Basuras en la naturaleza

Foto: Residuos Profesional

Estamos en primavera y es una época en la que una buena parte de la población urbana de Euskadi tiene la costumbre de acudir más asiduamente a encontrarse con la naturaleza y realizar en ella distintas actividades.

En general, se acude a zonas muy concretas cerca de la ciudad o el municipio, a los espacios naturales, a zonas recreativas, al monte, etcétera, concentrándose en poco espacio muchas personas con sus equipamientos.

Sin embargo, tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar en el campo, en el monte… es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Los parajes sobrecargados de visitantes sufren de una degradación importante del paisaje, por el aplastamiento de la vegetación, pisoteo y destrucción del suelo, ahuyentamiento de la fauna, y otras acciones por el estilo. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el contacto con la naturaleza.

La presencia de basuras se ha convertido en muchos casos en algo consustancial a nuestros campos y, salvo en lugares que por su valor ecológico se han declarado como espacios protegidos y disponen de una cierta vigilancia, ningún espacio próximo a un merendero, a un río o un embalse, se libra del rastro sucio de la civilización.

La comunidad científica e internacional coinciden a la hora de alertar sobre los posibles impactos del abandono de basuras en la naturaleza. Sin embargo, en medio de esta gran llamada a la acción, surge un obstáculo: el propio término littering. No está incluido en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y las posibles traducciones propuestas por distintas instituciones no siempre responden a la realidad del fenómeno ni contribuyen, de forma satisfactoria, a superar el reto de informar a la opinión pública sobre la envergadura del problema y cómo ser parte de la solución.  En inglés, la propia palabra littering puede generar confusiones porque también se emplea en contextos de suciedad urbana o para aludir a la hojarasca y a los desechos orgánicos.

Por todo ello, y tras consultar con expertos e investigadores especializados en biodiversidad, el proyecto Libera -la iniciativa de SEO/BirLife en alianza con Ecoembes para liberar a la naturaleza de basura- propone una palabra alternativa que, al menos en castellano, ayude a concienciar y prevenir el littering: `basuraleza´.

La ‘basuraleza’ está lejos de ser un problema meramente estético o secundario. Aunque queda mucho camino por recorrer en el ámbito científico, la evidencia es incontestable: estamos ante una catástrofe ambiental que requiere de acción de todas y todos.

Proyecto Libera

Según el proyecto Libera, la incidencia es especialmente grave en el caso de fauna y flora amenazada.  Por el momento, se estima que un 17% de las especies afectadas por la `basuraleza´ forma parte de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Un reciente estudio publicado en la revista Pnas calcula que el 90% de las aves marinas han ingerido plástico y que, de seguir así, se llegará al 99% en 2050.

¿Y qué ocurre con las especies terrestres? Los estudios en estos entornos son significativamente inferiores a los realizados en el mar.  Por eso, las apelaciones a un mayor esfuerzo investigador son más comunes. Ya existen análisis que sugieren que el impacto de la basuraleza terrestre podría ser mayor que la de los océanos. Así, según Up Clean Australia (“Limpiar Australia todos los días”), la mayor parte de los residuos que acaban en el océano provienen de tierra firme, aproximadamente el 80%.

Entre otras cuestiones, hay documentación que prueba como un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en los espacios naturales. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetra brik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, entre 10 y 20 años; un vidrio, entre 3.000 y 4.000 años. Además, las botellas de vidrio pueden ser causa de incendio forestal.

El proyecto LIBERA busca seguir contribuyendo a generar conocimiento sobre esta catástrofe ambiental, además de ayudar a prevenirla. Y ‘Basuraleza’ es el término que refleja el problema ambiental del abandono de residuos.

Voluntarios recogiendo basuras. Proyecto Libera.

2 comentarios sobre “Basuras en la naturaleza”

  1. Creo que olvidamos también la responsabilidad directa de los fabricantes de esos productos. Algunos pretenden diluirla impulsando campañas de limpieza y diluyendo su responsabilidad en la conciencia ciudadana de los consumidores de sus productos contaminantes.

    1. Hola Koldo. Tienes razón. Es contradictorio. Por una parte, es positivo este tipo de campañas, pero por otro está la responsabilidad de las empresas de envasadores, importadores, mayoristas y minoristas, muchas de ellas que forman parte de Ecoembes. Muchas gracias por tu comentario, por que permite la discusión y debate sobre esta problemática. Un saludo.

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