{"id":14457,"date":"2021-03-03T16:00:02","date_gmt":"2021-03-03T14:00:02","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/?p=14457"},"modified":"2021-03-03T16:00:04","modified_gmt":"2021-03-03T14:00:04","slug":"venezuela-patria-o-muerte-dijeron-y-perdio-la-patria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2021\/03\/03\/venezuela-patria-o-muerte-dijeron-y-perdio-la-patria\/","title":{"rendered":"Venezuela. Patria o muerte, dijeron. Y perdi\u00f3 la Patria"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Por\nLeonardo Padr\u00f3n, escritor y periodista venezolano.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mi\u00e9rcoles\n3 de marzo de 2021<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"464\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2021\/03\/dictaduravenezuela-940x464.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-14458\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2021\/03\/dictaduravenezuela-940x464.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2021\/03\/dictaduravenezuela-580x286.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2021\/03\/dictaduravenezuela-768x379.jpg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2021\/03\/dictaduravenezuela.jpg 952w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En estos d\u00edas se me atascaron de nuevo las\npalabras. Se quedaron inmovilizadas en el teclado. Se hicieron nudo. Me qued\u00e9\nen silencio. Arrinconado donde no hab\u00eda alfabeto posible.&nbsp; Segu\u00ed durante d\u00edas enteros con los ojos\npegados a la viscosa realidad de mi pa\u00eds. Permanec\u00ed, encandilado de horror,\nviendo los testimonios de hambre y padecimiento que se amplifican en cada\nrinc\u00f3n de mi pobre pa\u00eds petrolero. Es demasiado. Sobrepasa. Es algo que ofusca\nla capacidad de an\u00e1lisis. Uno ve a hombres hechos y derechos, remangados de\ntanto vivir, con los ojos en s\u00faplica, con la voz hecha puro sollozo, porque\ntienen tanta hambre que est\u00e1n aterrados, porque les da verg\u00fcenza no poder\nalimentar con un m\u00ednimo de pan y decencia a sus hijos. Eso aniquila. Estremece.<\/p>\n\n\n\n<p>Las historias son excesivas. Como sacadas\nde un pa\u00eds en guerra. Parecemos un territorio bombardeado, con la comida\nconvertida en humo&nbsp; y sin la m\u00e1s simple medicina. \u00bfCu\u00e1ntas veces hay que\ndecirlo?<\/p>\n\n\n\n<p>Asombra la historia de Mar\u00eda del Carmen,\nuna ni\u00f1a de 6 a\u00f1os que reside en Maracaibo y su cota de desnutrici\u00f3n es tal que\na la familia le asusta cargarla porque sienten que se les va a quebrar en los\nbrazos. Aturde la cantidad de ni\u00f1os que siguen muriendo por comer yuca amarga,\nporque no hay m\u00e1s nada, solo ese borde que es la desesperaci\u00f3n de sus padres.\nConmueve la historia de Jos\u00e9, el humilde autobusero que se desvaneci\u00f3 llevando\na su peque\u00f1o hijo al colegio, porque ten\u00eda ya dos d\u00edas masticando solo aire. Y\na m\u00ed se me qued\u00f3 la mirada en su hijo, que le abrazaba una rodilla como\nconsuelo, que no sabe de ideolog\u00edas, que tiene tan poco tiempo en el mundo y\nquiz\u00e1s ya supone que as\u00ed es la vida: un padre sollozando a ras del suelo.\nEstremece la historia del hombre que va a pie a Colombia para comprarle una\nurna a su sobrina, porque la inflaci\u00f3n decreta que no hay dinero que pague el\nentierro de los pobres en nuestro pobre pa\u00eds petrolero. Son demasiadas\nhistorias.&nbsp; Demasiadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora quienes protestan no son las\norganizaciones pol\u00edticas, ni los estudiantes, ni la clase media, ni los\nsindicatos, choferes, profesores o la abrumadora sociedad civil. Ahora protesta\nla capa m\u00e1s fr\u00e1gil de la sociedad: los enfermos. Los que padecen c\u00e1ncer, los\ntrasplantados de \u00f3rganos, los que tienen VIH, paludismo, difteria,\ntuberculosis, lupus, los enfermos renales y los miles y miles que dependen de\nuna min\u00fascula pastilla para tener a raya la peligrosa hipertensi\u00f3n. Son m\u00e1s de\n300 mil personas con el susto de la muerte en la esquina m\u00e1s cercana. Se les ve\nclamando por sus remedios, braceando por ayuda en una cuenta regresiva letal,\nexasperados, colapsando frente a las c\u00e1maras. La escandalosa cifra dice que la\ndesnutrici\u00f3n afecta ya a 1.3 millones de personas. El pa\u00eds se est\u00e1 volviendo un\ncostillar. Y nada, nada de ese hilo ag\u00f3nico de tantos seres humanos conmueve a\nlos l\u00edderes de la revoluci\u00f3n. Muchos de esos enfermos votaron por Ch\u00e1vez,\ncreyeron en su promesa de redenci\u00f3n social y su estribillo de salvador de los\ndespose\u00eddos. Pero la dictadura solo les ha devuelto su indiferencia. Lo que\nest\u00e1 pasando es moralmente inhumano. Inaceptable. Es una suerte de homicidio\nculposo masivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y a eso se suman las historias, ya\nmultitudinarias, inacabables, de venezolanos diseminados en las calles de los\npa\u00edses vecinos, convertidos en vendedores ambulantes de cualquier cosa,\nagredidos y humillados por el dardo de la xenofobia. \u00a1Son tantos los\ntestimonios! Est\u00e1n en todas partes. Es imposible no verlos. Confieso que nunca\nhab\u00eda visto a tanta gente triste. A desconocidos, amigos, vecinos, gente de\ncualquier edad. A mi propio rostro.&nbsp; Se nos ha vuelto una epidemia la\ntristeza. Hoy somos un rudo coctel de crisis, abatimiento, desesperanza,\nbochorno, duelo, hambre, exilio y pena. No ha quedado piedra sana. A todo el mundo\nse le desbarat\u00f3 la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Y yo no entiendo. No entiendo una\nideolog\u00eda que contenga tanta indolencia en su premisa. No entiendo, incluso si\nconvenimos en que a Venezuela la gobierna una mafia criminal. Hasta el mayor de\nlos delincuentes se conmueve ante un ni\u00f1o agonizando. \u00bfNo hay en esos\n\u201ccamaradas\u201d del poder ni un s\u00edntoma de humanidad? \u00bfNo observa&nbsp; -por\nejemplo- la llamada primera combatiente, lo que est\u00e1 pasando en el pa\u00eds que\ngobierna su marido? \u00bfNo le muestra, luego de refocilarse con la televisi\u00f3n espa\u00f1ola\nque tanto disfrutan, alguno de los cientos de videos que pueblan las redes? \u00bfNo\nha visto el terror de los enfermos renales rogando por la urgencia de una\ndi\u00e1lisis que les salve la vida? \u00bfNo han advertido a la gente escapando en\nestampida por las fronteras?\u00bfNo hay un m\u00ednimo estremecimiento en su alma\nfemenina? \u00bfTampoco lo han notado las esposas, madres o hijas de los otros\npaladines de la dictadura?&nbsp; \u00bfNo lo conversan en sus habitaciones? \u00bfNo se\nles ocurre pensar que quiz\u00e1s no lo est\u00e1n haciendo bien? \u00bfNo vale la pena\nclaudicar en algo para salvar tantas vidas? \u00bfDir\u00e1n que a fin de cuentas cada\npersona que muere o huye es otro escu\u00e1lido menos? \u00bfDe qu\u00e9 tama\u00f1o es la venda\nque los ciega? \u00bfAs\u00ed de s\u00f3rdido es su linaje? \u00bfEs tan cruel la fascinaci\u00f3n por\nel poder?<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos dir\u00e1n que ninguno de los seres\nhumanos que hoy conforman el c\u00edrculo de poder en Venezuela posee sensibilidad\nalguna. Que esta hambruna y esta mortandad es por dise\u00f1o. Que la estrategia es\njustamente la sumisi\u00f3n colectiva. A veces quisiera pensar que en alg\u00fan\nrec\u00f3ndito lugar de sus emociones debe sacudirse algo. Pero el curso de los\nhechos nos hace desalojar cualquier esperanza en ese sentido. Estamos ante un\nr\u00e9gimen desalmado. Es decir, sin alma. Su victoria es la tristeza de millones\nde almas. Se han convertido en los due\u00f1os de una tierra arrasada. No importa la\nsangre vertida. Ni cu\u00e1ntas cruces hay ya en los cementerios. No importa tanta\noscuridad. Ni esa larga pena que somos.<\/p>\n\n\n\n<p>Patria o muerte, dijeron.&nbsp; Y perdi\u00f3\nla patria<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Leonardo Padr\u00f3n, escritor y periodista venezolano. 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