La ilusión, qué remedio

Presentado Eduardo Berizzo como nuevo entrenador del Athletic, no queda otra que recobrar el pálpito, y la ilusión, más que nada por los antecedentes, el escalofrío de la última temporada, con la segunda peor clasificación de toda la historia. Con un panorama así bienvenido sea el técnico argentino, discípulo del gran Marcelo Bielsa, que está encantado de la vida con el reto, lo cual es lógico. Hace un año José Ángel Ziganda también estaba encantado de la vida, y la afición con él, pero el fútbol es así de puñetero.
La gran incógnita está en la reacción de los jugadores. ¿Será capaz Berizzo de recuperar a los futbolistas para la causa, teniendo en cuenta que tiene fecha de caducidad, apenas un año?
De él se sabe que es un hombre tranquilo, metódico e implacable, como demostró expulsando literalmente al chileno Orellana en su etapa con el Celta o apartando en el Sevilla a N’Zonzi, pese a ser una pieza fundamental en el engranaje del equipo. Berizzo, en definitiva, es la gran apuesta de Josu Urrutia para reactivar al Athletic, como en su día hicieron Bielsa, Valverde y falló en el empeño Ziganda.
La verdad es que apenas hay novedades. Se sabía desde hace tiempo que Berizzo iba a ser el recambio del técnico navarro, lo mismo que la llegada de tres futbolistas, Cristian Ganea, Ander Capa y Dani García, que no han despertado demasiada expectación, para qué nos vamos a engañar, aunque se espera que sus incorporaciones al menos sirvan para agitar el gallinero y acrecentar la competencia. O no.
Kike Sola anunció el pasado viernes que dejaba el fútbol a sus 32 años por “falta de motivación”, dijo, después de tirarse cinco campañas en el Athletic en el más absoluto anonimato. La directiva rojiblanca pagó a Osasuna 4,3 millones de euros alarmada como estaba por la fuga de Fernando Llorente y la provecta condición de Aduriz, quién lo iba a decir. Y quien iba a decir que Sola se marcha ahora rico, joven, sano y sin haber dado un palo al agua, prueba evidente de los riesgos que conlleva la endogámica filosofía del club. Por eso sorprende la renovación masiva de jugadores, obviando que en muchos casos los méritos brillan por su ausencia.
Con un mercado tan limitado, el fichaje del rumano Cristian Ganea ha reactivado la discusión sobre dónde se ponen los límites para cruzar el umbral del selectivo equipo bilbaino. Desde luego Ganea, que nació en Bistrita, en Transilvania, a los 11 años se afincó junto a su familia en Basauri, se formó en el Basconia y ha sido internacional con la selección de Euskadi sub’18, reúne todas las condiciones en consonancia con los tiempos que corren, pero también se levantan voces reclamando el mismo derecho para los vástagos de la diáspora vasca, por ejemplo, sobre todo si son avezados cancheros argentinos o uruguayos, como hacen en Italia con los descendientes de hasta tres generaciones.
Hay que buscar la competencia donde sea, a poder ser que no cuesten un ojo de la cara para así evitar fraudes y jubilaciones anticipadas, y si falta gente para el lateral izquierdo, pues bien hallado Cristian.
Ahora bien. Si realmente Urrutia quiere alterar el cotarro, meterle marcha al asunto y despertar de su letargo a la hinchada debería afrontar con determinación el regreso de Llorente porque, es evidente, el Athletic necesita delanteros como el comer, el mozo está en el Tottenham en plan Kike Sola y ya habrá oportunidad para construir un relato apropiado.
Y entre toda esta vorágine, consecuencia de una temporada maldita, por ahí circula que el club se plantea muy seriamente la compra del Bilbao Basket para salvar el baloncesto de la villa. Y entonces, el ala-pivot ¿puede ser de Oklahoma o necesariamente requiere eusko label? Porque, si es así, apañados estamos.
Pero el fútbol no se detiene y se apresta a vivir el Mundial de Rusia, un empeño para quien el de ahí arriba, el inefable Neymar, comienza a afilar sus garras recuperado de su lesión y España se da un baño de realismo ante Suiza, un equipo rocoso, con su incapacidad para sobreponerse al tremendo error de David de Gea.

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