Creer o no creer, he ahí la cuestión

La denominada ventana FIFA coincide además con el inicio de la Semana Santa, un tiempo propicio para la reflexión sobre lo divino, lo humano y los propósitos de enmienda, y mira tú, casualidades de la vida, los jugadores del Athletic se han empleado en ello con ahínco. Está muy bien que lo hagan, pues de algo hay que hablar cuando todavía faltan nueve jornadas para agotar la liga, el equipo languidece en la decimotercera posición y la hinchada está en plan Santo Tomás el Apóstol, que para nada se creía el rollo ese de la resurrección, hasta que Jesús se le apareció con sus llagas supurantes a causa del terrible martirio y le soltó una regañina bíblica por su poca fe.
Salvando las distancias, obviamente, algunos jugadores también han arrojado alguna que otra reprimenda al aficionado incrédulo, que por desgracia son legión, aprovechando estos días como de armisticio. Resulta que Ziganda y buena parte de sus discípulos regresaron hasta contentos del Camp Nou, obviando la clara derrota, al amparo de aquella segunda parte que desarrollaron frente al Barça, donde mostraron empeño y orgullo, es decir, lo mínimo indispensable en el fútbol profesional, ante unos rivales que para entonces ya habían cerrado el quiosco.
Precisamente eso, la evidencia de que el equipo azulgrana levantó el pie del acelerador y luego apretó el freno, es lo que ha procurado esta especie de letargo a la espera de acontecimientos. Es probable que una goleada de escándalo en Barcelona, según presagiaba la primera parte, habría puesto al técnico navarro en una situación insostenible. Argumentos sobraban y la ventana FIFA proporcionaba la excusa perfecta: dos semanas de tregua. Un tiempo precioso para atemperar los ánimos y tomar decisiones.
En la Real Sociedad, sin ir más lejos, sus dirigentes entraron a las bravas y optaron por una terapia radical. Fuera el entrenador, Eusebio Sacristán, y fuera el director deportivo, el inefable Lorenzo Juarros, sobre quien la hinchada descargó su cabreo tras derrota con el Getafe.
En cierto modo, Athletic y Real han llevado trayectorias similares. Muchas expectativas sin cumplirse. Demasiada frustración. Y un episodio, la eliminación copera ante rivales de Segunda B, que ya está entre los eventos más sórdidos de sus respectivas historias. Si acaso, el Athletic puede alardear de que pasó la primera eliminatoria en la Europa League y tiene ahora mismo dos puntos más en la competición doméstica que su entrañable vecino.
Sin embargo hay diferencias muy apreciables. Existe más paciencia en el club rojiblanco. Y sobre todo está el personaje. Eusebio Sacristán no deja de ser un profesional en busca de fortuna, que si bien encontró en su primer año el éxito luego dilapidó su crédito y el equipo se le escapó de las manos. A José Ángel Ziganda le pasa lo mismo, solo que él no ha tenido tregua para solazarse y sonreír, luego el desengaño es aún mayor. Pero es uno de los nuestros. Ha sido jugador del Athletic, y muy querido, en el filial realizó un trabajo estimable, conocía de sobra a todos y cada uno de los jugadores y pocos dudaron de su capacidad cuando Urrutia le eligió para sustituir a Ernesto Valverde.
Sin embargo, y esto es lo que provoca la melancolía, ahora mismo son pocos los aficionados que defienden su idoneidad para seguir dirigiendo al equipo. Es la lógica implacable del fútbol, que acaba con cualquier romanticismo. Pero volvamos al comienzo de esta historia y sus buenos propósitos. El pasado miércoles Markel Susaeta recordó el óptimo nivel que ha dado el equipo en las últimas temporadas para añadir a modo de moraleja: “somos capaces de darle la vuelta a la situación”. E incluso de alcanzar la séptima plaza, dijo, que detenta el Girona, está a ocho puntos de distancia y por medio hay hasta cinco equipos, Betis, Getafe, Celta, Eibar y Leganés, que también tienen que fallar en estas nueve jornadas que restan. Ahí es nada el desafío.
Oskar de Marcos, en la entrevista que le realizó José L. Artetxe, se muestra más autocrítico, pero también recurre a los buenas campañas anteriores para reclamar el aliento de la afición ante este tramo final. “Está en nuestras manos corresponder mínimamente a la gente”, pondera el jugador alavés.
No le queda otra que pensar así, se podría añadir. También que esa gente está muy escéptica, o que tiene la impresión de que los futbolistas del Athletic han adquirido los vicios que ofrece el confort, ya que prácticamente todos tienen renovados sus fantásticos contratos y tampoco vislumbran apenas competencia dada la singularidad del club. Pero tampoco queda otra, salvo abdicar, y no son tiempos. Es Semana Santa, recordad que Tomás el Apóstol se quedó perplejo y el Celta vendrá a San Mamés un Sábado de Gloria.

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