Un hecho casi sobrenatural

Ayer supimos que Paco Alcácer ha sido padre. La criatura, que se llama Martina, nació hace más de un mes pero el hombre, como juega muy poco, no tuvo la oportunidad de contar hasta ahora su buena nueva. Alcácer, sustituto de Luis Suárez en el nueve azulgrana, recibió el balón del costado izquierdo completamente solo en el área y eso, tratándose del delantero centro, aunque sea Alcácer, suena raro, ¿no? Como a desatención procaz por lo menos. Pero a lo que íbamos. El feliz padre se metió entonces el dedo gordo en la boca, como emulando a un bebé mamando, y así nos lo anunció.
Desde hace unos cuantos lustros, Los jugadores matan dos pájaros de un tiro chupándose un dedo: por un lado dan carnaza a los cronistas deportivos y por añadidura dan lustre a los ecos de sociedad. Pero lo de Messi me ha dejado descolocado, debo reconocerlo. Su tercer hijo, Ciro, nació hace una semana y él sí que tuvo ocasión de celebrarlo el pasado miércoles a lo grande, masacrando al Chelsea en la Champions. El gol de Messi lo teníamos previsto, para qué nos vamos a engañar, más que nada porque ya es una tradición (y van 24) consolidada. Pero el contoneo con el que festejó el sucedido sorprendió al universo. Porque, ¿qué tenía de excepcional marcarle un tanto al Athletic, si eso lo ha convertido en pura rutina? Enseguida comenzaron a propalarse sagaces interpretaciones. Hubo quien atisbó un sutil acontecimiento: se trata de una cifra redonda, su gol número 500 con el Barça pero, ¡ojo!, tan solo desde que luce el diez en la espalda (descontando, lógicamente, los anotados cuando llevaba el número treinta y el diecinueve).
Aunque el bailoteo del genio tenía poco de sabrosón, su amistad con Yerry Mina le ha dejado huella, hasta el punto de iniciarse en la salsa choke, una modalidad de la cumbia que bien domina el espigado central colombiano. Sin embargo la hinchada simplemente vio lo evidente: que Messi está feliz porque juega mejor que nunca y mejor que nadie, ha tenido otro hijo (¿le darán el carnet de familia numerosa?) y la vida le sonríe. Estaba tan motivado el argentino que aquello tenía toda las trazas de acabar en una escabechina de las que hacen época. Mira tú que Ziganda había adquirido la costumbre de jugar a domicilio con trivote y bien tapadito en defensa, sublimando hasta el bochorno la derrota. En consecuencia, y visto el perfil del rival, se dijo: de perdidos, al río. Presión adelantada (y suicida) y con Sabin Merino como delantero centro a ver si por un casual, y es mucha casualidad que a un futbolista que no anota un gol desde octubre de 2106 le llegue la inspiración divina en el mismísmo Camp Nou.
Sin embargo ocurrió un hecho casi sobrenatural. Comenzó la segunda parte y el Barça se transformó en un equipo lánguido y melancólico. Messi desapareció como por ensalmo, los jugadores del Athletic agarraron la pelota, la hicieron suya e incluso amenazaron con violentar la portería de Ter Stegen. Pero ahí se quedó todo. En mero amago y evidente impotencia. Ni con Williams en el campo, que desde que renovó con un contrato de aúpa no le pega un palo al agua, ni con Aduriz, cuyo inevitable declive provoca espanto porque nada hay detrás. Se puede añadir como dato a destacar el equilibrio que aportó el cambio de Iturraspe por Beñat, el futbolista que se quedó mirando impertérrito cómo Messi recibía el balón en la corona del área y sin mayor obstáculo marcaba el 2-0.
“El Barça estuvo sólido” en la segunda parte, ponderó Ziganda, lo cual corroboró después Valverde en respuesta al criterio de su viejo amigo, además de añadir que sus chicos “levantaron el pie del acelerador” tras el intermedio.
Yo tengo otra versión para explicar semejante transfiguración. Valverde les dijo en el descanso: Messi, todos los demás, escuchad: no hagáis más sangre al león herido. Hacerlo por mí, que soy un sentimental y llevo el Athletic en mi corazoncito.
Ziganda acabó satisfecho. “Les he dicho a mis jugadores en el vestuario que nos podemos mirar a la cara”, dijo. Antes, en el entreacto del partido, se barruntó la tragedia; la inminencia de una dura goleada; la incapacidad manifiesta. Quizá se evitó un suceso. Es probable que Ziganda tan solo haya ganado un poco más de tiempo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *