Solo sí es sí

Los datos del Observatorio Noctámbul@s nos han dejado algunas conclusiones muy interesantes para la reflexión. Se trata de un estudio que analiza las violencias sexuales, el espacio público y el ocio nocturno.

Han puesto su foco, por ejemplo, en el lema “No es No” y puede que tengan razón cuando dicen que sería interesante darle la vuelta. Explican así esta conclusión del informe:

  • No es suficiente el “No es no”: Uno de los lemas más utilizados y difundidos para sensibilizar y combatir las violencias sexuales es el “No es no”. Sin embargo, es necesario señalar diferentes aspectos como el hecho de que esta consigna puede responsabilizar a las mujeres a manifestar su oposición frente al deseo del otro. También, hay que analizar las limitaciones que dificultan el decir “no”: los estigmas de “puta”, “estrecha” o “calientapollas” que siguen estando vigentes, al juzgar la sexualidad de las mujeres o el miedo a la integridad personal y otras cuestiones relacionadas con la inseguridad.

Frente a esto, desde el observatorio se apuesta por centrarse en el consentimiento afirmativo (“Solo sí es sí”) y entusiasta, que busca que el deseo se exprese en libertad.

Hay más datos interesantes:

  • Más de la mitad de las mujeres encuestadas ha vivido alguna vez situaciones de violencia normalizada: Un 57% de las jóvenes que contestaron el cuestionario ha sufrido al menos algunas veces algún comentario incómodo, insistencias ante una negativa de su parte o tocamientos indeseados, frente a al 4% de los chicos. Estas cifras ponen de manifiesto la alta frecuencia con la que las mujeres sufren el amplio espectro de violencias sexuales más normalizadas y legitimadas en la sociedad patriarcal. Parece ser que hay una penalización a través de la violencia sexual intrínseca hacia toda mujer que materializa su pleno derecho a ocupar los espacios de ocio.
  • Los chicos tienen más dificultades que las chicas para percibir e identificar las violencias sexuales que ocurren en su entorno: De los datos analizados se puede inferir que los chicos tienen mucho más naturalizado los comportamientos más sutiles, no visualizándolo como acciones del orden de la violencia sexual. En cambio, las chicas tienen mayor conciencia respecto a este tipo de abusos y agresiones, probablemente por haberlas sufrido ellas o alguna chica de su entorno. Debemos dejar de responsabilizar a las mujeres y poner más responsabilidad en los hombres.
  • Agresores fantasma: Aunque se perciben y viven multitud de violencias sexuales, pocos chicos se identifican como agresores: Los “agresores fantasma”, como ya los denominábamos en el anterior informe, deben ser especialmente tenidos en cuenta en las campañas preventivas. Idear estrategias para desnormalizar estas violencias, por una parte, y promover el reconocimiento del ejercicio de las mismas, por otra, es fundamental si no queremos que la responsabilidad de la prevención recaiga en las mujeres.
  • La relación entre consumo de alcohol u otras drogas y violencia sexual: muchas chicas podrían ocultar su consumo para evitar la culpabilización que la sociedad imprime sobre aquellas que han “osado exponerse” voluntariamente a una situación peligrosa.
  • La configuración urbanística del ocio nocturno genera miedo e inseguridad en las mujeres: Tanto los horarios como la configuración social y física de los espacios de ocio, los recorridos a pie que conectan la casa con el ocio o el transporte público en la noche, no son vividos como seguros para las mujeres. Ello limita su libertad de movimiento y su derecho a la ciudad.

Son datos todos estos que podemos suponer pero que son necesarios para poner negro sobre blanco lo que sienten y piensan hombres y mujeres sobre un asunto que desgraciadamente sigue sin estar en primera página de la agenda política.

Es bueno conocerlos para interpretar los protocolos y planes de actuación y para poder, conociendo situaciones reales, aportar nuevas ideas que atajen de una vez por todas la inseguridad que, sobre todo las mujeres, sufren en su tiempo de ocio en el espacio público.

 

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