Ultra Europa League

Nada tan poco educativo, edificante y alejado del mundo del deporte como lo vivido ayer, otra vez, en las calles de Bilbao. Presuntos aficionados de dos equipos de fútbol marcando agallas al grito de “Puta Bilbao” y “Puta Marsella” y lanzando bengalas y golpes a diestra y siniestra con la intención, no de animar a su equipo sino de hacer una demostración de fuerza asquerosa. Por algo en Europa se ha comenzado ya a llamar “Ultra Europa League” a esta competición.
A mi lo que me duele de verdad es el fútbol y la imagen que del deporte traslada a la ciudadanía. Que sí, que es un error generalizar y que la inmensa mayoría sabe que son un reducido número de individuos, a los que me niego a llamar aficionados, los que nos amargan cada jornada futbolistica que debiera ser de alegría y no de tensión. Pero lo cierto es que en el imaginario
colectivo lo que queda es el mal ambiente y la preocupación que generan algunos partidos de fútbol. El puñetero fútbol que obliga a cortar calles, a que presenciemos desfiles de voceras por la Gran Vía, a que la noche y el estadio se cubra del humo de las bengalas, a que parezca que nuestra ciudad está sitiada y llena de policías por todas partes, a que ertzainas y guardas de seguridad terminen su jornada en el hospital por agresiones más o menos graves, a que los niños y niñas de los colegios cercanos al campo de fútbol se queden sin extraescolares, por si acaso….
A ver cómo le explicas a un equipo infantil que se queda sin su rato de fútbol en el patio del colegio al terminar las clases, que hoy no, que no pueden jugar porque hay partido en San Mamés y es peligroso. ¿Peligroso el fútbol? Preguntarán. Entonces hay que explicarles lo de los hinchas radicales que ni son hinchas ni son nada, que sólo buscan ejercer la violencia y que lo hacen a través de algo tan noble como el deporte. ¿Y porqué les dejan?, pensarán. Pues preguntáselo a los clubes que amparan y protegen a esos energúmenos.
El caso es que se quedan sin su rato de fútbol y ven como cada vez que hay un partido con hinchada loca en su aparato, su entorno se vuelve hostil, se suspenden las actividades extraescolares y la policía sale a la calle para protegernos de aquellos que vienen, presuntamente, a vivir el fútbol.
Si queremos evitar males mayores, de los que por desgracia ya tenemos experiencia, parece que no queda otra que organizar un dispositivo como el de ayer. No hay a día de hoy otra fuerza que la coercitiva para frenar los incidentes que se suceden a pesar de todo. Pero no es menos cierto que ayer volvió a ser el fútbol el vehículo que transportó las iras de los ultras llegados desde Marsella. Y que lo que queda, al final, es la idea de que ese gran deporte que es el fútbol genera violencia. ¿Motivo? Eso nos daría para otro post. Me temo que la frustración vital de quienes provocan esa violencia esta detrás de todo esto.
Es responsabilidad de los clubes y las instancias futbolísticas limpiar la imagen que hoy tiene el deporte rey. Fuera intereses, fuera presiones. Los valores del deporte son los únicos que deben primar. Y, por cierto, fuera gentuza de los campos de fútbol. Los clubes saben quienes son ¿no? Pues actúen en consecuencia para que las tardes de fútbol vuelvan a ser una fiesta y no conviertan nuestras ciudades en lugares sitiados.

 

Por cierto que hoy, en el Parlamento Vasco, se celebra el debate conjunto y la resolución definitiva de las iniciativas presentadas por Elkarrekin Podemos y el PP en torno a la prevención de la violencia en el deporte.

Un comentario sobre “Ultra Europa League”

  1. Se gritó “puta Marsella”? No lo sabía, y no lo oí. Se gritó como reacción? porque a los angelitos hinchas del Olympique si les oí lo de “puta Bilbao” (a mi me suena Bilbao a masculino, aunque sea una villa). También les oí en el Parque de los Príncipes (vaya nombre para la capital de una república muy republicana) a la torcida del PSG gritar “puta Madrid”. Igual era apropiado el grito, porque el Madrid jugó de “puta madre”, no así el Athletic, que estuvo en “su línea”. Triste línea la que lleva el Athletic, que teniendo futbolistas de calidad no tiene equipo. En fin, toman una cinta de txuletas de guayu kobe, y la hierven para hacer caldo. Un hijo mío dice que no hay equipo, dice eso de “blanco y en botella…”, y yo añado que leche no, que debe ser horchata.
    Por mi se podrían jugar estos partidos a puerta cerrada, como en Argentina.
    El detalle chungo es que de los tres detenidos marselleses por atacar a un vigilante jurado uno era policía y el otro militar. Por qué me recuerda esto a “la manada” de San Fermín?
    Un urra, para esos vigilantes de seguridad, que se les veía dirigiendo a la manada, a mano descubierta, no como los pastores de los encierros de San Fermín que por lo menos llevan una flexible vara de avellano blanco, y tampoco ese equipo de nuestros ertzainas que peso 20 kg. Dos heridos, nadie les ha visitado, ni el Athletic, ni el alcalde, ni los sindicatos de la Ertzaintza, ni tendrán medalla ninguna. Es que los ertzainas no se mezclan con estos pordioseros, que cobran 7 € la hora (4 horas en San Mamés, 28 €), siempre ha habido clases.
    A ver si un día se les autoriza a estos vigilantes a portar armas, a actuar como autoridad, y tendremos una seguridad ciudadana de primer nivel, eficiente y más barata que el servicio que recibimos de la Ertzaintza, y dejamos a estos para los desfiles.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *