{"id":902,"date":"2011-03-31T20:27:55","date_gmt":"2011-03-31T18:27:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/?p=902"},"modified":"2011-03-31T20:27:55","modified_gmt":"2011-03-31T18:27:55","slug":"koestler-por-la-hermosa-sevillana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/anasagasti\/2011\/03\/31\/koestler-por-la-hermosa-sevillana\/","title":{"rendered":"Koestler por la Hermosa Sevillana"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/files\/2011\/03\/koestler.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-903\" src=\"http:\/\/blogs.deia.com\/anasagasti\/files\/2011\/03\/koestler.jpg\" alt=\"\" width=\"258\" height=\"195\" \/><\/a>El pasado domingo 27 de marzo aparec\u00eda en Deia un art\u00edculo de Txema Montero titulado \u00abConversaci\u00f3n entre las nubes: Arthur Koestler y Carlos Haya\u00bb. En \u00e9l hablaba de estos dos personajes y reproduc\u00eda una curiosa conversaci\u00f3n de los dos en pleno vuelo. El art\u00edculo me record\u00f3 un trabajo editado \u00a0que hice con la figura de Marcel Junod, el m\u00e9dico suizo que en la guerra y como representante de la Cruz Roja \u00a0hizo de \u00a0mediador y \u00a0negoci\u00f3 la salida de presos vascos, sobre todo mujeres y ni\u00f1os, de las c\u00e1rceles de la Cruzada, entre otros de la familia de Irujo. Aquel trabajo lo public\u00f3 el departamento de Justicia del Gobierno Vasco regentado por Joseba Azkarraga y lo presentamos p\u00fablicamente.<\/p>\n<p>No me resisto a reproducir el pasaje en el que Marcel Junod habla de Arthur Koestler y narra en este libro con otras palabras y de otra manera, lo que cuenta Txema Montero. Esta es la historia:<\/p>\n<p><em>\u201c<\/em><em>Y pensar que bastaba un peque\u00f1o milagro: cambiar de sitio a aquellos hombres, para que recuperasen la libertad y estuviesen a salvo\u2026<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>En el vest<\/em><em>\u00edbulo del Hotel Ingl\u00e9s de Valencia, ve\u00eda pasar a veces a una mujer muy hermosa, algo altanera, que rezumaba toda la nobleza de Sevilla.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Muy guapa \u2014hab\u00eda murmurado el mozo sin poder imped\u00edrselo\u2014. Y me susurr\u00f3:<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Es un reh\u00e9n de alcurnia.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>As<\/em><em>\u00ed, me enter\u00e9 de que se trataba de la mujer de un aviador franquista. No la hab\u00edan detenido; le permit\u00edan alojarse en el hotel, pero estaba sometida a estrecha vigilancia por la polic\u00eda. Su encanto y su belleza hab\u00edan influido, sin lugar a dudas, en el trato preferencial que se le dispensaba.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>En el Ministerio, el Sr. Giral me habl<\/em><em>\u00f3 de ella. Acababa de recibir, por mediaci\u00f3n de la Embajada Brit\u00e1nica, una lista con veinte nombres de republicanos presos en Sevilla. El General Queipo de Llano los ofrec\u00eda a todos ellos generosamente a cambio de la mujer del aviador. El ministro sonri\u00f3 astutamente:<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Queipo quiere seducirnos, pero yo no entro en el juego&#8230; Hagan ustedes una contrapropuesta. Un hombre nos interesa, uno solo. No es espa\u00f1ol, pero es un amigo de la Rep\u00fablica. Se llama Koestler.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Koestler&#8230; No lo conozco.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Es un periodista h\u00fangaro que Franco ha condenado a muerte por haber enviado art\u00edculos a un peri\u00f3dico ingl\u00e9s. Por favor, env\u00ede usted un telegrama urgente a Ginebra, porque su vida est\u00e1 en peligro.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014En cuanto vuelva, llamar\u00e9 por tel\u00e9fono.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Y, \u00bfc\u00f3mo van los otros canjes?<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Ya ve usted que Salamanca se interesa por los aviadores. Nuestros delegados en la otra zona tienen muchas esperanzas. Le pido que tenga paciencia. Parece que se preparan largas listas de ofrecimientos y solicitudes.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfY el italiano de la C\u00e1rcel Modelo?<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>El Ministro Giral conoc<\/em><em>\u00eda el caso por m\u00ed. Le hab\u00eda hablado a menudo de mis visitas a la c\u00e1rcel. Y el ministro se enteraba de cosas sorprendentes por mediaci\u00f3n de un extranjero. Se qued\u00f3 estupefacto cuando le dije que, a veces, hab\u00eda corregido las listas oficiales de los presos en tal o cual c\u00e1rcel.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfEl italiano&#8230;? Su estado de \u00e1nimo no es muy bueno&#8230; Imag\u00ednese, se\u00f1or ministro, hace dos meses que vive con la esperanza de ser canjeado y con el temor de que lo acribillen a balazos a la ma\u00f1ana siguiente. Voy a verlo todas las semanas para que no se desanime y tenga paciencia.<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cTenga paciencia\u201d, \u201cespere\u201d, eran las palabras que repet\u00eda yo cien veces al d\u00eda en los calabozos de los presos o en las oficinas de miembros del Gobierno. Tanta insistencia acaba por ser persuasiva. Y ya se hab\u00eda alcanzado un objetivo: aquellos hombres desesperanzados, aquellos condenados que aguardaban la muerte, ya no pod\u00edan ser olvidados por la mano que los golpeaba. Nuestras listas hac\u00edan omnipresentes su sufrimiento y su espantosa ansiedad. Al igual que un llamamiento urgente, estaba all\u00ed su nombre, en el escritorio del presidente, en el escritorio del ministro. Y, frente a su nombre, figuraba el del prisionero contrario, que responder\u00eda, en adelante, por su muerte, hombre por hombre, cabeza por cabeza.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Koestler por la hermosa sevillana<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfKoestler a cambio de la hermosa sevillana?<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00ed, Salamanca estuvo de acuerdo.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Continuaron las negociaciones sobre la realizaci<\/em><em>\u00f3n del canje. Koestler estaba en la L\u00ednea, en la frontera con Gibraltar, pero los franquistas no lo dejar\u00edan pasar a territorio brit\u00e1nico hasta que la mujer del aviador no estuviese a bordo de un buque ingl\u00e9s.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Yo opinaba que correspond<\/em><em>\u00eda a Leech, Ministro de Gran Breta\u00f1a en Valencia, el honor de acompa\u00f1ar a la noble sevillana hasta el portal\u00f3n del buque Hunter. La radio comunic\u00f3 la noticia a Gibraltar. El peque\u00f1o periodista h\u00fangaro que Franco iba a fusilar sali\u00f3 en libertad.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Destinos cruzados: Arthur Koestler se dirigir<\/em><em>\u00eda hacia el \u00e9xito. A partir de entonces, sus libros lo hicieron famoso. La hermosa sevillana, por su parte, ocho d\u00edas despu\u00e9s, llevar\u00eda luto: su marido cay\u00f3 de un avi\u00f3n en llamas en el frente de Madrid&#8230;<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Y el juego continuaba: se canjeaban las vidas, lista por lista, individualmente o en grupos.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Hab<\/em><em>\u00edan pasado seis meses desde mi visita al Presidente Largo Caballero. Semprebene, que segu\u00eda vivo, fue incluido finalmente en una lista aceptada por ambos bandos. Junto a \u00e9l se canjearon otros italianos y algunos alemanes.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>Una clara ma<\/em><em>\u00f1ana de verano, el Dr. Mart\u00ed, jefe de la Delegaci\u00f3n del CICR (Cruz Roja Internacional) en Valencia, los acompa\u00f1\u00f3 en un coche de la polic\u00eda hasta el puerto, donde esperaba una lancha brit\u00e1nica. Se reunieron algunos curiosos.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>\u2014 R\u00e1pido \u2014se les dijo a los prisioneros\u2014.Y, sobre todo, no hagan ruido<\/em><\/p>\n<p><em>Subieron r\u00e1pido a bordo. Mart\u00ed qued\u00f3 s\u00f3lo en el muelle, rodeado de la muchedumbre que iba en aumento. Motor. La lancha se alejaba.<\/em><\/p>\n<p><em>-Ah!. \u00a1Los cohinos!.<\/em><\/p>\n<p><em>Apretados en la lancha, los italianos hab\u00edan comenzado a cantar a voz en grito Giovinezza.<\/em><\/p>\n<p><em>Los espa\u00f1oles se volvieron hacia Mart\u00ed, indignados, amenazadores.<\/em><\/p>\n<p><em>No sab\u00edan que, del otro lado, los marinos del Komsomol cruzaban, en ese preciso momento, la frontera francesa\u201d.<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed el testimonio de Marcel Junod que completa la historia del domingo de Txema Montero. Viejas e interesantes historias que se van perdiendo por el camino.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El pasado domingo 27 de marzo aparec\u00eda en Deia un art\u00edculo de Txema Montero titulado \u00abConversaci\u00f3n entre las nubes: Arthur Koestler y Carlos Haya\u00bb. En \u00e9l hablaba de estos dos personajes y reproduc\u00eda una curiosa conversaci\u00f3n de los dos en pleno vuelo. 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