{"id":21168,"date":"2025-12-09T09:40:32","date_gmt":"2025-12-09T07:40:32","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/?p=21168"},"modified":"2025-12-09T09:41:15","modified_gmt":"2025-12-09T07:41:15","slug":"manana-miercoles-recibira-en-oslo-el-premio-nobel-de-la-paz-maria-corina-machado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2025\/12\/09\/manana-miercoles-recibira-en-oslo-el-premio-nobel-de-la-paz-maria-corina-machado\/","title":{"rendered":"MA\u00d1ANA MI\u00c9RCOLES RECIBIR\u00c1 EN OSLO EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ, MAR\u00cdA CORINA MACHADO"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Martes 9 de diciembre de 2025<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"940\" height=\"619\" data-id=\"21169\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025-940x619.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21169\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025-940x619.jpg 940w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025-580x382.jpg 580w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025-768x506.jpg 768w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2025\/12\/Maria-Corina-Machado-ganadora-premio-Nobel-de-Paz-2025.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 940px) 100vw, 940px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p><strong>Por Elizabeth S\u00e1nchez Vegas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay momentos, pocos, irrepetibles, decisivos, en los que la historia deja de ser una abstracci\u00f3n para reclamar la presencia f\u00edsica de quien la sostuvo con sus manos desnudas, aun cuando esas manos avanzaban sobre un pa\u00eds convertido en territorio minado por la persecuci\u00f3n y el intento sistem\u00e1tico de borrarla de la esfera p\u00fablica. Son momentos en los que un nombre no basta escrito en un pergamino: tiene que ocupar un lugar en el mundo, afirmarse frente a quienes intentaron silenciarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Venezuela, ese instante tiene un rostro y una direcci\u00f3n: Mar\u00eda Corina Machado en Oslo, recibiendo el reconocimiento que ella no pidi\u00f3, pero que inevitablemente la encontr\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque este Nobel no nace de un gesto diplom\u00e1tico ni de la aritm\u00e9tica del poder: surge de un camino largo y \u00e1spero donde el miedo, ese animal silencioso que acecha incluso a los m\u00e1s valientes, hizo titubear a muchos, como es natural cuando la oscuridad parece no tener orillas. Ella, sin embargo, avanz\u00f3 por una vereda que nadie pod\u00eda trazarle: eligi\u00f3 la palabra sin dobleces, la firmeza, la resistencia, la custodia de la libertad incluso cuando la libertad parec\u00eda apenas un eco. Esa coherencia profunda no se improvisa; se cultiva, se encarna y se paga con horas de desvelo y una entereza que se vuelve carne.<\/p>\n\n\n\n<p>Y eso, conviene decirlo sin cortes\u00edas, tiene un precio que no se mide en cifras ni en discursos: cuesta vida, cuesta familia, cuesta la serenidad de abrir una puerta sin sobresalto.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Corina asumi\u00f3 ese costo sin caer en el martirio ni en la complicidad; sostuvo una l\u00ednea que casi nadie logra preservar cuando la presi\u00f3n se vuelve asfixiante. Ese equilibrio, inusual en tiempos desgarrados, es precisamente la raz\u00f3n por la cual este Nobel de la Paz no admite delegados, sustitutos ni presencias prestadas.<\/p>\n\n\n\n<p>La ceremonia necesita a la persona, no a la sombra; necesita a quien encarna la historia: a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso su presencia en Oslo no ser\u00eda un gesto personal, sino una reparaci\u00f3n colectiva: la prueba luminosa de que la dignidad, cuando se ejerce con perseverancia, no puede permanecer confinada dentro de las fronteras que un r\u00e9gimen levanta para ocultar su propio miedo. Que ella cruce ese umbral, no para escapar, sino para representar a millones, enviar\u00eda un mensaje que ning\u00fan comunicado diplom\u00e1tico puede igualar: Venezuela sigue viva en quienes jam\u00e1s aprendieron a rendirse. Y el mundo lo necesita. Lo necesita porque est\u00e1 fatigado de ceremonias vaciadas de significado, de ver c\u00f3mo las luchas morales se diluyen en tecnicismos, de observar a los opresores escapar mientras las v\u00edctimas quedan sin relato. Ver a Mar\u00eda Corina caminar hacia ese podio ser\u00eda recordarle a cada naci\u00f3n que las democracias se reconstruyen con seres humanos que sostienen la verdad incluso cuando la verdad amenaza con quemarles las manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Su viaje es una afirmaci\u00f3n moral: ninguna dictadura tiene derecho a confinar a una ciudadana para impedir que el planeta la honre. Dejarla ir es un deber. Impedirlo ser\u00eda una confesi\u00f3n expl\u00edcita de temor.<\/p>\n\n\n\n<p>Y hay algo m\u00e1s: Mar\u00eda Corina no busca este Nobel para ella. Lo busca y lo merece, por quienes murieron esperando justicia, por los presos sin amanecer, por quienes dejaron su casa con la luz encendida, por los ni\u00f1os que solo han conocido la emergencia, por los millones que siguen creyendo, contra toda fatiga, que Venezuela renacer\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Recibirlo en persona ser\u00eda el primer acto p\u00fablico de ese renacer. Un ladrillo inaugural. Una se\u00f1al de que, pese a un cuarto de siglo de devastaci\u00f3n, a\u00fan existen venezolanos capaces de enfrentar la barbarie sin perder la ternura ni la claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien tenga dudas, que la mire. Quien pretenda justificar su ausencia, que intente explicar, sin cinismo, por qu\u00e9 una mujer que ha hecho de la integridad una forma de respiraci\u00f3n no deber\u00eda ocupar el lugar que el mundo entero le reserva. Quien quiera impedir su viaje, que se atreva a escribir su nombre frente a la historia: ver\u00e1 c\u00f3mo le tiembla el pulso.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda Corina debe recibir el Nobel de la Paz en persona porque el mundo necesita verla, necesita o\u00edrla, necesita recordar que a\u00fan existen l\u00edderes que no se compran ni se quiebran.<\/p>\n\n\n\n<p>Y porque Venezuela, la dispersa, la herida, la que camina con su bandera guardada en el pecho, necesita ese instante de resurrecci\u00f3n civil: verla cruzar el sal\u00f3n, pronunciar su discurso, levantar el galard\u00f3n no como un punto final, sino como el preludio de lo que viene.<\/p>\n\n\n\n<p>El 10 de diciembre, cuando la luz del escenario la rodee y el mundo contenga el aliento, no habr\u00e1 propaganda capaz de opacarla ni sombra que logre esconderla. Ese d\u00eda, el planeta entender\u00e1 algo que los venezolanos sabemos desde hace a\u00f1os: la paz verdadera tiene rostro de mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esa mujer, que ir\u00e1, s\u00ed, pero tambi\u00e9n regresar\u00e1 para reconstruir junto a su pueblo la tierra que la vio resistir, lleva un nombre que ya pertenece a la historia: <strong>Mar\u00eda Corina Machado<\/strong>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Martes 9 de diciembre de 2025 Por Elizabeth S\u00e1nchez Vegas Hay momentos, pocos, irrepetibles, decisivos, en los que la historia deja de ser una abstracci\u00f3n para reclamar la presencia f\u00edsica de quien la sostuvo con sus manos desnudas, aun cuando esas manos avanzaban sobre un pa\u00eds convertido en territorio minado por la persecuci\u00f3n y el &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2025\/12\/09\/manana-miercoles-recibira-en-oslo-el-premio-nobel-de-la-paz-maria-corina-machado\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">MA\u00d1ANA MI\u00c9RCOLES RECIBIR\u00c1 EN OSLO EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ, MAR\u00cdA CORINA MACHADO<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-21168","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21168"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21168\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21171,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21168\/revisions\/21171"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}