{"id":1267,"date":"2017-12-18T06:30:19","date_gmt":"2017-12-18T05:30:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.com\/arca-de-no-se\/?p=1267"},"modified":"2023-03-09T10:57:46","modified_gmt":"2023-03-09T09:57:46","slug":"matias-el-platero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/2017\/12\/18\/matias-el-platero\/","title":{"rendered":"Mat\u00edas el platero. De Luiaondo a Getxo"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Luiaondo-ARK.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"709\" height=\"514\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Luiaondo-ARK.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3842\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Luiaondo-ARK.jpg 709w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Luiaondo-ARK-580x420.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 100vw, 709px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Cuando dos d\u00e9cadas despu\u00e9s irrumpieron el ferrocarril y las locomotoras de vapor, todo cambiar\u00eda para siempre. Era el progreso que irrump\u00eda para, insaciable, engullir lo vivido hasta entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero por aquel 1846 que nos interesa, lejos todav\u00eda de hacer acto de presencia los endiablados trenes, a\u00fan era Luiaondo el pueblo de siempre: una comunidad humana que respiraba acomodada en una interminable hilera de casas y que daba sentido a su existencia ofreciendo servicio a aquel venturoso camino que les garantizaba el sustento. Carreteros, arrieros, almacenistas y mesoneros eran el enjambre humano que all\u00ed moraba.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/mula-y-carro.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"567\" height=\"372\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/mula-y-carro.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3844\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Porque por Luiaondo trajinaban sin descanso mercanc\u00edas y gentes que le daban el palpitar diario, como para sentir la vida necesitamos las personas que fluya sangre por nuestras venas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, a diferencia de otros pueblos del entorno m\u00e1s basados en la ganader\u00eda o la agricultura, aqu\u00ed el movimiento de almas era mucho m\u00e1s agitado y vol\u00e1til que lo habitual. Por ello, fueron numerosos los seres que, sin tener raigambre hist\u00f3rica en el lugar, vieron la primera y \u00faltima luz en aquel valle ayal\u00e9s. Y vamos a centrarnos en uno de ellos, aunque sea someramente, para comentar una curiosidad topon\u00edmica.<\/p>\n\n\n\n<p>He esperado al 18 de diciembre para publicar este articulillo desde Luiaondo [localidad en donde resido] porque he querido que fuese as\u00ed. Porque en una ma\u00f1ana de un d\u00eda como hoy pero de 1846 fue cuando suponemos que avisaron a un vecino de Luiaondo de nombre \u00c1ngel y de apellidos Romo Aldaeta. Deb\u00eda dejar sus ocupaciones y acudir raudo a casa porque su esposa Feliciana Isasi Barcina ya estaba de parto con la comadrona del lugar. Hab\u00eda llegado el momento esperado, el mejor regalo para la cercana Navidad. Apareci\u00f3 \u00c1ngel sudoroso y nervioso para ponerse al lado de su amada y esperar. Poco m\u00e1s que clamar compasi\u00f3n a los cielos pod\u00eda hacer. Y la miraba temeroso por los inherentes riesgos del parto pero confiado a su vez en la saludable fertilidad de aquella muchacha que hab\u00eda conocido a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin, a las tres de la tarde, vio la luz aquel muchachote que al d\u00eda siguiente bautizar\u00edan con el nombre de Mat\u00edas en la parroquia local, advocada a Santa Mar\u00eda Magdalena.<\/p>\n\n\n\n<p>Mat\u00edas, el personaje que nos interesa, era el tercero de los cuatro hermanos que nacer\u00edan en aquel alargado pueblo: Faustina (1843), Jos\u00e9 M\u00aa (1844), Mat\u00edas (1846) y Mar\u00eda (1848). Y, aunque era una familia perfectamente integrada en el lugar, no eran oriundos de all\u00ed. El apellido Romo, que es el que nos interesa, lo recib\u00eda Mat\u00edas de su padre \u00c1ngel, vecino de Luiaondo pero natural de \u2014como \u00e9l hab\u00eda declarado\u2014 \u00abAro de Castilla\u00bb, es decir, el Haro de La Rioja que hoy todos conocemos. Tambi\u00e9n los abuelos paternos, Rom\u00e1n Romo y M\u00aa Concepci\u00f3n, eran originarios de aquella villa vitivin\u00edcola, unos a\u00f1os despu\u00e9s declarada \u00abciudad\u00bb (1891).<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/18880935.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"484\" height=\"513\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/18880935.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3845\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Sea como fuere y sin despistarnos en el devenir de nuestra historia, damos un gran salto en el tiempo y en el espacio y&nbsp;as\u00ed nos encontramos que, cuando aquel muchacho que hab\u00eda nacido en Luiaondo contaba ya con 47 a\u00f1os, era un conocido emprendedor y contaba con su propia familia: sin llegar a cumplir los 23 a\u00f1os de edad ya se hab\u00eda casado con la bilba\u00edna Juliana Ugarte Agirre en la parroquia sietecallera de los Santos Juanes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es entonces cuando construye una vivienda unifamiliar en el lugar llamado de Itzubaltzeta en Las Arenas, en una marisma que a\u00f1os atr\u00e1s se hab\u00eda desecado para que dejasen de ser \u00ab<em>arenales incultivados<\/em>\u00bb como reza la documentaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a la vivienda instal\u00f3 una f\u00e1brica para hacer cuberter\u00edas y objetos de servicio al culto religioso, definido como \u00ab<em>plater\u00eda y metales finos<\/em>\u00ab. La publicidad con la que dio a conocer su nueva f\u00e1brica, rezaba que se \u00ab<em>construye todo el art\u00edculo de Iglesia en plata, metal blanco y bronce. Y replatean \u00abcubiertos\u00bb y restauran vajillas y objetos de iglesia<\/em>\u00ab. Y trabajaba tanto en <em>\u201cdorado\u201d<\/em> como en <em>\u201cplateado\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"444\" height=\"785\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3846\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Con el paso del tiempo, aquel entorno se fue llenando de m\u00e1s y m\u00e1s edificaciones y se sigui\u00f3 manteniendo la referencia de <em>\u00abdonde<\/em> [la f\u00e1brica de Mat\u00edas] <em><strong>Romo<\/strong>\u00ab.<\/em> Y ahora ROMO es un barrio populoso y castizo de Getxo, conocido por todos. Pero pocos saben que su origen est\u00e1 en un apellido. De ah\u00ed que no se den por buenas las versiones \u201cvasquizadas\u201d de <em>Erromo<\/em> o <em>Erromu<\/em> que, a\u00fan hoy en d\u00eda, se ven con cierta frecuencia.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/76909807.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"680\" height=\"743\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/76909807.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3847\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/76909807.jpg 680w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/76909807-580x634.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 680px) 100vw, 680px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Sobre la evoluci\u00f3n de aquel barrio, la llegada de nuestro Mat\u00edas Romo, planos, fotograf\u00edas antiguas, etc. pod\u00e9is leer bastante m\u00e1s en el excelente blog <a href=\"http:\/\/getxosarri.blogspot.com.es\/\"><em>Getxosarri \/ Memorias de Getxo<\/em><\/a>. De ah\u00ed hemos tomado el antiguo anuncio de prensa: una verdadera joya.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Cucharon.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"604\" height=\"252\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Cucharon.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3848\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Cucharon.jpg 604w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Cucharon-580x242.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 604px) 100vw, 604px\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><\/p>\n\n\n\n<p>Respecto al top\u00f3nimo en s\u00ed, tambi\u00e9n pod\u00e9is leer lo que en su d\u00eda \u2013hace ya casi 10 a\u00f1os\u2013 publiqu\u00e9 en nuestra querida revista <a href=\"http:\/\/www.liburuklik.euskadi.eus\/applet\/libros\/JPG\/fs02\/BMLLODIO_MON_0022\/BMLLODIO_MON_0022.pdf\"><em>AUNIA<\/em> (n\u00ba 22, p\u00e1g. 50)<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Y para finalizar, a continuaci\u00f3n dispon\u00e9is de im\u00e1genes de los diversos productos que ofrec\u00eda Mat\u00edas Romo con su empresa, gracias a un cat\u00e1logo que se vendi\u00f3 a trav\u00e9s de una conocida p\u00e1gina de coleccionismo y que no sabemos qui\u00e9n fue su comprador.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero eso es ya adentrarnos en espacios por los que hoy no me apetece caminar. Prefiero reducirlo a aquella historia que comenz\u00f3 un d\u00eda como hoy, 18 de diciembre de hace 171 a\u00f1os, aqu\u00ed, en el entra\u00f1able pueblo de Luiaondo, cuando a\u00fan era un hervidero de trajineros que con carros y mulos no cesaban de subir y bajar por aquella alargada calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando, en una jornada seguramente de nieblas como es la de hoy, dio a luz Feliciana Isasi a un beb\u00e9 que decidieron llamar Mat\u00edas&#8230; Mat\u00edas Romo, el que dio nombre al barrio de Getxo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Azala.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"631\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/Azala.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3849\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p><span style=\"color: #0000ff\">CAT\u00c1LOGO DE PRODUCTOS \u00abMAT\u00cdAS ROMO\u00bb:<\/span><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"653\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3850\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"682\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3851\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"667\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3852\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"678\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K4.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3853\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K7.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"702\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K7.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3855\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K8.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"700\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K8.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3856\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K9.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"705\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K9.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3857\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K10.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"707\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K10.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3858\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"735\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K11.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3859\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K12.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"711\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K12.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3860\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K13.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"699\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K13.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3861\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K14.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"694\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K14.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3862\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K15.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"710\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K15.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3863\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K16.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"665\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K16.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3864\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K17.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"735\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K17.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3865\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K18.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"695\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K18.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3866\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K19.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"618\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K19.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3867\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K20.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"667\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K20.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3868\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K21.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"629\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K21.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3869\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K22.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"655\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K22.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3870\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K23.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"628\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K23.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3871\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K22-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"655\" 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href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K25.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"550\" height=\"663\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/K25.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3875\" \/><\/a><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"> <\/p>\n\n\n\n<p> <\/p>\n\n\n\n<p> <\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><a href=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/felix-facebook2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"591\" height=\"396\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/felix-facebook2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-3839\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/felix-facebook2.jpg 591w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2023\/03\/felix-facebook2-580x389.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 591px) 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