{"id":2845,"date":"2019-12-20T16:47:50","date_gmt":"2019-12-20T15:47:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/?p=2845"},"modified":"2019-12-21T08:40:07","modified_gmt":"2019-12-21T07:40:07","slug":"el-fuego-nuevo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/2019\/12\/20\/el-fuego-nuevo\/","title":{"rendered":"El fuego nuevo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-drop-cap\">El fuego ha sido desde el principio de los tiempos el distintivo cultural principal de la especie humana, el elemento que induc\u00eda la reuni\u00f3n de los individuos, lo que cohesionaba familias y sociedades, el or\u00e1culo frente al cual se expon\u00edan todas las preguntas y respuestas unidas a la ef\u00edmera existencia humana. Es, al fin y al cabo, la herramienta m\u00e1gica con la que dominar el mundo y sus designios. De ah\u00ed que, durante tantos milenios de convivencia entre el fuego y las personas, lo hayamos tupido de connotaciones simb\u00f3licas. <\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, todo ello parece haberse derrumbado en los \u00faltimos tiempos y corremos el riesgo de perderlo para siempre. Ah\u00ed van pues estas reflexiones que pretenden luchar contra la normalizaci\u00f3n y globalizaci\u00f3n del olvido sistem\u00e1tico y resistir frente a la desmemoria popular.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>FUEGO Y TEJA<\/strong>. Sin ir muy lejos, en la cultura vasca, el contar con un fuego perenne es lo que convert\u00eda cualquier edificaci\u00f3n en un hogar \u2014<em>hogar<\/em>, &#8216;lugar de fuego&#8217;\u2014, el rasgo inequ\u00edvoco que lo diferenciaba de caba\u00f1as u otros refugios temporales&#8230; La constataci\u00f3n de un fuego era lo que posibilitaba adquirir la vecindad en una poblaci\u00f3n. De ah\u00ed que, en su extrapolaci\u00f3n simb\u00f3lica, se a\u00f1ada un trozo de teja y otro de carb\u00f3n bajo todos los mojones, como muestra incuestionable de su legitimidad, porque todo aquel que viviese bajo teja y tuviese un fuego ya estaba facultado para poseer y para formar parte de aquella comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>FOGUERACIONES<\/strong>. Es tal la importancia del fuego, que los primeros censos de poblaci\u00f3n se elaboran en base a los fuegos dom\u00e9sticos, a las hogueras y no a las familias. De ah\u00ed su nombre de \u00ab<em>fogueraciones<\/em>\u00ab. Y es a esos fuegos a los que se les vinculan unas \u00abalmas\u00bb, las personas que viven bajo su protecci\u00f3n. Sin duda, aquella forma de actuar de la Administraci\u00f3n recog\u00eda la forma de entender la existencia en aquellas \u00e9pocas, diferentes a las actuales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>FUEGO ETERNO<\/strong>. Y, como el fuego del hogar era lo que hac\u00eda a alguien digno de ese lugar, no pod\u00eda apagarse bajo ning\u00fan concepto durante el a\u00f1o. Algo similar a la llama eterna en templos o en monumentos memoriales. Por ello cada noche se cubr\u00edan los rescoldos con ceniza para avivarlos a base de soplidos o fuelle a la ma\u00f1ana siguiente. Como si del alma de un ser vivo se tratase&#8230; Suponemos que, al margen de las razones simb\u00f3licas, tambi\u00e9n habr\u00eda que tener en cuenta las pr\u00e1cticas ya que era sumamente costoso encender un nuevo fuego, con eslab\u00f3n y pedernal o, incluso frotando maderas entre s\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>FUEGO SOLIDARIO<\/strong>. Ante la importancia del fuego perenne, no es de extra\u00f1ar que el mismo fuero de Navarra describa y recoja por escrito una obligaci\u00f3n que, con seguridad, era com\u00fan en la interrelaci\u00f3n vecinal tradicional. As\u00ed lo recoge Yanguas (1828):<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-purple-color\">\u00ab<em>EL FUEGO: Debe darse rec\u00edprocamente en los pueblos de Navarra, escasos de le\u00f1a,los unos vecinos a otros, dejando para ello en el hogar, despu\u00e9s de haber guisado la comida, tres tizones a lo menos. El que necesite de fuego acudir\u00e1 a la casa del vecino con un tiesto de olla, y en \u00e9l una poca de paja menuda; dejar\u00e1 el tiesto a la parte de afuera de la puerta de la casa, subir\u00e1 al hogar, atizar\u00e1 el fuego, tomar\u00e1 ceniza en la palma-de la mano, y sobre la misma ceniza pondr\u00e1 las ascuas que quisiere llevar al tiesto, dejando los tizones del hogar de manera que no se apaguen. El vecino que se escusare a dar fuego en esta forma pagar\u00e1 60 sueldos de multa<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos que, en otras ocasiones, el fuego del hogar se transportaba a otros lugares en donde fuese necesario sobre una yesca atada a una cuerda mientras se hac\u00eda girar para que con el aire se avivase. As\u00ed eran encendidos muchos caleros, etc.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"709\" height=\"399\" src=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/12\/ARK_Suberri.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2846\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/12\/ARK_Suberri.jpg 709w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/12\/ARK_Suberri-580x326.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 100vw, 709px\" \/><figcaption>Fuego en el hogar de la casa que me vio nacer, en donde el tiempo parece no transcurrir<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>RENOVACI\u00d3N DEL FUEGO<\/strong>. Aquel fuego que se manten\u00eda vivo durante todo el a\u00f1o era conscientemente apagado para ser renovado en ciertos d\u00edas del a\u00f1o. Uno de ellos, era el de la noche de Nochebuena, sin duda imitando el declive solsticial del sol que luego renace con fuerza para dar vida y prosperidad en la fecunda primavera. El apagar el viejo supon\u00eda, por otra parte, el poner fin a lo anterior, haciendo una especie de borr\u00f3n y cuenta nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>El nuevo fuego o <em>suberri<\/em> se tomaba o de unas hogueras rituales que se hac\u00edan en comunidad esa noche en la plaza del pueblo o se hac\u00eda directamente en el hogar, <a href=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/2018\/12\/10\/olentzero-es-un-madero\/\">quemando en muchas ocasiones unos grandes troncos tra\u00eddos del bosque en un curioso ritual<\/a>. <\/p>\n\n\n\n<p>En algunas poblaciones ese tronco daba el fuego para todo el a\u00f1o y, en otras, lo m\u00e1s com\u00fan, hasta nochevieja, en donde se repet\u00eda la operaci\u00f3n de apagado y encendido de otro <em>suberri <\/em>o &#8216;fuego nuevo&#8217;. Tambi\u00e9n en algunos lugares de Euskal Herria se han hecho <em>suberris <\/em>en Semana Santa, con penosos rituales de encendido a base de frotar maderas entre s\u00ed, para celebrar la resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"709\" height=\"399\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/09\/Ritos-de-invierno2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2731\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/09\/Ritos-de-invierno2.jpg 709w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/09\/Ritos-de-invierno2-580x326.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 100vw, 709px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-drop-cap\"><strong>CREENCIAS EN TORNO AL FUEGO<\/strong>. Recuerdo cuando de j\u00f3venes (1985), conviviendo algunos d\u00edas con el pastor Jos\u00e9 M\u00aa Olabarria en su chabola de Lexardi (Itzina, Gorbeia), nos llamaba la atenci\u00f3n observar c\u00f3mo escuchaba el fuego. Porque por sus chisporroteos, dec\u00eda, se sab\u00eda de un modo infalible cuando iba a aparecer alg\u00fan visitante: en \u00e9l cre\u00eda leer el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n disponemos de otras curiosas creencias, ligadas a la presencia de almas de los antepasados que se arriman al fuego del que en la otra vida fue su hogar. O la costumbre recogida por Azkue (<em>Euskalerriaren Yakintza<\/em>, 1935-1947) y que, entre otros, practic\u00f3 mi padre en su caser\u00edo de Markuartu (Laudio): consist\u00eda en introducir a los gatos nuevos en un saco y darles tres vueltas sobre el fuego: a partir de aquel momento se les neutralizaba el instinto innato de la huida y quedaban ligados para siempre al hogar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero quiz\u00e1 sea conveniente viajar hasta Galicia, recurrente \u00faltimo reductode oficios, creencias, etc. que fueron anteriormente comunes, para redescubrir c\u00f3mo viv\u00edan nuestros antepasados su relaci\u00f3n con el m\u00e1gico elemento del fuego. Nos lo cont\u00f3 el historiador Manuel Murgu\u00eda \u2014esposo de Rosal\u00eda de Castro\u2014 en 1885, en base a los apuntes que tom\u00f3 en los Ancares de Lugo. Recogi\u00f3 la superstici\u00f3n de considerar al fuego como si se tratase de un ser animado, al que hab\u00eda que alimentarlo cada ma\u00f1ana aviv\u00e1ndolo a partir de los rescoldos de la noche anterior. \u00ab<em>Dejarlo morir <\/em>\u2014nos contaba\u2014 <em>equivale a un sacrilegio y se paga caro<\/em>[pues] l<em>a desgracia perseguir\u00e1 de cerca a la casa y los que la habitan [puesto que] un fuego muerto indicaba un lugar desierto\u00bb<\/em>. Aquel fuego que hac\u00eda las veces de ente protector del hogar renac\u00eda cada primero de enero: \u00ab<em>Se limpia el hogar, se arroja el fuego de la noche y se enciende de nuevo. Para que sea propicio debe durar todo el a\u00f1o<\/em> [y] <em>en determinados d\u00edas le arrojan flores. Cuando cuecen el pan le dan su porci\u00f3n, echan sobre \u00e9l algunas cucharadas de grasa (manteca de cerdo) y as\u00ed que se levanta la llama dicen que \u00abel fuego se alegra\u00bb. Nada sucio se arroja a la lumbre, pero muy en especial las c\u00e1scaras de los huevos, porque con ellas quemaron a san Lorenzo<\/em> [&#8230;]<em>siendo \u00e9ste el nombre con el que llaman al sol, mientras que el gallo y la gallina son s\u00edmbolos de la abundancia por los huevos que producen: ser\u00e1n la personificaci\u00f3n del sol<\/em>\u00bb. En Berganti\u00f1os (A Coru\u00f1a), adem\u00e1s, se recoge que \u00ab<em>cuando uno saliva sobre el fuego, le increpan diciendo: \u00abJud\u00edo, no escupas en el fuego,que sali\u00f3 por la boca del \u00e1ngel<\/em>\u00ab. [Tambi\u00e9n] <em>estaba prohibido mantener relaciones sexuales frente a \u00e9l<\/em>\u00bb, tal y como nos cuenta el profesor em\u00e9rito de la Universidad de M\u00e1laga, Demetrio-E. Brisset en su trabajo <em>La rebeld\u00eda festiva<\/em> (2009).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"411\" height=\"88\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/01\/Ostoak-banatzeko.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2457\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Poco m\u00e1s que contar, porque si no me recriminan que hago textos demasiado largos para la demanda de inmediatez en las comunicaciones actuales. Olla r\u00e1pida porque, ahora, ni la placentera lectura puede cocinarse a fuego lento.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan solo quisiera comentaros antes de cerrarlo, que me emociona leer, escribir y sentir cosas as\u00ed. Porque me transportan a lo m\u00e1s \u00edntimo de mi ser, a nuestros or\u00edgenes. Porque me hacen sentir el aliento ag\u00f3nico de unas culturas populares que jadean doloridas y nos claman ayuda al percibir que nadie mira ya los fuegos de llama. Ya solo hay sitio para las hogueras de pantalla digital.<\/p>\n\n\n\n<p>Un saludo desde el fuego de la casa que, hace ya bastantes a\u00f1os, nac\u00ed. En \u00e9l espero para celebrar la navidad. Espero que, al menos, hasta que me extinga yo, no se extinga \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Felices fiestas y felices vosotros\/as: solo es cuesti\u00f3n de mantener la llama encendida.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"709\" height=\"531\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2018\/12\/ARK_P1010633-on.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2413\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2018\/12\/ARK_P1010633-on.jpg 709w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2018\/12\/ARK_P1010633-on-580x434.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 100vw, 709px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"591\" height=\"396\" src=\"http:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2584\" srcset=\"https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2.jpg 591w, https:\/\/blogs.deia.eus\/arca-de-no-se\/files\/2019\/07\/felix-facebook2-580x389.jpg 580w\" sizes=\"auto, (max-width: 591px) 100vw, 591px\" \/><\/figure><\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fuego ha sido desde el principio de los tiempos el distintivo cultural principal de la especie humana, el elemento que induc\u00eda la reuni\u00f3n de los individuos, lo que cohesionaba familias y sociedades, el or\u00e1culo frente al cual se expon\u00edan todas las preguntas y respuestas unidas a la ef\u00edmera existencia humana. 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