{"id":13200,"date":"2020-04-12T20:09:25","date_gmt":"2020-04-12T18:09:25","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/?p=13200"},"modified":"2020-04-12T20:09:26","modified_gmt":"2020-04-12T18:09:26","slug":"el-corresponsal-de-the-times-lo-vio-asi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2020\/04\/12\/el-corresponsal-de-the-times-lo-vio-asi\/","title":{"rendered":"El corresponsal de The Times lo vio as\u00ed"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Domingo 12 de abril de 2020<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2020\/04\/Denunciantes-bombardeo-de-Gernika.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-13201\" width=\"644\" height=\"450\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En esta fotograf\u00eda podemos ver al\nP\u00e1rroco de Gernika en abril de 1937, D. Jos\u00e9 Arronategi, al historiador\nBonifacio Etxegaray, al Alcalde Gernika Labauria y al corresponsal de Thimes\nGeorge Steer, de quien trata esta entrega el d\u00eda en el que denunciaron por la\nradio el bombardeo de Gernika.<\/p>\n\n\n\n<p>George L. Steer fue el corresponsal\ndel diario brit\u00e1nico The Times durante la guerra. Gracias a \u00e9l se dio a conocer\nel bombardeo de Gernika, aunque antes hubo otros como los ocurridos en Otxandio,\nDurango, Amorebieta y Eibar, as\u00ed como en Bilbao, pero gracias a su maestr\u00eda, su\nolfato por la noticia y el hecho de que era la primera vez que se bombardeaba\nuna poblaci\u00f3n abierta, aquello dio la vuelta al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Su relaci\u00f3n con los vascos de mutua amistad\ny muy fruct\u00edfera ya que se volc\u00f3 con la causa de aquel gobierno y del hombre\nque la presid\u00eda que se refleja en el cap\u00edtulo que le dedic\u00f3 al Lehendakari\nAgirre, en estos trazos period\u00edsticos que lo definieron muy bien. Y no era un\nperiodista cualquiera de un peri\u00f3dico de barrio sino de uno de los peri\u00f3dicos\nm\u00e1s influyentes del mundo, siendo adem\u00e1s sus cr\u00f3nicas reproducidas en el New\nYork Times.<\/p>\n\n\n\n<p>Sepamos algo de su interesante vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Georges\nLowter Steer naci\u00f3 en Sud\u00e1frica donde su padre era propietario del diario\n\u00abDaily Dispatch\u00bb. Ya en la es\u00adcuela el peque\u00f1o Georges editaba su\nperi\u00f3dico \u00abThe Wykehamist\u00bb. Al terminar sus estudios en Oxford,\ningres\u00f3 en el \u00abArgus\u00bb de El Cabo. En 1933 volvi\u00f3 a Inglaterra para\nentrar en el \u00abYorkshire Post\u00bb de Londres. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El\nverano de ese mismo a\u00f1o \u00abThe Times\u00bb lo envi\u00f3 a Abisinia. All\u00ed su voz\nse alz\u00f3 para denunciar la invasi\u00f3n de Italia contra Etiop\u00eda, to\u00adtalmente\nindefensa. En mayo de 1936 al entrar victoriosos en Addis Abeba, los italianos\nlo expulsaron de Etiop\u00eda. Me\u00adses despu\u00e9s llegaba a Bilbao como corresponsal\nespecial del \u00abThe Times\u00bb. Steer fue un testigo directo de la guerra\nen el Norte. Pero en sus cr\u00f3nicas no se limit\u00f3 a exaltar las virtudes que \u00e9l\nconsideraba dotado al vasco, sino que puso al desnu\u00addo a veces con gran crudeza,\nsus defectos y errores. Al caer Bilbao, Steer regres\u00f3 a Inglaterra donde en\n1938 public\u00f3 \u00abThe Tree of Gernika\u00bb. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En\n1939 se hallaba de nuevo en \u00c1frica enviado esta vez por el \u00abDaily\nTelegraph\u00bb a fin de es\u00adtudiar las reclamaciones italianas sobre T\u00fanez y\nlas de Ale\u00admania sobre sus antiguas colonias. De all\u00ed pas\u00f3 a Finlandia cuando\n\u00e9ste pa\u00eds recibi\u00f3 el ultim\u00e1tum ruso. &nbsp;El\nestallido &nbsp;del conflicto mundial le\noblig\u00f3 a reintegrarse a Inglaterra, don\u00adde se alist\u00f3 en el ej\u00e9rcito. En 1940\nGeorge Steer acompa\u00f1\u00f3 al emperador Haile Selassie (el Negus) al Sud\u00e1n y se\nconstituy\u00f3 en el cerebro rector de la campa\u00f1a de propaganda que contribuy\u00f3 a la\nliberaci\u00f3n de Abisinia y a la expulsi\u00f3n de los italianos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Seguidamente\nbajo las \u00f3rdenes de Lord Wavel que co\u00admandaba las fuerzas brit\u00e1nicas que\npeleaban contra los ja\u00adponeses, se traslad\u00f3 a la frontera de Birmania donde\nhall\u00f3 la muerte en un absurdo accidente de autom\u00f3vil. Para enton\u00adces los\nalemanes empleaban en gran escala contra las ciuda\u00addes inglesas su t\u00e9cnica de\nla \u00abmystique\u00bb del aire que Steer hab\u00eda contemplado en Bilbao.\nCoventry \u2014como Gernika tres a\u00f1os antes\u2014 se hallaba convertida en un mont\u00f3n de\nce\u00adnizas humeantes. George Steer recogi\u00f3 en cinco libros sus impresiones de un\nmundo desgarrado por la guerra. Viudo de Margarita Herrero, Steer, se cas\u00f3 con\nEsme Barton, de la cual tuvo dos hijos. Eterno defensor de causas desesperadas\nsu integridad y su coraje marcan un hito en el periodismo mundial.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Afortunadamente\nen Gernika hay un busto en su memoria inaugurado por su hijo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En\nsu libro \u00abThe Tree of Gernika\u00bb George L. Steer, retrata a Jos\u00e9\nAntonio de Agirre de la siguiente manera:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEl\nl\u00edmite de mi estancia en Bilbao fue de 6 d\u00edas. A las pocas horas, a causa de\nuna llamada que recib\u00ed, tuve que marcharme en un dragaminas vasco, que con las\nluces apa\u00adgadas para burlar el bloqueo, naveg\u00f3 en zig-zag rumbo a Francia, v\u00eda\nCastro Urdiales llegando al puerto de Bayona despu\u00e9s de 13 horas de balancearse\nsobre el golfo. Me basta\u00adron seis d\u00edas para ver una gran parte de la administraci\u00f3n\nci\u00advil vasca.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Al\nd\u00eda siguiente de mi llegada visit\u00e9 el Hotel Carlton, donde se hab\u00eda instalado\nla Presidencia desde que cay\u00f3 una bomba junto a la Sociedad Bilba\u00edna. La\nprimera sorpresa del reci\u00e9n llegado era el contemplar la entrada vigilada por\ndos guardias ya de edad con uniforme azul y boina roja. Hab\u00eda que volver a leer\nde nuevo la historia vasca para saber que la boina roja \u2014que es vistosa y\nmarcial\u2014 no representa en realidad al carlismo nabarro sino que es una\ntradicional prenda utilizada por los vascos en la guerra, fiestas y bailes\nlocales. Los que as\u00ed iban vestidos eran los Miqueletes o guar\u00addias de la\nDiputaci\u00f3n Provincial de Gipuzkoa. Llevaban guantes blancos y fusil al hombro y\nhac\u00edan la ronda pasean\u00addo de arriba a abajo a la entrada de la presidencia con\ncierto desenfado entibiado solamente por el reumatismo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Se\nllegaba a la presidencia cruzando el puente que separa el Casco Viejo de Bilbao\ncon sus estrechas y tortuosas calles, iglesias macizas, y casas altas, de la\nnueva ciudad en la orilla izquierda del Nervi\u00f3n. Aqu\u00ed girando sobre el eje que\nes la Gran V\u00eda, el Bilbao comercial se extend\u00eda tras sus cl\u00e1sicas pi\u00adlastras\ncon sus amplias v\u00edas de granito y pr\u00f3speros bajorre\u00adlieves de cornucopias que\nrepresentaban racimos de uvas y nav\u00edos, robustos querubines y ninfas tendidas\nde principios de siglo, cuando Bilbao conoci\u00f3 su gran renacimiento gra\u00adcias al\ncomercio con Gran Breta\u00f1a y Francia. Ahora no hab\u00eda sino embudos abiertos por\nlas bombas y ventanas cerradas no precisamente para comerciar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En\nla Presidencia a la que conduc\u00eda esa avenida de esta\u00adbilidad y dinero antiguo,\nesperaba una segunda sorpresa. Cuando presentaban al jefe del Departamento de\nRelaciones Exteriores se hallaba con que su titular, don Bruno Mendiguren, el\nM\u00edster Ed\u00e9n vasco, era m\u00e1s joven que uno. Por averiguaciones posteriores supe\nque ten\u00eda 25 a\u00f1os.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El\njoven Mendiguren, que m\u00e1s tarde duplic\u00f3 su trabajo al hacerse cargo de la\noficina de prensa vasca, era como un enviado de Dios para un periodista.\nArdiente defensor de su causa, con un torrente de franc\u00e9s pol\u00edtico, en el cual\nencabe\u00adzaba sus referencias a la dignidad vasca, que citaba en una frase de\ncada tres. Mendiguren conceb\u00eda la oficina de prensa como un medio para permitir\na los periodistas extranjeros ver y o\u00edr todo lo que quisieran, y no para\nindicarles lo que ten\u00edan que decir en su cr\u00f3nica diaria y expulsarlos despu\u00e9s\npor lo que hab\u00edan a\u00f1adido por su cuenta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En\nla vida civil, Bruno fue ingeniero-constructor y era socio de su cu\u00f1ado Gamboa\nen una empresa que se hallaba en condiciones de preparar los ensanches de\nciudades de la noche a la ma\u00f1ana con la construcci\u00f3n masiva de edificios de\ncemento. Hab\u00eda estudiado la carrera en Bruselas de don\u00adde se ufanaba. Hab\u00eda\nsito coet\u00e1neo, aunque de un curso in\u00adferior, de Degrelle. All\u00ed aprendi\u00f3\nfranc\u00e9s.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Era\nun joven m\u00e1s bien bajo de estatura, siempre traje\u00adado de azul marino y boina,\ncomo muchos vascos. Se dife\u00adrenciaba de otros en que su fuerza f\u00edsica no\nparec\u00eda estar al nivel del entusiasmo que mostraban sus ojos, lengua y bra\u00adzos.\nEra bien parecido: ten\u00eda la cabeza estrecha y nariz en punta un poco ca\u00edda, y\ncuando hablaba de su pa\u00eds sus ojos brillantes parec\u00edan sal\u00edrsele de sus \u00f3rbitas\nde pura excita\u00adci\u00f3n. Para dar \u00e9nfasis a la entereza y determinaci\u00f3n de su lucha\nten\u00eda un movimiento peculiar del antebrazo, del hombro hacia abajo, que se\ndeten\u00eda nada m\u00e1s para no rom\u00adperse violentamente contra la mesa del despacho.\nHasta que conoc\u00ed a Bruno Mendiguren yo siempre hab\u00eda pensado que el\nnacionalismo vasco era una chifladura; algo as\u00ed como el movimiento de la Isla\nde Man para sus habitantes. M\u00e1s, en\u00adseguida, pude darme cuenta lo mortalmente\nserio que era para ellos. Bruno con sus en\u00e9rgicos ojos y brazos era la pun\u00adta\nde lanza de la persuasi\u00f3n. Me disip\u00f3 todas las dudas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Era\nun tipo fascinante. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quieren ver?\u00bb \u2014me pre\u00adgunt\u00f3 al terminar su\nintroducci\u00f3n, cuando su delicado f\u00edsico se estaba todav\u00eda recuperando de su\nsugestivo esfuerzo. En momentos como este Bruno Mendiguren cerraba la boca y\nesperaba democr\u00e1ticamente a que uno dijera lo que ten\u00eda que decir. Era todo o\u00eddos\ndemocr\u00e1ticos. Empec\u00e9 a conge\u00adniar con Bilbao.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando\nvolvi\u00f3 la cabeza hacia la ventana, por un hueco de la camisa abierta, descubr\u00ed\nque bajo el nudo de la corbata llevaba una cruz. Estaba colgada del cuello con\nun cord\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tomando\naliento le dije: \u00abQuiero ver sus escuelas, hos\u00adpitales, sus instituciones\nsociales\u00bb \u2014cosas inofensivas y amables. Y levantando la voz un poco m\u00e1s\na\u00f1ad\u00ed: \u00abY tam\u00adbi\u00e9n sus prisiones, sus cuarteles y el frente\u00bb.\nEntonces tras una \u00faltima pugna entre la lengua, las am\u00edgdalas y la saliva, con\nel sentimiento que, al fin y al cabo, acababa de decirme que ellos eran tan\nlibres y dem\u00f3cratas, decid\u00ed tambi\u00e9n plan\u00adte\u00e1rselo: \u00ab&#8230; sus defensas, sus\naer\u00f3dromos, sus aviones, sus ingenios motorizados y sus industrias de\nguerra\u00bb. El aliento me fall\u00f3. \u00a1Acababa de hacer una cosa terrible!. As\u00ed\npues mi \u00faltimo grito frente al pared\u00f3n ser\u00eda: \u00ab\u00a1Usted mismo me invi\u00adt\u00f3 a\nhacerle preguntas, dec\u00eda que todos ustedes eran dem\u00f3cratas!\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Perfecto\n\u2014dijo Mendiguren\u2014 lo arreglaremos para que pueda verlo todo. Fue mi tercera\nsorpresa en el segundo d\u00eda de mi estancia en Bilbao. Mucho tiempo despu\u00e9s le\npregunt\u00e9 por qu\u00e9 eran tan confiados. \u00a1\u00bbOh\u00bb! me respondi\u00f3 como si todo\nfuera tan l\u00f3gico como la ingenier\u00eda \u2014usted es ingl\u00e9s y a nosotros nos agradan\nlos ingleses y nos hab\u00eda sido presenta\u00addo por su c\u00f3nsul Stevenson. El jam\u00e1s\ntrat\u00f3 de enga\u00f1arnos como los dem\u00e1s con pasaportes falsificados para los refu\u00adgiados\u00bb.\nSupongo que era una forma razonable de condu\u00adcirse.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abAhora\ndijo Bruno \u2014venga a ver al presidente\u2014\u00bb. Un ordenanza de uniforme de la\npresidencia entr\u00f3 y dijo: \u00abJos\u00e9 Antonio me env\u00eda a decirles que ya est\u00e1\nlisto\u00bb. Aqu\u00e9l viejo empleado se sent\u00eda con la libertad suficiente como\npara parecerle innecesario usar el apellido de su presidente en pre\u00adsencia de\nun extranjero. Fue como un sobresalto. Imag\u00ednense a un nazi diciendo al\ncorresponsal del \u00abThe Ti\u00admes\u00bb en Berl\u00edn: \u00ablo siento pero Adolfo\nno puede recibirle hoy porque tiene una terrible ronquera\u00bb. El plan\ncuatrienal se hubiera desplomado en un minuto y Alemania se sentir\u00eda de nuevo\nhumillada.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entramos\nen una peque\u00f1a habitaci\u00f3n cuadrada que daba a una plaza de aspecto invernal.\nSobre la mesa hab\u00eda una cruz alta de madera de \u00e9bano en la que estaba\nsuspendido Nuestro Se\u00f1or con clavos de plata. Fijadas en la pared se ve\u00edan\nalgunos tipos de las municiones que se fabricaban en las industrias movilizadas\nde Durango, ahora concentradas en Bilbao. El hombre que trabajaba sobre la mesa\nse levant\u00f3 y avanz\u00f3 un par de pasos hacia nosotros.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Jos\u00e9\nAntonio de Agirre extendi\u00f3 su mano. Ten\u00eda en aquel momento 32 a\u00f1os. Era peque\u00f1o\nde estatura. Lo pri\u00admero que le llamaba a uno la atenci\u00f3n era la extraordinaria\nfinura y delicadeza de sus facciones. Lo segundo, que anda\u00adba con un ligero\nbalanceo: los irlandeses llamar\u00edan a esto jactancia. En sus tiempos Jos\u00e9\nAntonio hab\u00eda sido un gran jugador de f\u00fatbol y la gente para distinguirlo de\notro del mismo apellido, acostumbraba a aplaudir a \u00abAgirre, el cho\u00adcolatero\u00bb,\naludiendo a sus haza\u00f1as paralelas como fa\u00adbricante.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Agirre\nera tambi\u00e9n abogado y hab\u00eda dirigido las batallas del Partido Nacionalista\nVasco desde 1931 en que su organi\u00adzaci\u00f3n surgi\u00f3 totalmente fortalecida a la\nca\u00edda de la Monarqu\u00eda, para ganar en Gipuzkoa y Bizkaia por abruma\u00addora mayor\u00eda\nque jam\u00e1s perdi\u00f3 hasta que ambas provincias fueron conquistadas en la guerra.\nEra un movimiento basa\u00addo totalmente en la juventud vasca.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hab\u00eda\nvivido d\u00edas muy movidos cuando en las primeras Cortes de la Rep\u00fablica su colega\nLeizaola, ahora ministro de Justicia y Cultura, hab\u00eda sido agredido por un\nindignado so\u00adcialista, por defender a la Iglesia Cat\u00f3lica de las usurpa\u00adciones\ndel Estado. En esos d\u00edas en que los dem\u00e1s se dedica\u00adban solamente al pugilato,\nlos nacionalistas vascos estaban coaligados con los tradicionalistas de\nNabarra. Pero la uni\u00f3n de los ardientes cat\u00f3licos no dur\u00f3. El movimiento tradicionalista\nsin perder en definitiva el entusiasmo del campe\u00adsinado nabarro, fue cayendo en\nmanos de los caciques pro\u00advinciales. Lo respaldaba el gran capital y se puso en\ncontacto con los jefes del Ej\u00e9rcito y con los partidos centralistas de derecha,\nque hubieran sido los \u00faltimos en reconocer la autonom\u00eda a los vascos. Porque\ncreo que fue su l\u00edder Calvo Sotelo (cuyo asesinato fue la se\u00f1al para el\nalzamiento que ven\u00eda prepar\u00e1ndose desde mucho tiempo antes) quien dijo en San\nSebasti\u00e1n (en el mismo centro del Pa\u00eds Vasco) lo si\u00adguiente: \u00abprefiero una\nEspa\u00f1a sin Dios, sin Iglesia y sin fa\u00admilia, que una Espa\u00f1a rota\u00bb. Los\nvascos con Agirre, se vieron obligados a inclinarse hacia la izquierda, por su\nautonom\u00eda. Fue un gran disloque y a\u00fan se pod\u00edan ver las huellas de la lucha en\nel rostro de Agirre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Su\ncara estaba bien trazada y sus ojos eran vivos y un tanto ir\u00f3nicos. Sus largas\ncejas, rectas y negras, ten\u00edan en el centro las enigm\u00e1ticas l\u00edneas que tiene\ntodo hombre que transige para poder alcanzar un ideal. Porque Agirre, al igual\nque todos los de su partido, era primero y hasta el final un idealista. Su gran\ncalidad brotaba como una flor en sus discursos p\u00fablicos que jam\u00e1s fueron\ndemag\u00f3gicos ni tan si\u00adquiera en las m\u00e1s amargas horas de Bilbao, sino m\u00e1s bien\nde definici\u00f3n en el m\u00e1s estricto significado de la palabra. Esta\u00adban\ntraspasados de parte a parte con llamadas a la Historia y a la Ley y modelados\ncon la misma profundidad por un sen\u00adtido human\u00edstico de ambas. Era algo\nadmirable escucharle en la gran cancha cerrada de pelota, el front\u00f3n\nEuskalduna, donde acostumbraba dirigirse a la multitud antes de que le cayeran\nencima bombas de 12 pulgadas. Su voz, que se ve\u00eda forzada hasta alcanzar cierta\ndureza en sus animadas con\u00adversaciones privadas, se hac\u00eda magn\u00edfica y vibrante.\nLa gen\u00adte \u2014la mayor parte pertenec\u00eda a otros partidos ya que los miembros del\nsuyo estaban en el frente\u2014 le o\u00eda fascinada. Y eso que no hablaba de pan, paz,\nca\u00f1ones y mantequilla sino del mercantilismo, de las virtudes y vicios del\nliberalismo econ\u00f3mico del siglo XIX, de los movimientos proletarios a que dio\norigen, de los esfuerzos de la burgues\u00eda para llegar a un entendimiento humano\ncon ellos, de los fracasos y triun\u00adfos de ese movimiento a lo largo del mundo.\nNo afirmaba como los oradores bullangueros, que Bilbao no pod\u00eda caer. El hilo\nhist\u00f3rico de su argumento probaba m\u00e1s bien que val\u00eda la pena defenderlo. En\ncada p\u00e1rrafo, su voz natural\u00admente dulce y clara, se pon\u00eda \u00e1spera como la de un\njuez. Hasta que llegaba a sus conclusiones se paseaba de arriba a abajo por la\nplataforma con ese ligero balanceo caracter\u00edstico del futbolista que yo hab\u00eda\nobservado. Su \u00fani\u00adco gesto en un pa\u00eds en que estos son tan extra\u00f1os consist\u00eda\nen meterse las manos en los bolsillos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bajo\n\u00e9l los republicanos de izquierda, los socialistas, los comunistas y los\nanarquistas, alargaba el cuello con asombro. All\u00ed estaba el hombre que resolv\u00eda\ntodas sus contradicciones, a quien por esa misma raz\u00f3n, no pod\u00edan ni ver por\nejemplo, los jefes organizadores del comunismo por\u00adque les hab\u00eda salido al paso\nimpidi\u00e9ndoles llevar adelante sus planes de controlar el Ej\u00e9rcito Vasco. Pero\nlos anarquistas para quienes el factor personal tiene su peso, com\u00edan de su\nmano. Si en alguna parte sus masas se desmandaban, acud\u00edan a Agirre mostrando\nla m\u00e1s profunda de las contricciones y prometiendo no volverlo a hacer nunca\nm\u00e1s. Y has\u00adta los comunistas que murmuraban contra \u00e9l no se atre\u00advieron a salir\nal descubierto hasta que cay\u00f3 Bilbao, despu\u00e9s de dos meses de continua\nofensiva. Fue entonces s\u00f3lo cuan\u00addo Larra\u00f1aga, su joven comisario pol\u00edtico en\nel Estado Ma\u00adyor General, pronunci\u00f3 un discurso en Santander compa\u00adrando a\nAgirre con el Luis XIV del \u00abL&#8217;Etat c&#8217;est moi\u00bb y profetizando que la\nresistencia de Santander unida y prole\u00adtaria, ser\u00eda muy diferente de la de\nBilbao, y en realidad lo que dur\u00f3 fue menos de dos semanas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Agirre\nfrente al que me encontraba sentado, era desde luego, la \u00faltima persona a quien\nyo comparar\u00eda con Luis XIV. No era un d\u00e9spota. Era un joven pol\u00edtico asceta\nquien al final tendr\u00eda que practicar su fe en el desierto. Su nariz fi\u00adna y\ndelgada, su boca recta con el labio superior extra\u00f1a\u00admente apretado de tanto\npracticar el autocontrol, y su cara atl\u00e9tica bastante delgada, eran los rasgos\ncaracter\u00edsticos de un hombre que trataba m\u00e1s de hallar el camino recto que de\nimponerlo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No\npretendo decir con esto que Agirre no supiera por d\u00f3nde se hallaba. Era bien\nclaro respecto a sus proyectos a corto o largo plazo. Por de pronto deseaba\n\u2014seg\u00fan me manifest\u00f3\u2014 canjear en bloque todos los presos por los vas\u00adcos que\nten\u00edan los nacionales. Unos 2.300 de su parte por 1.000 de la otra. No era\ncuesti\u00f3n de cifras sino de humanitarismo \u2014dijo\u2014 terminar con el problema de los\npresos de una vez por todas, mostr\u00e1ndose reacio a considerar las pro\u00adposiciones\nde Salamanca de conceder trato especial a unos pocos seleccionados marqueses y\ncondes. \u00a1No! Golpe\u00f3 con la mano derecha abierta sobre el cristal de la mesa y\nel soni\u00addo de su anillo de casado a\u00f1adi\u00f3 \u00e9nfasis a su declaraci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>T\u00e9rmino\nmedio: estaba decidido a luchar en el bando de la Rep\u00fablica hasta el final. Me\ndijo esto porque los vascos sab\u00edan que en lo sucesivo una propaganda bien\norganizada en Inglaterra, estaba tratando de introducir una cu\u00f1a entre ellos y\nel Gobierno Republicano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo\nesto llev\u00f3 a Agirre a sus c\u00e1lculos a largo plazo. Si perd\u00eda, mala suerte. Pero\nsi el Gobierno resultaba victorioso Agirre presionar\u00eda para que se le\nreconociera un Estatuto que garantizara a Euzkadi el equivalente a un\nEstado-dominio. El no dec\u00eda todo esto en forma ofensiva para Es\u00adpa\u00f1a. De hecho\nAgirre era uno de los pocos vascos naciona\u00adlistas que jam\u00e1s pronunciaba una\npalabra desagradable sobre Castilla y por eso hab\u00eda tenido tanto \u00e9xito en la\ncon\u00adducci\u00f3n del Gobierno de Vizcaya. La correcci\u00f3n de sus mo\u00addales, la\nindudable decencia de sus intenciones, su cos\u00adtumbre de consultar\npermanentemente con sus colegas, es\u00adtablecieron un notable r\u00e9cord en la\nAdministraci\u00f3n espa\u00f1o\u00adla. En tiempos de guerra, mientras los Gobiernos de Valen\u00adcia\ny Barcelona viv\u00edan en medio de constantes altercados e injurias y Salamanca\nten\u00eda que reprimir y encarcelar a algu\u00adnos falangistas, el Gobierno de Euzkadi\nbajo la presidencia de Jos\u00e9 Antonio de Agirre no s\u00f3lo permaneci\u00f3 inalterable\nhasta el final sin dar motivo tan siquiera a un rumor de cri\u00adsis, sino que\nlogr\u00f3 algo m\u00e1s: desde el 7 de Octubre en que se constituy\u00f3 el Consejo de\nMinistros hasta el 19 de Junio en que cay\u00f3 Bilbao, ni tan siquiera se procedi\u00f3\na votar una sola vez. El imperio de la ley en Vizcaya y la conducci\u00f3n de la\nguerra estuvieron garantizados por decisiones un\u00e1nimes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Al\ncontemplar el barril de p\u00f3lvora que era Bilbao, los rostros hundidos y\ndescarnados de sus pobres, la depresi\u00f3n de la clase media, los almacenes de\nv\u00edveres consumidos, las hileras de tiendas (que anta\u00f1o fueron pr\u00f3speras) hoy\ncubier\u00adtas de polvo, las ventanas vac\u00edas listadas con papel engomado como\nmedida de protecci\u00f3n contra los raids a\u00e9reos, la su\u00adcesi\u00f3n de puertas\nherm\u00e9ticamente cerradas y persianas enro\u00ad\u00f1adas que antes hab\u00edan sido comercios,\nla paz y la armon\u00eda que reinaba en el Gobierno Vasco parec\u00edan un milagro. En\nparte se deb\u00eda al car\u00e1cter vasco que tiene experiencia en Ad\u00administraci\u00f3n\nprovincial y sabe que el progreso material re\u00adquiere compromisos materiales.\nPero, m\u00e1s todav\u00eda, a la pre\u00adsidencia de Agirre. Tal vez hubiera en el Consejo\nde Mi\u00adnistros caracteres m\u00e1s fuertes que el suyo: Leizaola, por ejemplo, su m\u00e1s\nviejo lugarteniente. Hab\u00eda tambi\u00e9n algunos con m\u00e1s experiencia de la vida: pero\nAldasoro, con todo su encanto, no pod\u00eda presentar la misma mente l\u00facida ante\nsus colegas y las masas. Idealismo, capacidad de adaptaci\u00f3n, compa\u00f1erismo y\nhonestidad eran las cualidades que se requer\u00edan y Agirre las ten\u00eda todas. Era\nun gran conciliador.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No\niba taimadamente tras un inter\u00e9s particular. Perdi\u00f3 toda su fortuna en la\nguerra. Y mucho antes de que esta es\u00adtallara obten\u00eda escasas ganancias en sus\nnegocios porque practicaba sus propios principios. Instituy\u00f3 salarios fami\u00adliares\ny participaci\u00f3n en beneficios para los trabajadores: es\u00adtaba orgulloso de ello.\nEstaba tambi\u00e9n orgulloso de la tra\u00adyectoria humanitaria de su Gobierno, el\n\u00fanico que tom\u00f3 las iniciativas de la Cruz Roja Internacional y del Foreign Offi\u00adce\ncon entusiasmo. \u00c9l y sus vascos estaban horrorizados por la crueldad con que se\npeleaban unos contra otros. Las ma\u00adtanzas de prisioneros en el campo de batalla\no el fusilamien\u00adto de sus enemigos pol\u00edticos, subrepticiamente no entraban en\nsus m\u00e9todos. \u00abVes, por ejemplo, nuestra polic\u00eda \u2014me dec\u00eda\u2014 y averig\u00fce por\nsu cuenta a cu\u00e1ntos ha matado. Mire si tenemos mujeres prisioneras. Pregunte en\nsu hotel cu\u00e1n\u00adtos infelices miembros de los partidos de derechas hemos salvado\nde Asturias y Santander\u00bb. \u00abPregunte a su c\u00f3nsul a cu\u00e1ntos hemos\npermitido huir a Francia y cu\u00e1ntos de aqu\u00e9llos a quienes salvamos est\u00e1n\ntrabajando en el bando opuesto contra nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Todos\nestos imperativos parec\u00edan muy altisonantes sobre el papel pero Agirre los\npronunciaba con voz amable y poco afectada, mientras frunc\u00eda las cejas\nir\u00f3nicamente y se dibu\u00adjaba una sonrisa en los bordes de su boca. \u00abLo\npuede creer o no: pero opino que lo estamos haciendo bastante bien\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hab\u00eda\nalgo muy deportivo en su manera de ver las cosas. Era de nuevo capit\u00e1n de un\nequipo de f\u00fatbol que a\u00fan a ries\u00adgo de perder estaba dispuesto a obedecer las\nreglas del juego y al \u00e1rbitro. Nada de mordiscos, patadas o zancadillas. Cla\u00adro\nque esto, de hecho, no era muy continental pero ellos tampoco lo eran. Cuando\nuno paseaba bajo su llovizna cre\u00eda encontrarse en Liverpool con las tiendas\ncerradas, los irlan\u00addeses ausentes de Blackpool y los protestantes metidos decentemente\nen sus casas para guardar la paz del Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 12 de abril de 2020 En esta fotograf\u00eda podemos ver al P\u00e1rroco de Gernika en abril de 1937, D. Jos\u00e9 Arronategi, al historiador Bonifacio Etxegaray, al Alcalde Gernika Labauria y al corresponsal de Thimes George Steer, de quien trata esta entrega el d\u00eda en el que denunciaron por la radio el bombardeo de Gernika. &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2020\/04\/12\/el-corresponsal-de-the-times-lo-vio-asi\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El corresponsal de The Times lo vio as\u00ed<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-13200","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13200","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13200"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13200\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13202,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13200\/revisions\/13202"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13200"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13200"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13200"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}