lo suficientemente cómoda para adecuarse a las necesidades de cada distancia a recorrer. La última clave es el chasis y el tejido que componen la parte superior de la zapatilla. Ha de ser ligera, cómoda y estable.

 

Adidas miró a su alrededor y decidió colaborar con otras empresas alemanas que siempre se han caracterizado por su carácter innovador. Un acuerdo con la multinacional química BASF -la más importante del mundo- hizo que Adidas se encontrar en disposición de lanzar una nueva amortiguación que no sólo la colocara a la altura de sus rivales más aventajados, sino que la permitiera superarlos.

 

El Boost es ese compuesto revolucionario que nos proponen los alemanes. Una espuma de poliuretano termoplástico -el plástico duro con el que se hace el arco de las zapatillas convencionales sufre un proceso de transformación mediante presión y temperatura que lo hacen similar a la vista al corcho de embalar- dispuesta en su estructura en ángulos para que, además de ser un 30% más amortiguada que la legendaria EVA, tenga una respuesta mucho más reactiva. Estrictamente, el calzado nos devuelve parte de la energía del impacto y nos permite impulsarnos más fácilmente.

 

Lo que BASF llamaba internamente Infinergy, demostró tener unas cualidades perfectas para el atletismo. Tremendamente resistente a la abrasión o las roturas, este termoplástico se configuraba como una cápsula que se aislaba del exterior y que hacía que absorbiera mucha menos humedad que otros materiales de running. Era más eficiente frente al frío y al calor -mantiene su integridad a temperaturas extremas para la práctica de este deporte-  y, gracias a su estructura química funcionan como centenares de pequeños muelles sobre nuestros pies (hay unas 2.500 cápsulas de E-TPU en cada zapatilla).

 

 

 

El retorno de energía

 

Aunque el famoso anuncio de la bola de acero rebotando sobre una placa de Boost levantó muchas críticas (el cuerpo humano no se comporta en ningún caso de este modo) las mediciones en laboratorio -las pruebas ISO oficiales- demostraron un retorno de energía de la pisada que alcanzaba el 55%. El más alto del mercado muy por encima de su siguiente competidor -las Newton Energy- y a un mundo de la suela EVA clásica, que tan sólo nos devuelve un 37% y que, con su uso, pierde facultades rápidamente.

 

 

 

Para confirmar esta degradación más lenta que la de otros materiales Adidas llamó esta vez a su atleta Patrick Makau. La resistencia a la presión y la temperatura sorprendió a propios y extraños. Después de someter la suela a 40.000 cargas (a un ritmo de 5 por segundo) a una presión de 250 kilopascales, la placa de 40 mm de grosor tan sólo se comprimió 3. Un 75% menos que el material EVA. Esto, sumado al retorno de energía hizo que el atleta consumiera un 2% menos de oxigeno -menos fatiga- que con otro calzado de la propia casa (los estudios oficiales también lo compararon con el calzado de otros fabricantes).

 

 

El resto de la zapatilla

 

 

Como hemos dicho, construir una buena zapatilla no sólo era la amortiguación. Una goma válida para la mayor cantidad posible de superficies y un upper con la última tecnología eran los requisitos para el nuevo modelo sobre el que construir el resto del catálogo de los alemanes.

 

Para la suela trabajaron con Continental. El fabricante de neumáticos fue el elegido por varios motivos. Que fuera también alemán garantizaba una filosofía de empresa similar. Además, ya tenía tradición en el mercado de calzado deportivo (también es cierto que la anterior experiencia de Adidas fue con Goodyear) y realizaba compuestos para casi cualquier cosa en contacto con el suelo. Asimismo, en los últimos años Continental había renovado casi por completo su gama de neumáticos y había presentado multitud de compuestos que se habían ganado el aplauso de los especialistas por su excelente rendimiento tanto sobre suelos mojados como sobre secos.

 

El hecho de que la suela Boost fuera algo más blanda de lo habitual permitió crear un caucho ligeramente más duro -lo que permite una mayor integridad estructural y menos degradación en situaciones de calor, es decir, más durabilidad- y tiene un agarre sobresaliente. Especialistas de publicaciones como Foroatletismo o Runner’s World las colocan a la altura de las legendarias Under Armour Mantis y Monza, referencia absoluta en agarre pero con la durabilidad como talón de Aquiles.

 

La distribución de la goma en cuatro “columnas” permite que el agarre sea equilibrado en toda la superficie de la suela lo que, unido a la estructura uniforme del Boost hace que las articulaciones móviles de la pierna sufran menos y que el corredor sólo tenga que preocuparse de correr. Algunos puristas dicen que minimizará la técnica y hará que los corredores populares no se centren en este aspecto fundametal. Adidas dice que permitirán reducir la escandalosa cifra de un 82% de corredores amateurs que sufren lesiones cada año.

 

 

 

 

Por último, el Torsion System en el arco inferior de la zapatilla ha sido remozado para multiplicar la estabilidad del conjunto. La parte inferior de la zapatilla aúna las cualidades de sus mejores rivales. El agarre de una Under Armour, la sensación de comodidad de una Nike, la estabilidad de una Mizuno, el reparto del impacto de una ASICS… sólo queda la guinda del pastel.

 

Y como la mayoría de su enorme catálogo de atletas les recomendó, los ingenieros y diseñadores de la marca se pusieron de acuerdo en que había que minimizar las costuras, la fuente de multitud de heridas y molestias durante los entrenamientos y carreras. Para eso tiraron de nuevo de experiencia: las Glide 4 se caracterizaban por dejar gran libertad de movimientos al pie. Las Glide 5 por su chasis estable y sólido aunque sin ser demasiado ligero. Creó una malla algo más tupida que antes -similar a la de las LunarGlide de Nike- y la dotó de tecnología que permite mantener el pie fresco en verano pero más o menos cubierto en invierno.

 

Tanto el empeine como los dedos están sujetos sin soportar demasiada presión -algo que agradecerán quienes necesiten una horma algo más ancha-. Además, aprovecharon las legendarias rayas del logotipo para crear tres arcos que sujetan completamente el arco lo que unido al contrafuerte del talón hace que la estabilidad sea total.

 

 

Conclusión

 

Con paciencia, tecnología y diseño -nunca abandonaron su lenguaje que tanto éxito les ha dado en 65 años- Adidas había conseguido crear una zapatilla con todas las características para dar un golpe de efecto en le mercado. La primera en mucho tiempo que, realmente, valía para casi cualquier corredor y, además, con una tecnología perfectamente actualizable y extrapolable a toda su gama.

 

Es cierto que no existe la zapatilla perfecta (todo se puede mejorar) pero, por todo lo que os hemos contado aquí, hemos de decir que esta está muy cerca de serlo. En breve saldrá su segunda evolución (según los dirigentes de Adidas Running, el lanzamiento de la Supernova Glide Boost 6 es el cierre de la primera fase de su implantación y la mejor zapatilla de su historia). Millones de personas y varios récords del mundo lo avalan.

 

 

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