Mi casa es tu casa

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Ayer recibí en mi casa la visita de Mansur, Bachir, Sidati, Mahfud, Mohamed, Aichatu, Meka y Kabara. Son ocho niños y niñas saharauis que van a pasar dos meses en Euskadi de la mano de los Bakelekus de Orduña y Kuartango que impulsan los Ferroviarios Vascos Sin Fronteras-Euskal Trenbideetako Langileak Mugarik Gabe. Son un grupo de trabajadores/as de Euskotren y Metro especialmente sensibilizados con la causa saharaui y que emplean mucho de su tiempo libre en promover iniciativas que acerquen a esos pequeños otra forma de vida. Y no solo eso; les ayudan para que, una vez al año, visiten al dentista, al oculista y se hagan una revisión pediátrica.

Algunos de esos ocho niños han llegado a Euskadi por primera vez. Otros repiten. Tienen entre 8 y 12 años y sueñan, durante el resto del año, con estas vacaciones solidarias que les sacan del desierto y les alejan de los 54 grados que había en Tinduf cuando iniciaron su viaje a Euskadi hace poco más de tres días. Se alojan en Bakelekus, en albergues que han puesto en marcha los ferroviarios con la implicación de Ayuntamientos. El de Orduña lleva ya tiempo funcionando pero el de Kuartango, en Araba, está casi de estreno. La gente del pueblo se ha volcado al 100% con los 20 chavales que ha recibido y les van a hacer pasar unos días inolvidables. Algunos vieron ayer el mar. Sensación y cara de sorpresa. Y de miedo. Es muy grande el mar, y muy misterioso, para quien lo contempla por primera vez. Tampoco el sabor les ha gustado mucho. Eso de que haya agua salada no les cuadra, de momento, así que para empezar se quedan con la piscina.

Pasamos una tarde estupenda. Suben, bajan, entran, salen… están felices y con ganas de verlo y tocarlo todo. Son niños y niñas, y con eso está todo dicho. Fotos, merendola (¡cómo le gusta a Mohamed la tortilla de patata¡) paseo hasta la playa y rato en las pistas de skate. Probaron un poquito, pero lo del patinete en bañeras de asfalto les pareció peligroso.

Tienen mucho cariño dentro estos niños, y te lo demuestran. Las miradas, los abrazos, el agarrarte de la mano… se nota que agradecen de verdad que les abras las puertas de tu casa. Porque de eso se trata fundamentalmente en esta campaña que han puesto en marcha los “Ferroviarios Vascos Solidarios”. Cuando nosotros vamos a los campamentos de refugiados de Tinduf nos abren las puertas de sus jaimas y de sus casas de adobe. Quieren que también allí sepan que aquí, hay gente dispuesta a abrirles las puertas de la suya. Por eso esta iniciativa, “Mi casa es tu casa”. Somos doce las personas que colaboramos, porque con algunas de las fotos que la Asociación de  Fotógrafos Solidarios Denbora están haciendo en cada visita, vamos a hacer un calendario. Se venderá desde finales de agosto y con lo que se recaude se pagarán los billetes de avión de los niños y niñas saharauis que nos visitan.

Según estima la ONU, entre 90.000 y 125.000 personas viven en los campamentos. Han ido llegando desde 1975. Huían de la represión marroquí  y siguen teniendo una alta dependencia de la ayuda humanitaria internacional. Hay ya personas de tercera generación nacidas en los campamentos. Es un problema importante este. Primero porque delata el nulo interés de la comunidad internacional en resolver este problema, y segundo, porque la larguísima duración de la situación anómala de vivir como refugiado, y sin tierra, tiende a normalizarla para quienes nacen ahí. Y no. Los campamentos de refugiados no pueden ser la tierra de nadie ni pueden perpetuarse en el tiempo hasta convertirse en tal.

Por eso hay que reclamar, una vez más, una solución a este conflicto que pasa, sobre todo, porque el pueblo saharaui tenga su tierra.

 

Más solas que nunca

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Aquí van algunas reflexiones de mujeres que son cabeza de familia monomarental, familias de mujeres solas con hijos. Son nada más y nada menos que 1.250.000 en todo el Estado:

“Los niños saben la situación, aunque no te lo digan a ti. Yo quiero que el niño no sienta tanto que somos pobres. Mi hijo sabe todo, lo que hay y lo que no hay”.

Laura, 39 años, madre de dos hijos.

“Los ingresos que tengo son 300 euros que me da mi ex marido. Pago 375 de alquiler, más agua y luz. Lo que peor llevo es que yo mañana me tengo que poner en la cola para que me den comida. ¿Tú sabes el rato que paso hasta que me toca, para que me den seis litros de leche y dos de arroz?”.

Juana, 52 años, madre de tres hijos.

“Llevo 8 años sin ir a una tienda a comprarme ropa, todo lo que visto es heredado, de lo que me da la gente porque no me llega. Pero tengo calor en casa para que mi hijo se bañe, tengo un vaso de leche para él siempre”.

Esther, 44 años, madre de un hijo.

“Pasas de tener todo a no tener nada. Tienes una vivienda, dinero para la compra, los niños tenían sus propias camas… entonces pasas de eso a no tener nada. Mi padre me da de comer y me da un techo, tampoco puedo pedirle más”.

Nieves, 44 años, madre de 2 hijos.

“Lo que más me ayudaría para mejorar mi situación y la de mis hijos sería un trabajo. Me da igual de día que de noche. Yo no pongo pegas, pero en este país, a partir de los 45 años eres vieja. Yo trabajaba en una empresa pero mi marido me hizo dejarla. Entonces te divorcias después de 25 años y ¿ahora qué hacemos?”.

Laura, 54 años, madre de 2 hijos.

Estas afirmaciones se recogen en el informe “Más solas que nunca” de Save the Children. Se denuncia en él que estos hogares sufren las tasas más altas de pobreza infantil, que el 51% de los hogares monomarentales están en riesgo de exclusión y que tres de cada cuatro madres solas han tenido que reducir gastos fijos de la casa. Factores como la vivienda, el empleo, la salud o la red de apoyo aumentan el riesgo de caer en la pobreza.  Son madres que tienen que hacer frente, sin ayuda, a todas las responsabilidades familiares, con lo que conciliar la vida laboral y familiar se convierte  misión imposible.

Uno de los aspectos que más angustia genera en las madres es no tener dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas de sus hijos. Hay un 65% de estas mujeres que tienen dificultades para llegar a fin de mes. El cuidado de los hijos por parte de una sola persona en circunstancias adversas puede llegar a afectar a la salud de la madre y los niños. Más de una de cada cuatro madres solas asegura que ha dejado de comprar medicamentos o seguir tratamientos por no poder pagarlos.

Por todo esto hay que reclamar que se garantice la deducción por maternidad para madres solas en riesgo de exclusión, que se proteja a los niños frente a desahucios y desalojos, que se cree una prestación por maternidad no contributiva para madres en activo sin recursos y que se incluya la categoría de familia monomarental como grupo especial (al igual que el de las familias numerosas) de cara a acceder a becas, compra de material escolar, transporte gratuíto ,etc. Aquí puedes firmas para hacer llegar estas peticiones al gobierno.

Se sienten muy solas estas mujeres, más solas que nunca.

 

Amordazados

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Pues ya está la tropelía en marcha. La Ley de Seguridad Ciudadana o Ley Mordaza, que sustituye a la anterior ley, más conocida como “ley de la patada en la puerta”, acaba de entrar en vigor tras ser aprobada gracias a la mayoría del PP, mayoría utilizada en no pocas ocasiones para hacer de su capa un sayo y dejarnos a todos con un palmo de narices y sin capacidad de maniobra. Por eso no me gustan esas amplias mayorías, porque dejan fuera de juego a quienes no pertenecen a ellas.

Hoy han sido muchas las organizaciones que han alzado su voz contra la ley. Eso sí, hay que tener mucho cuidado con cómo se alza esa voz porque cualquier movimiento puede acarrearte una sanción sin pasar por el juzgado.

Ha protestado Greenpeace desplegando durante cuatro horas una pancarta en una grúa de obras en las inmediaciones del Congreso. La nueva ley penaliza esta forma de protesta pacífica en espacios públicos.

Han protestado miles y miles de ciudadanos en las redes sociales. Desde hoy, referirse en ellas a una manifestación no autorizada o fomentar uno de esos típicos “pasalo”, será castigado.

Han protestado desde organizaciones del Tercer Sector como Cáritas, que denuncia que con esta ley pueden verse muy dañadas personas en situación de exclusión social y vulnerabilidad severa, lo que supondría una criminalización de la pobreza. Las personas sin techo, los inmigrantes o los vendedores ambulantes ilegales pueden ser perseguidos y acusados de delitos e infracciones (desaparecen las faltas) por el mero hecho de pernoctar en la calle. Cáritas y varias ONG han pedido, incluso a la ONU, la derogación de esta ley.

Han protestado las mujeres de Femen subiéndose a la estatua de Cibeles. Decían cosas como “no somos terroristas, somos activistas” y esto puede costarles una sanción de entre 100 y 600 euros.

Han protestado quienes a lo largo de estos últimos años han paralizado cientos de desahucios. La nueva ley dificulta la acción de estas personas ya que permite a la policía sancionar a quienes obstruyan a cualquier autoridad, empleado público o corporación oficial en el cumplimiento de resoluciones administrativas.

Protestan quienes, con sus cámaras de fotos o sus teléfonos, toman imágenes en manifestaciones y concentraciones en las que aparecen policías. Hacerlas y difundirlas puede llegar a costar 60.000 euros. Aquí, el trabajo periodístico queda directamente dañado.

Podríamos seguir citando colectivos que protestan por una ley que nos convierte en delincuentes por el mero hecho, por ejemplo, de formar un grupo de gente más numeroso de lo habitual y que a algún policía le parezca una concentración ilegal. El policía siempre tendrá la presunción de veracidad frente a lo que cualquier ciudadano pueda decir.

Con esta Ley Mordaza se restringen derechos fundamentales y se criminaliza la protesta social. Todo por esa necesidad que tiene este gobierno de controlar el espacio público. Ha entrado en vigor el mismo día en el que se ha activado el nuevo Código Penal que se estipula la prisión permanente revisable y  reforma los artículos relativos a los delitos de terrorismo.

La Ley Corcuera fue la “Ley de la patada en la puerta”. La  Ley de Seguridad Ciudadana es la nueva “Ley de la patada en la boca” o “Ley Mordaza”.

No nos callarán.

Ser india

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Me gusta mucho la campaña que los padres indios han puesto en marcha en redes sociales para protestar contra el feminicidio. Con la etiqueta #SelfieWithDaughter (#SelfieConHija), miles y miles de hombres están colgando autorretratos acompañados de sus hijas y con emotivos mensajes.

La campaña, convertida en viral, surgió del llamamiento del primer ministro indio: “Os insto a todos a compartir un selfie con vuestras hijas y un eslogan que impulse la misión Salva a tu hija, educa a tu hija”.  Dicho y hecho. Miles de indios de todas partes del mundo están inundando la red para denunciar, por ejemplo, que cada año mueren 2,5 millones de niñas menores de 6 años por el hecho de haber nacido mujer.

Hay que recordar que en la India, el 80% de los matrimonios son concertados por los padres de los contrayentes. La mujer se considera un bien económico y está sometida a las decisiones de sus padres, tanto para pactar la edad de matrimonio como para elegir el marido. A esto hay que añadir que una mujer india es valorada mientras esté al lado de su marido. Si enviuda pasa a formar parte de un grupo social marginado y pobre. Cuentan desde la Fundación Vicente Ferrer que, en algunos casos, se ha llegado a extremos como la práctica del sati o quema de viudas, un acto público en el que la viuda se arrojaba viva a una hoguera en la pira funeraria de su difunto marido. Actualmente la práctica del sati está abolida en la India.

A pesar de las diferentes leyes que reconocen la igualdad entre sexos, el papel de la mujer en la sociedad india continúa devaluado. La ley de prohibición del matrimonio infantil de 2001 proporciona el derecho a jóvenes, adolescentes o niñas a rechazar un matrimonio antes de los 15 años. Sin embargo, UNICEF asegura que existe un 56% de casos de matrimonio precoz en las zonas rurales y un 29% en las urbanas.

Las mujeres en la India sufren maltrato en todas las etapas de su vida. Va desde el infanticidio femenino al acoso sexual u otras prácticas dañinas como la dote. Cada día, alrededor de 200 niñas son introducidas en el negocio del tráfico ilegal. La pobreza, el analfabetismo, la prematura viudedad y el desempleo empujan a estas mujeres al tráfico ilegal y la prostitución.

Aunque la mayoría de mujeres en la India trabaja, lo hace de manera insegura, irregular e invisible. Además, debe entregar a su marido los beneficios de su trabajo para que él los administre. Y como se considera que las niñas serán mantenidas por un hombre, se prioriza la educación de los niños frente a la suya porque se considera que es innecesaria.

Podríamos seguir dando datos hasta hartarnos. Como que 750.000 mujeres tienen el VIH y que a muchas de ellas se lo ha transmitido su marido o que un importante número de mujeres se suicida tras el matrimonio porque su familia política pide aumentar la dote y no tiene dinero para pagarla.

Para que el mundo entero se pare un momento y piense en la situación de estas miles y miles de niñas y mujeres sin educación y sin futuro, se ha lanzado esta campaña. #SelfieWithDaughter. A lo mejor a esta moda de los autorretratos se le puede sacar partido.

Salva a tu hija. Educa a tu hija.

25 años como periodistas, el revival.

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Fue el 13 de mayo cuando publiqué un post titulado “Se buscan periodistas”. Anunciaba entonces que quienes nos licenciamos en periodismo y publicidad en la Facultad de Ciencias de la Información de Leioa en 1990, queríamos celebrar nuestras bodas de plata en la profesión viéndonos las caras otra vez.

Poco más de un mes ha pasado desde aquello y la fiesta ya está celebrada. El sábado, algo más de 50 periodistas y publicistas cumplimos el sueño de meternos en una máquina del tiempo. Algo así fue lo que pasó, porque, con 25 años más cada uno, celebramos una jarana que nos devolvió a los años de Universidad, a una de aquellas míticas fiestas en las que pasaban tantas cosas …

Hace falta, para que una cita de estas salga, que alguien esté dispuesto a regalar su tiempo y organizarlo todo. Esta muy caro el tiempo y que Agus, Eli y Rosa lo hayan hecho, es como para darles un premio. Viendo la alegría que se ha sentido en los previos, la fiesta y el post festival, seguro que ya se sienten premiados, pero hay que decirlo.

Los grupos de whatsapp pueden llegar a saturarte. A mi me pasa y supongo que a muchos de los que leen esto, también. Dejar el teléfono unos minutos y que a la vuelta haya más de 200 mensajes es muy estresante. Sin embargo, la fiesta no hubiera sido posible sin esta herramienta que nos ha ayudado a ir localizando personas y a crear ese clima de ilusión por el reencuentro que se mantiene incluso pasados unos días del evento.

Así, con emoción, con ilusión y con algunos nervios llegamos al sábado 27 de junio, una fecha que ya todos tenemos marcada en el calendario de los recuerdos. Como en las típicas películas americanas, según fuimos llegando nos colocaron una pegatina con nuestro nombre. Y es que no es fácil identificarse después de tanto tiempo. Eso si, tengo que decir que debemos de ser una cosecha excelente porque, salvo la merma de pelo en algunos, la mayoría estaban igualitos. O nos cuidamos mucho o esta profesión no desgasta tanto como dicen.

Fijaros como fue la cosa que ni siquiera la ausencia de música por estropicio del equipo hizo que la fiesta se torciese. Daba igual. Ya estábamos nosotros para suplirla. Fue una noche larga, muy larga,  que se juntó con el día sin darnos cuenta. Creo que todos los que allí estuvimos sentimos que nos quitábamos 25 años de encima. No había lugar para sentirse fuera de sitio. Estábamos en Bilbao, pero podíamos perfectamente haber estado en el parking del Campus de Leioa, o en la cafetería, sede oficial de los estudiantes de la época. Cualquiera de las fiestas que entonces se celebraban casi semanalmente podía haber sido esta.

El sábado se detuvo el tiempo en la fiesta de la promoción 1985/1990 de periodismo. Si tenéis la oportunidad de disfrutar de algo así, hacerlo. Sentirse como cuando tenías 20 años, no tiene precio.

Nos une el periodismo, nos une la publicidad, nos une una profesión que tiene mucho de oficio, que nos hace vibrar y nos apasiona. Ahora hemos comprobado que nos une, además, una amistad inquebrantable. El tiempo no ha podido con ella. Fuimos muy felices entonces y lo hemos vuelto a ser ahora. Hemos comprobado que, como dice el tango, 20 años no son nada. Y 25, tampoco.

Nos espera la fiesta del 50 aniversario. ¡ Apúntense compañeros/as!