{"id":8476,"date":"2016-12-27T22:28:22","date_gmt":"2016-12-27T20:28:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=8476"},"modified":"2016-12-27T22:28:22","modified_gmt":"2016-12-27T20:28:22","slug":"fulgencio-mateos-concejal-y-comandante-de-batallon-socialista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2016\/12\/27\/fulgencio-mateos-concejal-y-comandante-de-batallon-socialista\/","title":{"rendered":"FULGENCIO MATEOS, CONCEJAL Y COMANDANTE DE BATALL\u00d3N SOCIALISTA"},"content":{"rendered":"<p><strong>Martes 27 de diciembre de 2016<\/strong><\/p>\n<p>En 1931 fui elegido concejal del ayuntamiento de Bilbao junto con Fulgencio Mateos los concejales Juli\u00e1n Zugazagoitia (diputado y ministro fusilado por Franco), Paulino G\u00f3mez Beltr\u00e1n (fue Consejero del Gobierno Vasco en el exilio), Ferm\u00edn Zarza (Consejero del Gobierno Vasco en el exilio), Rufino Laiseca (Presidente de la Gestora-Diputaci\u00f3n de Vizcaya), \u00c1ngel Lacort, Jos\u00e9 Mu\u00f1oz, Juan Nadal, Genaro Ortega y Enrique Urrejola.Fue el 14 de abril de 1931 cuando advino la Rep\u00fablica. Son hechos que unen mucho.<\/p>\n<p>Asimismo y sin raz\u00f3n ostensible y debido con seguridad a alguna impresi\u00f3n olvidada recogida en mi subconsciente, o a extra\u00f1a asociaci\u00f3n de ideas, la primera figura que aparece en mis recuerdos del Primero de Mayo bilba\u00edno es Fulgencio Mateos. Por m\u00e1s vueltas que he dado a la memoria para resolver este enigma, me ha sido imposible solucionarlo y contin\u00faa perenne en imaginaci\u00f3n la persona de este socialista modesto, como los verdaderos y los buenos, que ofrend\u00f3 su vida en defensa de la libertad.<\/p>\n<p>Lo veo muy de ma\u00f1ana recorriendo las calles de Bilbao, con un reducido n\u00famero de compa\u00f1eros suyos, precediendo a la Banda de Santa Cecilia encargada de lanzar al aire las alegres notas musicales que anunciaban la fiesta obrera. Fulgencio Mateos rodeado de chiquiller\u00eda, delante, entonces como en la guerra, con su cigarro porra encendido y lanzando al aire los cohetes portadores de la alegr\u00eda trabajadora.<\/p>\n<p>En las horas de inquietudes para el Partido Socialista, de zozobra para sus hombres y de peligro para la libertad, la persona de Mateos estaba presta para la lucha y el sacrificio, que jam\u00e1s rehuy\u00f3. Lo conoc\u00ed, aunque tarde, bien. Al escribir \u00e9stas l\u00edneas lo tengo delante: alto, delgado, cabellera lisa y tupida peinada hacia atr\u00e1s, serio, vistiendo traje marr\u00f3n con cinta de luto por la muerte de su padre, viejo socialista de la zona minera vizca\u00edna, parco en el hablar como todo hombre de acci\u00f3n, desprovisto de cualquier clase de ambiciones y firmemente posesionado de profunda fe en el socialismo. Era todo un hombre, exento de bastardos ego\u00edsmos.<\/p>\n<p>Procedente de recia familia socialista, de la raigambre de aquellos mineros de las luchas heroicas contra la inhumana explotaci\u00f3n de aquellos tiempos, muy pronto ingres\u00f3 en las juventudes socialistas donde desempe\u00f1\u00f3 toda la gama de puestos, desde cobrador hasta miembro del Comit\u00e9, sin que dado su car\u00e1cter sintiera menosprecio por ninguno, en virtud de su amplio criterio, del concepto que del deber ten\u00eda y de su punto de vista de que en cualquier lugar pod\u00eda servirse al Partido.<\/p>\n<p>Abandon\u00f3 las juventudes socialistas como lo hac\u00edan los de aquellas dif\u00edciles \u00e9pocas, en virtud de la llegada de la madurez. Y si joven fue buen afiliado, en la plenitud de su vida demostr\u00f3 el vigor, el entusiasmo, el desinter\u00e9s hasta de su persona en cumplir lo que \u00e9l estimaba obligaci\u00f3n de socialista. Al igual que en la juventud, en su Agrupaci\u00f3n Socialista, ocup\u00f3 cargos de responsabilidad, siendo, como he comentado, uno de los concejales que el pueblo de Bilbao eligi\u00f3 en las elecciones de 1931.<\/p>\n<p>Si como socialista fue un ejemplo, era natural su intervenci\u00f3n en la lucha obrera, en la que como secretario del Sindicato de Productores Qu\u00edmicos, puso una vez m\u00e1s en alto su val\u00eda y su preocupaci\u00f3n por los indispensables intereses que le fueron confiados, procurando la mejora constante de los trabajadores de este ramo, controlados por sindicatos amarillos con los que tuvo que luchar denodadamente, sin que sus desvelos, como con frecuencia ocurre, tuvieran la debida compensaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hubo \u00e9pocas duras en la lucha pol\u00edtica de Vizcaya, enconada hasta m\u00e1s all\u00e1 de lo l\u00f3gico y de lo permisible; su partido lo tuvo en primera l\u00ednea de manera voluntaria, con este desprendimiento total de que pocos eran capaces como \u00e9l. Protegi\u00f3 al Partido Socialista, con el mismo empe\u00f1o con que escud\u00f3 con su cuerpo la vida de compa\u00f1eros suyos cuando fue menester. Era un idealista y un hombre de una pieza.<\/p>\n<p>Con una clara visi\u00f3n de lo que nos esperaba parti\u00f3 al frente de Ochandiano cuando hab\u00eda que establecerlo, el mismo d\u00eda de la sublevaci\u00f3n militar y \u00e9l, que en todo momento rehu\u00eda la significaci\u00f3n, vi\u00f3se obligado a acatar la voluntad de sus compa\u00f1eros, que habi\u00e9ndose organizado en unidad militar le nombraban su comandante. Era un grupo de milicianos socialistas, m\u00e1s tarde batall\u00f3n, siendo preciso para ingresar en \u00e9l y jugarse la vida con el enemigo, exhibir previamente una historia sindical y pol\u00edtica sin tacha.<\/p>\n<p>A\u00fan cuando no escasearon las acciones b\u00e9licas en Ochandiano, el enemigo impuso su iniciativa al invadir Guip\u00fazcoa y forzarnos a pelear donde lo crey\u00f3 conveniente. Y perdida pr\u00e1cticamente toda la provincia hermana, intent\u00f3 en aqu\u00e9l desdichado mes de setiembre continuar arrebat\u00e1ndonos trozos de nuestro territorio, tratando de pe\u00adnetrar profundamente en Vizcaya.<\/p>\n<p>Y Mateos con sus compa\u00f1eros, cumpliendo \u00f3rdenes recibidas, se vio impedido a trasladarse al frente de Marquina donde el fascismo presentaba el mayor peligro. Lleg\u00f3, luch\u00f3, muri\u00f3 y triunf\u00f3. Lleg\u00f3 como fue a todas partes donde se hizo preciso su persona, sin pensar en s\u00ed mismo sino en la causa que defend\u00eda; luch\u00f3, porque su vida fue una pelea constante en favor de la clase trabajadora; muri\u00f3 como un socialista y como un vasco por la libertad de Euzkadi, ofreciendo su vida en holocausto del deber; triunf\u00f3, porque donde Fulgencio Mateos y sus compa\u00f1eros dijeron por aqu\u00ed no, se establec\u00eda definitivamente el frente.<\/p>\n<p>Con frecuencia se recuerda a los primeros que cayeron en la lucha al estimar que con ellos se fueron los mejores; tenemos la absoluta seguridad de que en el caso de Fulgencio Mateos est\u00e1 plenamente justificado \u00e9ste lamento y lo proclamamos sin reserva alguna. Se perdi\u00f3 para el Partido Socialista un afiliado sin tacha, su organizaci\u00f3n perd\u00eda un dirigente ejemplar, mientras que como triste compensaci\u00f3n, socialistas y ugetistas ganaron un ejemplo para las futuras generaciones dif\u00edcil de ser superado.<\/p>\n<p>La figura de Mateos pues, encarna y representa una fase completa de la guerra de Euzkadi contra los enemigos de Ia libertad: la \u00e9poca de la improvisaci\u00f3n vertiginosa, de las \u00f3rdenes recias, de la organizaci\u00f3n de toda prisa. Mateos es s\u00edmbolo de un pueblo que tiene en sus entra\u00f1as el germen de todas las grandezas, la posibilidad de las mayores heroicidades, y que las da a luz p\u00fablica cuando es atacado por quienes se dejaron seducir por sus apariencias de risue\u00f1a apacibilidad.<\/p>\n<p>La vida no fue generosa con este gran luchador, a no ser si exceptuamos la prodigalidad con que la desgracia le dio lecciones de realidades y le templ\u00f3 para la lucha. Minero, hijo de mineros, desde muchacho tiene contacto con la tierra, que disputa a trabajo del hombre el conservar celosamente sus riquezas. Y en la lucha entre la tierra y el hombre, muchas veces la nota cruenta da el clarinazo, proclamando cu\u00e1nto cuesta lo que tantas veces se aprecia tan poco. Mateos tuvo ocasi\u00f3n, de adolescente casi, de mostrar su solidaridad con la desgracia adentr\u00e1ndose en la galer\u00eda de una mina medio derrumbada para disputar a la muerte el aliento de un compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>Bilbao no cambi\u00f3 en nada el hierro de que estaba hecho el minero, ahora aprendiz de metal\u00fargico. Si apenas le dio, con su vida societaria, armas que desconoc\u00eda para la lucha diaria. Desde el primer momento, los sindicatos obreros y las organizaciones sociales tienen en Mateos un colaborador de eficacia y constancia sin igual. Todos los puestos de una lucha diaria, costosa y a veces cruenta, los ocup\u00f3 Mateos en guardia vigilante. Por eso la rebeli\u00f3n del 18 de julio de 1936, no le sorprende m\u00e1s que en la magnitud del ataque fratricida. Unas veces, unos fusiles y una caravana de coches que ascienden por el alto Barazar, caminando por el Arraua id\u00edlico, con prop\u00f3sito de decir un alto vigoroso a las fuerzas de la guarnici\u00f3n de Vitoria. Y al frente de esta caravana dos hombres de un temple id\u00e9ntico, de una misma pasi\u00f3n por la disciplina y por la lealtad, dos almas gemelas que quiz\u00e1s hayan encontrado un puesto com\u00fan en la historia; Fulgencio Mateos, concejal socialista del Ayuntamiento de Bilbao, Presidente del Frente Popular de Vizcaya y Juan Ibarrola, Capit\u00e1n de la Guardia Civil, a quien sus ardientes convicciones religiosas sirvieron de manera principal\u00edsima para comprender el enorme crimen de los sublevados.<\/p>\n<p>Aquellos d\u00edas primeros de la guerra en Euzkadi tienen un sabor inolvidable para quienes los hayan vivido: la compenetraci\u00f3n absoluta de todos los milicianos y gudaris, las columnas mezcladas de elementos de todos los partidos, las excursio\u00adnes por los montes que antes se recorr\u00edan con placer de alpinista, las pe\u00adque\u00f1as incursiones, los combates aislados, todo lo que iba poco a poco despertando el caudal heroico de un pueblo dispuesto a morir por su libertad. Despu\u00e9s, lo que se crey\u00f3 algarada, se convirti\u00f3 en guerra por la ayuda extranjera: vinieron las batallas en regla y en una de ellas, el 21 de octubre de 1936, en los valles que forman delante de Marquina las estribaciones del Kalamua, cara al enemigo, cay\u00f3 Mateos mortalmente herido. Tres d\u00edas m\u00e1s tarde un cortejo imponente acompa\u00f1aba por las calles de Bilbao los restos de un luchador entero, de un alma de bronce, de un vasco de las minas, de un jefe ante quien doblaban todas las indisciplinas y de un amigo ante cuyo recuerdo sangran a\u00fan muchos corazones.<\/p>\n<p>No quiero que el recuerdo de Mateos se diluya en la nada. Era una autoridad electa, un concejal de Bilbao y alg\u00fan d\u00eda nuestro consistorio, del que form\u00e9 parte con \u00e9l, le recordar\u00e1 como se merece. Los pueblos que honran a sus m\u00e1rtires son dignos de su futuro. Quienes los olvidan, repiten sus errores.<\/p>\n<p>Santiago Aznar Sarachaga.<\/p>\n<p>Concejal socialista 1931-1936<\/p>\n<p>Primer Consejero de Industria del Gobierno Vasco 1936-1946.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Martes 27 de diciembre de 2016 En 1931 fui elegido concejal del ayuntamiento de Bilbao junto con Fulgencio Mateos los concejales Juli\u00e1n Zugazagoitia (diputado y ministro fusilado por Franco), Paulino G\u00f3mez Beltr\u00e1n (fue Consejero del Gobierno Vasco en el exilio), Ferm\u00edn Zarza (Consejero del Gobierno Vasco en el exilio), Rufino Laiseca (Presidente de la Gestora-Diputaci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2016\/12\/27\/fulgencio-mateos-concejal-y-comandante-de-batallon-socialista\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">FULGENCIO MATEOS, CONCEJAL Y COMANDANTE DE BATALL\u00d3N SOCIALISTA<\/span><\/a><!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-8476","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8476"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8476\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8477,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8476\/revisions\/8477"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}