Desmemorias

El martes pasado, una juez de Iruña mandó al fondo del cajón la querella que pedía que se esclareciera lo que ocurrió en los sangrientos sanfermines de 1978 y, particularmente, la muerte de Germán Rodríguez a consecuencia de un balazo de la policía postfranquista. Sostenía su señoría que el asunto estaba ya dilucidado en tribunales —era cosa juzgada, según la jerga—, en referencia a diversos procedimientos judiciales llenos de trampas y agujeros que habían establecido que no había forma de relacionar a los uniformados señalados con los hechos. En resumen: como los culpables se fueron de rositas una vez, así será para los restos. Impunidad se llama la vaina.

Como es no solo lógico, sino justo y humano, la decisión de la togada nos removió las tripas a los que creemos en una memoria completa. Que hayan transcurrido 42 años de los oprobiosos hechos no puede servir de excusa para echar tierra sobre el asunto. Las heridas de quienes padecieron aquello siguen abiertas. No creo que sea nada difícil de comprender, ¿verdad? Pues si tuviéramos una gotita de honradez personal e intelectual, veríamos que exactamente por el mismo principio, cuando se descubre un zulo con material que sirvió para matar, no es de recibo alegar que el arsenal tiene diez años y que en este caso sí procede pasar página.

Hasta el 8 de abril…

Moneda al aire. Cara, el gobierno español no dificulta el desarme y se limita a soltar la media docena de pejigueradas de costumbre. Cruz, Rajoy y Zoido se vienen arriba y mandan unos geos disfrazados de lagarterana a desbaratarlo. Ahora mismo, todo está al 50 por ciento. Estoy por jurar, de hecho, que el inquilino de Moncloa no tiene decidido nada al respecto. Como casi siempre, dejará que salga el sol por Antequera. O, vaya, por Baiona, Biarritz, Luhuso o donde cuadre. ¡Si pueden ocurrir cosas entre hoy y el 8 de abril, día de San Agabo Profeta!

Eso es lo malo. El anuncio se ha hecho con mucho tiempo de antelación. Demasiado, teniendo en cuenta la vocación de prima donna que gasta el personal. Esto apunta a show con codazos para repartirse el protagonismo. Tonto el último en salir a la palestra y vender su moto a la parroquia oportuna. Y cuidado si no acabamos sacando a hombros a ETA entre vivas a la madre que la parió por su bondad infinita. ¿Exagero? Estos ojos que han de comerse la tierra ya han visto entrecomillada una gloriosa frase de Arnaldo Otegi: “El desarme es un acto de desobediencia y de soberanía popular”. Joder con el relato. Unos no han empezado a escribirlo y otros van por el vigésimo tomo.

Pero cualquiera dice nada, que enseguida te sale el que llevaba fierro bajo el sobaco a cascarte por enemigo de la paz. Por si quedan dudas, reitero mis ganas infinitas de que se proceda a lo que llevamos cinco años y pico esperando. Sí, eso que se va a producir, fanfarria arriba o abajo, exactamente en los términos en que se decía que era imposible, con la entrega de una lista y cuatro quincallas.