The show must go on.

No quiero conocer la vida de las 150 personas fallecidas en el accidente aéreo de ayer.

No quiero que nadie me cuente cuáles eran sus proyectos de vida, porqué iban en ese avión, cómo se despidieron de sus madres, de sus maridos, de sus hijos, de sus amigos o de sus compañeros antes de embarcar.

No quiero saber que hubiera sido de su vida si …

Y lo que es más importante, no quiero que me obliguen a saberlo.

No quiero abrir las páginas de un periódico y encontrarme la imagen de un padre roto, ni poner la tele y ver como un hermano se ahoga de dolor, ni  escuchar en la radio a alguien con la voz entrecortada porque no puede seguir hablando de lo que está sintiendo.

No quiero ver a compañeros y compañeras que, micrófono en mano y cámara en ristre, acosan a familiares y amigos en busca de la historia más trágica, más dolorosa.

No quiero que sus jefes les obliguen a encontrar a quien creen que tiene el relato más cruel.

No quiero que nos conviertan en carroñeros. Ni que los fotógrafos tengan que buscar entre los hierros la foto más sangrante.

No quiero que quien comparte este “no querer”, vuelva a pensar, otra vez, eso de “que asco de periodistas”.

Vivimos de contar historias, y no todas son bonitas. Las hay de todo tipo y la que nos ocupa, es de las duras. Pero ya se ocupa la vida de ponernos delante de nuestras narices toda su crudeza, como para que vayamos los y las periodistas a enseñar de más. A enseñar lo que ni nosotros mismos mostraríamos si nos pusiésemos en el lugar de los afectados.

En este oficio también debemos tener corazón. No vale todo. No vale ir a degüello. Podemos, y debemos, contar la historia con la máxima sensibilidad posible, respetando el dolor del que sufre y dejando que el lector o el oyente lo intuya sin darle carne cruda. Los acontecimientos de los que hoy hablamos ya son suficientemente dramáticos en si mismos, así que, atendiendo a la propia deontología, debemos evitar cualquier juego con el sensacionalismo. En algunos de esos códigos se exige evitar la intromisión gratuita y las especulaciones sobre sentimientos, pero en muchos despachos no se lo han leído.

La información parece que ha dejado de concebirse como un servicio público y se ha convertido en un producto más del mercado. Lo importante ya no es el rigor y la utilidad social de la noticia. Lo que cuenta es su rendimiento económico.

No quiero sumarme a quienes cuentan el siniestro con los colmillos afilados. Me sumo a quienes quieren saber la verdad de lo ocurrido y dejan a las familias con su dolor. Y la que quiera contarlo porque así se siente mejor, que lo cuente, pero desde su libertad. Sin acosos, sin presiones.

Anoche escuché decir a mi compañero Javier Vizcaíno, mientras preparaba “Gabon”, que no iba a contar historias personales, que eso “no es periodismo”. Y claro que no. No lo es.

Esta foto la sacó Ane Saratxaga. Vuela con regularidad a Alemania. Dice que su fe ciega en Lufthansa se ha resquebrajado. Pero seguirá volando. No queda otra.

avión

 

Llegan los/as paracaidistas

Según la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, se entiende por periodo electoral el que va de la publicación de la convocatoria de las elecciones en el boletín oficial correspondiente, a la fecha de celebración de los comicios. En ese tiempo queda prohibído realizar cualquier acto de inauguración de obras o servicios públicos sin perjuicio de que esas obrar puedan entrar en servicio en ese periodo.

Total, que hemos entrado en la última semana en la que legalmente se pueden hacer inauguraciones por parte de los y las políticas antes de las elecciones de mayo.

Solo hace falta echar un vistazo a las previsiones informativas para ver que estamos en tiempo de “paracaidistas”. Se utiliza este término para designar a aquellas personas que se presentan o instalan en determinado lugar o puesto con el fin de obtener un beneficio concreto. Vamos, en el caso que nos ocupa, por un puñado de votos. Vienen a ser personas que rara vez se dejan ver por un territorio concreto, pero que en periodo electoral llegan con toda su parafernalia y su intención de convencernos de que en los últimos cuatro años han trabajado por y para nosotros.

No me refiero a los/as políticas locales. A esos se les conoce de cerca.

Ayer, por ejemplo, llegó a Valdegovía la Ministra de Agricultura, Isabel Garcia Tejerina, para visitar las obras de la Presa del Molino y la Balsa del Cascajo. Se suspendió el acto, pero aprovechó para dejarse ver por Araba. A Gasteiz llegó el Ministro de Interior, Jorge Fernandez, para inaugurar en el Palacio Villa Suso una exposición sobre las víctimas del terrorismo. En Barañain, la delegada del gobierno acompañada de políticos llegados desde la capital de España, visitaba la ampliación del parque fluvial de Pamplona. Hoy llega a Gasteiz Mariano Rajoy. Etc, etc, etc. A lo largo de la semana vamos a ver muchos trajes en las zanjas. Y en lo que tenga que ver con el agua, que mira que les gusta visitar presas, parques fluviales o balsas. Suena a pasado eso. Lo más llamativo es que algunas de esas obras han estado paradas mucho tiempo o solo se va a realizar el acto de inicio y después pasarán a mejor vida.

Le hemos preguntado a la socióloga y politóloga Maria Silvestre por esto de las inauguraciones. Queríamos saber si son una buena forma de recoger votos, y parece que sí. Ya el mero hecho de estipular legalmente un periodo en el que no se pueden estrenar lugares, nos enseña que cuando se hacen, se hacen con estrategia.

Hay que diferenciar entre lo que es publicidad, se ha hecho algo y se comunica, y lo que es propaganda, que se hace como autobombo en situaciones muy concretas.

A pesar de que la ciudadanía sabe que en periodo electoral se multiplican los logros a vender, la efectividad de los actos está garantizada. Un minuto de televisión en el que aparece el político de turno alabando las bondades de algo, tiene más valor que casi cualquier crítica dicendo “eso lo hacen ahora porque hay que votar”. En este caso, el impacto trasciende a la crítica.

Esos paracaidístas de los que hablamos llegan con la intención de reforzar, fidelizar, sensibilizar y recabar votos. Somos nosotros quienes tenemos que hacerles saber que la rendición de cuentas se hace todos los días y no cada cuatro años.

De aquí a mayo caerán, caerán muchos. !Mirad al cielo!

paracaidista

Traileando en la #BilbaoMendiTrail

En esto del correr y del deporte no me pongo límites. No digo: “esto no lo voy a hacer jamás”. Porque lo de decir “de este agua no beberé” es un error grande; nunca sabes cuándo vas a tener que beber, ni de que grifo.

Lo digo porque ayer hice mi primera media maratón de montaña. Yo al monte he ido de paseo, de caminata, y muy de vez en cuando. Sí había hecho una carrera cortita, la de Etxebarri, muy bonita, por cierto. Pero el destino te pone delante la posibilidad de ir un poco más allá y yo, que llevo una pulsera en la que pone “one more” , la miro, me lio la manta a la cabeza y tiro.

Surgió el acompañar a un amigo a su primera carrera. Tiene un reto grande por delante, tan grande como de 88 kilómetros, y como lo del monte si, pero lo de correr no es todavía lo suyo, quedamos en ir juntos para que corriese. Total, ¡qué llegó bastante antes que yo a la meta!. Y yo me alegro mucho porque esta primera carrera le va a dar alas para el resto. A alguna otra le acompañaré, pero lo mío sigue siendo el asfalto.

Total que ahí me planté, en la línea de salida de la Bilbao Mendi Trail. En total, 22 kilómetros y 1800 metros de desnivel acumulado por este recorrido:  Museo Marítimo – Guggenheim – Kate Zaharra- Merendero León- Monte Avril – Santa Marina – Etxebarri- Montefuerte – Bolintxubidea- Parking Pagasarri- Arnotegi- Bilbao Arena (Miribilla).

Este es el instante de la llegada a meta. La foto me la hizo el gran Martín Fiz, compañero en muchas carreras. Es increíble este hombre. No solo por su fortaleza física y mental sino por lo mucho que hace en el mundo del deporte siempre con una humildad enorme.

doble

Conclusiones, muy personales eso sí : el monte puede ser físicamente más exigente que el asfalto pero te permite pararte un poco si tienes que tomar aire, andar en las cuestas muy empinadas y prolongadas, beber sin correr en los avituallamientos….  A nivel mental, me parece que el asfalto es más duro. Ahí no nos paramos, ahí no hay árboles, pajaritos, paisajes preciosos en los que fijarse… En la carretera , yo al menos, voy tipi tapa tipi tapa, concentrada a tope, controlando ritmos,  tiempos y pulsaciones y manejando mis sensaciones y mis pensamientos.

Me ha gustado mucho la experiencia y seguro que repito, pero donde esté una maratón….

De la Bilbao Mendi Trail me ha sorprendido lo precioso del recorrido. Está aquí, en casa, en Bilbao y tiene parajes que yo nunca había visto y que te dan otra imagen de nuestro querida ciudad. Tenemos un pulmón gigantésco rodeándonos y merece la pena que lo conozcamos.

La experiencia fue durilla. El tiempo, tan lluvioso de los últimos días, había dejado el terreno con un barrizal tan grande que incluso desde la organización avisaban en determinados tramos de que la cosa estaba “muy mal”. A mi correr cuesta abajo me da un poco de miedo en esas circunstancias. Sobre todo porque voy pensando en no torcerme un pie, en no lesionarme y que se vayan al traste tantos proyectos preciosos que tengo por delante.

El momento más divertido fue el de cruzar el Nervión. Llegas, ves que hay rio que cruzar y dices ¿y ahora que hago?, ¿me meto al agua o busco alternativas?. Yo la busqué, pero era atravesarlo por un tronco húmedo caído sobre el agua, y esa no era buena opción.  Vuelta y al rio. No hay mal que por bien no venga; se me limpiaron, momentáneamente, las zapas que ya pesaban una tonelada con tanto barro. Bueno lo cierto es que siguieron pesando con el agua y enseguida se volvieron a embarrar. De verdad que me sentí como el Chino Cudeiro en Humor Amarillo.

Momento de impacto también el de atravesar un túnel sin iluminar y lleno de chacos en la zona de Malmasín. Según entré me imaginé que estaba rodando un capítulo de The walking dead y que me iban a atacar los zombies en cualquier instante. Corrí mucho en ese túnel. Corrí de miedo, ¡claro!.

Menos mal que antes de entrar en el túnel me había encontrado con mi amigo Jose, de los Runners Colgados, que estaba, junto a sus dos hijos, esperando a que pasase. Me dio una alegría inmensa verle ahí. Y me dio aliento para seguir, q todavía quedaba casi la mitad del recorrido y subir al Arnotegi, donde , por cierto, tuve la sensación  de que llegaba hasta el cielo. ¡No acababa nunca!.

Jose me grabó este video . No tiene sonido,no, no es vuestra pantalla.  Antes de la salida, Luis y Arkaitz, otros dos Runners Colgados, vinieron al Museo Martítimo a darme ánimos. Y desde sus entrenos, Jessica y Alfon me mandaban también apoyo. ¡Es muy grande mi equipo!. Sin olvidarme de los que , desde casa, me apoyan en todo lo que hago.

http://www.youtube.com/watch?v=NfFGoL4LC08&feature=youtube_gdata_player

 

Correr de cabeza

Muchas veces me han preguntado qué es lo que pienso mientras corro. Hay personas a las que se les hace difícil imaginar que son capaces de correr durante horas porque creen que su cabeza no se lo va a permitir. “Yo es que empiezo a pensar que no puedo más, que estoy agotada, y me tengo que parar”. Seguro que habéis escuchado eso miles de veces. O “yo no tengo cabeza para correr”.

Quienes resaltan la importancia de la cabeza y los pensamientos a la hora de correr, están en lo cierto. Si la cabeza no va, es complicado que vayan las piernas. Es ahí donde reside la clave de una carrera o de un entrenamiento, en lo que pensamos mientras corremos.

Se trata siempre de pensar en positivo, de darle la vuelta a los malas sensaciones que intentan continuamente boicotearte el momento. Porque en esto de correr hay mucho de lucha interna. Tu quieres correr, pero si te vas lanzando mensajes negativos, vas a terminar por pararte. No es lo mismo pensar: “ya he hecho la mitad del entreno” que “todavía me queda la mitad”. No tiene el mismo efecto decirse “aún quedan 21 para teminar” que “ya está hecha la primera media”. Hay que ver la botella medio llena y no medio vacía.

Entre los corredores es muy famoso el “muro”. Es eso que se va levantando a tu paso y que quiere hacerte parar. Por supuesto, esta en tu cabeza. De repente empiezas a pensar que vas mal, que no puedes seguir, que no estas preparado, y te paras. O no. O cambias de imágenes y vences al muro. Yo aún no le he conocido. Nunca me ha visitado. Puede ser porque durante los entrenamientos me he ocupado de imaginarme muchas veces como sería y que tengo que hacer para esquivarlo. Y porque cuando estoy cansada, les doy la vuelta a mis pensamientos, y me concentro en la gente que me gusta e, incluso, en la que no me gusta. Si tengo algún problema, aprovecho para analizarlo desde varios puntos de vista y si tengo algo bonito por delante, lo imagino y os aseguro que a veces me parece que lo estoy viviendo ya. La concentración es clave para seguir en los momentos duros.

Es increíble la capacidad que tenemos para adaptar las distancias a nuestra cabeza. Si voy a hacer una media, cuando llegan los 10 kilómetros pienso en que queda poco más que un entreno fácil. Si hago una maratón, a los 21 kms pienso que solo queda la mitad, en los 30 pienso “ya está hecha la tirada larga” y a partir de los 40 me imagino que estoy a punto de empezar a recorrer la distancia que va del Paseo de Ereaga al faro y vuelta, que son 2.180 metros de mi recorrido favorito. Claro, que hay que pensar en los tramos intermedios. En esos me digo que voy bien, que estoy preparada, que me gusta mucho correr y que voy a ser feliz cuando pase por la meta y me abrace con los míos. Si es que están, ¡claro!. En la Maratón de Sevilla, llegue al final, había hecho mi mejor tiempo, había cumplido mi objetivo de sobra y no había nadie esperándome. Los finales suelen ser un poco caóticos y quedas en un sitio y siempre apareces en otro. Yo corro sin teléfono así que no tenía forma de llamar a nadie. Me acerqué a dos chicas y les dije: “ ¿podéis dejarme hacer una llamada?. He hecho mi mejor marca personal, estoy feliz, tengo ganas de abrazar a mi gente y no la encuentro”. Os aseguro que el abrazo de aquellas dos chicas me supo a gloria. Hay gente muy grande por el mundo. Y en esto del running, mucha.

Hoy, mi amiga Mónica se enfrenta a su primera tirada de 30 kilómetros. El 12 de abril estará corriendo la maratón de Brighton. La tirada de 30 es todo un ritual. Sirve para saber, más o menos, como estás de preparada. Me hubiera encantado hacerla con ella pero mis pies me llevan hoy a la Bilbao Mendi Trail, 24 kms de monte, con alguien que hoy se inicia en el mundo de las carreras, que tiene un reto muy grande y que necesita que le azucen para correr.

Mónica va a hacer su tirada sola. Ella, sus piernas, su corazón y su cabeza. Va a ser una experiencia dura, pero estoy segura de que esos 30 le van a saber a poco. Quiere 42 y los va a tener. Es dura de cabeza. Como Jessica. Y como yo.

En el 2016, el reto maratoniano será de las tres. Seremos tres mujeres contra la Gran Señora Maratón. Sabemos que si trabajamos, nos va a premiar. A por ella.

correr

 

Yo también soy gafotas.

Vamos a imaginarnos que nos hemos vuelto locos. Que de repente nos da por decir que un determinado grupo de población es peligroso, conflictivo, que quiere robar a los demás, quitarles su puesto de trabajo, que se llevan todas las ayudas sociales, que molestan en este país.  Vamos a imaginarnos que ese grupo es el de la gente que utiliza gafas y que les empezamos a llamar los “gafotas”, los “cuatro ojos”, los “cegatos”…

Se extiende el rumor de la amenaza que suponen para el resto y cuando a quien no forma parte de los “gafotas” le preguntas por ellos, te contesta cosas como esta:

.. “Dos de cada tres tiendas son ópticas, y eso es por ellos ¿eh?, porque antes eso no pasaba. Este barrio era un barrio muy tranquilo. Cada vez que van al oftalmólogo porque le suben las dioptrías… eso, eso ¿quién lo paga?”.

.. “Ahora mismo han entrado en la comunidad dos familias de esas, si si si si, ¡con gafas!. Estamos en un sinvivir. A saber a qué se dedicarán!. A nada bueno…”

.. “Realmente son más conflictivos que una persona normal por el tema de las gafas, eso si es verdad. Estan bajándoselas y subiéndoselas con el dedido… me quito unas, me pongo las otras… realmente no nos interesa ese tipo de gente”.

Y que a los “gafotas” les pasan cosas como esta:

.. “A mi me ha pasado ir a una entrevista de trabajo y al ver que llevo gafas decirme que no, que lo sienten, que la plaza ya estaba dada”.

Bien, pues quitemos de todo lo anterior la palabra “gafotas” y pongamos “inmigrante”. Tenía su gracia el juego, ¿no?. Pues ha dejado de tenerla.

Este ejercicio lo ha hecho la Red Acoge con motivo del Día Internacional para la Eliminación  de la Discriminación Racial. Lo que han pretendido es convertir la discriminación racial en ridícula. Y ¡vaya si lo han conseguido!.  La discriminación hacia las personas con gafas no es real, pero si lo es el racismo y la xenofobia.

Hoy es un día para ponderar la diversidad, para potenciar la convivencia y para interactuar con las diferentes culturas que coexisten a nuestro alrededor.  Esa diversidad es parte de nuestro patrimonio. ¿Alguien por aquí dispuesto a perder patrimonio?. Seguro que no. Pues las personas que han venido de otras partes del mundo a convivir con nosotros,  a enseñarnos su cultura y a aprender de la nuestra, son parte de ese patrimonio. Y yo no quiero perderlo.

#TambienSoyGafotas

gafotas