Bukeela ka, el secreto de Etiopía

 

En el suroeste de la antigua Abisinia, en la región de Kaffa se dio por primera vez el cafeto, un arbusto pequeño (aunque silvestre pueda alcanzar los 10 metros) de hojas oscuras y elípticas y semillas rosáceas o blanquecinas que, cuando se tuestan y muelen, nos desvelan el mejor regalo de la naturaleza: el café.

 

Cuenta la leyenda que un pastor llamado Kaldi observó el efecto que los frutos de esos arbustos habían provocado en sus cabras. Animado por sus síntomas tonificantes decidió probarlas él mismo y como el resultado se repitió, Kaldi llevó muestras de los frutos y las hojas a un monasterio (o a un santo musulmán, según la versión) donde los monjes probaron la infusión a fin de pasar despiertos los oficios nocturnos.

 

Sea ese su origen -o el de la historia de que los guerreros oromos del centro de Etiopía quienes las tomaban envueltas en grasa para afrontar mejor el combate- o no, su expansión antes del siglo XV por el universo musulmán fue rápido y, a pesar de su prohibición por su facilidad para alterar el orden público, cuando el alemán Leonard Rauwolf lo tomó en su viaje de diez años por Oriente Medio en 1583, el mundo se volvió cafetero.

 

 

Bukeela Ka Ethiopia

 

Nespresso es, probablemente, una de nuestras grandes adicciones. Su colección de Grand Crus, con cafés de intensidad, aroma y sabor 100% natural así como sus ediciones limitadas nos han enganchado desde su llegada a nuestro mercado.

 

La firma suiza ha querido homenajear el origen de su producto estrella con este café de pura raza (aunque el mercado está dominado por las variedades Centro y Latinoamericanas, para los puristas los robustos y arábicas africanos son la quintaesencia y la razón de vivir de la industria cafetera).

 

La mezcla de dos variedades arábicas nos regalan un café Unico Origen (100% etíope) con notas de entrada florales y refrescantes que pronto se revelan en almizcle silvestre y madera. La primera variedad tiene su origen en la región de Sidama donde los cafés nos recuerdan en su sabor al jazmín. El segundo es el fruto de un cafeto nacido en los bosques más exuberantes del Oeste de Etiopía: los granos se secan al sol y no se lavan para que adquieran un sabor profundo y unas notas mucho más potentes.

 

Una infusión perfecta para disfrutar lunga mezclado con jugo de pomelo o con leche (donde se vuelve ligera y nos recuerda al sabor de las galletas de café) mezclado con anís.

 

Además de sibarita, esta obra de arte es responsable ya que es compatible con el programa AAA Sustainable Quality por la que la multinacional helvética garantiza un comercio justo con los agricultores que les proveen de sus materias primas. Un placer digno de dioses y responsable con los hombres. ¿Qué más podemos pedir?

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