{"id":4637,"date":"2013-11-10T11:17:37","date_gmt":"2013-11-10T09:17:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=4637"},"modified":"2013-11-10T11:17:37","modified_gmt":"2013-11-10T09:17:37","slug":"el-fin-de-las-ideologias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2013\/11\/10\/el-fin-de-las-ideologias\/","title":{"rendered":"El fin de las ideolog\u00edas"},"content":{"rendered":"<p><b>Domingo 10 de noviembre de 2013<\/b><b><\/b><\/p>\n<p>En un mundo en el que la crisis cuestiona los modelos econ\u00f3micos y los relatos hist\u00f3ricos, parece que no puede surgir ninguna utop\u00eda alternativa. Pero ante la p\u00e9rdida de confianza en la pol\u00edtica, no surgir\u00e1 ning\u00fan Lenin ni ning\u00fan Hitler, sino \u00fanicamente pol\u00edticos sin grandeza, se\u00f1al\u00f3 un cronista polaco y el comentario me llam\u00f3 la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los indignados no llegan a ofrecer un concepto preciso sobre la nueva econom\u00eda, la nueva sociedad o incluso el nuevo hombre, que supuestamente tendr\u00edan que sustituir a los del antiguo r\u00e9gimen. Todas las terapias planteadas parecen parciales, ninguna inspira la confianza suficiente para podernos fiar totalmente de ellas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1917, Rusia encontr\u00f3 su f\u00f3rmula m\u00e1gica: dejar todo el poder en manos de los comisarios pol\u00edticos y del partido \u00fanico, nacionalizar sin ton ni son. En 1932, Estados Unidos prefiri\u00f3 el llamado New Deal: m\u00e1s Estado y encargos p\u00fablicos para reactivar la econom\u00eda. En 1933, Alemania aplic\u00f3 una l\u00f3gica similar, con el objetivo a\u00f1adido de la guerra: invadir a los enemigos y redistribuir las riquezas a los suyos, con el armamento que hace que la econom\u00eda funcione y las conquistas que rentabilizan los costes.<\/p>\n<p>Un Reich, una naci\u00f3n, un jefe supremo&#8230; Despu\u00e9s de 1945, tampoco fue dif\u00edcil encontrar nuevos mantras. En el Este, las frases que se escuchaban eran: nacionalizaci\u00f3n, una industria pesada, una planificaci\u00f3n econ\u00f3mica centralizada, el individuo no es nada, el partido lo es todo. En el Oeste, se repet\u00eda: aproveche las ayudas, cree comunidades con sus antiguos enemigos, instaure una econom\u00eda social de mercado, cuide del pluralismo y del mercado libre, pero no deje de controlarlo, no dude en imponer tributos para financiar las prestaciones sociales que garantizar\u00e1n el equilibrio social.<\/p>\n<p>Este modelo de pensamiento demostr\u00f3 ser eficaz en Europa, garantiz\u00f3 la prosperidad y las libertades individuales de las que se beneficiaron todas las ideolog\u00edas surgidas de la tradici\u00f3n del siglo XIX: el liberalismo, el conservadurismo, el socialismo. En la d\u00e9cada de los 70, el Estado del bienestar, en su forma social-dem\u00f3crata o dem\u00f3crata-cristiana, era el modelo absoluto para los habitantes de los pa\u00edses del \u00absocialismo real\u00bb.<\/p>\n<p>Ret\u00f3rica religiosa<\/p>\n<p>Actualmente, este modelo ya no funciona. La econom\u00eda se basa en confiar en sus normas, en el hecho de que el valor de una mercanc\u00eda se puede traducir, gracias al dinero, en otra mercanc\u00eda. Antes de la crisis, los principales actores de los mercados financieros se fiaron de las tecnolog\u00edas de vanguardia, que supuestamente reducir\u00edan al m\u00ednimo la probabilidad de un hundimiento.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 el desplome, citaron a los estoicos, diciendo que el futuro es imprevisible y acudieron a los Gobiernos para obtener ayuda. Por su parte, los ciudadanos indignados, se refugiaron en la ret\u00f3rica religiosa, censurando la codicia y la avaricia, uno de los pecados capitales del cristianismo, y exigieron arrepentimiento.<\/p>\n<p>Ya no es posible volver a los modelos probados del pasado. Tampoco existe una respuesta sencilla. Las ideolog\u00edas cl\u00e1sicas han perdido su poder de persuasi\u00f3n. Como es evidente, podemos seguir defendiendo la tesis de que el advenimiento de la era post-ideol\u00f3gica no es sino una manifestaci\u00f3n de la supuesta ideolog\u00eda neoliberal dominante, que habr\u00eda confundido a sabiendas las diferencias entre la izquierda y la derecha, entre el socialismo y el conservadurismo, para asentar mejor su hegemon\u00eda. No obstante, es necesario admitir el sentimiento tan extendido hoy de que no son las ideolog\u00edas las que hacen girar la rueda de la Historia, sino factores totalmente distintos, es decir, los mercados.<\/p>\n<p>Debilitamiento de los partidos tradicionales<\/p>\n<p>Las ideolog\u00edas tradicionales han surgido de la certeza procedente de la Ilustraci\u00f3n de que el mundo es una materia moldeable por el hombre, seg\u00fan su voluntad y los planes racionales. Sin embargo, para que la gente defienda un proyecto, es necesario basarlo en un concepto que apasione, en una historia casi b\u00edblica de la expulsi\u00f3n del para\u00edso y de la entrada a la tierra prometida. Para los conservadores, ser\u00eda el regreso a la edad de oro.<\/p>\n<p>Para los marxistas, la sociedad sin clases. Para un nacionalista, un Estado nacional solidario. Para un liberal, un reino de libertad. Los intelectuales, creadores tradicionales de la ideolog\u00eda, no creen en la existencia de un factor impulsor poderoso capaz de elevar los fundamentos del mundo.<\/p>\n<p>Pero esto tampoco significa que haya llegado el fin. El fin de la ideolog\u00eda evidentemente no es el fin de la pol\u00edtica. \u00c9sta sigue su camino, aunque le falte el aliento. Los partidos ideol\u00f3gicos tradicionales, como los cristiano-dem\u00f3cratas, los social-dem\u00f3cratas, los liberales y los conservadores pierden fuerza. La erosi\u00f3n de la ideolog\u00eda debilita la adhesi\u00f3n pol\u00edtica. Falta la aceptaci\u00f3n misma del sistema de partidos en un contexto en el que a los partidos pol\u00edticos les cuesta diferenciarse y donde todas las diferencias parecen escenificarse de forma artificial, con lo que lo \u00fanico que se logra es alimentar el narcisismo de los actores principales.<\/p>\n<p>El vencedor es el pol\u00edtico populista enfurecido, sin ning\u00fan proyecto, sin ninguna visi\u00f3n de futuro. Adem\u00e1s es consciente de que a sus electores ya no les importa. En los movimientos ideol\u00f3gicos antiguos, la ira se concentraba y los resentimientos pod\u00edan dar lugar f\u00e1cilmente a un etos colectivo. El populismo actual tan s\u00f3lo es una forma para dar rienda suelta a frustraciones y tensiones. Genera motines y destrucci\u00f3n, pero nada m\u00e1s. De \u00e9l no surgir\u00e1 ning\u00fan Lenin, Stalin o Hitler.<\/p>\n<p>Si recordamos todas las cat\u00e1strofes engendradas por la era ideol\u00f3gica del siglo XX, claramente no estamos en la peor de las situaciones. Pero tampoco en la mejor, ya que la crisis ideol\u00f3gica viene acompa\u00f1ada de una crisis fundamental de la confianza en la pol\u00edtica. Los cambios de personas parecen aleatorios. Es cierto que el juego pol\u00edtico no lleva a la cumbre del Estado a unos tiranos, pero tampoco genera hombres de Estado, es decir, l\u00edderes democr\u00e1ticos atractivos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 10 de noviembre de 2013 En un mundo en el que la crisis cuestiona los modelos econ\u00f3micos y los relatos hist\u00f3ricos, parece que no puede surgir ninguna utop\u00eda alternativa. 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