La turbera de Zalama, la “joya” de los montes de Ordunte

Vallado y restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

El proyecto LIFE+Ordunte Sostenible, que se ha realizado en los montes de Ordunte, con un presupuesto de 2,5 millones de euros, financiados a partes iguales por la Diputación de Bizkaia y la Unión Europea, y en el que la Fundación Hazi ha participado como socio y como entidades de apoyo el Ayuntamiento de Karrantza (Bizkaia) y el Gobierno vasco, ha publicado un libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, recopilando los últimos estudios y experiencias en la materia.

Este libro, dirigido fundamentalmente a los técnicos y gestores europeos de la Red Natura 2000 con representaciones de este hábitat, tiene la finalidad de difundir los conocimientos adquiridos para que puedan aportar pautas extrapolables a enclaves con problemáticas similares. En su redacción han participado reconocidos expertos (sus nombres aparecen en el enlace al final del artículo) con distintas aportaciones relativas a la descripción, restauración y protección de turberas.

Los trabajos realizados en este proyecto europeo LIFE, que han tenido una duración de cinco años, han estado centrados en diferentes hábitats propios de los montes vasco-cantábricos y protegidos por la Red Natura 2000, en el extremo oeste de Bizkaia, lindando con Cantabria y Burgos, siendo sus acciones más destacadas la restauración de la turbera de Zalama -la principal acción realizada-, la conservación de trampales-esfagnales (turberas incipientes) y la restauración del bosque autóctono.

A 1.343 metros de altura, la turbera de Zalama, que ha sido considerada como la “joya” de Ordunte, es un claro ejemplo de uno de los hábitats más raros y más amenazados de Europa: las turberas de cobertura, que están clasificadas como de interés comunitario. Zalamea es la única turbera de ese tipo existente en el País Vasco. Cabe señalar también, que, de todas las turberas existentes a nivel mundial, sólo un 3% es de tipo cobertor, lo que refuerza el interés de este enclave.

Se trata de una turbera que se alimenta exclusivamente del agua de la lluvia y de las continuas lluvias, y también es pobre en nutrientes. La acumulación progresiva de turba origina una morfología convexa con espesores máximos de 2 metros y que comenzó a formarse hace unos 8.000 años.

Durante las últimas décadas, la turbera de Zalama ha tenido importantes impactos perdiendo su cubierta vegetal y por tanto de la turba en diversas zonas, y no pudiendo, por lo tanto, retener el agua en su interior, debido a la erosión y a los incendios, agravado por la importante presión ganadera, trasiego de personas e incluso de vehículos.

En este hábitat destaca la presencia de la planta Eriophorum vaginatum, catalogada como “En peligro de extinción”, siendo la de Ordunte la única localidad conocida en el País Vasco donde se encuentra. Generadora de turba y propia de las turberas de tipo cobertor, esta peculiar hierba sólo aparece, a nivel de la península Ibérica, en la Cordillera Cantábrica y el Pirineo Catalán. En Bizkaia, esta planta cuenta con un Plan de Gestión, aprobado y desarrollado por la Diputación Foral, que pivota sobre la recuperación y conservación de esta turbera que le da cobijo.

Hierba algodonera (Eriophorum vaginatum) plantada en la restauración de la turbera de Zalama. Foto: Fundación Hazi.

Por otra parte, numerosas especies de flora propias de enclaves húmedos encuentran acomodo en la turbera del Zalama, como el brezo de las turberas (Erica tetralix) y numerosos briófitos (musgos y hepáticas), entre los que cabe destacar la presencia de esfagnos (Sphagnum spp.), un tipo de musgo que es uno de los principales responsables de la formación de turberas. También están presentes otro tipo de plantas como la brecina (Calluna vulgaris).

Anfibios como el tritón palmeado, el sapo común, la rana común o la rana bermeja, y reptiles, como la lagartija de turbera o la culebra de collar, también utilizan este espacio para completar algunas fases de sus ciclos vitales.

La Diputación de Bizkaia ha trabajado desde 2009 en la restauración de la turbera de Zalama. La primera medida fue la construcción de un cierre perimetral para evitar la entrada del ganado, así como el tránsito de personas y vehículos. También se cubrieron los taludes con malla de coco biodegradable, un geotextil que frena la pérdida de turba producida por la erosión. Y gracias al proyecto LIFE+ Ordunte Sostenible se ha acabado de recubrir unos 7.000 metros cuadrados y para favorecer la restauración vegetal de las superficies protegidas con dicho geotextil, se han ido plantando esquejes y semillas de especies turfófilas recogidas en la propia turbera. Además, se ha creado un segundo vallado con el fin de estabilizar la zona perimetral de la turbera. El seguimiento de estas acciones está mostrando la efectividad de ellas. Así, por ejemplo, se ha frenado el proceso de erosión en la turbera, también se ha dado la colonización natural de algunas especies (Calluna vulgaris y Agrostis), y se ha reducido la presión ganadera sobre los trampales-esfagnales y hábitats hidroturbosos en la zona de Salduero. Para ello, se han instalado seis abrevaderos, 7 rascaderos y 5 puntos de sal en zonas menos sensibles al pisoteo del ganado, para que sirvan como foco de atracción para sacar al ganado de los trampales.

Rascadero de Salduero. Una de las medidas aplicadas para reducir la presión ganadera en este hábitat. Foto: Fundación Hazi.
Abrevadero “disuasorio”

Además, se han sustituido unas 180 hectáreas de plantaciones de pino radiata y 33 hectáreas de eucaliptos por arbolado autóctono -hayas y, secundariamente, robles, abedules o serbales de cazadores-. Asimismo, se ha mejorado la estructura de 51 hectáreas de marojal, promocionando la apertura del dosel y la reducción de la espesura para estimular el paso a monte alto.

Un técnico mide el tamaño de un haya plantada en una de las zonas de restauración forestal. Foto: Fundación Hazi.

También se ha acondicionado y señalizado un sendero de 30 kilómetros que atraviesa marojales, hayedos y vaguadas y que ofrece al visitante “un paisaje excepcional de estos montes de una manera ordenada”, del que hablaremos en un próximo artículo.

Enlace del libro “Inventario, conservación y restauración de turberas”, y otras informaciones de interés:

www.bizkaia.eus/lifeorduntesostenible

 

 

 

El coche eléctrico: ¿Para cuándo?

Punto de recarga en Elgoibar (Gipuzkoa). Foto: Noticias de Gipuzkoa

Hasta hace poco el coche eléctrico era un gran desconocido, pero hoy en día cada vez se habla más de él. Hay quienes aseguran que su implantación es cosa de muy pocos años, aunque otros piensan, entre los que me encuentro, que consideramos que aún hay importantes barreras tecnológicas que superar.

Sin duda, la cada vez mayor concienciación ecológica ha hecho que los coches eléctricos comiencen a rodar por las carreteras, aunque todavía de forma muy incipiente. Son muchas las marcas que llevan unos cuantos años trabajando para dotarlos de mayor autonomía y conseguir que sean más asequibles económicamente, aunque estas dos cuestiones constituyen, junto a la carencia de infraestructuras de puntos de recarga, serios obstáculos en la actualidad para su implantación en el Estado Español.

Por otra parte, el escándalo Dieselgate en el que se manipuló por parte del consorcio Volkswagen sus motores diésel para que parecieran menos contaminantes, y su más reciente episodio deleznable con los experimentos en primates y humanos en un intento de rebatir la creciente evidencia científica sobre los efectos perniciosos para la salud de las emisiones de motores diésel, es otra cuestión que ha hecho que se ponga en primer plano la opción de los coches eléctricos. A ello, habría que añadir la lucha contra la contaminación atmosférica en nuestras ciudades y municipios, y contra el cambio climático, a lo que contribuyen tanto los vehículos de combustión.

He leído estos días que, en el mundo, uno de cada cuatro vehículos nuevos será eléctrico dentro de solo cuatro años, es decir, en 2022. Lo ha afirmado Stefan Issing, director de la división automovilística en la empresa IFS de software. No voy a rebatir tal afirmación, pero sí señalar, que una cosa es que la tendencia hacia el vehículo eléctrico sea bastante sólida, y pocos los discuten ya, y otra que el sector del coche eléctrico todavía tiene obstáculos que superar.

Se ha afirmado por parte de los máximos partidarios del coche eléctrico, que dichos vehículos no emiten gases contaminantes y esta es una gran ventaja con respecto a los coches convencionales. Al estar propulsados por electricidad generan cero emisiones de CO2, principal gas que contribuye al cambio climático. Pero que un coche no contamine no quiere decir que su huella de carbono sea mucho menor que la de un coche con motor de combustión. Si la electricidad que consume no procede de fuentes renovables, poco se gana en cuanto a emisiones que contribuyen al cambio climático. El desafío está en conseguir combinar las renovables con los motores eléctricos.

Pero, además, es necesario superar otros problemas como la capacidad y autonomía de las baterías, la mejora de las infraestructuras, entre otros, así como su coste elevado, aunque los defensores de este tipo de automóviles afirman que la inversión inicial a la larga se amortiza, debido al ahorro energético y las ventajas fiscales.

En cuanto a la autonomía de las baterías, actualmente no supera los 150 kilómetros, por tanto, es muy baja. Aunque algunos fabricantes aseguran que, en muy poco tiempo es posible que haya coches eléctricos con una autonomía muy superior, hasta de 400-500 km.

Autonomías cercanas a los 400 kilómetros reducirían las reticencias sobre el coche eléctrico en Euskadi. (Oskar González). Deia.

Otro problema significativo, son las infraestructuras de carga estandarizadas. Cargar una batería requiere mucho trabajo y tarda mucho más que repostar en una gasolinera, además de que son escasos los puntos de carga.

Las administraciones públicas, entre ellas el Gobierno Vasco, como ya lo hace, pueden realizar muchas cosas en este campo, como ayudas para la compra, reducción en el impuesto de circulación, apoyo a I+D+i, ayudas a la instalación de enchufes, etc.

En definitiva, parece que el coche eléctrico se va a ir imponiendo a los vehículos de combustión, aunque otra cuestión es el ritmo y los plazos. No obstante, el coche eléctrico no va a sustituir al transporte público, los desplazamientos a pie, y en bicicleta, como alternativas primordiales al actual modelo de transporte insostenible, aunque sí como una pieza más en el modelo de movilidad sostenible de los próximos años.

La Policía de Portugalete incorpora a su flota un coche eléctrico. (Miguel A. Pardo). Deia

Bienvenido el cierre de Garoña, aunque quedan temas pendientes

El ministro de Energía, Álvaro Nadal ha anunciado el cierre definitivo de la central nuclear de Garoña, cuando todavía tenía de plazo hasta el próximo 8 de agosto. El ministro de Energía había informado anteriormente de que el Gobierno se tomaría medio año para tomar una decisión sobre el futuro de la central y escuchar a «todas» las partes interesadas en el proceso. Concretamente, han sido 11 entidades las que se han personado en el procedimiento de consulta abierto en torno a Garoña, para las que el Gobierno abrió un periodo de alegaciones de 10 días que finalizó el pasado 21 de julio. Concretamente, el próximo 8 de agosto, era la fecha en la que el Gobierno de Madrid, debía decidir si bajaba la persiana de manera definitiva o autorizaba que la instalación siguiera abierta y pudiera retomar la actividad. En esa fecha caducaba el periodo de seis meses concedido para consultar con los diferentes agentes y las empresas propietarias de la central para afrontar una decisión. Pero, el Ministro de Energía se ha adelantado y las razones tienen que ver con varias cuestiones que apunto a continuación.

En primer lugar, hay que tener en cuenta el desacuerdo entre los dos socios propietarios de la central nuclear de Garoña, Iberdrola y Endesa, sobre la continuidad de la planta. Iberdrola quería cerrar la central porque asegura que en la actualidad no es rentable por los impuestos que soporta el sector nuclear. Mientras, Endesa estaba por la prórroga.

En segundo lugar, sólo dos de las entidades que han intervenido en la consulta -la Junta de Castilla y León y la Asociación de Municipios de Áreas con Centrales Nucleares (AMAC)- habían manifestado su apoyo a la continuidad de la explotación de la central, que lleva parada desde diciembre de 2012 y habían presentado alegaciones a favor de la prórroga de explotación. Por el contrario, los ocho restantes se han mostrado en contra. El Parlamento vasco, el Gobierno vasco, la Diputación de Álava, el Gobierno de La Rioja, y el Gobierno de Navarra, entre las instituciones y, por parte de las organizaciones ecologistas, Greenpeace, Ecologistas en Acción-Burgos, y la Asociación Ecologista Centaurea, que han presentado alegaciones dentro del período establecido.

El futuro nuclear en el Estado

En tercer lugar, también ha pesado en la decisión del Gobierno español que la aportación real de la central nuclear de Garoña al parque de generación eléctrica es muy pequeña, escasamente 500 MW. Y, de hecho, durante los tres años que ha estado sin generar electricidad no ha habido problemas de abastecimiento. Aunque también hay que decir por el contrario, que si se concedía la prórroga de explotación a la central burgalesa de Santa María de Garoña, podía marcar el futuro de la energía nuclear en el Estado español.

No en vano, si la central nuclear de Garoña conseguía los permisos para operar más allá de los 40 años, se abría un precedente para los siete reactores nucleares que actualmente funcionan en el Estado, que, si no tendrían que empezar a cerrar a partir de la próxima década, al rebasar ese límite temporal. La siguiente en la lista es Almaraz I, ubicada en la provincia de Cáceres, cuya licencia de explotación expira en 2021 y que entró en servicio en 1981, pero que se ha visto envuelta en varios problemas de seguridad en los últimos años. El resto de reactores nucleares irán agotando su vida útil entre 2023 y 2034. Tras Almaraz I, vendrán Ascó I, que entró en funcionamiento en Tarragona en 1983; después Almaraz II, también en 1983; la planta valenciana de Cofrentes, en servicio desde 1984, más tarde Ascó II, también en Tarragona, en 1985; luego le seguirá Vandellós (Tarragona), planta que está en servicio desde 1987; para acabar con Trillo en Guadalajara, en 2034.

Pero, también es cierto, que cerrada la central nuclear de Garoña, se puede proceder a la ampliación de la licencia de explotación de los siete reactores nucleares actualmente en funcionamiento.

En realidad, no existe ninguna normativa que estipule por ley cuánto tiempo puede estar funcionando una central nuclear. Siempre que se cumpla con los requisitos de seguridad, avalados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), los operadores pueden solicitar una prórroga tras otra. Aun así, la decisión es más política de lo que parece. Pese a los informes que realice el Consejo de Seguridad Nuclear sólo son vinculantes cuando son negativos, es decir, cuando una instalación no cumple con los requisitos necesarios para seguir operando. Pero si una central cuenta con el aval del CSN, la última palabra la tiene el Gobierno español, que es quien debe aprobar o desestimar una renovación de la licencia de explotación.

En cuarto lugar, y aunque lo ponga en último término, no es menos importante, está el posicionamiento de la sociedad vasca y también de otras comunidades autónomas, que ha expresado tanto en la calle como en las instituciones su rechazo a la reapertura de la central nuclear de Garoña, y de esta forma conjurar el peligro nuclear de una vez por todas.

El futuro de la central

En esta tesitura, no hay razones convincentes para que se reabra la central de Garoña, pero tampoco para la instalación de un almacén temporal en la citada central donde en teoría se albergarían los residuos en seco durante un máximo de 10 años, en lugar de en la piscina como hasta ahora, hasta que llegue si llega el almacén centralizado transitorio de Villar de Cañas.  Además, precisamente, en un punto bajo tierra en el cual sus aguas están conectadas con el embalse subterráneo de la Llanada alavesa, como lo denunció la Diputación Foral de Álava en su día al Ayuntamiento del Valle de Tobalina al conceder la licencia de obras para su construcción.

Bienvenido sea el cierre definitivo de Garoña, aunque queda pendiente la instalación del citado almacén temporal en la central. Pero también, todavía tenemos motivos suficientes para seguir manteniendo la lucha por el cierre de las demás centrales nucleares. Está demostrado, hoy en día, que no es necesaria la energía nuclear.  No son pocos los estudios que consideran factible en el Estado Español contar en 2050 con un parque eléctrico completamente desnuclearizado formado exclusivamente por energías no contaminantes, que darían además trabajo a cientos de miles de personas entre empleos directos e indirectos.

Por tanto, podemos vivir sin nucleares, y no exponernos a un grave accidente nuclear. Hoy en día sabemos que hay que prescindir de ellas, y que tenemos tecnologías y alternativas energéticas que la hacen innecesaria.