Medusas, las ortigas del mar

La Chrysaora Quinquecirrha, en el Aquarium donostiarra. Se trata de un ejemplar de medusa localizable en aguas templadas a lo largo de las costas del océano Atlántico. Foto: Deia.

De acuerdo con la mitología griega, Medusa era una mujer con serpientes en vez de cabellos. Era temida porque con su mirada podía convertir en piedra a cualquier criatura viva. Las medusas también son objeto de temores, pero no por sus capacidades sobrenaturales sino por su molesto veneno.

Las medusas pertenecen al grupo zoológico de los cnidarios. “Cnida” significa, en latín, urticante. Los seres vivos que pertenecen a este grupo tienen unas células con forma de bolsita con un filamento lleno de púas enrollado en su interior. Las medusas poseen millones de estas células en sus tentáculos, que pueden alcanzar los cinco metros de longitud. Los extienden a modo de red y cuando una presa (o un “molesto humano”) entra en contacto con ellos, estas células lanzan como un látigo su filamento cargado de veneno. Se conocen cerca de 4.000 especies de medusas.

Las medusas suelen dejarse arrastrar por las corrientes, “son una especie de paracaídas gigante en el agua. Tienen cierta voluntad de movimiento, pero en distancias largas”. Son capaces de nadar a 55 metros por hora.

Las medusas son en un 95% agua y carecen de ojos y de cerebro. Aunque pican más como método de defensa que de ataque, utilizan sus tentáculos para atrapar comida anestesiando a pequeños peces con el veneno que desprenden.

Hasta hace poco, las medusas han sido un problema que afectaba, sobre todo, al mar Mediterráneo, pero las costas del Cantábrico, más frías y por tanto menos proclives a estas plagas, no lo eran tanto, pero en los tiempos actuales nuestras playas y aguas de baño tampoco se libran ya de estas incómodas visitas, aunque va por épocas.

Según los expertos en la materia, “aquí no llegan las mismas especies que al mar Mediterráneo, pero si se dan las condiciones idóneas como un aumento de la salinidad o un cambio de temperatura brusco -las últimas investigaciones sobre el cambio climático en el País Vasco hablan de un aumento de la temperatura del mar Cantábrico-.

Medusa en el Mediterráneo. Foto: Deia.

El Cantábrico es un mar abierto, con fuerte oleaje y muchas corrientes, lo que no favorece la acumulación de medusas. Pero pueden aparecer cada vez más a menudo según se dé una mayor subida de la temperatura y la escasez de depredadores.

El aumento de la temperatura del agua está trayendo especies cada vez más venenosas como la “Carabela portuguesa”, que proviene de Africa. También en Australia, donde ya registran más muertes por picaduras de medusa que por ataques de tiburón, existen especies altamente dañinas que ya han llegado hasta las costas de Israel y de Grecia a través del Canal de Suez y no se encuentran tan lejos de las costas mediterráneas. Esto se denomina contaminación biológica, que, en el caso de las medusas, se produce sobre todo por los canales, pero también por sueltas de medusas que se han capturado para acuarios. Al no tener en el nuevo medio un depredador natural, si las condiciones son apropiadas, la reproducción es bastante favorable. Es lo que ha pasado con la tortuga de Florida o con el mejillón cebra.

A juicio de cada vez más científicos y expertos en la materia, la aparición de plagas de medusas está en el cambio climático, que contribuye al calentamiento del agua. Otro factor de influencia puede ser la sobrepesca, que tiene como consecuencia una disminución de las especies que se alimentan de medusas, con lo que se rompe el equilibrio natural.

También se cita la presencia, cada vez mayor, de nutrientes derivados de fertilizantes agrícolas vertidos al mar que servirían de alimento a algunas medusas. Por último, la alta salinidad de las aguas, derivadas de una disminución de la lluvia que lleva agua continental al mar, ha podido contribuir a elevar el número de medusas, dado que toleran mal las aguas bajas en sal.

Foto: Pixabay

 

 

Las luciérnagas, luces en la naturaleza

Lampyridae, vista desde cerca, sobre el césped. (D.N) En el bosque Santa Clara del estado mexicano de Tlaxcala se esconde el único santuario de luciérnagas del país.

Las luciérnagas son unos de los pocos animales que producen luz. En el Estado español sólo se encuentra una especie de estos insectos, parientes del escarabajo, que se pueden ver brillar en verano. Los lampíridos (Lampyridae) son una familia de coleópteros polífagos que incluye los insectos conocidos como luciérnagas, bichos de luz, isondúes, cucuyos y gusanos de luz, caracterizados por su capacidad de emitir luz: bioluminiscencia (*).

Algunos animales tienen la capacidad de proporcionarse luz a sí mismos. Una incandescencia que casi nunca usan para alumbrar su propio camino, sino para guiar al otro sexo. Son candiles para el amor.

La bioluminiscencia resulta fascinante por muchos motivos. Uno de ellos es su proceso fisiológico y su control con precisión, es decir, que estos animales se encienden y se apagan a voluntad. Se trata además de la más eficaz. Incluso más que la del sol, pues éste sólo convierte en fotones el 35% de su energía, mientras que los animales luminiscentes consiguen convertir el 95% de la energía empleada en el proceso en radiaciones lumínicas. Todo ello se debe a unas moléculas, de luciferina, que, al ponerse en contacto con el oxígeno atmosférico, con agua metabólica y la enzima luciferasa, se oxida a toda velocidad para originar destellos.

La bioluminiscencia se puede contemplar fácilmente en los mares donde abundan las pequeñas algas unicelulares que, al contacto con algo que se mueve en superficie, se encienden fugazmente.

El brillo del mar lo producen seres vivos (Brett Chatwin). Foto: La Vanguardia.

La otra forma de acercamiento a la bioluminiscencia son las luciérnagas. En la península Ibérica existe únicamente una especie, algo que contrasta con las más de mil que viven en los bosques tropicales y ecuatoriales del planeta. Pero esta luciérnaga, que se encuentra sobre todo en el norte peninsular en regiones de bosques y matorrales, en el tramo final del verano, muy conspicuas, es, como la mayoría de sus parientes, un escarabajo. Sólo emite luz la hembra, que tiene apariencia de gusano y no vuela. Los machos, destinatarios del código de señales luminosas, tienen el aspecto de todos los coleópteros.

Según las filólogas Esther Hernández e Isabel Molina, que publicaron hace ya dos décadas el estudio ‘Los nombres de la luciérnaga en la geografía lingüística de España y América’, las denominaciones aluden, por un lado, a la luminiscencia: lucero, lucerico, lucete o luciente en zonas de Navarra, Aragón y Andalucía oriental. En Cataluña, o en zonas limítrofes, también se usa cuca de llum, y en País Vasco, ipurtargi.

Tienen caparazón y poseen alas para volar en busca de esa fosforescencia que, desde los arbustos o el suelo, los reclama para el amor. Un faro de señales amorosas fosforescentes que desgraciadamente, por la devastadora acción de los insecticidas, también se va apagando.

Luciérnagas en México. Foto: La Vanguardia.

(*) Artículo publicado en “La Vanguardia”, bajo el título “¿Qué es y para qué sirve la bioluminiscencia?”. Interesante.

https://www.lavanguardia.com/natural/animaladas-videos/20180809/451176998857/que-es-para-que-sirve-bioluminiscencia.html

 

 

Las cinco especies invasoras más peligrosas en Euskadi

Visón americano.Neovison vison. Bisoi amerikar

Una especie exótica es la que vino de fuera o, mejor dicho, la que nuestra especie trajo, se quedó y se reproduce con éxito, lo que permite que su población se estabilice y mantenga. Toda especie exótica cambia, más o menos, el ecosistema en el que se establece. Si las alteraciones son graves, se dice que es una especie invasora. Este movimiento de especies a menudo es accidental y llevamos con nosotros, sin querer, aquellas especies que desde antiguo viven con nosotros. Así hemos poblado el mundo de moscas y mosquitos, de ratas y ratones, de gorriones y palomas, y muchas más. Pero, y también muy a menudo, el transporte de especies se ha hecho con nosotros por el mundo con intención y por diversas razones, como las estéticas y para adornar nuestros estanques, caso del cisne; por razones económicas como el visón americano, que han llegado a Europa por el valor de la piel; por razones cinegéticas y piscícolas; o también como mascotas, entre las que citar al mapache, las tortugas de Florida, etcétera. La incursión de especies invasoras es la segunda causa de pérdida de biodiversidad en el mundo.

Euskadi no es ajena a esta realidad. Así, según los inventarios realizados por la Sociedad Pública de Gestión Ambiental (Ihobe), dependiente del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno vasco, en nuestra comunidad existen 478 especies de flora ‘enemigas´ -supone una quinta parte de la totalidad de plantas- y otras 50 de fauna exótica.

De todas ellas, y según la Administración vasca, son cinco las especies invasoras más peligrosas y, que, por tanto, preocupan más. Dos de ellas son variedades de flora -Baccharis halimifolia y el Plumero de la Pampa- y tres, especies animales: el visón americano, la avispa asiática y el mejillón cebra.

Visón americano. Neovison vison. Bisoi amerikar. Las poblaciones actuales del visón americano se deben a las fugas y sueltas que se han producido en granjas instaladas en los tres territorios vascos desde principios de los 80 hasta finales de los 90. Está demostrado que la regresión del visón europeo comenzó antes de la introducción del visón americano en Europa, pero la presencia del invasor ha agravado su situación. Este último es algo más grande, más prolífico, más oportunista y más cazador. Las dos especies ocupan nichos ecológicos casi idénticos, por lo que su coincidencia lleva a la exclusión de uno de ellos, que es el caso del visón europeo. Al visón americano se le combate a través de la captura de la instalación de plataformas fluviales flotantes en los ríos, que, en el caso de Álava, ha permitido controlar la situación.

La avispa asiática.Vespa velutina. Liztorra asiako. Es originaria de Asia y se detectó por primera vez en el continente europeo en 2004, concretamente en Francia, desde donde entró en 2010 en Gipuzkoa. Su principal víctima es la abeja, y su intento de erradicación es muy complejo. Los planes de control pasan por atrapar los ejemplares de reinas y la destrucción de nidos.

La avispa asiática. Vespa velutina. Liztorra asiako.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra. Con un tamaño de dos a tres centímetros en su fase adulta, sus principales impactos son económicos, adhiriéndose a las redes de distribución de agua, de riego y abastecimiento, afectando a la calidad del suministro. Una vez se instala en una cuenca, su erradicación es casi imposible.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra

Uno de los casos más llamativos de plantas invasoras es el Plumero o Hierba de la Pampa, que llegó a la península Ibérica a principios del siglo pasado, con el fin de adornar los jardines de las grandes casas y que actualmente llega camino de convertirse en una auténtica plaga. El plumero, conocido científicamente como Cortaderia selloana, que tiene un porte espectacular y esbelto, es muy fácil de distinguirla, ya que tiene como principal característica un penacho de color plateado que llega a elevarse por encima de los dos metros de altura.

Se ha ido adueñando de los márgenes de las carreteras o vías de ferrocarril, los campos de siega o la orilla de los ríos, pero también de humedales, marismas y arenales costeros, debido a que tiene una capacidad de reproducción asombrosa. Hoy en día, numerosas localidades vascas, con el apoyo de la Agencia Vasca del Agua, Diputaciones y Gobierno Vasco hacen grandes esfuerzos para erradicarla.

Plumero o Hierba de la Pampa. Cortaderia selloana

No menos llamativa que el Plumero ha sido la expansión de la especie Chilca Baccharis halimifolia, un arbusto leñoso procedente de la costa atlántica de América del Norte, que a mediados del siglo XX se extendió por la costa atlántica del sureste de Francia y la costa cantábrica de la Península Ibérica, a partir de ejemplares cultivados con fines ornamentales, y que está colonizando desde hace unos años zonas importantes de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, y de la Bahía de Txingudi y Lea. Gracias a un proyecto LIFE para la recuperación de estuarios, se han realizado tratamientos de eliminación en más de 750.000 hectáreas de las citadas zonas. En total, se han tratado 570.000 arbustos.

Chilca Baccharis halimifolia. Foto: Oficina Técnica de Urdaibai.

 

 

Las aves migratorias, héroes del aire

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno.

Sobre nuestras cabezas vuelan auténticos héroes que son protagonistas de proezas inimaginables. Dos veces al año nos ofrecen la oportunidad de ser testigos de excepción de sus hazañas. Miles y miles de aves emigran en busca de un clima más benigno y el lugar idóneo para reproducirse.

Millones de ellas pasan por puntos muy concretos de la Península Ibérica, como los Pirineos y por el Estrecho de Gibraltar, siendo las protagonistas de un viaje prodigioso que puede llegar a durar semanas, hasta meses, recorriendo miles y miles de kilómetros. En pocas semanas, nuestros héroes emprenderán el segundo gran viaje del año, desde Europa a África, donde pasarán el invierno tras terminar el período de reproducción.

Así, por ejemplo, el halcón abejero (Pernis apivorus, Zapelatz liztorjale), no toma alimento alguno en los cerca de 5.000 kilómetros que recorre desde sus zonas de cría en Europa y las de invernada en África.

Otro de nuestros héroes, es el vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Su envergadura, unos 40 centímetros, y su tamaño corporal de casi 20 centímetros, llenan los ojos de cualquiera que desee levantar la cabeza. La población de la península Ibérica de vencejos supera los cuatro millones de individuos, que se concentran especialmente sobre los cascos antiguos, grandes monumentos y edificios históricos, dado que precisan agujeros inaccesibles para instalar su nido. Su chillido hiere al tímpano por lo agudo, pero esas aves nos están haciendo un favor al segar miles de millones de insectos. Baste recordar que resulta normal que cada ceba entregada a un pollo llegue a estar formada por varios centenares de pequeños insectos.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (navarra). 24.06.18.

Los vencejos son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus, Sorbeltz arrunt). Lumbier (Navarra). 24.06.18.

Grecia se viste de luto

Foto: Deia

La peor tragedia natural en la historia reciente de Grecia ha dejado desde el lunes 84 muertos, cantidad de desaparecidos y más de 180 heridos tras el paso de una lengua de fuego por el norte y noroeste del Ática, la región que rodea la capital griega. Hasta el pasado lunes, el peor incendio en la historia reciente de Grecia era el declarado en el verano de 2007 en el Peloponeso y la isla de Evia, que se cobró entre 70 y 77 vidas.

Incendios que han provocado en el Estado español graves tragedias hemos tenido muchas, pero ni aquí ni allí se pueden decir que han sido solo “accidentes”. Son producto de causas concretas más allá de la existencia de pirómanos asesinos. Vivimos en el Mediterráneo, un ecosistema maravilloso, pero muy frágil, por lo que el cuidado de las tierras y bosques es fundamental. La gestión preventiva es esencial.

En los últimos tiempos, la situación se ve agravada por el cambio climático y los riesgos crecen con un urbanismo especulativo, a lo que hay que añadir las políticas de recortes que se están imponiendo en casi todo, y por supuesto también en las inversiones necesarias en sectores estratégicos para evitar la tragedia: políticas preventivas, gestión forestal, gestión del recurso agua, políticas de emergencia y evacuación, etcétera.

Foto: Deia.

Los violentos incendios que han ocurrido en últimas horas en Grecia figuran entre los más mortíferos en Europa en lo que va de siglo, con los de Portugal en 2017, donde murieron 64 personas y más de 250 resultaron heridas en un gigantesco incendio forestal que se declaró el en Pedrogao Grande, en el centro del país.

Asimismo, el cambio climático enfrenta a los países nórdicos a un riesgo que hasta este momento desconocían. Por primera vez los bosques de Finlandia, Noruega y Suecia están sufriendo las temperaturas y el estrés hídrico que hacen posible los grandes incendios.

Los expertos en la lucha contra este tipo de siniestros que se comportan como más destructivos, más rápidos y más imprevisibles, coinciden en que la aparición de esta nueva familia de incendios, denominados de 6ª generación, es una consecuencia más del cambio climático. Suelos extremadamente secos, extenuados ante la ausencia de agua, y la inestabilidad de una meteorología que se salta los patrones estacionales habituales son el escenario idóneo para que se produzcan estas “tormentas de fuego”.

Estamos, pues, en la era de los Incendios forestales de última generación (6ª), que cuando las condiciones meteorológicas hacen pensar que el incendio va a ir perdiendo virulencia progresivamente es cuando realmente desarrolla su mayor agresividad. Esta situación hace que pierda sentido que se siga apostando en los países mediterráneos, como España, por campañas contra los incendios circunscritos al verano. Se necesita una estrategia más decidida contra el cambio climático a nivel general, y a corto plazo, hay que seguir luchando contra los incendios reforzando los aspectos más olvidados. Así, la extinción no es una solución al problema, sino únicamente la respuesta del sistema a la alarma puntual.  No, el bosque pide que se invierta en prevención. Que no se gaste el dinero público en apagar fuegos, sino en evitarlos. Una inversión a largo plazo que afecta a múltiples políticas, sobre todo a la forestal, que se resiste a abandonar sus objetivos meramente productivistas. Una inversión que, sin duda, terminará por dejarnos mayores réditos a todos. En estos momentos, cabe expresar la máxima condolencia por las víctimas y la plena solidaridad con sus familias.

Solidaridad en Grecia. Foto: Deia.

Los sonidos de las aves

El `tamborileo del pico picapinos (Dendrocopos major. Okil handia.).Parque Natural de Izki (Araba). 11.07.17.

Los ornitólogos y amantes de la naturaleza en general, sabemos que a veces es más fiable la cita de una especie detectada por su canto que a través de la vista. Además, muchos animales son más patentes por sus emisiones sonoras que por otras actividades. Todo lo cual convierte a los sonidos animales y a los registros que se hacen de ellos en una herramienta valiosísima para cualquier estudio sobre presencia y abundancia, así como para detectar cambios de tendencia a lo largo del tiempo. En otras palabras, para estudiar la biodiversidad.

Escuchar la naturaleza es un gran placer estético. Las vibraciones de las moléculas de aire (o de agua) que llamamos sonido encierran no sólo belleza, sino también mucha información. En todo tipo de medios se escucha cómo los animales tratan de comunicarse a distancia sobre el ruido de fondo, causado tanto por otros animales (incluso los humanos y sus actividades) como por el medio físico (agua, viento). El sonido es un sistema de comunicación valioso, pues evita los obstáculos y puede alcanzar grandes distancias. Los grupos más puramente acústicos dentro de los animales son los ortópteros, las cigarras, los anuros (anfibios sin cola) y las aves. A ellos habría que añadir los murciélagos y los mamíferos marinos, que también utilizan el medio acústico para orientarse a través de la ecolocalización.

El popular jilguero (Carduelis carduelis. Kardantxiloa) tiene un canto muy especial y agradable. Villafáfila (Zamora). 22.11.16.

La mayoría de las señales acústicas a larga distancia tienen un mensaje único: “soy un macho de la especie X, si eres una hembra receptiva de mi especie acércate, si eres otro macho de mi especie, aléjate”. Por consiguiente, la información sobre la identidad de la especie es muy importante en estos mensajes. El canto es pues algo así como la firma de identidad de las especies, la característica que utilizan las hembras para decidir con quién aparearse.

Por otro lado, el sonido es efímero y puede ser difícil de localizar, tanto por el receptor como por potenciales depredadores, pero los sistemas de grabación de audio permiten capturar y estudiar con detenimiento estos sonidos y los registros pueden ser de gran utilidad para mejorar el conocimiento de la naturaleza. Hoy en día hay importantes estudios científicos sobre los sonidos naturales, tanto en medios terrestres como en el medio marino. Las colecciones científicas de sonidos son los depósitos de estos materiales y permiten investigar diferentes aspectos de la naturaleza.

Las colecciones de sonidos emitidos por animales recopilan, clasifican y almacenan los registros de las principales especies que usan señales acústicas, así como paisajes sonoros de los medios naturales. Todo este material se reúne en las denominadas “colecciones bioacústicas”, donde se conserva y actualiza la información garantizando su acceso y ofreciendo una herramienta sumamente útil para el estudio y la conservación de la biodiversidad. Además, por supuesto, tiene un gran interés como recurso educativo.

El Petirrojo europeo (Erithacus rubecula. Txantxangorria) tiene un canto que es un gorjeo musical, parecido al del ruiseñor. Sobrón (Araba). 15.02.17.

Naturaleza vasca

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz)

Gorbeia, Urkiola, Valderejo, Aitzkorri, Urdaibai, Haiko Harria, Aralar, humedal de Salburua y un largo etcétera, son algunos de esos 55 espacios que forman parte de la Red Natura 2000 en Euskadi. Ello supone formar parte de las referencias principales de la biodiversidad de la Unión Europea. Es una distinción a la cual Euskadi responde por encima de la media europea, ya que el 23% de nuestro territorio forma parte de dicha red. Pero también es una apuesta a futuro y un claro compromiso de la sociedad vasca con la biodiversidad y con el reto europeo.

Además, disponemos de otros espacios naturales que albergan una variedad singular de entornos o especies. En esas Zonas Especiales de Conservación y de Protección de Aves se ubican algunas de las especies más emblemáticas de nuestro patrimonio natural: la ranita meridional; águila perdicera, quebrantahuesos o el milano real; el cangrejo de río común; la libélula; el murciélago del bosque, la nutria euroasiática o el visón europeo; la lamprea; o plantas con flores como las droseras, el pie de gato, el geranio de roca, el nenúfar blanco o el acebuche.

Ranita meridional es el único anfibio en peligro de extinción en Euskadi. Foto: Wikipedia.

Euskadi supone algo menos del 1% del territorio de la UE y alberga aproximadamente el 35% de los hábitats de interés europeo, el 21% de las especies de fauna y el 2% de las de flora.

La ciudadanía vasca disfruta de una relación ancestral con la Naturaleza. Durante siglos han perdurado costumbres y usos que, integrados en la cultura vasca, han dado sentido a muchas de nuestras tradiciones. Numerosas leyendas y mitos asociados con la Naturaleza y sus elementos como Mari, Basajaun o las lamiak son parte de esas Zonas Especiales de Conservación en nuestros barrancos, ríos y fuentes. Veneramos árboles e incluso algunos animales del mundo rural como los murciélagos o las abejas cuentan con un espiritual significado. Todavía perduran costumbres asociadas a los elementos, como las relacionadas con las cosechas o los solsticios y ahí están los levantamientos del mayo para contarlo. Hasta hace poco más de un siglo nuestro pueblo ha sido rural y marinero.

Atorrak y lamiak entonan canciones satíricas en el Carnaval de Mundaka (Bizkaia). (Foto: I. Fradua)

Los paisajes que ahora asociamos como nuestros son fruto de siglos de convivencia de la naturaleza con esos usos y tradiciones. Somos herederos del legado que nos dejaron nuestros ancestros y es nuestra responsabilidad mantenerlo para las generaciones futuras. Tal vez, con la llegada del progreso insostenible, en las últimas décadas hemos relegado a un segundo plano ese patrimonio dando la espalda al mundo rural y a la biodiversidad. Hay quien ha confrontando progreso con conservación del medio y ello ha podido desligar la conexión secular del pueblo vasco con la naturaleza y su entorno. Afortunadamente, el mundo rural ha seguido conviviendo con ella y manteniéndola.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno y con las tradiciones asociadas al mismo, conociendo los espacios de la Red europea Natura 2000 de Euskadi. Son territorios vivos, en los que el ser humano cohabita sin romper los equilibrios. Ahora es un buen momento, en pleno verano.

La belleza de la naturaleza

Macizo de Anboto

Preguntada un día la Dama de Anboto sobre el paradero de sus amigas las lamias, según parece respondió:

“- Han ido a Elgoibar en busca de la negación *”.

Y es que dicen que la negación es el sustento o medio de vida principal de las lamias: al parecer viven mayormente de lo que se otorga a la negación. Si un pastor posee cien ovejas y declara tener tan sólo noventa, las lamias le quitarán las diez que no han contabilizado. Y las amigas de la Dama de Anboto habían ido a Elgoibar precisamente a la búsqueda de la negación.

En Dima, en la cueva de Baltzola, vivían unas lamias y se afirma que tenían sábanas, toallas y pañuelos confeccionados en ricos paños que habían logrado con lo obtenido como contrapartida de todo lo negado.

Una vez más, nuestro gran etnólogo Joxe Migel Barandiaran tenía razón al decir que lo que se da a la “negación”, es decir el faltar a la verdad y al deber, la “negación” misma se lo lleva.

Joxe Migel de Barandiaran. Foto: Ruiz de Azua (Deia).

Lo mismo acontece en las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. Lo que hoy demos a la negación, la negación se lo cobrará mañana. Dicho de otro modo: lo que hurtemos a la naturaleza hoy, la propia naturaleza se encargará de arrebatárnoslo el día de mañana.

Sin duda, es importante que nos percatemos de esta realidad. Es preciso que percibamos la belleza de la naturaleza, del medio natural. Que tomemos conciencia de la importancia del entorno que nos hace vivir. Que comprendamos de una vez por todas, que el ser humano y la naturaleza sólo puede sobrevivir si son capaces de convivir en armonía.

Tierra. Agua. Aire. Tres elementos. Aliento de un pueblo. Alma de Euskal Herria. Un extraordinario tesoro que debemos proteger, preservar y salvaguardar. De lo contrario, lo que ahora concedamos a la negación incumpliendo de nuestros deberes, ella nos lo arrebatará mañana. O más aún, se la negará a las generaciones venideras. No cabe la menor duda: el futuro depende de todos nosotros y todas nosotras. El futuro está en nuestras manos, en manos de quienes vivimos hoy, aquí y ahora.

Por eso, no está de más recordar las palabras de Axular (**), cuando afirmaba: “Quisiera comparar el tiempo al agua. El agua corre siempre sin interrupción. El pasado es porvenir que se fue, perseguido por el futuro, porque el futuro sólo lo es un instante. Nadie bebe del agua pasada, ni de la que desaparece en la tierra: tiene que tomar de la que está por venir, que al pasar se hace presente”.

Axular. Foto: Wikipedia.

(*) En la mitología vasca, “la negación” era faltar a la verdad y a los deberes que imponía la asistencia mutua, lo que conllevaba un castigo: las lamias se hacían con parte de los bienes del culpable.

(**) Pedro de Aguerre y Azpilicueta (Urdax, Navarra,1556- Sara, Lapurdi, 1644), conocido como Axular, fue un escritor navarro en euskera, principal representante de la Escuela de Sara y considerado mejor prosista de la literatura en euskera. Texto: Wikipedia.

A disfrutar de las montañas

Foto: Ibones Azules (Panticosa)

Miles y miles de personas marcharán a las alturas de la península Ibérica. La mayor parte dejarán su esfuerzo por los desniveles pirenaicos.

Las cuestas cuestan, pero la cosecha, a menudo, resulta inmejorable. Allá arriba nos esperan verdor arbóreo, aguas que se despeñan, brisas que refrescan y hasta unos pocos alimentos silvestres en los que se resume una buena parte de lo que las cordilleras proponen a sus visitantes. Las diminutas fresas silvestres, que comenzaron a ser dulces al final de la primavera, van culminando su ciclo, que afortunadamente se encadena al de los endrinos y arándanos.

Desgraciadamente, nos encontraremos muchos glaciares que van disminuyendo o han desaparecido debido al problema medioambiental de alcance planetario que tenemos, como es el cambio climático.

Louis Ramond de Carbonnières, el primer viajero en sentido moderno que avistó el Aneto, definió este pico en 1787 como la “aguja de hielo”. Pero, si hoy lo volviera a contemplar, su descripción sería otra, y seguramente no podría evitar su decepción. El retroceso del glaciar del Aneto es galopante, como el resto de las montañas con nieves perpetuas de la península Ibérica. Los glaciares del Pirineo español, concentrados en la provincia de Huesca, han perdido un 75% de su superficie en sólo 32 años (de 1980 a 2012), según la última recopilación general del Gobierno aragonés dada a conocer este mismo año. El retroceso se ha acelerado desde el año 2000, por lo que se teme su total desaparición en unas pocas décadas.

Estos días se ha publicado que el glaciar de La Maladeta, uno de los más vigilados, parece tener fecha para su final: los expertos determinan que en un plazo de entre 20 y 30 años se habrá fundido. El cambio climático y, de manera indirecta, la acción del ser humano, suman para que se agudice una tendencia de consecuencias catastróficas a largo plazo. No solo se trata de reservas de agua dulce al acumular la nieve de todo el año, sino que los glaciares también regulan el ecosistema.

Glaciar de La Maladeta. Foto: eldiario.es

Pero no sólo vamos a fijarnos en desgracias, como es el cambio climático. Así, en las alturas maduran unas cuantas especies vegetales. En laderas y valles húmedos destacan las diminutas fresas silvestres y el tono oscuro de arándanos y endrinos.

También es tiempo de la flor `edelweiss´ o, para muchos, la flor de las nieves, muy famosa y delicada de la gran cordillera pirenaica, y bueno, también de otras -de hecho, es la flor nacional de Austria, motivo por el que se encuentra en su moneda de 2 céntimos de euro-. El edelweiss o la flor de las nieves, está protegida por ley en el Estado Español, y, por tanto, prohibida su recolección. Mejor será que la contemplemos y nada más. Siempre es mejor dejar que los seres vivos sigan viviendo. Desgraciadamente ha sido muy esquilmada.

Edelweiss. Leontopodium alpinum. Elur lore.

En la actualidad en la península Ibérica, se encuentra solamente en el Parque Natural de Sierra Nevada, el Pirineo, sobre todo en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, del que es su símbolo, y, aunque raramente, se puede encontrar también en las montañas del norte de León.

Por el contrario, resulta aconsejable apreciar el delicado olor y probar el recio sabor de los frutos de los arándanos y endrinos. Los encontraremos en muchos lugares de los Pirineos, prácticamente en todas las comarcas entre los 1.500 y los 2.000 metros de altitud.

Turismo rural

Ovejas latxa en Montes de Vitoria

Mientras en este recién estrenado verano encontraremos progresivamente multitudes de personas que van a las playas, que más parecen aglomeraciones sin poder casi colocar la toalla en la arena que espacios de asueto, miles de personas están descubriendo los parajes campestres. Es la apoteosis del turismo rural, donde hay paisaje austero y paisanaje cabal y sabio. Propicia el contacto con la madre naturaleza y el duro bregar del ser humano con la tierra nutricia, que Virgilio describió con belleza sublime en sus Bucólicas.

A algunos y a algunas quizás esto le suene a nostalgia decadente o a ensoñación. No es más que una incitación a recobrar el origen de las cosas naturales, para que el ambientalismo no se quede en mera pose o en palabrería. Unas cuantas cosas se puede mejorar en contacto con el campo, con la naturaleza. Porque, ¿qué decir de quien no distingue un mulo de un burro, un buey de un toro, un tordo de un gorrión, un gallo de una gallina, un mochuelo de una urraca, un vencejo de una golondrina, una espiga de cebada de una de trigo, un sembrado de avena de uno de centeno, un campo de remolacha de un patatal? Se sabe mucho de nuevas tecnologías, de Internet, y fotografía digital, pero se ignoran cosas elementales.

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Cendea de Galar (Navarra). 01.06.18.

Sin duda, el paso de una sociedad rural a otra urbana supone ventajas evidentes para sus miembros. Por ejemplo, el acceso a la educación y la sanidad es más fácil, al tiempo que aumentan la libertad y las oportunidades de emprender una nueva vida. No hay duda de que la alternativa urbana ha resultado muy atractiva para cientos de millones de personas y que en el siglo XX el éxodo de gentes del campo a las capitales y sus alrededores ha sido masivo.

En general, los humanos tenemos tendencia a agruparnos en función de la disponibilidad de recursos. Los grupos cazadores y recolectores eran menores que los de agricultores y, cuando los excedentes de producción y la capacidad de transporte hacen posibles aglomeraciones mayores, éstas crecen hasta extremos sorprendentes.

Pero, junto a las ventajas, hay también inconvenientes. La ciudad nos aleja de la diversidad que forman los demás seres vivos y nos hace perder nociones ambientales intuitivas que sí tiene la gente del campo. Los amantes de la naturaleza y los conservacionistas, entre los que me incluyo, nos hemos lamentado de ello muy a menudo. Son precisamente los habitantes del mundo rural los primeros en percibir los cambios negativos, la disminución de las poblaciones silvestres, la degradación de las aguas y el medio, y así podríamos seguir con más cuestiones. Aunque tampoco debemos caer en tópicos simplistas. El habitante rural siente próxima la naturaleza, pero no necesariamente aprecia todos sus componentes, como bien sabemos. Durante siglos, el hacha excesiva, el fuego fácil o el veneno cruel han sido manejados por agricultores y ganaderos. Como en botica, de todo hay: quien intuye, aprecia y respeta los valores de la naturaleza, y quien abusa de ellos y los destruye; quien observa, reflexiona y aprende, cerca de quien ignora y desprecia.

De todas formas, bienvenido sea el turismo rural, en que Euskal Herria tiene una amplia oferta, con visión integral, innovadora y de futuro. El reencuentro con la naturaleza nos devuelve a nuestros orígenes, seamos o no oriundos del campo, porque el ser humano fue primero cazador y después labrador, antes de diluirse en Babeles de asfalto y soledad. El estrés y otras enfermedades modernas son la hecatombe que sobreviene al ser humano tras la ruptura del equilibrio con la naturaleza. Estamos aún a tiempo de reconciliarnos con ella y con nosotros mismos.

Bosque de hayas. Peñacerrada (Alava).