Mario Benedetti, el poeta sabio

 

Paso de los Toros es una pequeña ciudad ubicada en una orilla del río Negro en la mitad de Uruguay que, hoy día, tiene poco más de 10.000 habitantes. El enclave, conocido en su momento como un importante vado para cruzar el país era el lugar de residencia de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia, hasta que en 1922 se mudaron con su hijo de dos años, Mario, a Tacuarembó. Un paso corto y desdichado (les estafaron) que acabó con la familia en la capital Montevideo.

 

En 1928, el joven Mario inició sus estudios con ocho años en el Colegio Alemán de Montevideo, uno de los centros de enseñanza privada más reputado del país sudamericano. Sin embargo, en 1933 tiene que abandonarlo y pasa, durante un año al Liceo Miranda. En su nuevo centro sólo pudo cursar la mitad de sus estudios secundarios. Los problemas económicos que acuciaban a la familia hicieron que tuviera que acabar de formarse por su cuenta.

 

Desde su último año en el Colegio Alemán, Mario ya trabajaba en la empresa Will L. Smith, repuestos para automóviles donde acumuló suficiente dinero y experiencia para cruzar el Río de la Plata e irse a vivir durante tres años a Buenos Aires. Allí no sólo hizo contactos sino que empezó a perfilar su verdadera vocación: escribir.

 

En 1943 con sólo 23 años dirige la revista Marginalia donde publica su primer volumen de ensayos (relevantes): Peripecia y novela. Dos años después Benedetti se incorpora al equipo de redactores de Marcha donde permaneció hasta el cierre del semanario en 1974 a instancias del gobierno del dictador uruguayo Juan María Bordaberry. Desde dos décadas antes Mario era el director literario de una de las referencias de la literatura en castellano.

 

Benedetti fue siempre una persona de principios. En marzo de 1946 se casó con Luz López Alegre que, según él, fue siempre su “gran amor y compañera en la vida”. En 1950 desde su puesto en el consejo de redacción en el magazine Número, fue uno de los activistas más comprometidos contra el Tratado Militar que su país firmó con Estados Unidos. Ese mismo año recibía su primer Premio del Ministerio de Instrucción Pública por su compilación de cuentos “Esta mañana”. El literato lo recibiría casi de modo sistemático hasta 1958… cuando renunció a él (y a volver a recibirlo) porque no estaba de acuerdo con el modo en el que se asignaban.

 

 

Latinoamericano comprometido

 

Si algo caracterizó a Benedetti, como hemos dicho, fue su compromiso con sus valores. Desde su columna literaria “Al pie de las letras” del diario La mañana fue uno de los mayores defensores del teatro y la cultura latinoamericanas. En la revista Peloduro dejaba ver sus dotes críticas y su vis cómica como colaborador. Además, era crítico de cine en La Tribuna Popular y fue uno de los mayores defensores de la cultura cubana y de figuras como Rubén Darío en México.

 

Su ponencia en 1968 “Sobre las relaciones entre el hombre de acción y el intelectual” recibe tal apoyo que lo convierte en Miembro del Consejo de Dirección de la Casa de las Américas de La Habana donde aprovecha su cargo para crear el Centro de Investigaciones literarias, uno de los más prestigiosos del mundo en su ámbito.

 

Sin embargo, cuando la cultura dejó de ser suficiente, a pesar de tener la vida mucho más que resuelta, Benedetti se unió a miembros del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros para crear  el Movimiento de Independientes 26 de marzo, una plataforma que se integró en el bloque de izquierdas Frente Amplio hasta que la fuerza se impuso en lo que debería haber sido un proyecto político diferente en el panorama marxista-leninistas que se suponía contrapeso al liberalismo estadounidense.

 

El golpe de estado de 1973 hizo que Benedetti renunciara a su recién estrenado cargo (1971) como director del Departamento de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República de Montevideo.  Casi cuatro décadas después una de las mentes más preclaras de la historia del pequeño país vuelve a cruzar el Río de la Plata con Buenos Aires como destino. De allí también tuvo que huir a Perú donde fue detenido, deportado y amnistiado para llegar, finalmente, a Cuba. Sólo tres años después, con la dictadura recién terminada en España, Benedetti llega a Madrid donde pasaría casi una década alejado de su mujer, quien tuvo que quedarse en Uruguay cuidando de las dos madres de la pareja.

 

Durante los años 70 Benedetti fue un hombre sin hogar que volvió varias veces a Cuba, se instaló en Palma de Mallorca, recibió varios galardones de calado y colabora con el recién nacido diario El País. En 1983, harto de su lejanía del gran amor de su vida, comienza lo que él mismo llamó el “desexilio”, un periodo que marcaría gran parte de su obra que, por cierto, inspiraría la obra de Joan Manuel Serrat “El sur también existe”.

 

Con la caída del dictador de origen vasco, Benedetti vuelve a la primera plana de la actividad política en su país. Si bien es cierto que participó en la derogación de algunas leyes que pretendían minimizar el impacto de los crímenes cometidos durante las décadas de horror de Bordaberry, Mario siempre se mostró como un ideólogo de encuentro en el que la recuperación social estaba muy por encima de la venganza y la victoria.

 

En 2006, después de varios años en los que cosechó el reconocimiento internacional merecido, Benedetti sufre un golpe que le lastraría aún más que su enfermedad respiratoria: su gran amor, Luz, fallece. La mujer con la que compartió 60 años de matrimonio y 10 de exilio le dejaba solo y sólo pudo sobrellevarlo de un modo, escribiendo: “Cómo la necesito. Dios había sido mi más importante carencia pero a ella la necesito más que a Dios“. Su obra, “Canciones del que no canta” repasa lo que él mismo definió como “una vida que no fue fácil”.

 

El 17 de mayo de 2009, a los 88 años de edad Mario moría en su casa de Montevideo. Unos días antes Pilar del Río, la mujer de su amigo José Saramago, hizo una “Cadena de Poesía” mundial que quería acompañarlo y apoyarle en sus últimos momentos. Sin duda, la mejor despedida posible.

 

 

Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto,

cambiaron todas las preguntas

 

Mario Benedetti.

Analizamos la “moda SUV”

 

Son uno de los pocos segmentos que no han notado demasiado la crisis de ventas del sector automovilístico. Modelos (sobre todo los del nicho B) que han importado directamente de Estados Unidos el concepto de conducción tranquila, alta y, en muchas ocasiones, con tracción a las cuatro ruedas, pero lo han adaptado a las necesidades europeas: un tamaño y, sobre todo, unos consumos más contenidos. Se trata de los SUV (Sport Utility Vehicles o Vehículos Deportivos Utilitarios), un fenómeno al que algunos catalogan de moda pero que lleva con nosotros bastante más de un lustro.

 

 

Nuestro elegido

 

Vicisitudes de la vida hicieron que de forma inesperada cayera en nuestras manos un Nissan Qashqai con mecánica 1.6 dCi de 130 caballos, caja de cambios manual de 6 relaciones y tracción total en acabado Acenta -mucho más que suficiente para el día a día y para ser una versión de acceso-. Un modelo -el más vendido de la marca según nos ha explicado el fabricante- que lleva tiempo cosechando éxitos en toda Europa y que nos exige una factura de poco más de 27.000€ sin tener en cuenta promociones ni planes PIVE o similares.

 

Se trata del octavo más vendido en el continente (202.593 unidades entregadas en su último año de vida comercial) por detrás sólo de leyendas como los VW Golf y Polo, Ford Fiesta y Focus, Opel Corsa, Renault Clio o Peugeot 208. Todos ellos modelos mucho más pequeños, ahorradores… y baratos. ¿Dónde reside su éxito? Sea cual sea, la fórmula ha conseguido que Nissan se cuele entre los fabricantes de más éxito en mercados tradicionalmente poco agradecidos para los fabricantes orientales como el italiano (7º), el español (9º) o el alemán (9º también).

 

 

 

 

 

Toma de contacto

 

Su presentación es, sin duda, llamativa. Los faros xenón anuncian una salida del garaje bastante espectacular. El modelo es bastante compacto por fuera (su longitud es la misma que la de un SEAT Leon y ahí es donde se ve fácilmente su origen en la plataforma para el segmento C de la Alianza Renault-Nissan) pero espacioso por dentro. Para alguien venido del mundo de los compactos todo es más fácil. No hay que controlar distancias interminables como en las berlinas y, al ir más alto, más aún que en un monovolumen, la sensación es de más seguridad.

 

El cuarto coche más vendido del año en España (con algo más de 20.000 unidades por detrás de C4, Megane e Ibiza, aunque los dos primeros se comercializan en muchas más variantes de carrocería) tampoco desentona, a priori, por dentro. No tiene los acabados de un modelo alemán, pero sí goza de una buena carga tecnológica y de seguridad, de serie. Cualquier a de sus rivales europeos nos regalan más calidad percibida, pero también una factura mucho más abultada. Un Volkswagen, por ejemplo, nos pedirá algo más de 31.000€ por un Tiguan con la misma dotación y Ford, más de 27.000€ por un Kuga con menos motor y menos opciones.

 

Parece, por tanto, que sobre el papel, no es una mala opción. Tiene más hueco que un compacto por dentro, un diseño más atractivo que el de un monovolumen, un precio más atractivo que el de la mayoría de las berlinas, un consumo contenido y ese plus que nos da la tracción total.

 

 

 

 

 

 

Comportamiento

 

Cuando empezamos a callejear por Bilbao el modelo se nos antoja bastante manejable. Ir unos cuantos centímetros por encima de la mayoría de los demás conductores es cómodo y nos permite calcular distancias con cierta facilidad. Además, su mayor presencia -la altura es la altura- nos da sensación de seguridad (más adelante explicaremos que es sólo sensación) y de control de lo que nos rodea. Además, el consumo no es disparatado y, si hacemos caso a la centralita y cambiamos antes de las 2.000 rpm, es difícil que el consumo se dispare por encima de los 6,2 litros.

 

Sin embargo, el peso del Qashqai es, como en el caso de sus compañeros de segmento, su mayor pero. El modelo supera holgadamente los 1.600 kilos y eso hace que sus inercias sean mayores a las de un compacto. Además, su mayor superficie lo convierte en un modelo mucho menos aerodinámico que una berlina y su alto centro de gravedad lo hace mucho menos estable que su equivalente monovolumen.

 

Lo notamos en autopista. La colección de ciclogénesis que está azotando el Cantábrico nos deja un mal recuerdo en forma de viento lateral y, aunque la tracción se acopla al más mínimo atisbo de pérdida de agarre, las correcciones son constantes para seguir una trazada limpia sobre el asfalto.

 

Por lo demás, el comportamiento es noble. Aunque sabemos que esto depende del fabricante (y que los otros dos rivales antes mentados tienen un comportamiento mucho más directo y eficaz), el concepto de modelo anima a ir despacio. Para controlar mejor la carretera y el consumo ya que, aunque es difícil disparar el gasto, también es harto complicado bajar de 5,6 litros en tramos en los que un compacto con el mismo motor los cubre con 5 litros. Al final de año la diferencia es importante.

 

 

 

 

 

El día a día

 

Respecto al uso diario (espacio, maletero, etc.) hemos de decir que, salvo para los mayores, el acceso es sencillo. A diferencia de un monovolumen, tenemos que “subir” al habitáculo, aunque el desnivel es tan escaso que montarnos es muy cómodo. Una vez dentro, para bien y para mal, se nota que es la plataforma de un compacto. Cuatro personas van muy cómodas. La quinta un poco más justa… y no queremos imaginarnos cómo irán los pasajeros de las plazas 6 y 7 de un Qashqai+2.

 

En cuanto al maletero el SUV cuenta con 400 litros, una medida más que suficiente para las necesidades diarias de una familia media. Es cierto que está lejos de 500 litros de su prima Renault Scenic, pero también que es bastante más grande que el de un Megane berlina. Su único problema es que su borde de carga está a 78 cms: cómodo si llevamos algo liviano o en altura, muy complicado si tenemos que subir algo pesado desde el suelo.

 

 

Conclusión

 

Los SUV son coches curiosos. Llamar vehículo utilitario deportivo a un Qashqai (por lo de deportivo) o a un Q7 (por lo de utilitario) es algo que nos resulta llamativo. Sobre todo cuando un Ibiza FR o un Golf GTI no tienen esa denominación -y la cumplen a rajatabla-. No son los más baratos (un compacto lo es mucho más), ni los que tienen más espacio (les ganan las berlinas y monovolúmenes), tampoco los más ágiles, ni los más eficientes. Ni siquiera son los más seguros (lo que ganan con la tracción total lo pierden en estabilidad), sin embargo, a pesar de que nos presentan facturas que superan fácilmente los 24.000€ siguen creciendo. Primero los grandes (Q7, Cayenne, Touareg, X5 y compañía), después los medios (con el Nissan a la cabeza) y ahora los más pequeños (Opel Mokka, Ford Ecosport, etc.).

 

Son una compra pasional. Una compra que se nutre de las debilidades de los demás segmentos en vez de purgar las suyas propias. Para la mayoría de nosotros son más baratos que una berlina, más seguros que un monovolumen, con más espacio que un compacto… y con un aspecto mucho más apetecible. Puro diseño. Suficiente para justificar unas ventas millonarias. Si no, ¿cómo explicamos que el MINI sea el más deseado? Nosotros, mientras, seguimos prefiriendo ir más abajo… y más rápido.

 

 

 

Proteínas, aprende a consumirlas

 

Son la herramienta imprescindible para ganar músculo correctamente. Imprescindibles en cualquier dieta, tienen muchas más funciones de las que creemos: intervienen en la creación de hormonas, mejoran las defensas y son fundamentales en el ejercicio -y nuestro día a día- al formar parte del proceso de contracción muscular y servir de fuente de energía para nuestro sistema motor. De hecho, aunque el cuerpo emplea como “combustible” las grasas o los hidratos de carbono, su presencia en el organismo hace que la musculatura se desarrolle más rápida y correctamente.

 

El problema es que, mientras que tenemos un “almacén” limitado para hidratos de carbono en el hígado y los músculos (como bien explica en el número de este mes de Men’s Health la experta en nutrición Anabel Fernández) y otro “ilimitado” -lo sabemos por experiencia- para las grasas, el extra de proteínas se pierde. Peor aún, se usan como fuente de energía y generan unas sustancias de desecho nada buenas para el organismo.

 

La Organización Mundial de la Salud recomienda un consumo de entre 0,8 y 1 gramos diarios por cada kilo de peso. Para los deportistas, en función de su actividad, recomiendan una tasa ligeramente superior. Así, el American College of Sport Medicine explica que para atletas o nadadores -ejercicios de resistencia- su ingesta recomendada es de entre 1,2 y 1,4 gramos diarios por kilo y para los que practican deportes de fuerza, un máximo de 1,7 gramos.

 

Como refleja el magazine, la última Encuesta Nacional de Ingesta Dietética refleja que en el Estado se consumen 1,6 gramos por kilo… y cuando seguimos una dieta para ganar músculo el consumo se dispara hasta los 3 o 4 gramos. Es decir, si con una dieta normal tenemos la cantidad de proteínas que necesitamos, debemos tener cuidado con lo que comemos cuando nos ponemos un reto por delante.

 

Es por eso que tenemos que aprender a ingerir las proteínas. Si queremos aprovechar al máximo sus efectos reparadores de la musculatura y el anabolismo (creación de masa muscular, lo contrario al catabolismo), lo ideal es tomarlas con hidratos de carbono justo después de entrenar.

 

 

Proteínas de alto valor biológico

 

Esta es, sin duda, una de las expresiones más problemáticas que podemos encontrarnos cuando nos disponemos a consumir un producto. Para solucionarlo hemos echado mano del Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación.

 

Las proteínas están conformadas por una determinada cantidad de aminoácidos que, a su vez, se dividen en dos grupos: aminoácidos esenciales y no esenciales. Los segundos son aquellos que nuestro organismos puede producir de forma endógena. Los segundos son aquellos que necesitamos captar mediante la dieta para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

 

Los esenciales son la leucinaisoleucinavalinatreoninametioninafenilalaninatriptófano y lisina. Así, cuando un alimento tiene uno de estos aminoácidos esenciales en una cantidad adecuada para el ser humano, decimos que tiene un alto valor biológico. Los productos que mejor se ciñen a esta característica son la carnes magras, el pescado, huevos, leche, queso y yogur.

 

Los alimentos como las legumbres, cereales, frutos secos, semillas y verduras también nos proporcionan proteínas y no debemos descartarlos nunca de nuestra dieta, sin embargo, estas no son esenciales. De hecho, la mezcla de determinados productos vegetales puede redundar en un valor biológico mayor que el de los alimentos animales antes enumerados.

 

La duda que nos surge ahora es cómo pueden satisfacer ciertas necesidades aquellos que tienen una dieta vegetariana estricta y no consumen ningún producto de origen animal. Complicado.

Normas ineludibles cuando vistes traje

 

 

Sois muchos los que estáis a la caza de un traje. Motivos laborales, personales -la cena de San Valentín está a la vuelta de la esquina- o de ocio (bendita temporada de bodas) hacen que los meses de febrero y marzo sean bastante activos en las sastrerías. Mientras deshojáis la margarita sobre qué modelo de los que habéis visto os gusta más, aquí tenéis unas pequeñas normas que pueden ayudaros en la elección.

 

 

  • No es una inversión, pero tampoco ahorres: es cierto que la sastrería está menos sujeta a las tendencias que la moda casual pero también es cierto que los trajes tienen “fecha de caducidad”. Aunque no existe el concepto de inversión (un traje para toda la vida), gastarnos un pequeño extra no sólo es la diferencia entre ir vestido perfectamente o dar el cante. Además, los tejidos más nobles durarán más en el tiempo y, si está bien patronado, podremos usarlo durante varias temporadas sin problema.

  • Ten claro tu estilo (y sé fiel a él): aunque todos nos parezcan iguales, cada traje -cada sastre, cada firma, cada país- tienen una interpretación diferente de la sastrería. Si te gustan los trajes de corte más moderno (e italiano) ten en cuenta el ancho de la solapa y de la corbata. Deben ir relacionados y como los trajes más en voga cuentan con solapas ligeramente más estrechas, la corbata también ha de serlo. Lo mismo ocurre con el pañuelo. Nos parece un complemento perfecto para redondear un estilismo pero llévalo sólo si te encuentras a gusto con él. ¿Cómo combinarlo? En contraste con el traje y ligeramente combinado con la corbata. Ligeramente significa que no pueden compartir estampado y, a poder ser, tampoco tejido. Por cierto, la doble apertura trasera es más moderna, pero a algunas personas les sienta mejor una sola.

 

 

  • La diferencia está en los detalles: con unos pocos golpes de vista sabrás si el traje que llevas puesto es el tuyo o no. Empieza de arriba a abajo:
    • El cuello. La solapa debe apoyarse completamente por la espalda en el cuello de la camisa. No debe haber huecos.
    • Los hombros. Por mucho que tu madre te vea el traje justo (suele ser buena señal) fíjate en que la americana se apoya completamente sobre ti. Hay continuidad entre el hombro y la manga y ni quedan huecos vacíos -que hacen unas arrugas muy poco estéticas- ni la bocamanga está a reventar.
    • El largo de mangas: sabrás que es correcto si, con un largo correcto de camisa, su puño asoma un poco más de un centímetro del puño de la americana.
    • Largo de la americana: la medida sartorial indica que ha de ser la mitad de la distancia desde el cuello hasta el suelo. Como no todos tenemos las mismas proporciones, un truco, la americana tiene que ser tan larga como tu brazo estirado con el puño cerrado. Debe cubrir completamente nuestros cuartos traseros.
    • Ancho de la americana: la prenda debe quedarte ceñida pero debes poder meter la mano entre la camisa y la chaqueta sin problema en el punto de atado. Por cierto, el último botón (sí, el de más abajo) no se ata nunca.
    • Cintura del pantalón: la mayoría de los trajes modernos no llevan pinzas con lo que el pantalón debe ajustarse totalmente de cadera para abajo. Sabrás que todo está bien si los bolsillos se abren un poco sin llegar a hacerse arrugas horizontales en la parte superior de la pernera.
    • El bajo del pantalón: aunque es fácil de arreglar, haz caso a quien te está atendiendo. Con vuelta o sin ella, su caída debe ser limpia por la parte trasera (nunca llegar al comienzo del tacón del pantalón) y casi sin arruga en la zona delantera. Por eso se retoca con forma.

  • Código de color: los tonos grises (oscuros y claros) son, con el azul marino los más versátiles. Los trajes negros tienen su momento -la noche, funerales, galas, etc.- y los marrones, son una buena opción informal en determinadas épocas del año. Si es tu primer traje opta por un tejido sin estructura, te ayudará en las combinaciones. Respecto a la camisa y la corbata, es más sencillo de lo que parece. La camisa dotará de personalidad al conjunto pero cuando la ocasión lo requiera, el blanco es la única opción. La corbata, por su parte, ha de ser más oscura que la camisa en cuestión. Con estas normas básicas el éxito está asegurado.

  • Chaleco sí o chaleco no: la tercera pieza tiene una utilidad más práctica que visual. Da calor. Eso lo hace recomendable en determinadas épocas del año. Si no necesitas ese extra, queda a tu gusto. Adquiere un toque formal y de negocios. Eso sí, el último botón siempre desabrochado y asegúrate de que hay espacio para él dentro de la americana.

  • Accesorios: ya hemos hablado del pañuelo y la corbata, pero quedan otros accesorios como el calzado, el cinturón, los calcetines y las camisetas. Zapato marrón o negro es una de las disyuntivas más habituales. Con el negro no fallas nunca. El marrón no está mal para eventos de día poco formales y trajes grises claros, marrones y azules. Respecto al cinturón, siempre en el mismo tono y material que el calzado. Ha de ser fino y con una hebilla elegante. Respecto a los calcetines, puedes combinarlos con el zapato -lo más formal-, el traje -tampoco queda mal- o dar una nota de contraste si te sientes muy seguro y no es un acto de etiqueta. Eso sí, han de ser lo suficientemente largos para que nunca se vean las piernas. Por último la camiseta. No se nos ocurre cuando usarla… excepto si sudas mucho. Tu camisa y tu estética te lo agradecerán.

  • El nudo de la corbata: este alargado trozo de tela puede echar por tierra todo nuestro esfuerzo si no lo cuidamos con esmero. Hay un nudo para cada tipo de cuello. Si se trata de una camisa con cuello italiano, alto y abierto, os recomendamos un nudo doble que de más empaque al conjunto. Si, por el contrario, se trata de un cuello inglés, más cerrado, la mejor opción será un nudo sencillo (da igual que sea Windsor o no). Una vez que has dejado bien el nudo -si consigues que tenga un pequeño hoyuelo debajo habrás conseguido darle un toque informal que siempre queda bien- fíjate en el largo. La corbata nunca debe sobrepasar la pretina del pantalón y, ¡ojo!, la parte trasera de la corbata nunca debe ser más larga que la pala exterior.

Ahora que ya tienes todas las claves sólo falta que te acuerdes de que siempre que te sientes hay que desabrochar la americana y que debe estar guardado en el armario en una funda, con la americana abierta y los pantalones bien estirados. Si se te resbalan tienes dos opciones: comprar una percha con antideslizante -la que te hayan dado en la tienda probablemente lo tenga- o usar el sistema de los sastres de Savile Row. Infalible.

Para la elaboración de esta pequeña guía nos hemos ayudado de la web BuzzFeed, la página Put this On, el “Manual del Perfecto Caballero“, así como las guías de estilo de GQEsquire y los cursos de formación de sastrería de Massimo Dutti. Gracias a todos ellos.

 

Las zapatillas que no puedes perderte esta primavera

Aunque todavía nos queda un poco de invierno por delante (probablemente la peor parte) las horas de luz empiezan a aumentar y las ganas de primavera -y vacaciones de Semana Santa- se disparan. Precisamente por eso os adelantamos seis modelos de zapatillas que marcarán tendencia en cuanto el clima mejore. Iconos de otra época actualizados para lucir como el mejor de los zapatos.

 

 

  • LeCoq Sportif Eclat: la versión francesa de las tan de moda hasta ahora New Balance es un mito desde su primer lanzamiento en 1989. Su suela EVA y sus cuidados acabados -están rematadas con un gusto exquisito- nos llevarán directamente a una sensación de confort de primera. Además, existen decenas de combinaciones de colores y son más baratas que las angloamericanas. Una delicia tomada directamente de los años dorados del Tour. (80€, aunque si buscas en alguna tienda de deporte las encontrarás por un precio mucho más competitivo).

 

  • Munich Lasarte: y si los galos tienen su leyenda del deporte y del calzado, por aquí tenemos Munich. Los catalanes llevan fabricando calzado técnico desde 1939. El rugby, fútbol sala, balonmano y boxeo fue su primera especialidad. Desde hace un tiempo, también la moda. Son zapas bien terminadas y con multitud de combinaciones de colores en su diseño. Te durarán años. (80€).

 

  • Adidas Stan Smith: a caballo entre lo mejor del tenis de los ’80 y los músicos de los ’90, la marca alemana está decidida a relanzar una de sus líneas más legendarias, las Stan Smith. Aunque las más famosas son las impolutas blancas con la talonera en tono azul, verde o rojo, las nuevas colecciones permiten todo tipo de detalles -empezando por tonos como el marrón oscuro o el negro-. Construidas íntegramente en piel, son todo un ejemplo de lo bien que la casa cuida sus mitos. Algo más caras que las anteriores (desde 95€. Las hay personalizables por 125€).

 

  • Converse Jack Purcell: la que es, probablemente, la zapatilla más famosa e imitada del mundo tiene en esta colección una reinterpretación de lo más sofisticado. Pieles y telas más nobles de lo habitual. Una suela algo más trabajada -es menos gruesa-, una lengüeta bordada, tonos totalmente en voga e incluso las arandelas en el tono de la bamba convierten esta colección en un ejercicio de diseño de primera. Además, son baratas. (Desde 45€).

 

  • Karhu Fulcrum Star: ¿quién no tuvo unas en sus años mozos? Los finlandeses son expertos en materiales resistentes y en buenos acabados. Ahora, además, han añadido a todo esto un poco de color para crear una colección Originals que no tiene desperdicio. Nosotros nos quedamos, por originales, con las verdes, pero la colección es prácticamente interminable. ¿Quién puede resistirse al modelo que se lanzó en los ’80 para conmemorar los éxitos del mismísimo Emil Zátopek? (Desde 50€).

  • Zara Running: de acuerdo que no tienen el escudo nobiliario de ninguna de las anteriores. No las ha calzado ninguna leyenda del deporte -que sepamos- ni tampoco batirán ningún récord olímpico, pero su diseño (y su precio) las hace mucho más que recomendables (si tienes intención de ganar alguna maratón, te recomendamos que dejes esta lista y te compres unas Flyknit de Nike). Su combinación de materiales y sus refuerzos al más puro estilo años 70 hacen que sean perfectas para llevar con unos pantalones slim bien remangados. Puro estilo. (49,95€).