Reconectar

 

Quienes hoy hayan decidido quitar el modo avión de su teléfono móvil y hayan permitido que una avalancha de notificaciones le inunden su aparato se habrán dado cuenta de que no ha sido para tanto. De repente el mundo no ha cambiado y las cosas siguen en su sitio después de cinco días de parón. De todas formas, si hubiese sucedido algo realmente urgente, alguien hubiera utilizado el teléfono para lo que se inventó, para llamar y transmitir las noticias, las buenas y las malas. Les habrá llevado un tiempo repasar los mensajes que le han llegado a través de whastapp, especialmente si pertenecen a esos grupos en los que separar el grano de la paja se hace tan complicado. Lo mejor que se puede hacer en estos casos es darle a “vaciar chat” y santas pascuas, nunca mejor dicho. Además están los mensajes directos en twitter, los messenger, los comentarios de instagram, etc, etc, etc. Vamos, que se necesita toda una jornada laboral para ponerse al día.

Pero lo fundamental, y lo triste al mismo tiempo, es que aunque nos hayamos desconectado, la tierra ha seguido girando en la misma dirección.

Hemos vuelto a ver caravanas kilométricas para volver a casa después de unos cuantos días libres y cómo los aeropuertos se llenaban en los días de más tráfico aéreo del año. Mientras, en el Estrecho, Salvamento Marítimo continua rescatado inmigrantes que con la llegada del buen tiempo se echan de nuevo a las aguas para intentar llegar a la tierra soñada. Y entre tanto, el barco de rescate de la ONG Open Arms, que se dedica a rescatar refugiados en el mar Mediterráneo, sigue inmovilizado por “promover la migración ilegal”

Seguimos hablando del artículo 155, de si se recurre o no al Constitucional el cálculo del cupo que Euskadi paga al Estado por las materias no transferidas, de presupuestos y de negociaciones.

No nos hemos librado tampoco de la terrorífica lacra de la violencia de género, de las agresiones y de los acosos. Varios casos lo atestiguan estos días de dolor y de pasión, que es lo que representa la Semana Santa.

En fin, que si no has sido un yonki del wifi, la nueva metadona por cierto, y no has estado buscándolo como un loco/a por todos los rincones, ya ves que el mundo no ha cambiado en cinco días.

Ahora toca reconexión. Infoxicarnos hasta las siguientes vacaciones. ¡Que nos sea leve!

Disfruten ustedes

Pues como casi todo el mundo, yo también creo haberme ganado unos días de descanso así que Veterana B se toma unos días libres.

Pasarán cientos de cosas que darían para un post pero la cabeza tiene que vaciarse para poder volver a llenarse. No, no soy de las que se alejan de las redes, ni de los medios ni de nada que pueda mantenerme informada pero me contendré antes de volverle a dar a la tecla.

Eso sí, a la vuelta seguiré acercando hasta quien quiera leerme el punto de vista de alguien que no tiene más pretensión que agitar el avispero y suscitar una reacción en quien lee. Hay quien expresa su opinión con respeto y quien se dedica a insultar a la mensajera. Exponerse tiene esos riesgos.

Una parada para coger impulso, nada más.

Aquí nos encontramos. Disfruten ustedes.

A mí no me pasa

 

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Pues no. Reconozco que a mí no me pasa eso que dicen algunos estudios y estudiosos que aseguran que el estrés y el desgaste que suponen la organización de un viaje, la ordenación de equipaje, los atascos y la adaptación a un nuevo lugar y a nuevas rutinas hacen que la vuelta de unas mini vacaciones nos lleve directamente al diván del psiquiatra.

Lo he leído en un estudio de Coaching Club y, la verdad, yo veo más sonrisas por las vacaciones que caras largas por el estrés que previsiblemente van a a sufrir quienes las disfruten.

A mi me parece una milonga todo eso, aunque si los/as profesionales lo dicen, será. Imagino que es una situación que puede darse si tu trabajo te tiene ya quemado y la vuelta va a ser tan dura como el día a día o si la perspectiva de compartir días libres con alguien que no te llena oscurece el panorama.

De lo contrario, las vacaciones son eso que dice la RAE: descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo o los estudios. De esto se deduce que quien coge vacación es porque tiene un trabajo o realiza estudios. Y eso ya es positivo en si mismo.

Así que dejemos de ver el lado oscuro de las cosas y disfrutemos de estos días libres que nos hemos ganado.

Volvemos el lunes!

www.begoberistain.com

 

 

Política vacacional

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Olvidadas como tenía ya las vacaciones navideñas, me vuelven a la memoria al escuchar en los informativos algo así como “los parlamentarios retoman su actividad tras el parón de Navidad”. Me he quedado parada y pensando en sí había oído bien y en qué fecha estamos. 16 de enero. ¿16 de enero y aún de parón navideño? Pues sí que les duran las vacaciones, pienso.

En alguna ocasión he hablado de esto con algún político y me ha aclarado que un Parlamento inactivo no significa que los y las parlamentarias estén de vacaciones. Hay mucho trabajo de despacho, reuniones, etc. Y yo me lo creo porque no tengo motivo para dudar de su palabra, pero tendrán que reconocer que a los ojos de la ciudadanía no suena demasiado bien que se retome la actividad el 16 de enero. Casi estamos pensando más en las vacaciones de Semana Santa que en lo que pasó en las navidades.

Esto en el Parlamento Vasco porque si nos vamos al hemiciclo de España vemos que quienes ocupan los escaños no los volverán a ocupar hasta el día 31 de enero. Así lo acordaron el pasado 27 de diciembre con los votos de todas las formaciones presentes en la Cámara. 40 días libres. 40. Ni en el Congreso ni en el Senado habrá sesiones.

Claro que también los y las diputadas y senadores han trabajado en este tiempo, han preparado los congresos de sus partidos, por ejemplo, o la Conferencia de Presidentes Autonómicos que comienza hoy. No todo es actividad en las salas principales pero sí, acordar por el motivo que sea no tener sesiones hasta casi entrado el mes de febrero suena mal.

El artículo 73 de la Constitución dice en su primer apartado:

“Las Cámaras se reunirán anualmente en dos períodos ordinarios de sesiones: el primero, de septiembre a diciembre, y el segundo de febrero a junio”.

Traducido significa tres meses de vacaciones -enero, julio y agosto- completos. Por comparar, el triple de lo que marca el Estatuto de los Trabajadores que reconoce 30 días naturales de descanso en su artículo 38.

 

Las vacaciones de sus señorías

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Miles y miles de personas están disfrutando de sus vacaciones de Semana Santa. Otros tantos, no. Casi cinco millones de potenciales trabajadores/as no cogen vacaciones porque no tienen empleo. Esos están esperando a que los políticos resuelvan el problema del paro, no con reformas  que lleven a una mayor precarización, sino con medidas efectivas que hagan regenerar un mercado laboral que lleva ya muchos años en la UVI.

Pero no va a ser ahora cuando quienes nos gobiernan, que para ser certeros no es hoy concretamente nadie,  se pongan a trabajar para lograr el objetivo de aumentar el empleo. No lo van a hacer porque se han cogido vacaciones. Tres semanas, ni una más ni una menos.

Efectivamente, quienes no han conseguido alcanzar un acuerdo de gobierno se han unido para concederse a sí mismos 21 días de vacaciones por Semana Santa. Para ello fue necesario que todos los grupos votasen a favor de aplazar el pleno que estaba previsto para el 29 de marzo y retrasar también la Junta de Portavoces que debía celebrarse el martes pasado.

Fue el presidente del Congreso, Patxi López (que de moderar las sesiones en el hemiciclo no parece saber mucho, pero de cómo pillar vacaciones sí) quien pidió el voto afirmativo de todos los grupos para retrasar un tema tan importante como un pleno ordinario. Esta vez, ninguno de los partidos políticos puso pegas. PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos, exactamente los mismos que no llegan a acuerdos de gobierno, votaron a favor de las tres semanas vacacionales y aunque el calendario de sesiones ya estaba a probado, se modificó de forma expres.

La última vez que se celebró un pleno fue el 15 de marzo y no volverá a haber otro hasta el 5 de abril. Si para gobernarnos siguen sin alcanzar acuerdos y han de repetirse las elecciones, el 3 de mayo se disolverían las Cortes. Así,  a sus señorías les quedaría solo un mes de trabajo.

A estas alturas del post imagino que muchos de los lectores estaréis ya ojipláticos. Y rabiosos. Es más o menos lo mismo que me sucedió a mi cuando conocí la maniobra. ¿Qué como han tenido la desfachatez de hacer eso en este momento de desgobierno? Pues lo han justificado apelando a la conciliación familiar. Vamos, que sus hijos e hijas tienen más vacaciones que el resto del alumnado porque los centros escolares cierran durante dos semanas, no tres.

Lo de decir “tienes más vacaciones que el profesorado” ha pasado ya a la historia. Ahora lo justo es decir que tus vacaciones son más largas que las de los diputados. Pero mucho más.

Vemos que el acuerdo entre la casta y la no casta es posible. A ver si lo es también para gobernar.