Bienvenida, primavera

Golondrina común. Hirundo rustica. Enara arrunta. Espejo (Alava). 10.04.17.

En pocos días, el 20 de marzo, entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. La primavera marca un nuevo ciclo, el sol que vuelve a salir nos conecta con el optimismo, con nuestra fuerza vital y nuestra disposición para comenzar de nuevo.

La orografía y los componentes climatológicos existentes en Euskadi provocan variaciones incluso dentro del propio territorio. Como consecuencia, la primavera puede hacerse notar de forma más intensa en unos u otros puntos. Tanto en animales como en vegetales los cambios provocados en la primavera son básicamente hormonales y fisiológicos, y se desencadenan debido a la temperatura, fotoperíodo y disponibilidades de agua y alimento. Aunque tradicionalmente se dio a la temperatura una gran importancia como mecanismo básico, parece que su importancia no es tal, siempre y cuando se mantenga entre unos determinados límites. Contrariamente al caso de la primavera, para los procesos de largo letargo invernal, tanto en vegetales como en animales, su importancia parece que es mayor. El fotoperíodo presenta dos componentes. Por un lado, el número de horas de luz que soporta el ser vivo a lo largo del día; y por otro, la intensidad de luz que le llega. Normalmente se le considera como mecanismo regulador básico, siendo responsable de que, en un momento dado, se dispare el instinto migrador de ciertas especies de aves, viajando en una u otra dirección en busca de climas más propicios.

Abubilla. Upupa epops. Argi-oilarra. Hontoria (Alava). 25.04.17

Así, llegarán progresivamente las aves migratorias con la irrupción de la primavera, cumpliendo con un fenómeno ancestral, aunque algunas aves lo hacen antes debido al cambio climático. Millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de los llamados cuarteles de invierno, en el sur, en África, donde permanecen por disponer de un clima más benigno en la estación más fría del año a otras zonas donde se reproducen. Poco a poco estarán entre nosotros las golondrinas, la abubilla, el colirrojo tizón, el vencejo, el pardillo común, etcétera. Y más adentrada la primavera llegarán otras aves, entre ellas, el abejaruco, tan bonito por sus colores, al que tanto le gusta la miel, pero que no es ningún problema para nuestras abejas y colmenas, cuyo enemigo principal es el cambio climático.

Abejaruco europeo. Merops apiaster. Erle-txoria/Erlejalea. 10.05.17. Osorio (Palencia)

La disponibilidad de agua y alimento, más que un elemento desencadenante de toda una serie de procesos, es una consecuencia de la llegada de la primavera, que permite el desarrollo de toda una serie de mecanismos ecológicos. Por ejemplo, las aves eclosionan cuando el número de insectos es mayor, y por tanto el alimento es más abundante. Los vegetales germinan cuando, antes de los calores estivales, la disponibilidad hídrica es mayor. Los animales de sangre fría crían cuando la luz y la temperatura es tal que las crías pueden mantener la temperatura corporal sin grandes esfuerzos.

El equinoccio de primavera nos da la oportunidad también de muchas más cosas. Después del invierno, en donde muchos animales hibernan por las condiciones climáticas, en la primavera vuelven a salir, los árboles se llenan de flores y es la época del apareamiento, de la creación de la nueva vida, de las nuevas proles. Es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia.

¡Feliz Equinoccio, buena primavera para todas y todos!

 

Obsolescencia programada

Foto: Agencia de Noticias.

Actualmente el 80% de los impactos ambientales de cualquier producto se pueden evitar en la fase de diseño. El problema es que se diseñan productos con muy poca durabilidad o que se estropean a la mínima de cambio para que el consumidor vuelva a cambiar de artículo y pagar por otro. Es la obsolescencia programada.

Es muy fácil ver en cantidad de productos o artículos que compramos lo difícil o incluso diría más, lo imposible que resulta deshacerlos para que se puedan aprovechar sus recursos naturales. Pero también sucede que no se pueden reparar, porque fueron concebidos y fabricados para funcionar de tal manera que se cumpla lo que es la sociedad de consumo actual, es decir, comprar, usar, tirar y volver a comprar. Claramente estos productos no fueron diseñados con la intención de repararse.

Hasta hace muy poco y ahora todavía, aunque se intenta hacer las cosas poco a poco de diferente manera, las inversiones en I+D han sido para ver cómo reducir la durabilidad de los aparatos, más que mejorarlos para el consumidor. Cantidad de productos, entre ellos y por citar algunos, como los electrodomésticos, bombillas, aparatos electrónicos, etc., tienen unas expectativas de vida muy cortas. Así, por ejemplo, los móviles tienen una expectativa de vida que oscila entre uno y dos años. Los materiales con los que se fabrican estos aparatos son en su mayoría escasos y valiosos, por lo que la falta de reparación, reutilización y reciclaje provoca un despilfarro de recursos naturales. Pero a su vez, son muy contaminantes, lo que conlleva impactos muy graves tanto en las zonas donde se extraen los materiales como en aquellas donde se depositan sus residuos.

Cuando el consumidor se aventura en preguntar o intentar reparar uno de esos aparatos, se le dice muy rápidamente que resulta más barato comprar uno nuevo, o simplemente que no se puede reparar. Con semejante respuesta, parece que tuvieras que emigrar a Suecia. Tal como suena. Pero, ¿qué tiene que ver el país nórdico con las reparaciones de determinados artículos o productos? Pues mucho. El Gobierno sueco hace dos años decidió aplicar exenciones tributarias a los ciudadanos y a las ciudadanas que opten por reparar los objetos en vez de reemplazarlos a las primeras de cambio. La medida incluye frigoríficos, lavadoras y bicicletas y también ropa. Se ha reducido a la mitad el IVA que se aplica a las reparaciones de ropa y de bicicletas. Sin duda, el hecho de rebajar el coste de las reparaciones puede animar a fabricar productos de mayor calidad y durabilidad. Y hay otros beneficios asociados: las reparaciones suelen hacerse en el mismo lugar de la compra por lo que no corren el riesgo de deslocalizarse, como sí es el caso de la producción. En otras palabras: creación de puestos de trabajos para los suecos y las suecas.

De todas formas, es justo reconocer la labor tan meritoria que llevan haciendo en Euskadi, entidades como Koopera, Berziklatu, Rezikleta, Traperos de Emaús u otras en cuanto a la reutilización, reparación, además del reciclaje, con el apoyo de las instituciones vascas, en la que cobra fuerza la economía circular en vez de seguir el paradigma de la economía lineal -produzco, uso y tiro-, y, por tanto, poniendo en un primer plano la prevención, reutilización, reparación y reciclaje.

Iosu Campion, trabajador de Traperos de Emaús, junto a David Villegas, coordinador de ‘Arréglatelas’, en el espacio de autorreparación de Berriozar (Navarra). (OSKAR MONTERO). Noticias de Navarra.

Ahora bien, todavía estamos lejos de lo que es la economía circular, y aunque las Instituciones vascas no tengan competencias al respecto en algunas cuestiones, sí se pueden poner en marcha algunas iniciativas muy importantes en la transición hacia una economía circular, como ya se viene haciendo en los últimos años.

Legislar, en el sentido de que al fabricar un producto tengamos en cuenta el residuo que se va a generar para que este sea reutilizable, o que se puede reparar cuando tiene alguna avería, implicaría hacer que las marcas aumenten el alargamiento de las garantías; incentivar que los productos se puedan reparar; que las marcas diseñen productos que permitan la extracción de piezas, componentes, baterías; rebajar impuestos a las marcas que lo hagan; asegurar la disponibilidad de residuos con las condiciones adecuadas para la reutilización en centros especializados; perseguir y multar la obsolescencia programada intencionada; impulso a las empresas sociales para la reparación, reutilización y reciclaje de residuos; etc., eso sería avanzar a un estadio cualitativamente muy diferente al actual.

De todas formas, un paso muy positivo se puede dar en el marco europeo próximamente. Y es que el pasado 4 de julio, el Parlamento Europeo aprobó con 662 votos a favor y 32 en contra el Informe sobre una vida útil más larga para los productos, instando a la Comisión Europea a que adopte medidas. Cabe pensar, que la Comisión Europea tendrá que poner en marcha algunas iniciativas al respecto.

Otro dato de interés, es el de Francia, que abandera la lucha contra la obsolescencia programada. A este respecto, cabe señalar, que el senador francés Jean-Vincent Placé, presidente de los Verdes de ese país, se ha convertido en el paladín de la lucha contra la obsolescencia programada, al presentar en marzo de 2017 un proyecto de ley para sancionar a los fabricantes que utilicen esa táctica mercantil, por considerarla injusta y perjudicial para el medio ambiente. Como él mismo detalló en una comparecencia en el Senado francés, en el 45% de los casos los aparatos se sustituyen cuando todavía están en buen funcionamiento o deberían poder ser reparados: “Hay que poner fin a esta estafa de usar y tirar, se debe garantizar el poder utilizar productos fiables, reparables y duraderos”, afirmó.

La solución no es sencilla, y romper con inercias del pasado no es cuestión de dos días. Pero, cabe preguntarse: ¿En un contexto de incesante avance tecnológico, es tan difícil mejorar la durabilidad de los productos?

Foto: Aeress (Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria).

Las primeras flores de la primavera

Brezo. Calluna vulgaris. Txilar arrunt. Foto: Pixabay.

En pocas semanas entraremos en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. Porque, si cada estación climatológica supone una serie de cambios en los elementos que componen los ecosistemas, la primavera puede ser calificada como el renacer y resurgir de la vida. Alimento y agua en abundancia, apareamientos, crianza, migraciones, floración…Una época sin igual para descubrir esos mágicos mecanismos que regulan el sorprendente equilibrio de los ecosistemas.

Y hablando de flores, marzo, es el mes de las flores rosáceas y malvas de lavandas, brezos rubios y romeros.

Las ofertas de la primavera son muchas, pero una de ellas, hermosísima, son ciertas coloraciones. Durante buena parte del mes de marzo, las laderas de las montañas de la península Ibérica se teñirán de rosáceos, malvas y azulencos. Los responsables son principalmente tres especies de la comunidad arbustiva: los brezos rubios, lavandas o cantuesos, y, en parte, los romeros.

Lavanda. Lavandula. Izpiliku. Foto: Pixabay

Con los primeros atisbos de abril, el paisaje, como si estuviera un poco harto de tanto morado, da un brusco giro hacia el limón. Ya estamos abriendo el calendario de los amarillos. Que comienza con los fogonazos, siempre muy espaciados, de los mimosos, árboles que se incendian incluso en febrero, pero que sujetan su flor hasta bien entrado abril.

La primavera es tiempo de flores. Por eso inunda todo el entorno con aromas, es decir, el lenguaje de las flores. Pero también de muchas cosas más. Es tiempo de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles. En esta foto, tenemos al petirrojo, que canta a lo largo de todo el día, pero especialmente por la mañana muy temprano, incluso antes del amanecer, con un canto muy melodioso.

Petirrojo europeo. Erithacus rubecula. Txantxangorria. Foto sacada en Peñacerrada (Alava). 04.02.18. Auto: Julen Rekondo.

La turbera de Zalama, la “joya” de los montes de Ordunte

Vallado y restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

El proyecto LIFE+Ordunte Sostenible, que se ha realizado en los montes de Ordunte, con un presupuesto de 2,5 millones de euros, financiados a partes iguales por la Diputación de Bizkaia y la Unión Europea, y en el que la Fundación Hazi ha participado como socio y como entidades de apoyo el Ayuntamiento de Karrantza (Bizkaia) y el Gobierno vasco, ha publicado un libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, recopilando los últimos estudios y experiencias en la materia.

Este libro, dirigido fundamentalmente a los técnicos y gestores europeos de la Red Natura 2000 con representaciones de este hábitat, tiene la finalidad de difundir los conocimientos adquiridos para que puedan aportar pautas extrapolables a enclaves con problemáticas similares. En su redacción han participado reconocidos expertos (sus nombres aparecen en el enlace al final del artículo) con distintas aportaciones relativas a la descripción, restauración y protección de turberas.

Los trabajos realizados en este proyecto europeo LIFE, que han tenido una duración de cinco años, han estado centrados en diferentes hábitats propios de los montes vasco-cantábricos y protegidos por la Red Natura 2000, en el extremo oeste de Bizkaia, lindando con Cantabria y Burgos, siendo sus acciones más destacadas la restauración de la turbera de Zalama -la principal acción realizada-, la conservación de trampales-esfagnales (turberas incipientes) y la restauración del bosque autóctono.

A 1.343 metros de altura, la turbera de Zalama, que ha sido considerada como la “joya” de Ordunte, es un claro ejemplo de uno de los hábitats más raros y más amenazados de Europa: las turberas de cobertura, que están clasificadas como de interés comunitario. Zalamea es la única turbera de ese tipo existente en el País Vasco. Cabe señalar también, que, de todas las turberas existentes a nivel mundial, sólo un 3% es de tipo cobertor, lo que refuerza el interés de este enclave.

Se trata de una turbera que se alimenta exclusivamente del agua de la lluvia y de las continuas lluvias, y también es pobre en nutrientes. La acumulación progresiva de turba origina una morfología convexa con espesores máximos de 2 metros y que comenzó a formarse hace unos 8.000 años.

Durante las últimas décadas, la turbera de Zalama ha tenido importantes impactos perdiendo su cubierta vegetal y por tanto de la turba en diversas zonas, y no pudiendo, por lo tanto, retener el agua en su interior, debido a la erosión y a los incendios, agravado por la importante presión ganadera, trasiego de personas e incluso de vehículos.

En este hábitat destaca la presencia de la planta Eriophorum vaginatum, catalogada como “En peligro de extinción”, siendo la de Ordunte la única localidad conocida en el País Vasco donde se encuentra. Generadora de turba y propia de las turberas de tipo cobertor, esta peculiar hierba sólo aparece, a nivel de la península Ibérica, en la Cordillera Cantábrica y el Pirineo Catalán. En Bizkaia, esta planta cuenta con un Plan de Gestión, aprobado y desarrollado por la Diputación Foral, que pivota sobre la recuperación y conservación de esta turbera que le da cobijo.

Hierba algodonera (Eriophorum vaginatum) plantada en la restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

Por otra parte, numerosas especies de flora propias de enclaves húmedos encuentran acomodo en la turbera del Zalama, como el brezo de las turberas (Erica tetralix) y numerosos briófitos (musgos y hepáticas), entre los que cabe destacar la presencia de esfagnos (Sphagnum spp.), un tipo de musgo que es uno de los principales responsables de la formación de turberas. También están presentes otro tipo de plantas como la brecina (Calluna vulgaris).

Anfibios como el tritón palmeado, el sapo común, la rana común o la rana bermeja, y reptiles, como la lagartija de turbera o la culebra de collar, también utilizan este espacio para completar algunas fases de sus ciclos vitales.

La Diputación de Bizkaia ha trabajado desde 2009 en la restauración de la turbera de Zalama. La primera medida fue la construcción de un cierre perimetral para evitar la entrada del ganado, así como el tránsito de personas y vehículos. También se cubrieron los taludes con malla de coco biodegradable, un geotextil que frena la pérdida de turba producida por la erosión. Y gracias al proyecto LIFE+ Ordunte Sostenible se ha acabado de recubrir unos 7.000 metros cuadrados y para favorecer la restauración vegetal de las superficies protegidas con dicho geotextil, se han ido plantando esquejes y semillas de especies turfófilas recogidas en la propia turbera. Además, se ha creado un segundo vallado con el fin de estabilizar la zona perimetral de la turbera. El seguimiento de estas acciones está mostrando la efectividad de ellas. Así, por ejemplo, se ha frenado el proceso de erosión en la turbera, también se ha dado la colonización natural de algunas especies (Calluna vulgaris y Agrostis), y se ha reducido la presión ganadera sobre los trampales-esfagnales y hábitats hidroturbosos en la zona de Salduero. Para ello, se han instalado seis abrevaderos, 7 rascaderos y 5 puntos de sal en zonas menos sensibles al pisoteo del ganado, para que sirvan como foco de atracción para sacar al ganado de los trampales.

Rascadero de Salduero. Una de las medidas aplicadas para reducir la presión ganadera en este hábitat. Foto: Fundación Hazi.
Abrevadero “disuasorio”

Además, se han sustituido unas 180 hectáreas de plantaciones de pino radiata y 33 hectáreas de eucaliptos por arbolado autóctono -hayas y, secundariamente, robles, abedules o serbales de cazadores-. Asimismo, se ha mejorado la estructura de 51 hectáreas de marojal, promocionando la apertura del dosel y la reducción de la espesura para estimular el paso a monte alto.

Un técnico mide el tamaño de un haya plantada en una de las zonas de restauración forestal. Foto: Fundación Hazi.

También se ha acondicionado y señalizado un sendero de 30 kilómetros que atraviesa marojales, hayedos y vaguadas y que ofrece al visitante “un paisaje excepcional de estos montes de una manera ordenada”, del que hablaremos en un próximo artículo.

Enlace del libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, y otras informaciones de interés:

www.bizkaia.eus/lifeorduntesostenible

 

 

 

Narcisos: Las flores de febrero

Narciso. Narcissus. Nartziso. Foto: Pixabay.

En estos días de febrero tiene lugar la temprana eclosión de los narcisos (Narcissus) sobre los primeros céspedes anuales. Esas flores blancas y amarillas, con nombre de mito griego, de forma lenta, desde mediados de este mes y hasta mayo, las encontraremos en miles y miles de puntos por cualquier paisaje. No en vano, se cuentan unas 50 especies de narcisos en la península Ibérica, casi la mitad endémicas, adaptadas prácticamente a todos los hábitats. Seis de las variedades peninsulares están consideradas como escasas y en peligro.

El aliado de estas flores es el mes de febrero, que con la humedad y el lento incremento de la duración del día y el leve calor les concede la oportunidad de que las podamos admirar. Y también nuestro olfato, porque a veces llenan el aire de uno de los mejores aromas conocidos.

Estas flores con forma de trompeta resultan especialmente abundantes en las comarcas de media montaña de toda la península. La variedad de tonos blancos, por muchos llamados junquillos, puede ser vista entre los matorrales de la mitad sur de la Península. El narciso Trompeta de Medusa, grande y amarillo, prefiere los prados de la mitad norte. Los hay también que nacen en las rocas, como el narciso del Cantábrico.

Pero el narciso del Cantábrico no tiene nada que ver con el mar Cantábrico. Su distribución está en el sur de la Península Ibérica y noroeste de África (Marruecos y Argelia). Un ejemplar de esta flor que aparece a continuación es el narciso del Cantábrico, cuyo autor es Javier Martin Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona, especialista en climatología, y académico de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.

Narcissus cantabricus. Lugar: Dehesa de Puertollano. Autor: Javier Martin Vide.

Los narcisos se yerguen, desde la subterránea perennidad de un bulbo, con una delicadeza e intensidad cromática tal que pronto se inclinan. Por eso se llaman como se llaman.

Narciso es el nombre común en español para Narcissus. En euskera, Nartziso.

El coche eléctrico: ¿Para cuándo?

Punto de recarga en Elgoibar (Gipuzkoa). Foto: Noticias de Gipuzkoa

Hasta hace poco el coche eléctrico era un gran desconocido, pero hoy en día cada vez se habla más de él. Hay quienes aseguran que su implantación es cosa de muy pocos años, aunque otros piensan, entre los que me encuentro, que consideramos que aún hay importantes barreras tecnológicas que superar.

Sin duda, la cada vez mayor concienciación ecológica ha hecho que los coches eléctricos comiencen a rodar por las carreteras, aunque todavía de forma muy incipiente. Son muchas las marcas que llevan unos cuantos años trabajando para dotarlos de mayor autonomía y conseguir que sean más asequibles económicamente, aunque estas dos cuestiones constituyen, junto a la carencia de infraestructuras de puntos de recarga, serios obstáculos en la actualidad para su implantación en el Estado Español.

Por otra parte, el escándalo Dieselgate en el que se manipuló por parte del consorcio Volkswagen sus motores diésel para que parecieran menos contaminantes, y su más reciente episodio deleznable con los experimentos en primates y humanos en un intento de rebatir la creciente evidencia científica sobre los efectos perniciosos para la salud de las emisiones de motores diésel, es otra cuestión que ha hecho que se ponga en primer plano la opción de los coches eléctricos. A ello, habría que añadir la lucha contra la contaminación atmosférica en nuestras ciudades y municipios, y contra el cambio climático, a lo que contribuyen tanto los vehículos de combustión.

He leído estos días que, en el mundo, uno de cada cuatro vehículos nuevos será eléctrico dentro de solo cuatro años, es decir, en 2022. Lo ha afirmado Stefan Issing, director de la división automovilística en la empresa IFS de software. No voy a rebatir tal afirmación, pero sí señalar, que una cosa es que la tendencia hacia el vehículo eléctrico sea bastante sólida, y pocos los discuten ya, y otra que el sector del coche eléctrico todavía tiene obstáculos que superar.

Se ha afirmado por parte de los máximos partidarios del coche eléctrico, que dichos vehículos no emiten gases contaminantes y esta es una gran ventaja con respecto a los coches convencionales. Al estar propulsados por electricidad generan cero emisiones de CO2, principal gas que contribuye al cambio climático. Pero que un coche no contamine no quiere decir que su huella de carbono sea mucho menor que la de un coche con motor de combustión. Si la electricidad que consume no procede de fuentes renovables, poco se gana en cuanto a emisiones que contribuyen al cambio climático. El desafío está en conseguir combinar las renovables con los motores eléctricos.

Pero, además, es necesario superar otros problemas como la capacidad y autonomía de las baterías, la mejora de las infraestructuras, entre otros, así como su coste elevado, aunque los defensores de este tipo de automóviles afirman que la inversión inicial a la larga se amortiza, debido al ahorro energético y las ventajas fiscales.

En cuanto a la autonomía de las baterías, actualmente no supera los 150 kilómetros, por tanto, es muy baja. Aunque algunos fabricantes aseguran que, en muy poco tiempo es posible que haya coches eléctricos con una autonomía muy superior, hasta de 400-500 km.

Autonomías cercanas a los 400 kilómetros reducirían las reticencias sobre el coche eléctrico en Euskadi. (Oskar González). Deia.

Otro problema significativo, son las infraestructuras de carga estandarizadas. Cargar una batería requiere mucho trabajo y tarda mucho más que repostar en una gasolinera, además de que son escasos los puntos de carga.

Las administraciones públicas, entre ellas el Gobierno Vasco, como ya lo hace, pueden realizar muchas cosas en este campo, como ayudas para la compra, reducción en el impuesto de circulación, apoyo a I+D+i, ayudas a la instalación de enchufes, etc.

En definitiva, parece que el coche eléctrico se va a ir imponiendo a los vehículos de combustión, aunque otra cuestión es el ritmo y los plazos. No obstante, el coche eléctrico no va a sustituir al transporte público, los desplazamientos a pie, y en bicicleta, como alternativas primordiales al actual modelo de transporte insostenible, aunque sí como una pieza más en el modelo de movilidad sostenible de los próximos años.

La Policía de Portugalete incorpora a su flota un coche eléctrico. (Miguel A. Pardo). Deia

El placer de beber buena agua del grifo

Jarra y vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Un cliente entra en un bar y pide un bocadillo. ¿Para beber? Una jarra de agua, por favor. No tenemos, tendrá que ser de botella, responde el camarero. Esta situación se da todavía en numerosos bares, cafeterías, restaurantes, etc., aunque también en los últimos tiempos en algunas ciudades y municipios, es cada vez más frecuente que los locales ofrezcan a sus clientes agua de grifo en jarras de cristal, cuya calidad es excelente en la mayor parte de las ciudades y municipios.

Hoy en día, el agua de grifo es el producto alimenticio que más controles pasa, ya que la legislación existente sobre el agua de consumo es muy exigente y está basada en directivas de la Unión Europea. En cada localidad se realiza un análisis completo del agua de forma rutinaria, pasando controles sistemáticos con una frecuencia que puede ser diaria, y siguiendo numerosos parámetros de calidad.

En Euskadi, así como en otras comunidades, cada vez que abrimos el grifo la responsabilidad es municipal, y cada comunidad recopila los datos y analiza las tendencias que le aportan sus municipios. De esta forma se consigue un mayor control sanitario que las aguas envasadas, a pesar de que el coste de éstas puede ser hasta seis veces superior.

Entonces, si son todo ventajas, ¿por qué existe resistencia por parte de algunos hosteleros y fabricantes de envases y máquinas expendedoras? La respuesta es bastante sencilla, y solo se puede explicar porque les afectará en alguna medida a sus intereses económicos. Se nos ha hecho creer por parte de la industria del agua que el agua embotellada es superior a la del grifo, como consecuencia de una publicidad engañosa, y el marketing.

Pero, además de la buena calidad del agua de grifo y el ahorro económico que supone al que los consumidores tienen derecho, el agua corriente es más respetuosa con el medio ambiente, mientras que la huella ecológica del agua embotellada es significativamente mayor, especialmente en lo que respecta a su envoltura y transporte. De los diversos envases que se utilizan, la mayor parte son de plástico -el 90%-, y el resto vidrio, sea retornable o no retornable. El uso de botellas de plástico requiere un gran consumo energético para su producción, transporte y residuos que hay que gestionar, y que fuera de casa también se puede ofrecer o pedir agua del grifo.

Una persona llenando el vaso con agua del grifo. Foto: Deia.

Asimismo, se debe tener en cuenta que a nivel mundial se utilizan 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua, y gran cantidad de esos envases se tiran directamente a la basura, reciclándose en el caso de Europa solamente el 25%, yendo el resto a parar a vertederos, al medio natural o al mar. Además, una botella de plástico puede tardar hasta 500 años en descomponerse.

Cada vez somos más las personas en muchos lugares que reivindicamos el consumo de agua del grifo por ser de mayor calidad, por ser más eficiente desde el punto de vista energético (producción, transporte, reparto …), más económica, más respetuosa con el medio ambiente, etc. Pero debemos ser muchos y muchas más. Para eso hay que seguir fomentando a través de campañas, que ya se han hecho en algunos lugares, pero que hay que seguir con ellas, el uso del agua del grifo como un bien público y no como una mercancía. En diversas ciudades y países del mundo, como Francia y Estados Unidos, servir agua corriente es una práctica extendida en los establecimientos hosteleros.

Campaña de fomento del agua del grifo en Navarra. Foto: Noticias de Navarra.

“Por San Blas, la cigüeña en el vertedero verás”.

Cigüeñas blancas en Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). 25.04.17. Foto: Julen Rekondo.

El próximo 3 de febrero se celebra la festividad de San Blas, y con ella el refranero dice que “Por San Blas, la cigüeña verás”. Pero eran otros tiempos.

Según datos de SEO/BirdLife cada vez son más las cigüeñas blancas que permanecen todo el año en la Península, sobre todo por el fácil acceso a comida en los vertederos. Este hecho, que ha permitido la recuperación de la especie, puede tener otra cara: los elementos tóxicos de la basura inciden en la salud de las aves.

Antes de la concentración de residuos en los grandes vertederos urbanos, apenas el 2% de la dieta de las cigüeñas provenía de la basura. En la actualidad, supera el 75%.

Sin embargo, y tal y como se dice en una publicación de SEO/BirdLife, no es la única intervención del ser humano sobre la especie. “Antiguamente, se recibía a las cigüeñas como auténticas deidades o símbolos de buenaventura, con capazo de bebé incluido. En la actualidad, es cada vez más fácil ver todo tipo de sofisticados dispositivos para evitar que aniden en los tejados de iglesias y edificios: empalizadas de pinchos afilados, dispositivos antiposado o cables electrificados que, en algunos casos, son de dudosa legalidad. A ello se unen las retiradas de nidos dentro del periodo de cría”.

Este tipo de soluciones no siempre se ajustan a Derecho. “Las cigüeñas están protegidas por la legislación nacional y europea, al igual que sus nidos, pollos y huevos. Darles muerte, molestarlas o destruir sus nidos puede llegar a ser delito”, explica el responsable de Especies Amenazadas de SEO/BirdLife, SEO/BirdLife, Nicolás López. “A través de todo tipo de dispositivos, se trata de impedir la llegada y nidificación de las aves en los tejados, un gesto que puede llegar a ser delito. La cigüeña blanca, una especie protegida, forma parte de nuestro patrimonio natural que debe y merece convivir con el patrimonio histórico”.

Nido de cigüeña blanca en Salburua (Vitoria-Gasteiz). 26.03.17. Foto: Julen Rekondo.

Pero, también se puede producir un nuevo contexto, producido por el cumplimiento de la normativa europea, por la que los vertederos se van adaptando y sellando paulatinamente. La desaparición de basura al aire libre puede impactar, a corto plazo, en el número de ejemplares, pero, a la larga, puede ser su propio seguro de vida y devolver a la población de cigüeñas a estado más natural, esto es, a las migraciones que las hacen volver por San Blas, o unas semanas antes.

Concretamente, el cambio climático y la facilidad para obtener comida en los vertederos como se ha comentado anteriormente, han cambiado también su rutina, y en algunos lugares, y, por ejemplo, en el País Vasco, han llegado a venir a finales de noviembre y primeros de diciembre de 2017. Es decir, con un adelanto de unos dos meses, con respecto a la fecha de San Blas. Es el caso, de la localidad vizcaína de Orduña, o de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, donde a primeros del pasado mes de diciembre se observó la primera cigüeña por la zona, probablemente uno de los machos que se acercó a reclamar su territorio después de haber estado pasando parte del invierno en algún lugar del sur.

Cigüeña blanca en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. 03.12.17. Foto:Deia.

Cigüeña blanca. Ciconia ciconia. Amiamoko zuria.

Reducir el riesgo de inundaciones

Efectivos de la Cruz Roja trabajan en Muxika. Foto: Deia.

El pasado jueves días 11 de enero la lluvia torrencial puso en jaque a una buena parte del territorio vizcaíno. En algunos puntos se desbordaron ríos y en otros se generaron balsas de agua que obligaron a cortar carreteras principales, como la que comunica Muxika y Gernika, así como otras secundarias. En cuestión de horas municipios como Muxika, Mungia, Gernika, Bakio y Bermeo se vieron anegados, y en otros municipios como Amorebieta, el problema se localizó sobre todo en zonas industriales anexas al río Ibaizabal.

Al menos en esta ocasión, no ha habido víctimas humanas como ha ocurrido en el pasado, aunque sí daños económicos, que habrá que ir evaluando, y también psicológicos, que muchas veces no se tienen en cuenta. Muchas familias pasaron por momentos de auténtica psicosis, perfectamente comprensible.

Sin duda, partimos de una mala situación. Euskadi cuenta con cien zonas de especial riesgo de inundaciones, que se sitúan sobre todo en la vertiente cantábrica y que abarcan una longitud fluvial superior a los 400 kilómetros, según se recoge en los documentos que, en cumplimiento de la normativa europea, se han realizado para identificar estos puntos. Aunque hay que puntualizar, que estas 100 áreas no son las únicas que pueden sufrir efectos por inundaciones, pero si las que pueden acumular los mayores daños.

Esta normativa viene de una directiva europea de 2007 sobre evaluación y gestión del riesgo de inundación, cuya consecuencia directa es que hay más prohibiciones para edificar en zonas con alto riesgo de inundación, lo que va a imposibilitar planes urbanísticos de expansión en los municipios vascos, que incluso afectan a infraestructuras públicas. Hasta ahora las restricciones urbanísticas para evitar inundaciones se realizaban exclusivamente en base a las llamadas líneas de retorno. Se establecían tres escalas: de 10, 100 y 500 años de posibles inundaciones, de tal manera que la más restrictiva era la de 10, donde el Gobierno vasco recomendaba no urbanizar.

La citada directiva de la CE cambia el enfoque tradicional de lucha contra las inundaciones, que hasta entonces se resumían en la construcción de infraestructuras de defensa, cuando se vio que, además de tener un coste ambiental muy elevado, se habían revelado como insuficientes. Pueden reducir el riesgo, pero no eliminarlo. Con los mapas de riesgo de inundación se pretende aminorar este riesgo en las áreas con mayor probabilidad de sufrirlo.

De esta manera, en 2015, el Gobierno vasco aprobó un nuevo Plan Especial de Emergencias ante el Riesgo de Inundaciones en que se determina ese centenar de Áreas de Riesgo Potencial Significativo y que incorpora todas las mejoras y el conocimiento adquirido en las inundaciones de las últimas décadas. Entre las mejoras más significativas está la definición de la peligrosidad de cada zona, qué calles, edificios, carreteras o fábricas son inundables y el coste económico que podrá derivarse de los daños previstos.

Pero como decía anteriormente, partimos de una mala situación en la que tenemos viviendas, pabellones industriales, infraestructuras, etc., en áreas de alto riesgo. Y, sin duda, el mayor reto de la gestión del agua en Euskadi es reducir el riesgo de inundaciones, a través de una política de prevención, especialmente en las zonas en que este riesgo es mayor, como son las 100 áreas anteriormente citadas, mediante la combinación de diversas medidas.

Empresa en Muxika. Foto: Borja Herrero.

Una de ellas, es que los nuevos asentamientos urbanos y las nuevas infraestructuras deben situarse en zonas seguras. Y en esto tiene mucho que ver la concepción errónea que muchas veces se tiene de los ríos, en la que no se tiene en cuenta de que los ríos son sistemas vivos y dinámicos. Sin crecidas no hay ríos. Hay que dotar a los ríos y a los estuarios del necesario espacio para su expansión. En este sentido, hay que optar por una diferente ordenación del territorio.

Otra de las cuestiones muy importantes, de la que se ha hablado mucho estos días, es la propia coordinación de las instituciones, que tiene hasta cuatro niveles en nuestro país; el establecimiento de sistemas de aviso y alerta temprana y la información clara y precisa a la población, tanto antes (cuando no llueve, de manera que quien está en zona de riesgo sepa qué tiene que hacer y qué no tiene que hacer, cómo lo tiene que hacer y cuándo) como durante los eventos extremos. En esto, todavía y pese a que hemos avanzado bastante, tenemos un gran camino por delante a recorrer.

Otro aspecto a considerar en una política de prevención de inundaciones es en las zonas urbanizadas, en aquellas zonas que pueden ser cascos urbanos y polígonos industriales sometidos a alto riesgo de inundación. Sin duda, en estas zonas habrá que adoptar medidas estructurales. Las soluciones de ingeniería clásica que hasta hace muy poco se han adoptado a pesar de cada zona es diferente y un “mundo aparte” se deberán de utilizar cuando no haya otra opción posible, y en todo caso ejecutando la acción correspondiente con el máximo respeto medioambiental, y siempre y cuando se hayan agotado otras posibilidades.

Inundaciones en Muxika. Foto: Bomberos de Bizkaia.

¿Qué hacer con los plásticos?

Troy Mayne/Oceanic Imagery.

Las bolsas de plástico tienen los días contados. Quedarán prohibidas en el Estado español a partir del 1 de enero del 2020, y por tanto en Euskadi. Mientras tanto suponen un gran problema para el medio ambiente, pero también otros muchos plásticos. Siguiendo con las bolsas de plástico, sólo el 30% de ellas se deposita en los contenedores amarillos para su reciclaje y, por sí solas, tardan hasta 500 años en descomponerse. Además, tienden a dispersarse como basura transportada por el aire y cuando se fragmentan son ingeridas por gran cantidad de animales. Sólo un dato: Plásticos que llegan al mar están matando a más de un millón de aves marinas y unos 100.000 mamíferos y tortugas marinas cada año.

La bolsa de plástico debe ser eliminada de nuestro consumo habitual. Pero, ¿qué debemos hacer con el resto de los plásticos? Desde su expansión a principios del siglo pasado, el plástico se ha convertido en un material que puede utilizarse de maneras muy diferentes. Actualmente, se usa en gran cantidad para fabricar y envolver muchos de los productos que compramos y consumimos. Se ha hablado en muchas ocasiones de sus grandes ventajas, por sus características (flexibilidad, resistente, durabilidad, ligereza, bajo precio, etc.), pero no de sus grandes inconvenientes. Y, sin embargo, es el reflejo de la cultura de usar y tirar, ya que gran parte del plástico se emplea para fabricar una gran variedad de envases que tienen una vida muy corta (bolsas de plástico, envolturas de alimentos y envases, botellas o vasos de plásticos, cubiertos y cucharillas de plástico, pajitas, etc.).

Compra en un supermercado. Foto: Deia

Su bajo precio hace que uno se deshaga rápidamente de él, y su larga existencia hace que perdure en el medio ambiente durante largos período de tiempo, en los que puede causar grandes daños. Ya que no puede descomponerse y se necesita una alta energía de rayos ultravioleta para acabar con él, la cantidad de plástico que se desperdicia en los océanos está aumentando considerablemente. Pero, igualmente, pasa en nuestros campos, donde los envases de plástico, sean botellas u otros envases pueden permanecer muchos años en descomponerse.

La Unión Europea tiene un papel muy importante en la industria del plástico. Es el segundo productor del mundo, después de China, con unos 50 millones de toneladas al año. El mayor consumo de plásticos va destinado a la fabricación de envases, lo que supone el 40% de toda la demanda europea. En los que respecta a Euskadi, los datos no difieren de los europeos.

Por otra parte, se habla mucho del reciclaje de plásticos de una forma muy interesada por parte de sus fabricantes para dar una imagen medioambientalista. Pero no es así. Los plásticos tienen unos índices de reciclaje muy bajos, y no digamos de reutilización, incrementando de esa manera el volumen de basura producida y permaneciendo en el ambiente durante siglos. También hay que decir que no todos los plásticos son iguales, encontrándonos con muchas familias de plásticos -más de 100 tipos-, y algunos de ellos no se pueden reciclar o el material obtenido es muy malo y no lo quiere nadie. En 2016, en Europa solo el 30% del plástico que llegó a los sistemas de gestión de residuos fue reciclado, el 40% se incineró y el 30% acabó en vertederos. Estos datos solo corresponden a los residuos depositados en el contenedor amarillo u otros sistemas de recogida de residuos, pero, al margen de estas cifras, millones de envases de plásticos son abandonados diariamente en el entorno.

Envases de plástico en Sanfermines (Plaza del Castillo). Foto: Noticias de Navarra.

Sin duda, la problemática de los plásticos encierra un gran reto a nivel mundial. Sabemos que el plástico tiene algunas ventajas, pero hay que poner un límite. Hay respuestas parciales como la reglamentación restrictiva y de prohibición de las bolsas de plástico en algunos países, algunas propuestas tecnológicas para su recuperación…… Pero el tiempo de las posibles soluciones van a un ritmo más lento al del incremento del problema. La solución al problema de la contaminación por plástico requiere transformaciones de mayor calado que tengan en cuenta cambios estructurales. Por un lado, el papel de las personas más concienciadas y de la ciudadanía en general será de gran importancia para posibilitar la presión hacia adopción de políticas públicas sostenibles y saludables. Por otro lado, adoptar medidas de gestión de residuos que tengan en cuenta el aumento de los años de garantías de los productos, la penalización al sobreenvasado, la promoción de la venta al granel, o la decidida puesta en marcha del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR).