{"id":4676,"date":"2013-12-08T17:10:00","date_gmt":"2013-12-08T15:10:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=4676"},"modified":"2013-12-08T17:10:00","modified_gmt":"2013-12-08T15:10:00","slug":"la-odisea-del-sinaia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2013\/12\/08\/la-odisea-del-sinaia\/","title":{"rendered":"La Odisea del \u201cSinaia\u201d"},"content":{"rendered":"<p><b>Domingo 8 de diciembre de 2013<\/b><\/p>\n<p>Esta es una rese\u00f1a de la odisea que vivieron 1.600 espa\u00f1oles que cruzaron el Atl\u00e1ntico para huir del franquismo a bordo del buque \u201cSinaia\u201d, rumbo a M\u00e9xico, y el argumento de la novela de Andr\u00e9s Trapiello D\u00edas y Noches, que Espasa public\u00f3 en septiembre de 2000.<\/p>\n<p>Por: Andr\u00e9s Trapiello<\/p>\n<p>El miedo al naufragio y la incertidumbre acompa\u00f1aban todav\u00eda, hace 60 a\u00f1os, las traves\u00edas en barco, y la mayor parte de las veces la gente s\u00f3lo consent\u00eda en realizarlas por una necesidad extrema: o porque hu\u00eda de la pobreza o porque hu\u00eda de la muerte, lo cual a\u00f1ad\u00eda grandeza y dramatismo a tal determinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El viaje que realizaron los mil quinientos noventa y nueve exiliados espa\u00f1oles en el buque \u201cSinaia\u201d hacia Veracruz, M\u00e9xico, entre el 25 de mayo y el 13 de junio de 1939 no fue menos m\u00edtico que el viaje hist\u00f3rico de los supervivientes de los campos de exterminio nazis a bordo del Exodus, hacia Palestina. De \u00e9ste nos quedan las im\u00e1genes n\u00edtidas, rotundas, estremecedoras de una pel\u00edcula: cientos de refugiados que est\u00e1n a punto de echar a pique con su propio peso un viejo y destartalado buque de hierro, mientras, api\u00f1ados en la cubierta, encima de las barcas salvavidas, encaramados en las antenas y en los troncos de ventilaci\u00f3n, aferrados a los pescantes para no caer al mar y hacinados en la toldilla, a\u00fan tienen \u00e1nimos para erizar el cielo azul con sus brazos diciendo adi\u00f3s a la pesadilla aria y saludando con l\u00e1grimas en los ojos el porvenir. Del viaje del \u201cSinaia\u201d apenas si conservamos una o dos docenas de rotas y muertas fotograf\u00edas en blanco y negro, el recuerdo de alguno de los expedicionarios y un peri\u00f3dico hecho a bordo por el m\u00e9todo mimeogr\u00e1fico, pero en cuanto viaje no resulta menos emblem\u00e1tico que aqu\u00e9l: era la demostraci\u00f3n de que ciertas ideas son tan indestructibles como los pueblos que las ennoblecen.<\/p>\n<p>En la Biblioteca de la Fundaci\u00f3n Pablo Iglesias de Madrid se conserva no s\u00f3lo este diario ciclostilado de la traves\u00eda, sino la lista de embarque. De los exiliados, 953 eran hombres; 393, mujeres, y 253, menores de edad. No deja de ser una lista extra\u00f1a. Por ejemplo: no figuran en ella ni las mujeres ni los ni\u00f1os, como si no hubiese habido mujeres que defendieron la Rep\u00fablica empu\u00f1ando las armas y como si los ni\u00f1os no fueran las primeras y m\u00e1s inocentes v\u00edctimas de la guerra. De los hombres se hacen constar, sin embargo, en media docena de l\u00edneas el nombre, la edad, el estado civil, la profesi\u00f3n o el oficio, el partido pol\u00edtico al que pertenecen, si pertenec\u00edan a alguno, los cargos pol\u00edticos o c\u00edvicos ostentados antes de la guerra, durante la guerra y despu\u00e9s de ella, as\u00ed como el lugar de residencia en Francia. Impresiona repasarla. Tiene uno al alcance esas casi mil vidas, resumidas, con su novela larvada y a la espera de que alguien se haga cargo de ella. \u00abFern\u00e1ndez P\u00e9rez, Tom\u00e1s: 23 a\u00f1os, soltero nacido en Madrid.-Partido Pol\u00edtico: Comunista.- Central Sindical: Uni\u00f3n General de Trabajadores.- Residencia en Francia: Campo de Barcar\u00e9s (Isolote \u00abF\u00bb) n\u00fam. 23.- Cargos durante la guerra: M\u00fasico de la Banda del V Cuerpo de Ej\u00e9rcito.- Cargos antes de la guerra; Profesor de Orquesta\u00bb. As\u00ed, hasta completar un total de 164 folios de vidas extraordinarias, inesperadas, asombrosas, en las que hasta los nombres y apellidos adquieren, de pronto, dimensiones \u00e9picas: Inocencio Fern\u00e1ndez, Napole\u00f3n Figuerola, Argentino Novo, Silvestre L\u00f3pez, Maximino Quijano Quevedo&#8230;<\/p>\n<p>Todos ellos hab\u00edan llegado a Francia en los \u00faltimos d\u00edas de enero o en los primeros de febrero de 1939. La mayor parte lo hizo por los puestos fronterizos de Port Bou, por Le Boulou, por Prats de Moll\u00f3, y en un alto porcentaje eran milicianos de las unidades rotas de los cuerpos de ej\u00e9rcito del frente de Arag\u00f3n, en retirada tras la batalla del Ebro.<\/p>\n<p>Ninguno sospechaba el recibimiento que les iba a dispensar la gendarmer\u00eda, capitaneada entonces, tras el fracaso del frente popular del socialista Le\u00f3n Blum, por un Daladier que se hab\u00eda apresurado no s\u00f3lo a reconocer el nuevo Gobierno de Franco, sino a devolverle a \u00e9ste los fondos depositados en algunas ciudades francesas por las autoridades republicanas espa\u00f1olas, tanto oro como obras de arte.<\/p>\n<p>En unas semanas el sur de Francia sinti\u00f3 el peso de una avalancha humana de 400.000 refugiados que buscaban desesperadamente sobrevivir en un invierno especialmente cruel, con temperaturas extremas que en algunos puntos descendieron de los veinte grados bajo cero.<\/p>\n<p>Primero separaron a los hombres de las mujeres y luego, como a ganado de matadero, les condujeron a las playas rosellonenses, donde los apriscaron en media docena de improvisados campos de refugiados que no ten\u00edan m\u00e1s habitabilidad que la doble alambrada de espino y la inacabable arena que la nieve y la escarcha moteaban con manchas de felino. En Argel\u00e8s se confin\u00f3 a 80.000; en Saint Cyprien, 60.000; en Gurs, 16.000; en Sept-Fonds, 15.000&#8230; Quedaron tirados sobre la arena, frente al mar helado, a merced de un viento glacial que no dej\u00f3 de soplar ni un solo minuto durante las primeras semanas y que enloqueci\u00f3 a muchos, vigilados a todas horas por tropas coloniales de spahis y reducidos a la inacci\u00f3n por raciones de hambre.<\/p>\n<p>Los concentrados, en su mayor parte hombres curtidos que pensaron que tres a\u00f1os de privaciones les hab\u00edan preparado para toda suerte de contrariedades, comprobaron con espanto que el infierno es un callej\u00f3n estrecho, pero sin final. Viajaban con lo puesto, bo\u00adtas rotas, alpargatas de c\u00e1\u00f1amo, mantas agujereadas, capotes militares, encerados para soportar la lluvia. Iban sucios, desnutridos, sin moral de combate. Ni siquiera pod\u00edan guarecerse del viento atrincher\u00e1ndose en la arena, porque los hoyos se llenaban con el agua salada del mar. Las enfermedades se cebaron con ellos, la mitad padeci\u00f3 disenter\u00eda y todos incubaban en las ingles y en las axilas racimos de piojos que les dejaban el cuerpo en carne viva, cuando no crec\u00eda la sarna la que les abr\u00eda la piel con hondos surcos; los heridos se mostraban impotentes al gangrenarse las heridas, y los que pod\u00edan mostraban indemne su cuerpo tampoco tan a salvo, porque el viento le pod\u00eda trastornar en el momento menos pensado. Cada ma\u00f1ana, al levantarse, si a aquello pod\u00eda llamarse dormir, quedaban tendidos unos cuantos muertos, que retiraban diferentes los bambul\u00e1s senegaleses, de ojos amarillos. Fue entonces cuando las autoridades francesas, tan generosas con la Rep\u00fablica espa\u00f1ola durante la guerra a impedir que \u00e9sta se rearmara mientras presenciaba con cinismo la colaboraci\u00f3n militar alemana e italiana con los fascistas espa\u00f1oles, fue entonces digo, cuando Daladier favoreci\u00f3, no ataj\u00e1ndolos, los brotes de histerismo en una parte de la poblaci\u00f3n del sureste franc\u00e9s. Estos patriotas franceses, muchos de los cuales colaborar\u00edan o permanecer\u00edan pasivos a los pocos meses con los alemanes que les ocuparon su bella patria, estaban convencidos de que los 400.000 antifascistas espa\u00f1oles, 350.000 eran forajidos, ladrones, violadores, anarquistas, peligrosos bolcheviques, indeseables partisanos que iban a practicar el corso en tierras de su muy pac\u00edfica y ejemplar Francia. De los otros 50.000 no ten\u00edan opini\u00f3n, mientras pudieran pagar en francos sus alojamientos, presentar su documentaci\u00f3n en regla y dar las gracias a todas horas. Es cierto que las organizaciones socialistas y comunistas francesas, y otras, religiosas o humanitarias, es\u00adpecialmente inglesas, canadienses y norteamericanas, hicieron cuanto pudieron para remediar las condiciones materiales en las que los exiliados espa\u00f1oles naufragaban irremediablemente. Pero sus recursos no alcanzaron para garantizarles un futuro, por otra parte incierto, ya que se tem\u00eda que la guerra mundial estallase de un momento a otro. Se hubiera podido asegurar que las circunstancias favorec\u00edan lo indecible a las autoridades francesas, porque fue entonces cuando empezaron a presionar y amedren\u00adtar al elemento refugiado, invit\u00e1ndole, en m\u00edtines vergonzosos, encomendados a la oficialidad de su ej\u00e9rcito y mediante una propaganda inicua, a la repatriaci\u00f3n voluntaria, asegurando que la Espa\u00f1a de Franco les estaba esperando con los brazos abiertos para la reconstrucci\u00f3n nacional del pa\u00eds que ellos hab\u00edan destrozado, o amenazando a los infractores de leyes cada vez m\u00e1s restrictivas con el reclutamiento forzoso en batallones de trabajadores de \u00c1frica o de Indochina, lo que aseguraba de paso a las autoridades francesas una mano de obra barata y permanente. Muchos creyeron el embuste y re\u00adgresaron a la Espa\u00f1a victoriosa, que les recibi\u00f3 en la mayor parte de los casos con c\u00e1rceles, depuraciones y un estigma que deber\u00edan arrastrar durante cuarenta a\u00f1os: el conocer o haber estado con los rojos.<\/p>\n<p>Los exiliados espa\u00f1oles que no regresaron, hostigados y hostilizados, perseguidos, difamados y bajo permanente sospecha, comprendieron demasiado pronto que la Francia s\u00f3lo pod\u00eda ser una tierra de paso, y se lanzaron, desesperados, a una huida ciega.<\/p>\n<p>Ya antes de que terminara la guerra se hab\u00eda creado en Par\u00eds un organismo, el SERE, Servicio de Evacuaci\u00f3n de Refugiados Espa\u00f1oles, controlado por Negr\u00edn, al que, c\u00f3mo no, se le opon\u00eda una JARE desde M\u00e9xico, Junta de Auxilio a los Republicanos Espa\u00f1oles, controlada por Indalecio Prieto en M\u00e9xico. En cualquier caso, el SERE trat\u00f3 de dar un cauce de racionalidad a la riada cada d\u00eda m\u00e1s caudalosa de refugiados que llamaban a su puerta pidiendo socorros materiales para sobrevivir, y amparo legal, o sea, papeles para poder moverse.<\/p>\n<p>Fue una acci\u00f3n conjunta del SERE, del Comit\u00e9 Brit\u00e1nico de Ayuda a los Refugiados y del Gobierno mexicano del general L\u00e1zaro C\u00e1rdenas, la que hizo posible al fin ese primer embarque de refugiados. C\u00e1rdenas, un pol\u00edtico ejemplar, conmovido por la tragedia espa\u00f1ola, tom\u00f3 personalmente cartas en el asunto y no dud\u00f3 en modificar la ley de acogida, para que los exiliados espa\u00f1oles pudieran desempe\u00f1ar sus profesiones y oficios, y de hecho ante la opini\u00f3n mexicana, se present\u00f3 aquello co\u00admo una oportunidad \u00fanica: el pueblo mexicano podr\u00eda beneficiarse de los m\u00e1s cualificados doctores, ingenieros, tip\u00f3grafos, abogados, peritos, arquitectos, sin contar a los m\u00e1s agudos y preclaros intelectuales, escritores y artistas que, sin lugar a dudas, iban a impulsar la industria, la medicina o la cultura del pa\u00eds, como de hecho as\u00ed iba a ocurrir.<\/p>\n<p>S\u00f3lo faltaba encontrar un barco id\u00f3neo. Hallaron un vapor franc\u00e9s de 12.000 toneladas, con el extra\u00f1o nombre de \u201cSinaia\u201d en recuerdo de la residencia estival de la reina de Rumania, que fue quien apadrin\u00f3 su botadura. Se trataba de un buque preparado para los cargamentos humanos, como prueba el hecho de que ya hab\u00eda efectuado unos cuantos viajes de parecidas caracter\u00edsticas: hab\u00eda llevado peregrinos a La Meca, estuvo fletado por los esperantistas franceses para las temporadas veraniegas, transport\u00f3 a los supervivientes de los destrozados ej\u00e9rcitos de Wrangel y Donikin, y el a\u00f1o anterior hab\u00eda paseado, a lo largo de diversos puertos mediterr\u00e1neos, a una curiosa tropa de nudistas militantes, muchos de ellos, es de suponer, afectos tambi\u00e9n al esperanto.<\/p>\n<p>Las solicitudes para embarcar llegaron por miles a la Ru\u00e9 de Saint Lazare, en Par\u00eds, sede del SERE. La selecci\u00f3n la hicieron entre los representantes de este organismo y el embajador mexicano en Par\u00eds, el se\u00f1or Bassols, A este \u00faltimo se le acus\u00f3 de haber favorecido a los afiliados comunistas. Es dif\u00edcil saberlo, porque en aquel momento, y tras las purgas de los trotskistas espa\u00f1oles a manos de los agentes sovi\u00e9ticos y los propios comunistas espa\u00f1oles, no hab\u00eda muchos que se atrevieran a declararse anticomunistas. Puesto que en la ficha personal de los pasajeros se hace constar la filiaci\u00f3n, se podr\u00edan contabilizar los que eran de un partido o de otro, de \u00e9ste o de aquel sindicato. Sin embargo no parece que eso llevara a ninguna parte: la gente ven\u00eda de una guerra de la que muchos hab\u00edan sobrevivido gracias a tener en la cartera tres carnets diferentes.<\/p>\n<p>Para quienes aman las estad\u00edsticas, este peque\u00f1o dato: iban a bordo 452 solteros y 847 casados, y s\u00f3lo hab\u00eda un uno por ciento de analfabetos, lo que quiere decir que al menos por ese flanco la selecci\u00f3n fue rigurosa. La Rep\u00fablica quer\u00eda usar el \u201cSinaia\u201d como embajadora de futuras remesas. A todos ellos se les prometi\u00f3 equiparles a bordo con s\u00e1banas limpias, mantas, ropa blanca, pasta de dientes, jab\u00f3n, \u00fatiles de costura y medicinas, pero lo cierto es que parte de aquel cargamento jam\u00e1s apareci\u00f3 o se diluy\u00f3 de tal modo que apenas sirvi\u00f3 para socorrer las necesidades de quienes hab\u00edan salido de Espa\u00f1a con lo puesto, y con lo puesto, despu\u00e9s de cuatro meses de vida a la intemperie y en barracones, llegaron al peque\u00f1o puerto de S\u00e9te para embarcarse.<\/p>\n<p>Tardaron interminables horas en hacerlo. Sobre los muelles se produjeron escenas desgarradoras, encuentros entre familias separadas por la guerra desde hac\u00eda meses, incluso a\u00f1os, hijos que no reconoc\u00edan a sus padres, padres que se quedaban mudos ante la esposa que les abrazaba, mujeres avergonzadas de haber envejecido prematuramente, ulceradas por un dolor no siempre moral.<\/p>\n<p>Se dio a los matrimonios los camarotes y a los solderos se les acomod\u00f3 en las bodegas, en las que el calor sofocante y el olor de un cargamento reciente de bacalao hac\u00edan del aire un caldo irrespirable.<\/p>\n<p>La desmoralizaci\u00f3n era tanta y tan generalizada, que la se\u00f1ora Gamboa, responsable mexicana de la expedici\u00f3n, y el comit\u00e9 del SERE decidieron imprimir en el barco un peque\u00f1o peri\u00f3dico. Contaba para la labor con alguno de los escritores y artistas m\u00e1s destacados de la Rep\u00fablica, entre ellos algunos de los que hab\u00edan hecho la m\u00edtica revista Hora de Espa\u00f1a: Gil Albert, Ram\u00f3n Gaya, Dieste y S\u00e1nchez Barbudo, adem\u00e1s de Juan Rejano, Manuel And\u00fajar, Benjam\u00edn Jarn\u00e9s o Pedro Garfias. Tambi\u00e9n hab\u00eda artistas, como Arteta, el propio Gaya o Bardasano. El peri\u00f3dico, tres o cuatro hojas de mal papel, aparec\u00eda cada d\u00eda y serv\u00eda a un tiempo como tabl\u00f3n de anuncios y para la propaganda pol\u00edtica, en un tono que, a toro pasado, encuentra uno de un ilusionismo casi c\u00f3mico si no fuese tan doloroso: trataban de insuflar en los desalentados pasajeros la esperanza de que m\u00e1s pronto que tarde volver\u00edan a Espa\u00f1a para reconquistarla. Cre\u00edan con ingenuidad que la causa de la libertad era lo bastante importante como para contar con el concurso del resto de las naciones democr\u00e1ticas. Por lo dem\u00e1s, en el peri\u00f3dico se acopiaban noticias recogidas por los radiotelegrafistas del barco, lecciones de la historia de M\u00e9xico, para que se fueran familiarizando con su nuevo pa\u00eds, y todo tipo de curiosidades y chascarrillos, la ruta que segu\u00edan o los programas de la banda de m\u00fasica. Al doblar la punta de Gibraltar, avistando por \u00faltima vez Espa\u00f1a, el octogenario Antonio Zozaya pronunci\u00f3 en cubierta unas palabras que arrancaron las l\u00e1grimas a muchos: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 pena tan honda! \u00bfCu\u00e1ntos de nosotros volveremos a pisar su suelo sagrado?\u00bb.<\/p>\n<p>En el barco se sigui\u00f3 hablando de la guerra, de la derrota, de las causas que les hab\u00edan llevado hasta \u00e9l. La desuni\u00f3n a veces era tan palpable como que las heridas segu\u00edan abiertas. La traves\u00eda les dejaba demasiado tiempo libre para pensar, pese a que los turnos de comedor y las colas ante las letrinas se llevaban buena parte de la jornada, as\u00ed que los organizadores trataron de llenar los vac\u00edos con conferencias sobre los temas m\u00e1s variados (principalmente sobre M\u00e9xico, su industria, su pol\u00edtica, sus gentes), comisiones y campeonatos de cartas, y al atardecer se organizaron kermeses al aire libre, en la toldilla de popa, amenizadas por la Agrupaci\u00f3n Musical Espa\u00f1ola del maestro Oropesa. Los d\u00edas se hac\u00edan eternos en la inmensidad del mar y el \u201cSinaia\u201d no desarrollaba una velocidad excesiva. En medio del oc\u00e9ano, Funchal se les present\u00f3 como una tregua a tanto pensamiento obsesivo, pero las autoridades portuguesas, partidarias de Franco como era notorio, se negaron a que el barco atracara en el muelle. En Puerto Rico tampoco tuvieron m\u00e1s suerte: se contentaron con ver, desde la cubierta, a algunos simpatizantes de la Rep\u00fablica espa\u00f1ola que hab\u00edan acudido a darles la bienvenida. No hay nada como perder una guerra para cerrarse las puertas. Sin embargo a nadie pareci\u00f3 importarle demasiado, porque a los pocos d\u00edas avistar\u00edan al fin tierras de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Fue la medianoche del d\u00eda 12. Las luces del faro de Veracruz aspaban el cielo estrellado y la gente, desvelada, impaciente y euf\u00f3rica, corri\u00f3 a cubierta para verlo, pero no desembarcaron hasta el d\u00eda siguiente. El recibimiento fue apote\u00f3sico. Tras la experiencia francesa, nadie se esperaba nada parecido. Las fanfarrias, las banderolas, las multitudes les subi\u00f3 a una nube. Hab\u00edan venido representantes del Gobierno mexicano y representantes obreros de la mayor parte de los sindicatos del pa\u00eds. Lo proclamaban las pancartas variopintas, como aquella con bien visibles letras en la que las \u00abtortilleras de M\u00e9xico\u00bb les daban la bienvenida. Se corri\u00f3 la voz por el barco y se hicieron algunas bromas: al fin y al cabo, s\u00f3lo eran las que vend\u00edan tortitas en la capital de M\u00e9xico. Fue la primera confirmaci\u00f3n de que llegaban a un pa\u00eds en el que no todas las cosas significaban lo mismo a una o a otra parte del Atl\u00e1ntico. Son\u00f3 la banda con el himno mexicano y el himno de la Rep\u00fablica. Los expedicionarios fueron bajando del barco. Se hizo un pasillo entre la multitud por el que pasaron entre las aclamaciones.\u00a0 Les vitorearon, les aplaud\u00edan, algunos les pataleaban\u00a0 la espalda. Los padres llevaban de la mano a sus hijos, sus mujeres no quer\u00edan soltarse del brazo de sus maridos, los m\u00e1s privilegiados arrastraban atillos y maletas con las cuatro piltrafas. Muchos de los concurrentes, obreros de izquierdas que afirmaban su internacionalismo pu\u00f1o en alto, impresionados por el aspecto desmedrado de aquellos rostros, angulados por la tragedia, no pudieron contener las l\u00e1grimas. Y aquellos rostros sonre\u00edan a todos los lados un poco asustados, y daban las gracias t\u00edmidamente con movimientos de cabeza, enternecidos por aquella acogida de todo punto inesperada. Es posible que por un momento la algarab\u00eda, los gritos y los aplausos les hicieran olvidar la raz\u00f3n que les hab\u00eda tra\u00eddo hasta aquella tierra, pero lo cierto es que ese d\u00eda fue tambi\u00e9n para la mayor\u00eda de ellos el comienzo de un m\u00e1s doloroso existir, sin poder olvidar y sin poder volver, o m\u00e1s exactamente, sin poder olvidar porque no pudieron volver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo 8 de diciembre de 2013 Esta es una rese\u00f1a de la odisea que vivieron 1.600 espa\u00f1oles que cruzaron el Atl\u00e1ntico para huir del franquismo a bordo del buque \u201cSinaia\u201d, rumbo a M\u00e9xico, y el argumento de la novela de Andr\u00e9s Trapiello D\u00edas y Noches, que Espasa public\u00f3 en septiembre de 2000. 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