Motivos para celebrar

140 años y dos días de Concierto Económico, quítenle lo bailado a la herramienta fundamental del autogobierno en los tres territorios de la hoy demarcación autonómica. Y no olviden añadir los 37 más del Convenio navarro, primo hermano de vicisitudes a lo largo de tantos y tantos calendarios. Quién iba a imaginar que lo que nació como imposición y represalia a los perdedores de una guerra acabaría siendo considerado por los herederos políticos (o así) de los ganadores como un chollo y un agravio comparativo del recopón.

No crean, de todos modos, que es nueva esta ofensiva rabiosa alentada por el figurín figurón naranja y respaldada por un número creciente de extremocentristas españoles. Un vistazo a las hemerotecas a lo largo de este puñado de decenios nos sirve para comprobar que cada cierto tiempo el jacobinismo hispano se ha emperrado en acabar con la cosa. No es casualidad que la forma que encontró Franco de castigar a las provincias llamadas traidoras de Bizkaia y Gipuzkoa fuera despojarles del Concierto.

Así que, ante la acometida de la jauría centralista, procede entonar que ladran, luego cabalgamos. Celebremos el aniversario y conjurémonos en su defensa, pero no como fetiche, herencia o tradición. Porque aunque la Historia está muy bien como conocimiento, no necesariamente debe operar como fuente de derecho automática. Lo fundamental del Concierto y del Convenio no reside en lo que fueron en el pasado, sino en lo que son en el presente y ojalá sigan siendo en el futuro: elementos que siguen concitando el consenso, ahora incluso de quienes hasta anteayer echaban las muelas ante su sola mención.

Gaspar contra el Cupo

No era suficiente con el cada vez más crecido figurín figurón naranja. Ni con los susánidos de las Caciquelandias Bética y Penibética. Faltaba para el duro centralista ese gran reventador de todo lo que toca que atiende por Gaspar Llamazares. De fracaso en fracaso hasta la hostia final, el médico a palos que se cargó Ezker Batua antes de convertir en excrecencia de alquiler a Izquierda Unida Federal funge ahora como portavoz de su grupúsculo en la Junta General del Principado de Asturias, es decir, el parlamento de aquellos lares. Su penúltima hazaña en calidad de tal ha sido sacar adelante una proposición que abre la puerta, ojo al dato, a que el gobierno regional denuncie la última actualización del Cupo vasco ante el Tribunal Constitucional. El Convenio navarro parece que se libra. Tósanle al Rasputín natural de Logroño.

¿Con 5 de los 45 escaños? ¿Cómo ha sido posible? Sí, eso tiene también su miga. Sumen los 3 de Ciudadanos y los 9 —oh, sí— de Podemos, descuenten la abstención vergonzante de la mayoría socialista (14), y les salen los números de la tiña. PP y Foro Asturias votaron en contra, lo cual no deja de componer un peculiar retrato.

Como de costumbre en estos casos, la justificación del berrinche es la vaina de la insolidaridad y los privilegios. Hay que tenerlos blindados para salir por esa petenera desde el lugar al que se le ha venido sufragando el acero y el carbón a precio de caviar iraní. Una pena, que el capo sindical Villa ya no esté —eso dicen— en condiciones de responder por la lluvia de millones a cambio de la paz social y los votos. Es lo que tiene que nos conozcamos tanto.

Ni con ni sin cupo

Vaya, vaya, con los alegres piadores. Tanto ponernos a los perversos vascones de vividores del sudor ajeno por nuestra peculiaridad fiscal, y cuando el lehendakari propone el supuesto chollo como modelo para la desastrosa financiación territorial española, piden a grito pelado que aparten de ellos ese cáliz. Alegan extravagantes motivos que, por más que disimulen, se reducen a uno: saben que recaudar y no poder gastar un euro de más es una jodienda sobre otra jodienda. Cuánto mejor pulirse lo que sea menester y cuando hay telarañas en la caja, extender la escudilla para que el camarero Estado la rellene de pasta fresca. Además, así no cabría la martingala de señalar como privilegiados e insolidarios a los que mal que bien tratan de apañárselas. ¡Los vascos nos quieren robar también el sacrosanto derecho a la demagogia y el populacherismo ramplón!

La respuesta al emplazamiento de Urkullu ha dejado ver por dónde derrotan los barones y baronesas de la mayoría de las ínsulas del todavía reino. Y al figurín figurón Rivera ha terminado de retratarlo como el memo ambulante a la par que malvado que ya sabíamos que era. Dice el cada vez más engorilado líder de Ciudadanos que solo faltaría extender el privilegio a todas las provincias para que la injusticia se multiplique por 50. Cómo explicarle al garrulo recadista del Ibex 35 que si todos tienen exactamente lo mismo, ninguno tiene más que otro, y por tanto, los únicos privilegios son los de su calenturienta imaginación. O sea, los de su falaz y haragán discurso para llevarse crudos los votos de paisanos artificialmente encabronados. Menudo rostro.

Lo técnico y lo político

Enorme contrariedad, resulta que el Cupo vasco no es constitucional. Lo dice nada menos que en el periódico global en español, me cachis en la mar, una eminencia del Derecho, a ver quién es el cuñao que le replica a su ilustrísima. Qué más querían, ¿verdad?, tiñosillos, bronquistas y, en general, pescadores de río territorial revuelto, que desde la mismísima privilegiada e insolidaria Vasconia apareciera un cátedro con quinquenios a darles la razón en sus ataques furibundos a la peculiaridad fiscal. Hasta a algunos de los partidarios les he visto hiperventilando ante el mensaje del erudito. Fuera de concurso, los entreverados que, haciéndose los perspicaces, señalan: “Ojo, que no dice Concierto, sino Cupo”.

La cosa es que puede decir misa. Conocemos lo suficiente el paño como para no morder semejante anzuelo. Para empezar, ustedes y yo sabemos que hay, como poco, seis docenas de juristas tan expertos o más que el que nos ocupa, que les dirían justo lo contrario y se lo argumentarían con idéntica contundencia. Nada es constitucional o inconstitucional, todo es según el color del cristal de la lupa ideológica con que se escudriña lo que sea. Hasta en el Tribunal encargado específicamente de la cosa encontrarán magistrados que emiten conclusiones como la noche y el día respecto al mismo hecho.

Así que menos hacer como que nos caemos del guindo. ¿Que la negociación del Cupo es pelín abstrusa? Nadie lo niega. ¿Que lo político se impone a lo técnico? ¡Toma, claro! Exactamente igual que ocurre con la exposición de la luminaria en cuestión, que es puramente política aunque se embadurne de barniz jurídico.

Agitar el avispero

Advierto de que la que sigue viene a ser la misma columna de ayer despojada de su carga sarcástica. O de la mayor parte, vamos, que las querencias naturales no son fáciles de torear. Y uno, qué les voy a contar que no sepan a estas alturas, derrota por lo ácido. Creo que ni siquiera es un recurso estilístico, sino una especie de mecanismo de defensa frente a las agresiones que mezclan la mala fe con unos litros de esa ignorancia, la peor, impermeable a cualquier pedagogía. Es decir, exactamente el tipo de metralla dialéctica que se está disparando contra Concierto (o Convenio) y Cupo (O Aportación).

¿Por qué es así? He ahí, a mi entender, la pregunta pertinente, con una respuesta sencilla al primer bote: simplemente, es norma de la casa despachar cualquier debate a salivazos y regüeldos. Pero esta vez no se trata solamente de eso. Aunque el que sostiene el banderín de enganche es el petimetre naranja, la ofensiva contra el modelo de financiación de los cuatro territorios forales la están llevando a cabo los legionarios mediáticos más bregados y faltos de escrúpulos. Junto a las mandangas de los privilegios o la insolidaridad —el “Euskadi nos roba”, tócate las narices—, se agita sin rubor el manido espantajo de ETA como origen del pérfido sistema fiscal. He vuelto a escuchar, se lo juro, la letanía del árbol y las nueces.

Noten que hasta anteayer, había quien pretendía vender el nacionalismo vasco como el bueno y razonable, el que no se metía en aventuras, mantenía la paz social y caminaba con paso firme hacia la prosperidad. Un panorama, en definitiva, nada rentable para los que viven del conflicto.

Pues que nos echen

Comparto con la amable y espero que comprensiva concurrencia mi congoja infinita. Desde la semana pasada, apenas pego ojo cavila que te cavila sobre las desgracias sin cuento causadas por el descomunal egoísmo de los privilegiados señoritos que habitamos en los cuatro territorios forales, mayormente, en los tres de la demarcación autonómica.

¿Sabían ustedes que mientras nuestras criaturas van a las ikastolas en Rolls Royce a aprender a amar a Sabino y a odiar a España, condenamos a los niños andaluces al fracaso escolar y no les damos más opción que tirar del PER cuando se hacen talluditos? ¿Son conscientes de que el vicio que tenemos en la pecaminosa Vasconia por hacernos TACs, ecografías y operaciones para ponernos tetas o alargarnos el pene a cargo de Osakidetza provoca que en los hospitaluchos extremeños no alcance ni para árnica y se deba anestesiar con peleón a los que no se mueren en las kilométricas listas de espera antes de llegar al quirófano? Ni idea, ya me imagino. Es lo que tiene vivir mirándose el orondo ombligo sin dar un palo al agua, chupando la sangre de nuestros siervos de Logroño, Alpedrete, Huesca o Valencia, que tuvo que desprenderse dolorosamente de su circuito de Fórmula Uno, una necesidad básica, porque los de aquí arriba nos lo pulimos todo. Vergüenza tendría que darnos sajar a nuestros convecinos a base de Cupo y Concierto (o de Aportación y Convenio), esas regalías que debemos —según el historiador pardo a quien se escuche— a las carlistadas o a ETA agitando el árbol para que el PNV recogiera las nueces. Sinceramente, nos merecemos que nos echen. A ver si hay suerte.

En manos de patanes

La paupérrima calidad de la democracia española no solo se mide en demasías judicioso-policiales como las que hace tiempo dejaron de ser noticia. Ni en la profundidad de sus cloacas pobladas por lo más pútrido de la especie humana. Ni en las obscenas puertas giratorias que sirven para premiar a la vista de todo el mundo los servicios prestados desde el Boletín Oficial correspondiente. Ni siquiera en el latrocinio que se ha practicado —y me temo que se practica, ojo— a destajo y hasta hace poco, con total impudor.

Causa y consecuencia de todo lo anterior, y para mi, la invitación definitiva a abandonar cualquier esperanza de enmienda, es la brutal mediocridad de la mayoría (hay excepciones, por fortuna) de los principales representantes políticos. Hago precio de amigo, porque en algunos casos, como el que da lugar a esta descarga, tacharlos simplemente de medianías es un elogio desmesurado. Ya quisiera el patán con sifón Albert Rivera reunir los suficientes méritos para llegar a lo llanamente ramplón. Ahí tienen a un tipo que ha pasado directamente de delegado de la clase a líder de un partido —gestado in vitro, anoto— que a nada que se tuerzan las cosas, y más allá de las encuestas que inflan sus números, puede sumar con el PP una mayoría absoluta que arrasaría con lo poco decente que queda. Si por lo menos estuviéramos hablando de un perverso con fondo de armario intelectual, cabría resignarse. Pero es que este individuo con trajes caros a medida y labia de charlatán de feria, con perdón para tan honrado gremio, es la viva encarnación de la ignorancia osada y viceversa. Y cada vez tiene más cancha.