Perplejidad infinita

Seguimos para bingo. Una descomunal cantada del gran latigador de la judicatura que atiende por Pablo Llarena provoca que la Fiscalía de Bruselas mande a la papelera la orden de entrega de los consellers expatriados en la capital de Bélgica, que lo es también, por cierto, de la Unión Europea. Los beneficiados por la anchoa se hacen un selfi partiéndose la caja con unas birras matutinas en la mano. Los perjudicados, osease el Tribunal Supremo, se ponen de morros como niños malcriados con nula tolerancia a la frustración y lamentan “la ausencia de compromiso de la Justicia belga”. Por si no fuera bastante descuajeringue con haber sido los autores de la metedura de pata y con la propia rabieta, inmediatamente después de hacer los pucheritos, los altos togados reconocen que todavía no han leído el fallo que están poniendo a caldo.

Esto, y siento que el esquema de la columna sea calcado al de la de ayer, casi al mismo tiempo que nos enteramos de que el ya president a todos los efectos de la Generalitat, Quim Torra, es un señor que hace año y medio se presentó en Ferraz cargando unas bolsas de plástico para formar parte de la claque callejera de Pedro Sánchez en los días en que fue depuesto como secretario general del PSOE. Eso, mientras no dejan de aparecer artículos del susodicho desbordantes de rancio esencialismo. Sin embargo, el procesismo de salón insiste en la martingala oficial de “los cuatro tuits sacados de contexto” y nos acusa de viles colaboracionistas del unionismo a los que no sabemos disimular el inenarrable escándalo que nos causa la elección de alguien con semejante trayectoria acreditada.

¿Legislar en caliente?

Hay que ver cómo cambia el cuento. Ahora el gobierno español anuncia que revisará la tipificación de los delitos sexuales en el Código Penal, y prácticamente todo el arco político se apunta el tanto. Dicen que es el clamor de la calle y que hay que ponerse inmediatamente manos a la obra. Desde aquí, me sumo a la exigencia —a ver si esta vez lo hacen bien—, pero inmediatamente me hago una pregunta en voz alta, ustedes me dirán: ¿No habíamos quedado en que no se debía legislar en caliente?

Reitero que a mi me parece más que procedente y anoto mi vana esperanza de que en lo sucesivo esta forma de actuar marque tendencia. Qué gran retrato se han hecho los que en esta ocasión no han tenido remilgos en demandar, casi tea en mano, no ya cambios legales sino la crucifixión de los cinco malnacidos de La Manada, mientras que hace unas semanas trataban de turbamulta manipulada por el fascio a quienes salían a expresar su rabia por el asesinato del niño Gabriel Cruz. No faltaron los grandes santurrones que pidieron comprensión hacia la asesina en atención a su sexo, su origen y el color de su piel.

Y no, no es solo porque las violaciones les merezcan un trato diferente. Depende de cuáles. Yo tengo memoria. El pasado diciembre, cuatro depredadores alevines agredieron sexualmente a una niña en un trastero de Barakaldo. Hubo un par de pancartas en alguna concentración deslucida, de puro trámite, pero los apóstoles del buen rollo corrieron a apelar a la educación en valores, antes de ordenar discreción y respeto… para los victimarios, por supuesto. Ojalá lo de estos días suponga el fin de tanta hipocresía.

No todos los corruptos

Como casi todo, la corrupción va por barrios. ¿Porque todos, incluidos los que van de impolutos —a veces llegaban cartas…— tienen uno, dos o veinte casos y lo niegan o se justifican con similares paparruchas dialécticas? Desde luego, pero no solo por eso. También, o mejor dicho, especialmente porque la denuncia de los marrones no atiende a motivos éticos. Vamos, pero ni de lejos. Antes al contrario, cada chanchullo que sale a la luz, da igual en calidad de presunto o de probado, no es más que una oportunidad para atacar al rival político.

¿Y si, por los avatares de la historia y el destino manifiesto, ya no es rival sino compañero de fatigas? Pues nada, pelillos a la mar, al mejor latin lover se le escapa un pedo, como acabamos de ver en las divertidas y altamente reveladoras reacciones a la sentencia del Caso Palau. Por si nadie se ha dado cuenta, incluso en su aguachirlado final, ha quedado demostrado que lo del 3 por ciento (4, en realidad) no era una leyenda urbana ni una acusación al tuntún. Y eso da de lleno y sin remisión a la antigua Convergencia Democrática de Catalunya, convertida hoy, justamente para tratar de huir hacia adelante, en PDeCAT o, en su última versión electoral, Junts Per Catalunya, oséase, la formación o movimiento que ahora lidera el mismo Carles Puigdemont que en la época de autos no era precisamente un bedel del partido.

Siguiendo el manual al uso de los castos y puros, tal circunstancia significaría asumir la responsabilidad correspondiente, pedir perdón, y hacerse a un lado. Por supuesto, en esta ocasión no procederá. En mi cinismo, no lo denuncio. Solo lo apunto.

Jijí-jajá

Los límites del humor son según, sin, so, sobre, tras, y me llevo una. Ni con el kit antinevada de la DGT está uno a salvo de naufragar en ese proceloso mar donde una aparente gracieta puede ser un delito de odio del nueve largo y, a la inversa, lo que se diría una intolerable falta de respeto acaba siendo un chistaco que lo flipas. Lo pistonudo es que la clasificación corre siempre a cargo de los mismos señoritos Rottenmeier y supertacañones del chachipirulismo King Size.

¿Que ponga ejemplos? A ello iba. Empiezo citando las collejas dialécticas que le han caído a una individua, jueza de profesión, que a título personal —porque bajo las togas hay, aunque a veces no lo parezca, seres humanos— se ha dirigido en términos muy duros a la publicación satírica El Mundo Today a cuenta de una chanza en la que los pastores quedaban retratados, jijí-jajá, como practicantes de zoofilia. ¿Se pasaba de frenada la magistrada? Es probable, porque parece que exigía una rectificación y hasta amenazaba con no sé qué acciones legales. Sin embargo, no deja de resultar curioso que prácticamente los mismos que la lincharon en las redes sociales actuando en nombre de la sacrosanta libertad de expresión están montando un pifostio considerable porque una chirigota del carnaval de Cádiz ha hecho un gag en el que se simula, jejé-jojó, la decapitación de Puigdemont.

Como ya anoté en una ocasión anterior, me abstengo de opinar sobre el trato que deberían recibir una y otra mofas. Me limito a rogar que ambas sean medidas con la misma vara. Si vale todo, vale todo. Si no vale todo, no vale todo. Pero no me tomen en serio.

Marhuenda Superstar

Así se escribe la Historia, o sea, la historieta. En cuanto fue imputado por presunta coacción a Cristina Cifuentes, el caché de Francisco Marhuenda subió congo y pico, igual que la audiencia de los programas televisivos en que lanza sus regüeldos de aluvión. Por ingeniería inversa de la misma lógica absolutamente ilógica, la desimputación del gachó lo ha consagrado entre los galácticos catódicos sin discusión.

Es la trama de la trama. O sea, el nada favorecedor retrato de las mesnadas progresís que tienen simultáneamente al mismo trozo de carne como villano favorito y figura icónica, aunque sea en plan qué asco más rico. Ni siquiera va de opuestos atrayéndose. Es algo bastante más prosaico: el sistema acoge en su seno a los antisistema sedicentes. Un solo grupo mediático tiene ubres para que churrepeteen tirios y troyanos. A veces, como es el caso clamoroso, hasta juntos y revueltos, que da más share y el negocio es mayor, tanto en el sentido económico como en el político.

No fue casualidad que el único periodista nominal con derecho a vinilo en la copia morada del autobús de HazteOír fuera Eduardo Inda, un tipo poco recomendable, sí, pero en el fondo, un outsider que hace la guerra por su cuenta. Es decir, un enemigo no íntimo como sí lo es el director de La Razón. Lo gracioso amén de revelador es que la difusión de las grabaciones que, más allá de lo que haya decidido el voluble juez Velasco, prueban el proceder gangsteril y nauseabundamente machirulo del sujeto, se ha quedado en jijí-jajá y, como anotaba al principio, en la reaparición estelar de Súper Paco en las tertulias de su (otro) canal.

Los pactos, según

Es gracioso. Nos pasamos la vida cantando aleluyas a los pactos entre diferentes, y cuando se producen, sacamos el máuser dialéctico y montamos la de San Quintín. Con balas de fogueo, todo sea dicho, porque no nos chupamos el dedo y también tenemos claro que muy buena parte de la política se desarrolla como representación teatral. Es decir, se exagera la nota que es un primor.

Así, los desmesurados tenores y sopranos de la oposición fuerzan la garganta para denunciar con gran acompañamiento de aspavientos el tremebundo atropello que supone que el PNV haya alcanzado un acuerdo presupuestario con el PP en la CAV y que esté a punto de cerrar otro en Madrid. Las mentes calenturientas —no hay quien no las haga que no las imagine— se han liado a propagar historietas para la antología de la conspiranoia sobre no sé qué componendas firmadas en el averno con los demonios del Ibex 35 ejerciendo de maestros de ceremonias. La supuesta alianza de las fuerzas del mal popular-empresarial-jeltzale tendría como objetivo sacar los higadillos al sufrido pueblo llano. Sufrido y, por lo visto, cenutrio, puesto que cuando se le pone en tesitura de votar, no solo no reduce sino que amplía el respaldo a sus presuntos maltratadores. Raro, ¿no?

Ahora que no nos lee nadie, les confieso que no me hace especialmente feliz el acuerdo con los populares. Pero conozco las normas de este juego y no fingiré escándalo. Menos, cuando sé sin asomo de dudas que los dos partidos en proceso de rasgado ritual de vestiduras fueron a la mesa de negociación con condiciones intencionadamente inaceptables. Lo demás, ya les digo, espectáculo.