{"id":3674,"date":"2013-01-11T22:04:30","date_gmt":"2013-01-11T20:04:30","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=3674"},"modified":"2013-01-11T22:04:30","modified_gmt":"2013-01-11T20:04:30","slug":"las-quince-visitas-de-franco-a-cataluna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2013\/01\/11\/las-quince-visitas-de-franco-a-cataluna\/","title":{"rendered":"Las quince visitas de Franco a Catalu\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p><strong>Viernes 11 de enero de 2012<\/strong><strong><\/strong><\/p>\n<p>La Tempestad. Barcelona, 2002<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/files\/2013\/01\/995.12.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-3675\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/files\/2013\/01\/995.12-188x300.jpg\" alt=\"\" width=\"188\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2013\/01\/995.12-188x300.jpg 188w, https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/files\/2013\/01\/995.12.jpg 644w\" sizes=\"auto, (max-width: 188px) 100vw, 188px\" \/><\/a>En la tradici\u00f3n literaria y cultural espa\u00f1ola, \u00abla fea burgues\u00eda\u00bb, seg\u00fan la motejara Miguel Espinosa, parece una especie social e hist\u00f3rica confinada en Madrid y sus aleda\u00f1os. A la burgues\u00eda catalana, y m\u00e1s concretamente la barcelonesa, ese adjetivo de \u00abfea\u00bb se dir\u00eda que no le conviene tanto, dado que, si bien dicha burgues\u00eda ha sido objeto -en igual o superior medida que la madrile\u00f1a- de severas impugnaciones, aun en la m\u00e1s bochornosa de las circunstancias consi\u00adgue lucir una suerte de glamour que, por mucho que se juzgue indicio de la m\u00e1s irritante bober\u00eda, cuando no agravante de una bellaquer\u00eda redomada, tienen por efecto procurarle un cierto encanto.<\/p>\n<p>Que as\u00ed sea obedece a muy variadas razones, entre las que debe contarse, muy en primer lugar, la de haber sido v\u00e1stagos de esa misma burgues\u00eda los que m\u00e1s obstinadamente la han impugnado, en una siempre agridulce ostentaci\u00f3n de desafecto. Tambi\u00e9n interviene el hecho de haber suscitado la burgues\u00eda barcelonesa, a diferencia de la madrile\u00f1a, una mitolog\u00eda propia, apuntalada, por un lado, en la \u00e9pica gansteril del advenedizo y, por el otro, en la perspectiva libidinosa y falaz del xarnego (baste pensar aqu\u00ed en las obras de Eduardo Mendoza y de Juan Mars\u00e9). Por no hablar del \u00e9nfasis modernista y pretendidamente cosmopolita de Barcelona misma, y de su siempre favorecedora distancia del poder cen\u00adtral; todo lo cual, sumado a la naturaleza cong\u00e9nitamente melindrosa y oportunista del nacio\u00adnalismo liberal, y a esa aptitud para nadar guardando la ropa que se conoce por seny, parece envolver a la burgues\u00eda catalana en un escurridizo sat\u00e9n.<\/p>\n<p>El caso es que, del abundante caudal de literatura m\u00e1s o menos cr\u00edtica con los comportamientos de la burgues\u00eda catalana durante y despu\u00e9s del franquismo (Momentos decisivos, la \u00faltima novela de F\u00e9lix de Az\u00faa, se contar\u00eda entre las muestras m\u00e1s recientes), no acaba de desprenderse una descalificaci\u00f3n neta e incordiantemente comprometedora, y parece ser el empe\u00f1o de enderezarla lo que anim\u00f3 a Javier P\u00e9rez And\u00fajar (Barcelona, 1965) a documentarse para es\u00adcribir Catalanes todos.<\/p>\n<p>El envoltorio del libro no puede ser m\u00e1s prometedor, comenzando por el t\u00edtulo mismo y esa fotograf\u00eda del Caudillo besando a la Moreneta que ilustra la cubierta. El texto de la contracubierta se\u00f1ala c\u00f3mo el subt\u00edtulo escogido -Las quince visitas de Franco a Catalu\u00f1a- sirve de clave estructural para un texto que se ofrece como \u00abuna historia secreta del franquismo catal\u00e1n, desde la guerra civil hasta la recuperaci\u00f3n del Estatuto\u00bb. Se pretender\u00eda con ella denunciar \u00abla privilegiada posici\u00f3n de la aristocracia y de la alta burgues\u00eda barcelonesas durante la dictadura de Franco\u00bb. Y hacerlo, por una vez, con nombres y apellidos, seg\u00fan parece deducirse del exhaustivo \u00edndice de nombres que da raz\u00f3n de las cerca de quinientas personalidades reales que comparecen en el texto en calidad de protagonistas o figurantes. Como condimento a\u00f1adido, se reproducen junto al texto de numerosos anuncios publicitarios de \u00e9poca, as\u00ed como fotograf\u00edas de archivo y otros documentos m\u00e1s o menos pintorescos. Todo ello precedido por un pr\u00f3logo del autor en el que, con tono intimidante, se anuncia de qu\u00e9 trata el libro, a saber: de los catalanes que, \u00abde todo coraz\u00f3n, salieron a la calle ataviados con sus camisas azules y sus boinas rojas para vitorear al Caudillo\u00bb; de cuantos \u00abacumularon su primera fortuna aprovech\u00e1ndose de los privilegios que les brind\u00f3 el franquismo\u00bb; de todo un tejido social que, durante los cuarenta a\u00f1os de dictadura, vivi\u00f3 en Catalu\u00f1a \u00aba cuerpo de rey\u00bb, al precio de pactar con el sistema, desde luego, pero sin empacho de, llegado el momento, ingresar c\u00f3modamente en las filas del \u00abcatalanismo democr\u00e1tico\u00bb, eso s\u00ed: \u00abPas\u00e1ndole de vez en cuando una goma de borrar a la Historia\u00bb.<\/p>\n<p>De todo esto tratar\u00eda, pues, este libro, del que asegura su autor que la mayor parte de los acontecimientos que sirven de trasfondo a los episodios que lo constituyen son rigurosamente ver\u00eddicos. Y as\u00ed es, en efecto: P\u00e9rez And\u00fajar ha tenido la paciencia de bucear con alg\u00fan detenimiento en las hemerotecas y meterse un atrac\u00f3n de n\u00fameros antiguos de La Vanguardia Espa\u00f1ola y de \u00a1Hola! De ah\u00ed ha sacado un mont\u00f3n de nombres, de ecos de sociedad, de informaciones y cr\u00f3nicas de \u00e9poca (a cual m\u00e1s vil o disparatada, como era de esperar), de cuanto nutre la llamada petite histoire de un pa\u00eds, y se ha ocupado con ello de crear un convincente \u00abefecto de realidad\u00bb para lo que constituye, en definitiva, una colecci\u00f3n de vi\u00f1etas sat\u00edricas cronol\u00f3gicamente ordenadas. El hilo conductor de la secuencia lo proporcionan las ficticias malandanzas de Juanito Oliva Fabregat, un falangista de base que queda mutilado durante los estertores de la guerra civil y que, por no pertenecer a la clase patricia, sobrevive de mala manera a los vaivenes de los tiempos, de forma que en el orgullo y la ilusi\u00f3n de los primeros a\u00f1os de la victoria van \u201cabri\u00e9ndose paso la sospecha la resignaci\u00f3n y la iron\u00eda, por ese orden\u201d.<\/p>\n<p>El resultado de todo esto es una especie de c\u00f3mic documental, muy influido por la po\u00e9tica de los fanzines a que tan adicto parece ser P\u00e9rez And\u00fajar. El humor se identifica aqu\u00ed con el chiste, la insumisi\u00f3n con la gamberrada, la denuncia con el chivatazo, y la progresiva degradaci\u00f3n de todos los prop\u00f3sitos inicialmente declarados se resuelve en un inofensivo bromazo, m\u00e1s simp\u00e1tico que otra cosa, por no decir emotivo, en el sentido en que puede serlo un libro como El florido Pensil, de Andr\u00e9s Sope\u00f1a. La intenci\u00f3n cr\u00edtica queda as\u00ed desactivada, resolvi\u00e9ndose en simple adem\u00e1n denigratorio. Ni siquiera el ostentoso empleo de nombres propios tie\u00adne efectos comprometedores, dado que la exagerada caricatura impide la identificaci\u00f3n cabal y se desatienden las motivaciones, de modo que, en la mayor parte de los casos, todo queda en dejar dicho, para quien no lo supiera, que Mart\u00edn de Riquer, por ejemplo, fue falangista y cooper\u00f3 con el Servicio Nacional de Propaganda, o que Jorge Herralde, \u00a1vaya por d\u00f3nde!, gustaba de montar a caballo cuando, muy joven a\u00fan, frecuentaba el Real Club de Polo. Todo esto al lado de las actuaciones de Franz Johann y los Vieneses, y de las consabidas tropel\u00edas del alcalde Porcioles.<\/p>\n<p>Menudean, de un tiempo a esta parte, los m\u00e1s o menos indulgentes ejercicios de revisi\u00f3n del franquismo y sus secuelas, emprendidos por lo general con m\u00e1s \u00e1nimo de choteo que con voluntad de realizar un verdadero ajuste de cuentas. La mayor\u00eda de estos ejercicios, vaciados de tensi\u00f3n literaria, no van m\u00e1s all\u00e1 de una suerte de costumbris\u00admo camp, o pop, m\u00e1s o menos c\u00e1ustico, m\u00e1s o menos sentimental. El encono de P\u00e9rez And\u00fajar parece invitarlo a llegar m\u00e1s lejos, pero la v\u00eda escogida -ese bendito humor que termina por actuar de disolvente de toda intenci\u00f3n cr\u00edtica- lo devuelve a la casilla de salida, donde todo se queda en decir qu\u00e9 memos eran algunos, qu\u00e9 canallas los otros, y hay que joderse con que sean siempre los mismos los que, adem\u00e1s de pas\u00e1rselo bien, terminen por escribir la Historia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Viernes 11 de enero de 2012 La Tempestad. 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