Tres tercios

Los resultados de las elecciones municipales y forales de mayo pasado dejaron una configuración sociopolítica nueva en la Comunidad Autónoma Vasca. El mapa político quedó dividido, aproximadamente, en tres grandes bloques. Casi un tercio de los votantes optó por el nacionalismo institucional; otro tercio escaso lo hizo por las fuerzas que hoy configuran el espacio de la izquierda patriótica, y casi otro tercio por las que apoyan al actual gobierno vasco.

El último Euskobarómetro aporta importantes matices a esos resultados. En primer lugar, confirma la gran desafección, -en términos relativos, por supuesto-, del electorado de PP y PSE para con el gobierno que sustentan entre ambos partidos. Esa desafección, creciente y de magnitud desconocida hasta la fecha, explica los paupérrimos resultados que cosechó el PSE y que, a la vez, el PP no capitalizase, -como hubiera sido de esperar-, la debacle socialista. La abstención fue el destino de la mayor parte de los votos perdidos por ese bloque. Y en contra de lo que se llegó a publicar en su día, el electorado no se arrepintió de lo que había votado tras conocer los resultados; tampoco de no haber votado.

No es raro que se produzcan importantes pérdidas de apoyo en forma de abstención, como tampoco lo sería que ese apoyo perdido se recuperase en próximas citas electorales, por supuesto. Pero quizás nos encontremos ante un cambio de tendencia de mayor alcance. La abstención es, a menudo, la antesala de un próximo cambio de voto. Por otro lado, ni PP ni PSE consiguen nuevos votantes. Y por último, la valoración del Gobierno Vasco es tan negativa y empeora de tal forma, que no habría que descartar que tal valoración acabe permaneciendo en la memoria colectiva durante un tiempo prolongado y surta, durante ese tiempo, efectos electorales significativos.

Dos tercios de los nuevos votantes que votaron lo hicieron por las opciones de la izquierda patriótica. Si a eso unimos que esas opciones también obtuvieron votos procedentes del PNV, nos encontramos ante un posible bloque de gran proyección. La confirmación de tal proyección pasa por la desaparición electoral de Aralar o por su integración en una fórmula conjunta. Un detalle interesante y que, andando el tiempo, puede proporcionar más de un desajuste, es que los líderes de la opción minoritaria de la izquierda patriótica son los que mejor valoración global obtienen y que, por contraste, los de las dos formaciones minoritarias integradas en Bildu son los que peor valoración reciben por parte de su propio electorado.

El PNV no lo va a tener fácil en los próximos años. Es cierto que parte de una buena posición relativa y que recibe el voto de un tercio de los nuevos votantes que no se abstienen. Pero a la vez pierde una parte, -pequeña pero significativa-, de votos hacia su izquierda y apenas recaba apoyos del bloque que sustenta al Gobierno Vasco. Quizás el voto perdido por su izquierda era prestado. Pero no es lógico que una fuerza como el PNV, que ocupa en este momento un espacio relativamente central en la política vasca y que aspira a representar a la mayoría sociológica del país, no haya sido capaz de atraer a esa parte del anterior electorado del PSE muy descontento con la ejecutoria del Gobierno Vasco actual. Ese es, me parece a mí, su gran reto para los próximos años.