Estamos de luto

Cuando terminen los tres días de luto oficial convocados por el Ayuntamiento de Ondarroa por la muerte de Ekai, el jóven transexual que decidió quitarse la vida porque tantos frente abiertos en una misma batalla se le hicieron demasiados, seguiremos de luto. Lo haremos mientras la libertad de ser y sentir continúe cercenada.

Hace unos días tuve la suerte de charlar con el escritor Alejandro Palomas. Es un escritor, ganador del último Premio Nadal, de un éxito incontestable. Le entrevistaba yo con motivo de su último libro, Un amor, y hablando hablando llegamos a una de las etapas más negras de su vida. Resulta que la protagonista del libro es una mujer albina. Le pregunté porqué y si lo había planteado como una reivindicación de la diferencia y lo que supone socialmente. Mi sorpresa fue enorme cuando me contó que su propia madre era albina y que eso le había costado desprecio y maltrato por parte de personas que no admiten que somos diversos y de colores. Me contó también que durante su infancia él fue víctima de un pavoroso acoso escolar por el y por su madre. Alejandro es homosexual y lo que sufrió en su adolescencia no ha sido capaz de verbalizarlo hasta hace bien poco. De hecho, esta ha sido la primera entrevista en la que ha contado esta parte de su vida.

¿Por qué cuento esto y que tiene que ver con Ekai? Alejandro me aseguraba que entendía muy bien el motivo por el que un jóven acosado y que además pertenece al colectivo LGTB se quita la vida. Me aseguró que él mismo lo había pensado en múltiples ocasiones, en aquellas en las que el peso de su vida se hacia insoportable.

Sí, estoy segura de que como sociedad tenemos una gran responsabilidad en la muerte de Ekai. No solo porque aún no consideramos importante educar en clave de diversidad sino porque la pasamos por alto. Y si en algún momento se nos complica explicárselo a nuestros hijos/as, miramos hacia otro lado y dejemos que ideas preconcebidas o erróneas calen en sus imaginarios.

La Asociación Chrysallis, a la que pertenecía Ekai y su familia, detallaba así las batallas a las que se enfrentan los y las menores transexuales: “batalla por lograr el cambio de nombre en el registro; batalla por recibir en  la “unidad de género” de Cruces el tratamiento hormonal que necesitaba y que nunca llegó; batalla por conseguir que en su instituto se realizara la formación para que la comunidad escolar pudiese comprender su realidad y así poder respetarla, y que no se hizo… un cúmulo de batallas cotidianas”.

Por todas esas batallas seguimos de luto hoy, mañana y siempre hasta que aprendamos que hay personas que necesitan una protección especial. Como sociedad, como humanidad y cada unos/a de nosotras como persona, tenemos una tarea pendiente: lograr que la diversidad sea entendida como lo natural. Es nuestro deber. Se lo debemos a Ekai y a todos los Ekais del mundo.

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