{"id":4344,"date":"2013-07-13T12:12:29","date_gmt":"2013-07-13T10:12:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=4344"},"modified":"2013-07-13T12:12:29","modified_gmt":"2013-07-13T10:12:29","slug":"no-es-el-descontento-es-la-desafeccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2013\/07\/13\/no-es-el-descontento-es-la-desafeccion\/","title":{"rendered":"No es el descontento, es la desafecci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>S\u00e1bado 13 de Julio de 2013<\/b><\/p>\n<p>Si los ciudadanos pasan de los pol\u00edticos, no les piden cuentas, no castigan a los corruptos y no premian a los que se lo merecen, \u00bfqui\u00e9n controlar\u00e1 a los partidos o a los Gobiernos? \u00bfC\u00f3mo se les obligar\u00e1 a cambiar?<\/p>\n<p>[Enlace roto.] \/ [Enlace roto.]<\/p>\n<p>Si en estos d\u00edas se votara la palabra m\u00e1s utilizada para describir la pol\u00edtica espa\u00f1ola, es muy probable que la desafecci\u00f3n se alzara con el premio. Es un t\u00e9rmino omnipresente. No hay tertuliano que no llegue a tres conclusiones: una, que la desafecci\u00f3n es el principal problema pol\u00edtico; dos, que su causa est\u00e1 vinculada a la p\u00e9sima actuaci\u00f3n en todos los \u00f3rdenes de los principales partidos durante la crisis econ\u00f3mica; y tres, que ambos partidos est\u00e1n sufriendo por ello p\u00e9rdidas electorales crecientes y quiz\u00e1 irreversibles. Pero todos tienen su propia idea de lo que sea desafecci\u00f3n. Circulan as\u00ed conceptos tan dispares como desorientaci\u00f3n, decepci\u00f3n, insatisfacci\u00f3n, enfado e incluso cabreo y alienaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las relaciones de los espa\u00f1oles con la pol\u00edtica han sido siempre dif\u00edciles. Durante la Segunda Rep\u00fablica, la polarizaci\u00f3n ideol\u00f3gica y la atomizaci\u00f3n del sistema de partidos fomentaron la concepci\u00f3n del espa\u00f1ol como alguien medio anarquista y medio monje, individualista al m\u00e1ximo y en todo caso ingobernable. Tras los horrores de la Guerra Civil, la dictadura franquista se asent\u00f3 sobre la farsa de que la pol\u00edtica equivale a mentira y corrupci\u00f3n, por lo que era mejor dejarla en manos de una \u00e9lite que se sacrificar\u00eda por todos los espa\u00f1oles. Y en las casi cuatro d\u00e9cadas transcurridas desde la Transici\u00f3n, los ciudadanos han podido crear partidos y votarlos, afiliarse a ellos o a cualquier otra organizaci\u00f3n, participar en actividades sociales o pol\u00edticas a trav\u00e9s de muchos canales, interesarse por la pol\u00edtica o por cualquier otra cuesti\u00f3n, estar informados o conformarse con unos pocos clich\u00e9s. En cambio, y como demuestran numerosos estudios, durante todos estos a\u00f1os los espa\u00f1oles se han quejado mucho de la pol\u00edtica y de los pol\u00edticos, al tiempo que desperdiciaban los mecanismos de participaci\u00f3n a su alcance, presum\u00edan de su desinter\u00e9s e indiferencia hacia la pol\u00edtica y exhib\u00edan una informaci\u00f3n pol\u00edtica tirando a muy baja.<\/p>\n<p>Todos estos elementos constituyen para nosotros un cuadro cl\u00e1sico de desafecci\u00f3n, y distinto de lo que entendemos por descontento. Este \u00faltimo supone la insatisfacci\u00f3n por los rendimientos negativos del r\u00e9gimen o de sus dirigentes ante su incapacidad para resolver problemas b\u00e1sicos. El descontento no suele afectar a la legitimidad democr\u00e1tica, que sigue siendo alta incluso entre quienes est\u00e1n sufriendo en mayor medida las consecuencias de la crisis econ\u00f3mica. En realidad, el descontento es sobre todo coyuntural, y depende de los vaivenes de una opini\u00f3n p\u00fablica vinculada a la popularidad de los Gobiernos y de sus pol\u00edticas; de ah\u00ed que pueda corregirse por los cambios electorales o las mejor\u00edas econ\u00f3micas. En cambio, la desafecci\u00f3n se expresa a trav\u00e9s de un cierto desapego o alejamiento de los ciudadanos con respecto al sistema pol\u00edtico. Suele medirse por el desinter\u00e9s hacia la pol\u00edtica, las percepciones de ineficacia personal ante la pol\u00edtica y los pol\u00edticos, el cinismo hacia ambos y los sentimientos combinados de impotencia, indiferencia y aburrimiento hacia la pol\u00edtica. En contraste con las oscilaciones del descontento, la desafecci\u00f3n tiende a ser estable y suele transmitirse por las v\u00edas de la socializaci\u00f3n pol\u00edtica. Solo as\u00ed cabe explicarse c\u00f3mo, pese a los inmensos cambios de todo tipo ocurridos desde la Transici\u00f3n (y en general positivos), todav\u00eda predominaran antes de la crisis las im\u00e1genes de la pol\u00edtica como enga\u00f1o y aprovechamiento, como una complicaci\u00f3n tan absurda como innecesaria; y tambi\u00e9n las im\u00e1genes de los pol\u00edticos (de todos ellos) como incompetentes, in\u00fatiles y por supuesto corruptos.<\/p>\n<p>Los datos existentes corroboran lo anterior. De acuerdo con la larga serie de encuestas del CIS, el descontento pol\u00edtico ha alcanzado niveles nunca vistos hasta ahora. Cuando tanto se discute sobre qui\u00e9n podr\u00eda ser el peor presidente del Gobierno en la historia de la democracia espa\u00f1ola, Mariano Rajoy lleva las de ganar: disfruta de la valoraci\u00f3n m\u00e1s baja que la de cualquiera de sus cinco antecesores, incluyendo Jos\u00e9 Luis Rodr\u00edguez Zapatero. Solo el 17% confiaba en Zapatero al dejar el Gobierno; pero solo el 12% lo hace ahora en Rajoy. Desde la restauraci\u00f3n de la democracia, ning\u00fan Gobierno ha recibido peor valoraci\u00f3n que el actual del PP. La valoraci\u00f3n negativa de la situaci\u00f3n pol\u00edtica es del 70%, y la de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica del 90%. Como consecuencia, la insatisfacci\u00f3n con los resultados de la democracia alcanza al 70% de los espa\u00f1oles, la m\u00e1s elevada desde la Transici\u00f3n. Seg\u00fan datos recientes del eurobar\u00f3metro, la desconfianza en los partidos est\u00e1 entre las m\u00e1s altas de los pa\u00edses europeos occidentales: en 2012 era del 90%, solo empeorada por la de los griegos e italianos.<\/p>\n<p>La desafecci\u00f3n pol\u00edtica muestra tambi\u00e9n niveles considerablemente altos; a diferencia de los del descontento, ya exist\u00edan con anterioridad a la crisis. Seleccionemos un solo indicador. Seg\u00fan la encuesta social europea, Espa\u00f1a ha sido desde hace d\u00e9cadas el pa\u00eds con menos inter\u00e9s por la pol\u00edtica de todos los europeos, incluyendo las nuevas democracias del este de Europa; el promedio de desinter\u00e9s se ha movido en torno al 80% que declaraba que la pol\u00edtica le interesa poco o nada. Este desinter\u00e9s ha sido invariable: se ha producido tanto en momentos de crisis econ\u00f3mica como en los de bonanza, tanto con Gobiernos socialistas como con los conservadores, tanto cuando exist\u00eda una elevada satisfacci\u00f3n con la democracia y apenas casos de corrupci\u00f3n como cuando predominaba un cierto descontento. Es cierto que la desafecci\u00f3n pol\u00edtica ha aumentado algo en estos \u00faltimos a\u00f1os, pero no tanto por la crisis econ\u00f3mica como por la pasividad de los partidos ante la dram\u00e1tica situaci\u00f3n del desempleo, los chalaneos ante los esc\u00e1ndalos de corrupci\u00f3n y el descaro del principal partido de la oposici\u00f3n cuando aseguraba que la crisis econ\u00f3mica acabar\u00eda como por ensalmo con la sola desaparici\u00f3n de Zapatero y su eventual llegada al poder.<\/p>\n<p>En buena parte de los pa\u00edses europeos, el incremento de la insatisfacci\u00f3n con la democracia ha dado nacimiento durante las \u00faltimas d\u00e9cadas a los denominados ciudadanos cr\u00edticos. Su principal rasgo es que intervienen activamente en la vida pol\u00edtica para as\u00ed modificar el funcionamiento e incluso los rendimientos del sistema pol\u00edtico que les disgustaban. Los pol\u00edticos deben necesariamente prestar atenci\u00f3n a la voz de esos actores si quieren evitar su castigo electoral en forma de no reelecci\u00f3n. En Espa\u00f1a, sin embargo, las principales caracter\u00edsticas de los desafectos han radicado en la desinformaci\u00f3n, la pasividad y el rechazo indiscriminado de partidos y dirigentes pol\u00edticos. Exceptuando algunas minor\u00edas muy movilizadas, la participaci\u00f3n pol\u00edtica de los espa\u00f1oles para expresar sus preferencias y necesidades ha sido escasa. Ello ha aumentado la brecha entre los ciudadanos y los pol\u00edticos, y sobre todo ha concedido a estos \u00faltimos una enorme capacidad de maniobra para actuar al margen (y casi siempre en contra) de los ciudadanos. Cuando llegaban las elecciones, la rendici\u00f3n de cuentas ha sido muy deficiente y la posibilidad de castigar a estos malos pol\u00edticos resultaba aleatoria.<\/p>\n<p>La crisis econ\u00f3mica puede estar cambiando esta situaci\u00f3n. Hay indicios de que el inter\u00e9s por la pol\u00edtica se ha incrementado en algunos puntos, y es notorio que muchos espa\u00f1oles han participado quiz\u00e1 por vez primera en actividades de protesta a trav\u00e9s de alguna de las muchas mareas existentes. Si las protestas se mantuvieran ante la incompetencia, el acomodo o la frivolidad de las \u00e9lites pol\u00edticas, el descontento podr\u00eda radicalizarse y llevarse al \u00e1mbito electoral con consecuencias imprevisibles. Y si las protestas fueran sistem\u00e1ticamente deso\u00eddas y no vinieran acompa\u00f1adas de cambios relevantes, la desafecci\u00f3n podr\u00eda agravarse al extenderse sentimientos de frustraci\u00f3n entre los ahora participantes que por fin ejercen su voz.<\/p>\n<p>Ninguno de estos resultados hipot\u00e9ticos es positivo. Los cambios, si se producen, deber\u00edan venir de otra direcci\u00f3n. Quiz\u00e1 la crisis econ\u00f3mica, la gesti\u00f3n del Gobierno conservador y el descr\u00e9dito de la oposici\u00f3n lleven a los espa\u00f1oles a la convicci\u00f3n de que la democracia tiene costes que solo ellos deben sufragar. Para ello hacen falta mayores dosis de informaci\u00f3n, vigilancia y participaci\u00f3n que permitan el control de los partidos y el env\u00edo a sus dirigentes de mensajes inequ\u00edvocos de lo que se quiere o de lo que se rechaza. Si los ciudadanos pasan de pol\u00edtica, no piden cuentas a los candidatos, no castigan a los corruptos, ni premian a quienes lo merecen, \u00bfqui\u00e9n controlar\u00e1 a los partidos o a los Gobiernos, c\u00f3mo podr\u00e1 oblig\u00e1rseles a que cambien para convertirse en instrumentos democr\u00e1ticos al servicio de los ciudadanos?<\/p>\n<p><strong>Jos\u00e9 Ram\u00f3n Montero<\/strong> y <strong>Mariano Torcal<\/strong> son catedr\u00e1ticos de Ciencia Pol\u00edtica en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid y en la Universitat Pompeu Fabra, respectivamente, y han publicado <em>Political disaffection in contemporary democracies<\/em> (Londres, 2006).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>S\u00e1bado 13 de Julio de 2013 Si los ciudadanos pasan de los pol\u00edticos, no les piden cuentas, no castigan a los corruptos y no premian a los que se lo merecen, \u00bfqui\u00e9n controlar\u00e1 a los partidos o a los Gobiernos? \u00bfC\u00f3mo se les obligar\u00e1 a cambiar? 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