Peligro, la manada está en la calle

La libertad de los integrantes de “la manada” supone la merma de la nuestra, las mujeres. Que los condenados por abusos sexuales, aún cuando la mayoría de nosotras haya entendido como violación lo sucedido en los San Fermines 2016, sean puestos en libertad bajo fianza mucho antes de lo previsto, aumenta la sensación de peligro con la que las mujeres nos movemos por las ciudades, sea fiesta o no.

No solo estamos indignadas por esa libertad de los condenados, estamos atemorizadas. La sensación de impunidad ante tan graves delitos dará alas a quienes actúan como La Manada y nos las cortarán a quienes queremos ser libres también pero para algo tan cotidiano y sencillo como circular tranquilamente, sin mirar hacia atrás ni hacia los lados. Queremos salir con la certeza de que vamos a volver a casa sanas y salvas y queremos, además, sentirnos seguras para iniciar un ligoteo sano sin temor a que piensen que eso significa dar barra libre para que hagan con nosotras lo que quieran.

A las mujeres se nos está poniendo difícil vivir en España. Les decimos a nuestras hijas que no vuelvan solas a casa, que no se separen de sus amigas,se pide a los taxistas que esperen a que las chicas entren en casa para marcharse y los buses nocturnos crean paradas a demanda para que nosotras tengamos que recorrer un menor tramo desde la parada hasta el portal de casa. ¿Libertad? No para nosotras, desde luego. Por supuesto que son buenas estas medidas tomadas por las instituciones para protegernos pero ¿es libre alguien a quien hay que proteger?

Los miembros de “la manada” podían haber seguido en prisión preventiva hasta cumplir, al menos, la mitad de la exigua condena a la que les sometió la cuestionable sentencia que fijaba sus penas. Sin embargo, en cuanto paguen los 6.000 euros de fianza, se irán a su casa. Llevarán una vida normal hasta que la sentencia sea firme, está recurrida en estos momentos, y mientras se celebra el juicio por un caso similar ocurrido en Córdoba y que tiene a cuatro de los cinco condenados como protagonistas. Dice el auto que no hay riesgo de reiteración delictiva. Reincidentes ya son.

Los plazos han querido que esta decisión lleve a los condenados al sofá de su casa a diez días de la celebración de las fiestas de San Fermín. Parece una provocación a la que las mujeres vamos a dar respuesta con nuestra única arma: la movilización. Queremos que se nos vea en la calle, en las redes y en todos los rincones gritando un “Basta Ya” tan alto y claro que se oiga en todos los despachos de jueces/as, políticos/as y personas con responsabilidad social que deben defender nuestra libertad.

La manada está en la calle. Peligro.

 

 

¿Presidir el Consejo de Estado a los 70?

Ayer publiqué un tuit (@begoberistain) en el que hablaba de la propuesta de Pedro Sánchez a María Teresa Fenández de la Vega como presidenta del Consejo de Estado. “Seguimos avanzando”, decía, y me refería a la posibilidad de que, por primera vez, una mujer estuviese al frente de ese Consejo.

Rápidos tuiteros me respondieron con frases como : “¿Avanzando? Esta mujer tiene 69 años” o “¡pero si esta tiene más años que el Titanic!”. Revisando la red social del pajarito me encontré con otros muchos tuits referidos a este nombramiento. La mayoría de ellos aludían a la edad de María Teresa Fernández de la Vega, a los sarcófagos egipcios, a las momias, mostraban imágenes del antes y el después de su operación de cirugía estética o se le comparaba con un fantasma venido del más allá.

Salvo los medios de comunicación, que hacían repaso de su currículum, nadie hacía referencia a su trabajo como licenciada en Derecho por la Universidad Complutense y titulada en Derecho Comunitario por la Universidad de Estrasburgo, ni a su labor en el Cuerpo de Secretarios Jurídicos Laborales o como magistrada.

Además, Fernández de la Vega ha sido diputada, secretaria de Estado de Justicia, vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de la presidencia y portavoz del Gobierno. Pero eso no interesa. Lo que importa es que tiene 69 años y que un día decidió que no le gustaban sus arrugas y se las quitaba.

¿Hay que dejar paso a las nuevas generaciones? Sí. ¿Siempre? Creo que no.

En las empresas se habla de “competencias blandas” al referirse a valores como el compromiso y la responsabilidad, valores, por cierto, muy arraigados en las personas de más edad. No digo que los y las más jóvenes no los tengan, pero la mochila de mujeres como la futura presidenta del Consejo de Estado está más cargada. La veterania, la experiencia, eso que ahora llaman “know how”, es mayor cuanto más camino se haya recorrido.

Tirar por la borda una experiencia absolutamente aprovechable sería un error. Si alguien, hombre o mujer, se siente capaz de afrontar un gran reto como volver a la primera línea política a los casi 70 años, bienvenido sea. Discriminarla únicamente por su edad sería un despropósito.

Por qué las mujeres inglesas quieren que gane su selección

No he visto ni un solo partido del Mundial de fútbol. No es que no me interese este deporte, es que no me ha cuadrado bien. Y fijaros lo difícil que es escaparse de un campeonato en el que se juegan tantos partidos al día que de una u otra manera, te los encuentras.

He visto una campaña promovida por las instituciones británicas en la que se muestra el miedo de algunas mujeres a la celebración del mundial. No porque no les guste el fútbol sino porque les aterroriza el resultado de su selección. Más bien quienes les provocan ese miedo son sus parejas.

Según el Centro Nacional para la Violencia Doméstica, los malos tratos a mujeres se disparan durante el Mundial hasta un 25%, gane o pierda Inglaterra. Según otro estudio más actual realizado por Sage, el riesgo de abuso doméstico crece un 26% cuando el equipo inglés gana o empata y un 38% cuando pierde. Tengo la sensación de que no solo es ese país en el que sucede esto. Aseguran que no es el fútbol el causante de la violencia doméstica pero sí puede ser un factor que agrava ciertas relaciones.

Para involucrar a la sociedad en la lucha contra esta lacra, las instituciones han puesto en marcha esta campaña de sensibilización tan ilustrativa. Cuanto tu equipo gana hay más alegría, sí, pero no todos la gestionan de la misma manera.

 

El pájaro está en el nido

Desde las ocho de la mañana, Iñaki Urdangarin, familia del rey, se encuentra en el módulo de ingreso de la cárcel de Brieva, a diez kilómetros de Madrid y alejado de núcleos urbanos. El corrupto condenado Urdangarin ha elegido una cárcel de mujeres para pasar los al menos diecisiete meses que estará ahí, porque a partir de esa cifra ya podrá tender beneficios penitenciarios a pesar de su condena a cinco años y diez meses.

Durante ese tiempo es probable que Urdangarin no tenga contacto más que con los funcionarios/as ya que aunque en Brieva hay un pequeño módulo de hombres, está vacío. Es el único hombre de toda la prisión y no le está permitido tener contacto con las reclusas.

Las últimas semanas han sido convulsas en España. Cayó el gobierno de Rajoy por corrupto, por la sentencia de la Gurtel que dejaba claro que el PP ha sido durante muchos años un nido de buitres en el que los sobres, las cajas B, las mordidas y las comisiones eran habituales.

Ahora, el cuñado del Rey entra en prisión por lo mismo, por utilizar su nombre y su influencia para su propio beneficio.

Es una buena señal ver cómo quienes durante tanto tiempo han utilizado su cargos y se han reído de la ciudadanía que confiaba en ellos, acaban expulsados del poder o en la cárcel. Justicia poética. Los que se creían invencibles e infalibles también son de carne y hueso y están sometidos a la ley.

Otra cosa es cómo se les aplique. No se si hay muchos reclusos que tengan la capacidad de elegir dónde cumplen su pena ni si es habitual que un hombre ingrese en una cárcel de mujeres para que, como le hicieron al ex director de la Guardia Civil Luis Roldán en su día, le creen un espacio aislado, seguro y tranquilo.

Hoy se ha dado un paso importante que nos facilita pensar que sí, que la justicia es más o menos igual para todo el mundo. Más o menos. Lo malo es que me da que no va a terminar bien el día porque hoy conoceremos otra importante decisión judicial en torno al grupo de agresores sexuales de la manada. Atentas/os….

 

Los ocho venenos de Bilbao

Desde el momento en el que el gran cocinero Aitor Elizegi me llamó para contarme “un proyecto de ciudad” supe que entraría en el aún sin conocer de qué se trataba. Escuchar Elizegi y ciudad en la misma frase es sinónimo de “algo de Bilbao”, y eso para mi es suficiente.

Siempre he sido una orgullosa bilbaína, incluso cuando se decía que Bilbao era una de las ciudades más duras y feas de todo el Estado. Era gris, su entorno tenía unos altísimos niveles de contaminación, llovía siempre, casi casi como ahora, y veíamos grúas roñosas por todas partes. Pero era mi Bilbao, era la ciudad en la que nací y en la que pasé mi infancia. Ahí, entre la calle Iturribide en la que nació mi madre, y la calle Nueva que alumbró a mi padre. Jugar en la plazuela, ver pelis en el Gayarre, merendar cestitas de hojaldre de la pastelería de Maria Luisa y ponerme morada a comprar chucherías en el minúsculo puesto de Esteban. Ese era mi Bilbao, una ciudad de txikiteros alegres y de señoras elegantes. ¿Como iba a ser fea mi ciudad, mi botxo? ¿Cómo iba a ser fea una ciudad que cantaba por las esquinas y en los salones de las casas? No había domingo en el que la comida no terminase entonando míticas bilbainadas que tengo grabadas en la memoria para siempre. Yo era feliz en ese Bilbao. No podía ser feo.

Al pasar de los años y en contra de la ley natural, Bilbao ha rejuvenecido. Sigue siendo una ciudad de gente elegante, pero ahora lo son también todos sus rincones. Nos hemos convertido en una ciudad cosmopolita, siempre acogedora y universal. No hemos perdido nuestra esencia “farolera” y nos atrevemos con todo. Lo mismo damos cabida a las finales europeas de rugby que a la gala de los 50 mejores restaurantes del mundo que a los premios de la MTV. Oímos un ¿a que nooooo? Y ya está liada .

Cuento todo esto porque el proyecto de ciudad del que me habló Elizegi es desde hoy una realidad. La TravelApp, una aplicación de viajes para móvil, Eight Poisons está ya a disposición de quien quiera descubrir nuestra ciudad a golpe de click. Ocho embajadores/as hemos destacado nuestros rincones especiales y favoritos de Bilbao. Cada uno de nosotros/as hemos rebuscado en nuestra memoria y hemos puesto a disposición de quien quiera recorrer la ciudad con nosotros/as, ocho rincones. Recorrerlos tendrá premio. Eso hay que descubrirlo descargando una aplicación a la que se le puede asignar los mismos calificativos que a Bilbao: elegante, clara, limpia, potente, completa. Una app glocal, es decir, hecha en Bilbao y abierta al universo.

Esos ocho embajadores somos: la artista Elssie Ansanero, el director del Museo de Bellas Artes de Bibao, Miguel Zugaza, el chef Eneko Atxa, el ex futbolista Aitor Ocio, el presentador Jorge Fernandez, el director del Museo Guggenhemim Juan Ignacio Vidarte y yo misma, que soy, sobre todo, periodista.

Descargando la aplicación veréis todos los rincones. Os adelanto los míos: el Museo de Reproducciones, el Pagasarri, el Puente de San Antón, la Plaza Unamuno, el Restaurante Garibolo, el Edificio La Bolsa, la Pastelería Arrese y Pabellón 6. Todo con su explicación, claro.

Estoy muy orgullosa de ser, en este caso, embajadora de Bilbao.