Migraciones de primavera

Golondrina común (Hirundo rustica), en Valdegobia (Alava). 29.03.18.

Cada año miles de millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de ida y vuelta para asegurar su supervivencia. Las aves migratorias, viajeras por obligación, tienen unas zonas del planeta como cuarteles de cría, donde se reproducen, y otras llamadas zonas de invernada, donde migran para sus ‘vacaciones’ de invierno. El alimento es su principal motivo.

La migración de las aves es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza y por eso lleva despertando la admiración y la curiosidad del ser humano desde tiempos inmemoriales.

Estamos en plena migración primaveral. Febrero y marzo registraron trasiegos ingentes que fueron llenando nuestros paisajes de nuevos colores, aleteos y cantos. Así, por ejemplo, los primeros ejemplares de la golondrina común (Hirundo rustica) llegan en el mes de febrero. La península Ibérica es una zona de paso de parte de la población europea, y las golondrinas atraviesan en primavera nuestro territorio cuando se dirigen hacia las zonas de cría en el norte del continente y vuelven a pasar hacia el sur en otoño en su ruta hacia las áreas africanas donde invernan.

En abril nos alcanzan especies como los vencejos comunes (Apus apus), abubilla (Upupa epops), ruiseñores comunes (Luscinia megarhynchos), abejarucos europeos (Merops apiaster), oropéndolas europeas (Oriolus oriolus) y un largo etcétera.

Abubilla (Upupa epops), en Larraga (Navarra). 14.04.18
Abejaruco europeo (Merops apiaster), en Lomas del Campo (Palencia). 01.05.17.

Y por citar a algunas de las especies citadas, me voy a referir a los vencejos, que son portentosos viajeros que pueden recorrer varios millones de kilómetros a lo largo de su vida. Las poblaciones del este de Siberia pasan los meses fríos en el corazón de África, lo que supone un viaje de, como mínimo, 30.000 kilómetros anuales. No resulta nada excepcional para un vencejo recorrer entre 1.000 y 1.500 kilómetros diarios en pos de su alimento. Y quizá lo más llamativo sea que no se posan para descansar, ni siquiera de noche, cuando dormitan en el aire tras elevarse a miles de metros de altura. Es más, a excepción de las temporadas en que cuidan de su nido en época de cría, comen, beben y copulan sin dejar de volar. Sus patas semiatrofiadas les impiden despegar si caen a una superficie llana, y por eso sus nidos se encuentran en lugares que les posibilitan el dejarse caer.

Vencejo común (Apus apus), en Osorno (Palencia). 15.05.17

Y cerrará la migración de primavera en mayo el abejero europeo (Pernis apivorus), una rapaz ciertamente original en cuanto a la alimentación se refiere. Y es que, a pesar de su envergadura de casi metro y medio, estas aves comen principalmente abejas, avispas y sus larvas. De él hablaremos en otra ocasión.

 

El león cavernario de Arrikrutz

Foto: Euskadi Basque Country

Desde su nacimiento en el paleolítico, el león cavernario de Arrikrutz -esta cueva se encuentra a mitad de camino de Oñati y Arantzatzu, en el barrio de Araotz- no había salido de Gipuzkoa. Tras su fallecimiento hace entre 12.000 y 50.000 años y hasta su descubrimiento hace poco más de medio siglo, el felino había descansado entre Oñati e Irun, en el Centro de Patrimonio Cultural Mueble Gordailua, dependiente de la Diputación de Gipuzkoa. En estos días se expone por primera vez al público en Burgos, antes de hacerlo en el Museo San Telmo de Donostia.

“La subida de la temperatura y la caza del hombre los llevaron a su extinción”. Así lo indica Asier Gómez Olivencia, investigador de Ikerbasque y comisario de la exposición que ha llevado al león de Arrikrutz al Museo de la Evolución Humana de Burgos.

De todos los restos de animales hallados, el ejemplar encontrado en 1966 por los jóvenes aficionados a la espeleología Iñaki Zubeldia y Jesús Manuel Maroto, tras doce horas perdidos en las cuevas de Arrikrutz, es único. Se trata del león cavernario más completo de la península ibérica y, “junto a dos o tres más”, de toda Europa.

La réplica completa del león de las cavernas hallado en la península Ibérica, y que como especie desapareció hace unos 10.000 años, es junto a una reproducción a escala del fiero animal de tres metros de longitud, una cola de 80 centímetros, una altura de 1,20 metros y 400 kilos de peso, uno de los principales atractivos de la galería 53 de Arrikrutz, que se inauguró en junio de 2007, en el municipio guipuzcoano de Oñati.

Impresionantes chimeneas, coladas y sifones entre cortinas, estalagmitas y otras formaciones típicas de la erosión del agua sobre espacios calizos muestran las muy diversas formas con las que las goteras que llevan calcita han vestido y engalanado la piedra que el río Andaola devoró, vaciándola por dentro y convirtiéndola en morada de animales prehistóricos.

Un grupo de espeleólogos en las entrañas de la cueva oñatiarra de Arrikrutz, que está situada bajo el macizo de Aizkorri. (Ainara García)

Además de las espectaculares bóvedas y formaciones que han ido modelando el agua, la cueva tiene también un interés paleontológico de primer orden. Así, se puede ver la réplica de una familia de osos, pues la cueva fue el hábitat de centenares de ellos. Durante las excavaciones que se efectuaron se recogieron restos óseos de 200 plantígrados. En Arrikrutz entraban muchos a hibernar. Otros animales como el ciervo gigante o el rinoceronte lanudo eran traídos por la corriente, bien porque habían muerto o bien porque se habían caído al río.

Sin duda, Arrikrutz es un templo calizo milenario en las profundidades subterráneas de Arantzatzu y un auténtico tesoro oculto de la espeleología, paleontología y arqueología vascas.

Arrikrutz es un auténtico tesoro oculto de la espeleología, paleontología y arqueología vascas. Foto: Euskadi Basque Country.

Datos prácticos:

  • Localización: La visita a la cueva de Arrikrutz comienza en el Centro de Acogida de Visitantes de Araotz, a medio camino entre Oñati y Arantzazu.
  • Horario: Todo el año, fines de semana y festivos a las 13:00 horas. Posibilidad concertar la visita en otro horario previa reserva llamando al 943082000, o arrikrutz@onati.eus.
  • Precios: Adultos: 9€. Niños (5-16 años inclusive): 6€. Niños (0-4 años): gratis. Jubilados: 6€. Adultos (grupos mayores de 15): 6€. Grupos Escolares: 4€/alumno.

Basuras en la naturaleza

Foto: Residuos Profesional

Estamos en primavera y es una época en la que una buena parte de la población urbana de Euskadi tiene la costumbre de acudir más asiduamente a encontrarse con la naturaleza y realizar en ella distintas actividades.

En general, se acude a zonas muy concretas cerca de la ciudad o el municipio, a los espacios naturales, a zonas recreativas, al monte, etcétera, concentrándose en poco espacio muchas personas con sus equipamientos.

Sin embargo, tenemos que ser conscientes que nuestra forma de actuar en el campo, en el monte… es muy importante. Un uso inadecuado de estos lugares puede provocar notables impactos en el suelo, en la flora y la fauna. Los parajes sobrecargados de visitantes sufren de una degradación importante del paisaje, por el aplastamiento de la vegetación, pisoteo y destrucción del suelo, ahuyentamiento de la fauna, y otras acciones por el estilo. Si a esto se añade la extraña costumbre de arrojar basuras, no es de extrañar que muchos lugares estén tan degradados que casi no sirven para su fin original: el contacto con la naturaleza.

La presencia de basuras se ha convertido en muchos casos en algo consustancial a nuestros campos y, salvo en lugares que por su valor ecológico se han declarado como espacios protegidos y disponen de una cierta vigilancia, ningún espacio próximo a un merendero, a un río o un embalse, se libra del rastro sucio de la civilización.

La comunidad científica e internacional coinciden a la hora de alertar sobre los posibles impactos del abandono de basuras en la naturaleza. Sin embargo, en medio de esta gran llamada a la acción, surge un obstáculo: el propio término littering. No está incluido en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE y las posibles traducciones propuestas por distintas instituciones no siempre responden a la realidad del fenómeno ni contribuyen, de forma satisfactoria, a superar el reto de informar a la opinión pública sobre la envergadura del problema y cómo ser parte de la solución.  En inglés, la propia palabra littering puede generar confusiones porque también se emplea en contextos de suciedad urbana o para aludir a la hojarasca y a los desechos orgánicos.

Por todo ello, y tras consultar con expertos e investigadores especializados en biodiversidad, el proyecto Libera -la iniciativa de SEO/BirLife en alianza con Ecoembes para liberar a la naturaleza de basura- propone una palabra alternativa que, al menos en castellano, ayude a concienciar y prevenir el littering: `basuraleza´.

La ‘basuraleza’ está lejos de ser un problema meramente estético o secundario. Aunque queda mucho camino por recorrer en el ámbito científico, la evidencia es incontestable: estamos ante una catástrofe ambiental que requiere de acción de todas y todos.

Proyecto Libera

Según el proyecto Libera, la incidencia es especialmente grave en el caso de fauna y flora amenazada.  Por el momento, se estima que un 17% de las especies afectadas por la `basuraleza´ forma parte de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Un reciente estudio publicado en la revista Pnas calcula que el 90% de las aves marinas han ingerido plástico y que, de seguir así, se llegará al 99% en 2050.

¿Y qué ocurre con las especies terrestres? Los estudios en estos entornos son significativamente inferiores a los realizados en el mar.  Por eso, las apelaciones a un mayor esfuerzo investigador son más comunes. Ya existen análisis que sugieren que el impacto de la basuraleza terrestre podría ser mayor que la de los océanos. Así, según Up Clean Australia (“Limpiar Australia todos los días”), la mayor parte de los residuos que acaban en el océano provienen de tierra firme, aproximadamente el 80%.

Entre otras cuestiones, hay documentación que prueba como un papel clínex puede tardar tres o cuatro meses en degradarse, los restos de comida no terminarán de pudrirlos los microorganismos del suelo antes de ocho meses, un cigarrillo con filtro requerirá de 1 a 2 años, y un papel de periódico -mucho más resistente que los papeles higiénicos-, unos cinco años, más o menos los mismos que un chicle. Pero lo peor son los envases, que supone el 40% de los residuos que se acumulan en los espacios naturales. Hechos para durar y con el peso mínimo para que facilite el transporte del contenido, los envases son el resultado de complejos procesos químicos que nada tienen que ver con los materiales que se encuentran en la Naturaleza. En su inmensa mayoría, los envases no tienen insectos, hongos o bacterias que los degraden y es la erosión y los agentes químicos naturales quienes harán el trabajo de retirarlos de la vista. Un bote de hojalata, no se degrada antes de una década; un tetra brik (compuesto de cartón, plástico y aluminio) resiste a la erosión varias décadas; una bolsa de plástico, entre 10 y 20 años; un vidrio, entre 3.000 y 4.000 años. Además, las botellas de vidrio pueden ser causa de incendio forestal.

El proyecto LIBERA busca seguir contribuyendo a generar conocimiento sobre esta catástrofe ambiental, además de ayudar a prevenirla. Y ‘Basuraleza’ es el término que refleja el problema ambiental del abandono de residuos.

Voluntarios recogiendo basuras. Proyecto Libera.

La agachadiza común presenta numerosas similitudes con la becada

Se trata de un ave zancuda limícola más bien pequeña, con un plumaje estampado. A pesar de poder adaptarse a distintos bioclimas, las aves limícolas están generalmente asociadas a zonas húmedas y esencialmente a zonas húmedas costeras, como los estuarios y lagunas. El nombre de las aves limícolas, viene del latín limus, significando que viven en el limo o lodo.

El largo del pico de la agachadiza común es aproximadamente el doble de la cabeza. Presenta numerosas similitudes morfológicas con la becada, entre ellas, por su pico largo y puntiagudo.

La agachadiza común o becacina, se dice que su nombre tuvo su origen en la costumbre de éstas de permanecer agachadas y quietas ante cualquier peligro.

La población que nidifica en la península Ibérica es muy escasa, encontrándose en la zona cántabro-atlántica, pero durante los pasos primaveral y otoñal, y en invierno, llega gran cantidad de aves de otros puntos de Europa, estableciéndose en marismas, humedales, terrenos pantanosos y encharcamientos, por todas las comunidades de la geografía peninsular.  En los inviernos crudos se trasladan desde sus lugares habituales hasta la costa, donde encuentran alimento.

Se alimenta principalmente de invertebrados, ya sean gusanos, insectos o moluscos. Es muy sensible a las variaciones del agua, ya que necesita un suelo rico en materia orgánica para obtener su alimento, que captura en aguas libres someras o en prados encharcados, hundiendo el pico.

Humedal de Salburua (Vitoria-Gasteiz).  Agachadiza común. Gallinago gallinago. Istingor arrunta. 19.01.2018.

 

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La Cerceta común, el menor pato de nuestros humedales

Cerceta común (macho), en el humedal de Salburua

El rasgo más característico de la cerceta común es, sin duda, su pequeño tamaño -es el menor de los patos que frecuentan nuestras zonas húmedas, con unos 35 cm de longitud-, y, por lo que respecta a los machos en plumaje nupcial, su bello diseño, en el que resalta el color castaño rojizo de la cabeza, que aparece surcada por un llamativo antifaz verde bordeado de una línea amarillenta.

El caso de las hembras, como en todas las ánades, son menos destacables en diseño, pero las podremos diferenciar de otras hembras por su reducido tamaño.

Está muy ampliamente distribuido. En la península ibérica es un invernante muy común que aparece en prácticamente todos los tipos de agua dulce. Es un nidificante muy escaso en Estado Español, apareciendo solo en el norte.

La alimentación es muy variada, siguiendo un régimen omnívoro. Durante la primavera abundan en su dieta las larvas de insectos, crustáceos y gusanos. En otoño comerá fundamentalmente semillas, brotes, etc. Durante el invierno caza pequeñas presas sumergiendo la cabeza en el agua.

Es aparentemente un pato silencioso, pero el macho produce un discreto aunque agradable y característico “crrit” acompañado de un silbido. No obstante, la hembra emite un áspero “cuac”, sobre todo cuando se excitan o alarman ya que generalmente están calladas.

Es aparentemente un pato silencioso, pero el macho produce un discreto aunque agradable y característico “crrit” acompañado de un silbido

Como la mayoría de los patos resulta torpe andando por el suelo, lo hace con bastante dificultad.  Sin embargo, el vuelo de estas aves es rápido, enérgico y errático, con capacidad para los cambios bruscos de sentido. Al principio es bajo, pero pronto se elevan con gran energía.

Las fotos están sacadas el 20 de enero de 2018 en los humedales de Salburua en Vitoria-Gasteiz donde son aves invernantes, siendo muy común encontrarlas en esas fechas.

                 Cerceta común. Anas crecca. Zertzeta arrunta           

      

 

Las primeras flores de la primavera

Brezo. Calluna vulgaris. Txilar arrunt. Foto: Pixabay.

En pocas semanas entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. Porque, si cada estación climatológica supone una serie de cambios en los elementos que componen los ecosistemas, la primavera puede ser calificada como el renacer y resurgir de la vida. Alimento y agua en abundancia, apareamientos, crianza, migraciones, floración…Una época sin igual para descubrir esos mágicos mecanismos que regulan el sorprendente equilibrio de los ecosistemas.

Y hablando de flores, marzo, es el mes de las flores rosáceas y malvas de lavandas, brezos rubios y romeros.

Las ofertas de la primavera son muchas, pero una de ellas, hermosísima, son ciertas coloraciones. Durante buena parte del mes de marzo, las laderas de las montañas de la península Ibérica se teñirán de rosáceos, malvas y azulencos. Los responsables son principalmente tres especies de la comunidad arbustiva: los brezos rubios, lavandas o cantuesos, y, en parte, los romeros.

Lavanda. Lavandula. Izpiliku. Foto: Pixabay

Con los primeros atisbos de abril, el paisaje, como si estuviera un poco harto de tanto morado, da un brusco giro hacia el limón. Ya estamos abriendo el calendario de los amarillos. Que comienza con los fogonazos, siempre muy espaciados, de los mimosos, árboles que se incendian incluso en febrero, pero que sujetan su flor hasta bien entrado abril.

La primavera es tiempo de flores. Por eso inunda todo el entorno con aromas, es decir, el lenguaje de las flores. Pero también de muchas cosas más. Es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles. En esta foto, tenemos al petirrojo, que canta a lo largo de todo el día, pero especialmente por la mañana muy temprano, incluso antes del amanecer, con un canto muy melodioso.

Petirrojo europeo. Erithacus rubecula. Txantxangorria. Foto sacada en Peñacerrada (Alava). 04.02.18. Auto: Julen Rekondo.

La turbera de Zalama, la “joya” de los montes de Ordunte

Vallado y restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

El proyecto LIFE+Ordunte Sostenible, que se ha realizado en los montes de Ordunte, con un presupuesto de 2,5 millones de euros, financiados a partes iguales por la Diputación de Bizkaia y la Unión Europea, y en el que la Fundación Hazi ha participado como socio y como entidades de apoyo el Ayuntamiento de Karrantza (Bizkaia) y el Gobierno vasco, ha publicado un libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, recopilando los últimos estudios y experiencias en la materia.

Este libro, dirigido fundamentalmente a los técnicos y gestores europeos de la Red Natura 2000 con representaciones de este hábitat, tiene la finalidad de difundir los conocimientos adquiridos para que puedan aportar pautas extrapolables a enclaves con problemáticas similares. En su redacción han participado reconocidos expertos (sus nombres aparecen en el enlace al final del artículo) con distintas aportaciones relativas a la descripción, restauración y protección de turberas.

Los trabajos realizados en este proyecto europeo LIFE, que han tenido una duración de cinco años, han estado centrados en diferentes hábitats propios de los montes vasco-cantábricos y protegidos por la Red Natura 2000, en el extremo oeste de Bizkaia, lindando con Cantabria y Burgos, siendo sus acciones más destacadas la restauración de la turbera de Zalama -la principal acción realizada-, la conservación de trampales-esfagnales (turberas incipientes) y la restauración del bosque autóctono.

A 1.343 metros de altura, la turbera de Zalama, que ha sido considerada como la “joya” de Ordunte, es un claro ejemplo de uno de los hábitats más raros y más amenazados de Europa: las turberas de cobertura, que están clasificadas como de interés comunitario. Zalamea es la única turbera de ese tipo existente en el País Vasco. Cabe señalar también, que, de todas las turberas existentes a nivel mundial, sólo un 3% es de tipo cobertor, lo que refuerza el interés de este enclave.

Se trata de una turbera que se alimenta exclusivamente del agua de la lluvia y de las continuas lluvias, y también es pobre en nutrientes. La acumulación progresiva de turba origina una morfología convexa con espesores máximos de 2 metros y que comenzó a formarse hace unos 8.000 años.

Durante las últimas décadas, la turbera de Zalama ha tenido importantes impactos perdiendo su cubierta vegetal y por tanto de la turba en diversas zonas, y no pudiendo, por lo tanto, retener el agua en su interior, debido a la erosión y a los incendios, agravado por la importante presión ganadera, trasiego de personas e incluso de vehículos.

En este hábitat destaca la presencia de la planta Eriophorum vaginatum, catalogada como “En peligro de extinción”, siendo la de Ordunte la única localidad conocida en el País Vasco donde se encuentra. Generadora de turba y propia de las turberas de tipo cobertor, esta peculiar hierba sólo aparece, a nivel de la península Ibérica, en la Cordillera Cantábrica y el Pirineo Catalán. En Bizkaia, esta planta cuenta con un Plan de Gestión, aprobado y desarrollado por la Diputación Foral, que pivota sobre la recuperación y conservación de esta turbera que le da cobijo.

Hierba algodonera (Eriophorum vaginatum) plantada en la restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

Por otra parte, numerosas especies de flora propias de enclaves húmedos encuentran acomodo en la turbera del Zalama, como el brezo de las turberas (Erica tetralix) y numerosos briófitos (musgos y hepáticas), entre los que cabe destacar la presencia de esfagnos (Sphagnum spp.), un tipo de musgo que es uno de los principales responsables de la formación de turberas. También están presentes otro tipo de plantas como la brecina (Calluna vulgaris).

Anfibios como el tritón palmeado, el sapo común, la rana común o la rana bermeja, y reptiles, como la lagartija de turbera o la culebra de collar, también utilizan este espacio para completar algunas fases de sus ciclos vitales.

La Diputación de Bizkaia ha trabajado desde 2009 en la restauración de la turbera de Zalama. La primera medida fue la construcción de un cierre perimetral para evitar la entrada del ganado, así como el tránsito de personas y vehículos. También se cubrieron los taludes con malla de coco biodegradable, un geotextil que frena la pérdida de turba producida por la erosión. Y gracias al proyecto LIFE+ Ordunte Sostenible se ha acabado de recubrir unos 7.000 metros cuadrados y para favorecer la restauración vegetal de las superficies protegidas con dicho geotextil, se han ido plantando esquejes y semillas de especies turfófilas recogidas en la propia turbera. Además, se ha creado un segundo vallado con el fin de estabilizar la zona perimetral de la turbera. El seguimiento de estas acciones está mostrando la efectividad de ellas. Así, por ejemplo, se ha frenado el proceso de erosión en la turbera, también se ha dado la colonización natural de algunas especies (Calluna vulgaris y Agrostis), y se ha reducido la presión ganadera sobre los trampales-esfagnales y hábitats hidroturbosos en la zona de Salduero. Para ello, se han instalado seis abrevaderos, 7 rascaderos y 5 puntos de sal en zonas menos sensibles al pisoteo del ganado, para que sirvan como foco de atracción para sacar al ganado de los trampales.

Rascadero de Salduero. Una de las medidas aplicadas para reducir la presión ganadera en este hábitat. Foto: Fundación Hazi.
Abrevadero “disuasorio”

Además, se han sustituido unas 180 hectáreas de plantaciones de pino radiata y 33 hectáreas de eucaliptos por arbolado autóctono -hayas y, secundariamente, robles, abedules o serbales de cazadores-. Asimismo, se ha mejorado la estructura de 51 hectáreas de marojal, promocionando la apertura del dosel y la reducción de la espesura para estimular el paso a monte alto.

Un técnico mide el tamaño de un haya plantada en una de las zonas de restauración forestal. Foto: Fundación Hazi.

También se ha acondicionado y señalizado un sendero de 30 kilómetros que atraviesa marojales, hayedos y vaguadas y que ofrece al visitante “un paisaje excepcional de estos montes de una manera ordenada”, del que hablaremos en un próximo artículo.

Enlace del libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, y otras informaciones de interés:

www.bizkaia.eus/lifeorduntesostenible

 

 

 

Narcisos: Las flores de febrero

Narciso. Narcissus. Nartziso. Foto: Pixabay.

En estos días de febrero tiene lugar la temprana eclosión de los narcisos (Narcissus) sobre los primeros céspedes anuales. Esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde mediados de este mes y hasta mayo, las encontraremos en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en el sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia). Un ejemplar de esta flor que aparece a continuación es el narciso del Cantábrico, cuyo autor es Javier Martin Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona, especialista en climatología, y académico de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.

Narcissus cantabricus. Lugar: Dehesa de Puertollano. Autor: Javier Martin Vide.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Narciso es el nombre común en español para Narcissus. En euskera, Nartziso.

El coche eléctrico: ¿Para cuándo?

Punto de recarga en Elgoibar (Gipuzkoa). Foto: Noticias de Gipuzkoa

Hasta hace poco el coche eléctrico era un gran desconocido, pero hoy en día cada vez se habla más de él. Hay quienes aseguran que su implantación es cosa de muy pocos años, aunque otros piensan, entre los que me encuentro, que consideramos que aún hay importantes barreras tecnológicas que superar.

Sin duda, la cada vez mayor concienciación ecológica ha hecho que los coches eléctricos comiencen a rodar por las carreteras, aunque todavía de forma muy incipiente. Son muchas las marcas que llevan unos cuantos años trabajando para dotarlos de mayor autonomía y conseguir que sean más asequibles económicamente, aunque estas dos cuestiones constituyen, junto a la carencia de infraestructuras de puntos de recarga, serios obstáculos en la actualidad para su implantación en el Estado Español.

Por otra parte, el escándalo Dieselgate en el que se manipuló por parte del consorcio Volkswagen sus motores diésel para que parecieran menos contaminantes, y su más reciente episodio deleznable con los experimentos en primates y humanos en un intento de rebatir la creciente evidencia científica sobre los efectos perniciosos para la salud de las emisiones de motores diésel, es otra cuestión que ha hecho que se ponga en primer plano la opción de los coches eléctricos. A ello, habría que añadir la lucha contra la contaminación atmosférica en nuestras ciudades y municipios, y contra el cambio climático, a lo que contribuyen tanto los vehículos de combustión.

He leído estos días que, en el mundo, uno de cada cuatro vehículos nuevos será eléctrico dentro de solo cuatro años, es decir, en 2022. Lo ha afirmado Stefan Issing, director de la división automovilística en la empresa IFS de software. No voy a rebatir tal afirmación, pero sí señalar, que una cosa es que la tendencia hacia el vehículo eléctrico sea bastante sólida, y pocos los discuten ya, y otra que el sector del coche eléctrico todavía tiene obstáculos que superar.

Se ha afirmado por parte de los máximos partidarios del coche eléctrico, que dichos vehículos no emiten gases contaminantes y esta es una gran ventaja con respecto a los coches convencionales. Al estar propulsados por electricidad generan cero emisiones de CO2, principal gas que contribuye al cambio climático. Pero que un coche no contamine no quiere decir que su huella de carbono sea mucho menor que la de un coche con motor de combustión. Si la electricidad que consume no procede de fuentes renovables, poco se gana en cuanto a emisiones que contribuyen al cambio climático. El desafío está en conseguir combinar las renovables con los motores eléctricos.

Pero, además, es necesario superar otros problemas como la capacidad y autonomía de las baterías, la mejora de las infraestructuras, entre otros, así como su coste elevado, aunque los defensores de este tipo de automóviles afirman que la inversión inicial a la larga se amortiza, debido al ahorro energético y las ventajas fiscales.

En cuanto a la autonomía de las baterías, actualmente no supera los 150 kilómetros, por tanto, es muy baja. Aunque algunos fabricantes aseguran que, en muy poco tiempo es posible que haya coches eléctricos con una autonomía muy superior, hasta de 400-500 km.

Autonomías cercanas a los 400 kilómetros reducirían las reticencias sobre el coche eléctrico en Euskadi. (Oskar González). Deia.

Otro problema significativo, son las infraestructuras de carga estandarizadas. Cargar una batería requiere mucho trabajo y tarda mucho más que repostar en una gasolinera, además de que son escasos los puntos de carga.

Las administraciones públicas, entre ellas el Gobierno Vasco, como ya lo hace, pueden realizar muchas cosas en este campo, como ayudas para la compra, reducción en el impuesto de circulación, apoyo a I+D+i, ayudas a la instalación de enchufes, etc.

En definitiva, parece que el coche eléctrico se va a ir imponiendo a los vehículos de combustión, aunque otra cuestión es el ritmo y los plazos. No obstante, el coche eléctrico no va a sustituir al transporte público, los desplazamientos a pie, y en bicicleta, como alternativas primordiales al actual modelo de transporte insostenible, aunque sí como una pieza más en el modelo de movilidad sostenible de los próximos años.

La Policía de Portugalete incorpora a su flota un coche eléctrico. (Miguel A. Pardo). Deia

El placer de beber buena agua del grifo

Jarra y vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Un cliente entra en un bar y pide un bocadillo. ¿Para beber? Una jarra de agua, por favor. No tenemos, tendrá que ser de botella, responde el camarero. Esta situación se da todavía en numerosos bares, cafeterías, restaurantes, etc., aunque también en los últimos tiempos en algunas ciudades y municipios, es cada vez más frecuente que los locales ofrezcan a sus clientes agua de grifo en jarras de cristal, cuya calidad es excelente en la mayor parte de las ciudades y municipios.

Hoy en día, el agua de grifo es el producto alimenticio que más controles pasa, ya que la legislación existente sobre el agua de consumo es muy exigente y está basada en directivas de la Unión Europea. En cada localidad se realiza un análisis completo del agua de forma rutinaria, pasando controles sistemáticos con una frecuencia que puede ser diaria, y siguiendo numerosos parámetros de calidad.

En Euskadi, así como en otras comunidades, cada vez que abrimos el grifo la responsabilidad es municipal, y cada comunidad recopila los datos y analiza las tendencias que le aportan sus municipios. De esta forma se consigue un mayor control sanitario que las aguas envasadas, a pesar de que el coste de éstas puede ser hasta seis veces superior.

Entonces, si son todo ventajas, ¿por qué existe resistencia por parte de algunos hosteleros y fabricantes de envases y máquinas expendedoras? La respuesta es bastante sencilla, y solo se puede explicar porque les afectará en alguna medida a sus intereses económicos. Se nos ha hecho creer por parte de la industria del agua que el agua embotellada es superior a la del grifo, como consecuencia de una publicidad engañosa, y el marketing.

Pero, además de la buena calidad del agua de grifo y el ahorro económico que supone al que los consumidores tienen derecho, el agua corriente es más respetuosa con el medio ambiente, mientras que la huella ecológica del agua embotellada es significativamente mayor, especialmente en lo que respecta a su envoltura y transporte. De los diversos envases que se utilizan, la mayor parte son de plástico -el 90%-, y el resto vidrio, sea retornable o no retornable. El uso de botellas de plástico requiere un gran consumo energético para su producción, transporte y residuos que hay que gestionar, y que fuera de casa también se puede ofrecer o pedir agua del grifo.

Una persona llenando el vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Asimismo, se debe tener en cuenta que a nivel mundial se utilizan 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua, y gran cantidad de esos envases se tiran directamente a la basura, reciclándose en el caso de Europa solamente el 25%, yendo el resto a parar a vertederos, al medio natural o al mar. Además, una botella de plástico puede tardar hasta 500 años en descomponerse.

Cada vez somos más las personas en muchos lugares que reivindicamos el consumo de agua del grifo por ser de mayor calidad, por ser más eficiente desde el punto de vista energético (producción, transporte, reparto …), más económica, más respetuosa con el medio ambiente, etc. Pero debemos ser muchos y muchas más. Para eso hay que seguir fomentando a través de campañas, que ya se han hecho en algunos lugares, pero que hay que seguir con ellas, el uso del agua del grifo como un bien público y no como una mercancía. En diversas ciudades y países del mundo, como Francia y Estados Unidos, servir agua corriente es una práctica extendida en los establecimientos hosteleros.

Campaña de fomento del agua del grifo en Navarra. Foto: Noticias de Navarra.