Naturaleza vasca

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz)

Gorbeia, Urkiola, Valderejo, Aitzkorri, Urdaibai, Haiko Harria, Aralar, humedal de Salburua y un largo etcétera, son algunos de esos 55 espacios que forman parte de la Red Natura 2000 en Euskadi. Ello supone formar parte de las referencias principales de la biodiversidad de la Unión Europea. Es una distinción a la cual Euskadi responde por encima de la media europea, ya que el 23% de nuestro territorio forma parte de dicha red. Pero también es una apuesta a futuro y un claro compromiso de la sociedad vasca con la biodiversidad y con el reto europeo.

Además, disponemos de otros espacios naturales que albergan una variedad singular de entornos o especies. En esas Zonas Especiales de Conservación y de Protección de Aves se ubican algunas de las especies más emblemáticas de nuestro patrimonio natural: la ranita meridional; águila perdicera, quebrantahuesos o el milano real; el cangrejo de río común; la libélula; el murciélago del bosque, la nutria euroasiática o el visón europeo; la lamprea; o plantas con flores como las droseras, el pie de gato, el geranio de roca, el nenúfar blanco o el acebuche.

Ranita meridional es el único anfibio en peligro de extinción en Euskadi. Foto: Wikipedia.

Euskadi supone algo menos del 1% del territorio de la UE y alberga aproximadamente el 35% de los hábitats de interés europeo, el 21% de las especies de fauna y el 2% de las de flora.

La ciudadanía vasca disfruta de una relación ancestral con la Naturaleza. Durante siglos han perdurado costumbres y usos que, integrados en la cultura vasca, han dado sentido a muchas de nuestras tradiciones. Numerosas leyendas y mitos asociados con la Naturaleza y sus elementos como Mari, Basajaun o las lamiak son parte de esas Zonas Especiales de Conservación en nuestros barrancos, ríos y fuentes. Veneramos árboles e incluso algunos animales del mundo rural como los murciélagos o las abejas cuentan con un espiritual significado. Todavía perduran costumbres asociadas a los elementos, como las relacionadas con las cosechas o los solsticios y ahí están los levantamientos del mayo para contarlo. Hasta hace poco más de un siglo nuestro pueblo ha sido rural y marinero.

Atorrak y lamiak entonan canciones satíricas en el Carnaval de Mundaka (Bizkaia). (Foto: I. Fradua)

Los paisajes que ahora asociamos como nuestros son fruto de siglos de convivencia de la naturaleza con esos usos y tradiciones. Somos herederos del legado que nos dejaron nuestros ancestros y es nuestra responsabilidad mantenerlo para las generaciones futuras. Tal vez, con la llegada del progreso insostenible, en las últimas décadas hemos relegado a un segundo plano ese patrimonio dando la espalda al mundo rural y a la biodiversidad. Hay quien ha confrontando progreso con conservación del medio y ello ha podido desligar la conexión secular del pueblo vasco con la naturaleza y su entorno. Afortunadamente, el mundo rural ha seguido conviviendo con ella y manteniéndola.

Un dicho popular dice que “para amar algo hay que conocerlo”. Por eso animo a la ciudadanía a que vuelva a la naturaleza y contacte con su entorno y con las tradiciones asociadas al mismo, conociendo los espacios de la Red europea Natura 2000 de Euskadi. Son territorios vivos, en los que el ser humano cohabita sin romper los equilibrios. Ahora es un buen momento, en pleno verano.

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